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sábado, 14 de mayo de 2016

LA GRAN IDEA


Autor: Elizabeth Segoviano
© Copyright TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14 

   A la sombra de un joven limonero se encontraba ejercitándose vigorosamente una lagartija, mientras un gran número de caracoles, grillos, catarinas y otros insectos discutían acaloradamente.
-          Yo digo que nos vayamos –decía un caracolito–
-          ¡Ay sí que buena idea! –replicó molesto un grillo– al paso que caminas tendrías suerte si llegas a la puerta antes de que acabe este siglo, y en el remoto caso de que lo lograras, te aplastarían al cruzar las calles ¿a poco crees que los humanos van a tenerte consideración y cederte el paso?
-          ¡Óyeme! ¿qué te pasa? –se quejó el caracol– tampoco es para que me grites y me insultes, al menos yo doy ideas, ¿tú qué? ¡nada más sales con problemas!
-          ¡Ay ya cállense! –gritó harta una catarina– el caso es que no podemos irnos porque no hay otro jardín en kilómetros a la redonda, ni siquiera un arbolito en el que podamos quedarnos ¡esto es todo lo que tenemos! Así que hay que encontrar una solu ...
-          ¡Cállate tú! –interrumpió iracundo el grillo– a mí nadie me dice que hacer!

    En aquel momento todos los insectos comenzaron a gritar, hecho que llamó la atención de la lagartija, así que se acercó diciendo : ¡bueno, bueno, ya está bien de tanto grito! ¿a qué se debe tanto relajo?
-          ¿Acaso no te has enterado? –dijeron sorprendidos todos–
-          ¡Obviamente no! –exclamó sarcástica la lagartija– así que déjense de rollos y vayan al grano maestros.
-          Lo que sucede –explicaba la catarina– es que los dueños de ésta casa se van a mudar, y el jardín se secará en pocas semanas porque ya nadie lo va a cuidar, y si todo se seca ya no va a haber comida, ni agua ... nos vamos a ... a ... ¡a morir!

    Entonces todos comenzaron a llorar desconsoladamente, incluso las plantas estaban bien tristes porque la primavera ya había comenzado y el calor era verdaderamente ardiente, y sin nadie que cuidara de ellas se secarían sin remedio.
-          ¡Uy uy uy! No se me agüiten maestros –decía la lagartija– porque me van a hacer llorar a mí también, miren, por lo pronto podemos cavar hoyos para ocultarnos ahí cuando haga mucho calor, y si las lombrices nos ayudan a hacer túneles para llegar a las raíces de las plantas, podremos morderlas y sacar algo de agua.
-          ¡Eso no nos parece en lo absoluto! –protestaron las plantas–
-          ¡Oh si todavía no acabo maestras! Es sólo en caso de emergencia; fíjense que conozco a un ratón que es bien cuate y nos puede ayudar a conseguir basura  de ésa que no se deshace con nada, y con ésa cosa podemos juntar el rocío que cae al amanecer.
-          ¡Nos parece bien! –exclamaron todos– y ¡dicho y hecho! Inmediatamente las lombrices y cochinillas comenzaron a excavar, y el ratón les llevó trocitos de plástico que las arañas acomodaron a manera de red para captar agua, al cabo de unas horas el trabajo estaba terminado y al día siguiente todos pudieron instalarse cómodamente en los agujeros para no acalorarse; pero los días fueron pasando y con ellos la intensidad del calor iba en aumento. Las plantitas poco a poco comenzaban a verse amarillentas y acartonadas, además, para colmo de males, las trampas para el rocío no funcionaban como lo habían esperado, todos tenían mucha sed, calor y estaban de muy mal humor; así que la catarina llamó a todos a una reunión urgente.
-          Ya que todos vivimos aquí, debemos decidir qué vamos a hacer, ya no podemos quedarnos, pronto todo estará bien seco ¡si tan sólo lloviera! ...
-          ¡Podríamos hacer una danza de la lluvia! –dijo entusiasmado el caracolito–
-          ¡Ay como crees! –gritaron al unísono todos los insectos– ¡como eres tonto! ¡mejor cállate!

    Así el caracol bajó sus antenas y comenzó a meterse en su caparazón, desde el cual sólo se dejaban oir unos sollozos.
-          ¡Oigan! –gritó la lagartija– ¡qué mala onda son maestros, me cae! El caracol sólo quería ayudar, no tenían porqué ser tan groseros, además él por lo menos aporta más ideas que todos ustedes, deberían ofrecerle disculpas.
Todos se miraron unos a otros avergonzados y rodearon el caparazón del caracol dándole disculpas.
La lagartija también se acercó a preguntarle qué necesitaban y cómo hacer la danza de la que hablaba. El caracol sacó bien despacio su cabeza y mirando tímidamente a su alrededor dijo : bueno, el otro día estaba paseando allá, cerca de la ventana, y los dueños de la casa veían la tele, en ella había unas personas con plumas en la cabeza tocando tambores mientras los demás saltaban, bailaban y gritaban; al cabo de un rato el cielo se llenaba de nubes y comenzaba a llover.
-          ¿Plumas y tambores eh? –decía pensativa la lagartija– ¡pues me parece una gran idea! Mira caracol, tú encárgate de enseñarle a todos como bailar y cantar, yo voy a ir con el ratón a conseguir lo que nos falta.
-          ¡Está bien!-gritaba el caracol muy contento-
-          Bueno pues –decía a regañadientes el grillo– ¿cómo tenemos que hacerle?
-          Primero hay que ponernos todos en círculo, y luego se comienza a marchar en sus lugares, después se levantan las patitas como si fueran a brincar y luego ...
-          A ver, a ver –dijo el grillo– no te entiendo ¿brinco o no?
-          ¡No! –decía impaciente el caracol– ¡sólo mueve las patitas!
-          ¡Pues enséñame cómo! –gritaba frustrado el grillo–
-          ¡¡¡Pues es que yo no tengo patitas!!!
-          ¡Cálmense, cálmense!-interrumpió la catarina-

Luego de un rato por fin todos se pusieron de acuerdo en los pasos y comenzaron a ensayar; cuando el ratón y la lagartija se acercaban al jardín escucharon ruidos extraños, como quejidos o algo parecido; el ratón miró a su amigo y le dijo : ¡creo que llegamos demasiado tarde! ¡ya se están muriendo!
-          ¡Ay no! ¡córrele, tal vez todavía podamos salvar a uno o dos! –cuando ambos amigos llegaron, no tuvieron más remedio que carcajearse, porque aquellos lastimeros gimoteos y gritos no eran otra cosa que la canción para la dichosa danza–.
-          ¡Ja ja ja ja! –se escuchaba–
-          ¡Oigan! –se quejó el caracol– no se rían, esto es serio!
-          ¡Ay amigo no te enojes! –decía la lagartija– no es nuestra intención burlarnos pero es que se ven ... bien ...¡CHISPA! ¡ja ja ja! ... ... hmmm ... pero aquí traemos lo que nos hacía falta.

Todos los bichitos, la lagartija y el ratón se pusieron en la cabeza sus penachos y con corcholatas y varitas hicieron sus tambores, incluso se pintaron los rostros a modo de parecer apaches; por fin la tan esperada hora llegó, todos se reunieron en círculo y comenzaron a sonar los tamborazos  y a cantar : “bum bum ... wuuu aaaah heya hey hey hey”... se escuchaba. Al cabo de unos minutos el caracol gritó : ¡Una nube, una nube!
-          ¿¡Dónde!? –gritaron los demás–
-          ¡Allá, allá! –gritaba con todas sus fuerzas el caracol–

    Muy arriba, en lo alto del cielo, rondaba curiosa una pequeña nube que lentamente se acercaba, así que siguieron bailando y cantando cada vez más fuerte, y con cada segundo la nube se hacía más grande, y –de repente– se dejaron escuchar unos estruendosos relámpagos que no eran otra cosa que las carcajadas de la nube que reía y reía al ver el gracioso espectáculo que ofrecían en aquel jardín, la nube continuó riendo hasta que comenzó a llorar de alegría, regalándoles así la lluvia que tanto necesitaban, y desde ése día, largas filas de nubes ansiosas por reír se amontonan cerca del jardín de la lagartija y sus amigos para verlos bailar.    



lunes, 1 de agosto de 2011

¡UN NINJA EN LA CORTE!


Autor: Elizabeth Segoviano

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14




Desde tiempos milenarios había sido estricta tradición en la familia Wu Lo-Kuaz que todos sus miembros, sin excepción alguna, se convirtieran en Ninjas. Por lo que desde la tatara tatara recontra tatara abuelita Wu Lo-Kuaz hasta el último tatara archirecontra tatara tatara etcétera nieto Wu Lo-Kuaz eran los más hábiles, expertos, distinguidos, capaces, ágiles, arteros y respetados Ninjas de todo el mundo.

Grandes emperadores, reyes, y gobernantes de muchos países en diferentes épocas habían recurrido a la astucia y fortaleza de la familia Wu Lo-Kuaz para resolver conflictos, atrapar malandrines, y, en muchos casos, impartir justicia.

Sin embargo al pequeño Haro Wu Lo-Kuaz no le entusiasmaba mucho la idea de ser

un Ninja, si bien tenía el talento y la habilidad para ser uno de los mejores, a Haro Wu Lo-Kuaz le molestaba que toda situación era resuelta con las secretas combinaciones de golpes de garra de dragón furioso o la refinada técnica de tigre asustadizo mezclada con una que otra patada de conejo rebuscón; por ejemplo, si alguien no quería comer sus vegetales llegaba a toda prisa la tatara tatara abuelita enfundada en su traje negro con todo y sable en el cinturón y a base de la técnica del panda frenético le obligaba a terminarse el brócoli, las zanahorias, guisantes o lo que fuera, y lo mismo sucedía si por error a Haro se le olvidaba tallarse detrás de las orejas o recoger su recámara ... no importaba la situación, que esto y que el otro ¡zas! Todos los días parecían ser sacados de las mejores y más increíbles películas de Ninjas. Incluso los vecinos estaban atemorizados, porque si hacían algo que molestara a la familia Lo-Kuaz de inmediato dejaban mostrar su perfeccionada técnica de gritos de mono aullador rockero, con los cuales aturdían y enmudecían a toda la calle.

Fue entonces que el pequeño Haro Wu Lo-Kuaz pensó que no quería ser un Ninja y que había mejores formas de resolver los problemas, así que desde ése momento Haro decidió que quería convertirse en abogado y luchar por la justicia y defender a los inocentes de una forma mucho más civilizada.

Sin embargo, Haro sabía que sus parientes no estarían de acuerdo conque abandonara la larga tradición familiar; así que pensando y repensando el asunto, se le ocurrió que su querida familia no tenía porqué enterarse de sus planes, después de todo, un verdadero Ninja sabe guardar mejor que nadie cualquier tipo de secreto, y, si quería tener éxito en su misión debía aplicar todos los conocimientos que tenía.

Así que llegado el momento en que nuestro amigo debía entrar a la escuela de leyes ... ¡nadie se enteró! Sus largos años de entrenamiento habían rendido fruto y era tanto o más sigiloso que la sombra de un mimo, sus rápidos movimentos para esquivar el vigilante ojo de su tatara tatara abuelita casi eran súpersónicos, y, enfundado en su ajustado traje negro podía trepar por las paredes mejor que cualquier gato de azotea.

Así pasó el tiempo y nadie, absolutamente nadie sabía su enorme secreto, pues toda la familia suponía que pasaba largas horas entrenando, ya que sus técnicas mejoraban notablemente día con día, hecho que era de esperarse ¡porque escapar de la tatara tatara abuelita no era cosa fácil! Luego de mucho tiempo y dedicación Haro Wu Lo-kuaz por fin estaba apunto de graduarse ¡y con los máximos honores! En la facultad era muy reconocido por los maestros, motivo por el cual fue recomendado para trabajar en la corte. Como podrán imaginar, Haro estaba que no cabía en sí de gusto ... sólo que hubiera querido poder compartir su alegría con toda su familia ...

La mañana en que Haro iba a tener su primer caso salió muy temprano, algo nervioso pero muy contento, vistiendo un elegante traje a rayas y corbata, un distinguido sombrero y su brillante portafolios metálico con cerradura de combinación. Al llegar al inmenso edificio de fachada gótica y enormes salones que hacían eco, el corazón de Haro comenzó a latir cada vez más rápido, y cuando finalmente sonó la campanilla del elevador nuestro amigo encontró una gran oficina en cuya moderna puerta de cristal se podía leer “Licenciado Haro Wu Lo-kuaz, abogado defensor”. Nuestro muchacho comenzaba a creer que todo era un sueño y que en cualquier segundo despertaría, pero en ése preciso momento la dulce y melodiosa voz de su jefa, la señorita Shin-Shin Jua-netes lo sacó de su asombro entregándole el archivo de su primer caso.

De inmediato Haro puso manos a la obra y comenzó a leer el expediente que decía así: “caso número cinco millones trescientos setenta y siete mil quinientos doce, el estado contra Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil”.

Cuando Haro leyó aquel nombre no pudo menos que quedarse helado, petrificado, aterrado, inmovilizado, esponjado y con los pelos de punta, pues resulta que Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil ¡era nada más y nada menos que su tatara tatara abuelita!

- ¡por el sable de mi abuela! -gritó el muchacho asustando a la señorita Shin-Shin Jua-netes–

- ¿Pero que te sucede chico?

- ¿D... d... de... de qué se le acusa a la señora?

- Hmmm –decía la señorita mientras recogía el expediente del piso –no es algo demasiado grave ... aunque tampoco se debe tomar a la ligera, resulta que la señora Lo-Kuaz T´a senil ha sido acusada por el mismísimo alcalde de la ciudad porque ella lo agredió cuando él paseaba a su perrito tranquilamente por la calle.

- Y ... que .. que que que... ¿qué le hizo ella al alcalde?

- Hmmm ... de acuerdo con esto la señora Lo-kuaz T´a Senil le brincó encima al alcalde, le arrancó de un tirón el peluquín y le embadurnó la cabeza con un trozo de césped, le hizo calzón chino y le pegó el peluquín al perro en el trasero. Por todo esto se le acusa con el cargo de encuentro cercano del tercer tipo en segundo grado con agravantes ... alcanza la fianza pero la señora se negó a pagarla, pues clama que es inocente... un momento ... Wu Lo-Kuaz ... ¿qué ese no es tu apellido chico?

- P... p... pues sí.. verá señorita...

- ¡No se diga más! ¡qué suerte! Me alegro mucho ¡que hubiera dado yo porque en mi primer caso mi familia estuviera conmigo!

- ¿Aunque fuera la acusada? –interrumpió Haro–

- Hmmm ... detalles, detalles

- ¿Que sea mi abuelita no es un conflicto?

- ¿Conflicto? Hmmm ... detalles, detalles ¿acaso la justicia no es ciega? Justicia es justicia sea tu abuela o no, así que la vas a defender.

Cuando Haro entró al gran salón de la corte apenas y podía respirar y definitivamente no podía dejar de temblar, sobre todo cuando el juez llamó a la acusada a tomar asiento en el estrado.

La enorme puerta de madera se abrió, y entraron la acusada y el acusador aún discutiendo mientras dos inmensos guardias intentaban contener y esquivar los certeros golpes de tuzo marrullero que la abuelita quería propinarle al alcalde.

- ¡Orden en la corte! –gritó el juez– ¡que se siente la acusada!

En el momento en que por fin la abuelita tomó su lugar notó que el abogado que había contratado vía telefónica su familia ¡era nada más y nada menos que su nietecito! Por lo que de inmediato Haro comenzó a hablar con ella con el ultrasecreto lenguaje de señas de los Ninjas ... que para cualquiera de nosotros podría parecer una mala imitación de un pez que había azotado en el piso luego de dar un mal salto en la pecera.

Así Haro se enteró de lo que en realidad había ocurrido y recordando que ante todo, y después de todo, era un Ninja, volvió a tomar valor, respiró profundo, dejó de temblar y comezó el juicio. Aunque no era nada sencillo mantener quieta a la abuelita, porque cada vez que hablaba el alcalde ella se levantaba de un brinco del asiento y trepando por las paredes como araña psicótica intentaba propinarle su combinación de patadas de conejo rebuscón, por lo que, en más de una ocasión, Haro tuvo que seguirle el paso con sus volteretas de lemur hiperactivo mientras le decía que había otras formas de impartir orden y justicia y que él se encargaría de aclarar el asunto. Pero para el jurado y las personas que presenciaban el juicio era todo un espectáculo ver a esos dos magníficos Ninjas en acción, incluso al juez se le olvidaba por ratos en donde estaba y animaba a la abuelita Lo Kuaz T´a senil a perseguir al alcalde.

Una vez calmados los ánimos el abogado acusador presentó al jurado varias pruebas.

- ¡Prueba número uno! –se escuchaba– el peluquín que un veterinario tuvo que extraer al perrito del alcalde, ¡prueba número dos! ¡El perrito con todo y su trasero enrojecido por el brutal ataque de una ancianita loca!

- ¡objeción! –gritó Haro– el abogado insulta a mi cliente ... ¡la abuelita no está loca y lo voy a probar! ¡Llamo al señor alcalde al estrado! ¿no es cierto señor alcalde que usted paseaba a su perrito fuera de los límites del parque?

- Pues sí, pero éso no es un crimen, el perrito tenía su correa.

- Cierto –decía Haro– sin embargo si es un crimen que usted dejara que su perrito hiciera sus “gracias” sobre el césped de la casa de la abuelita ¡y que usted ni siquiera limpiara las cochinadas de su animal!

- Bueno ... bueno –decía el alcalde– quizá tenga razón ¡pero la señora me atacó!

- ¡Arrancarle la cabeza! –gritaba la abuelita– ¡eso debí hacer, pero sólo intentaba educar a su perro!

- ¡Orden en la corte! –gritó el juez– no necesito escuchar más ... el abogado Lo-Kuaz tiene razón, el alcalde deberá pagar a la abuelita el césped dañado y no podrá pasear a su perro a menos de ciento cincuenta metros de distancia de la abuelita... sin embargo, el alcalde también tiene razón, la abuelita no debió saltarle encima ni arrancarle el peluquín ... la abuelita deberá pagar el peluquín y comprarle al perro una pomada para su trasero ¡Y AMBOS DEBERÁN DISCULPARSE! ¡CASO CERRADO!

El jurado, el alcalde, la abuelita, el abogado acusador, la señorita Shin-Shin Jua-netes, los guardias y la familia entera de Haro Wu Lo-Kuaz estaban aplaudiendo la solución del juez y vitoreando a Haro que se había convertido en todo un abogado, y lo mejor de todo era que su familia estaba feliz y orgullosa de él, porque después de todo ¿quién dice que no puede haber un Ninja en la corte?