lunes, 21 de enero de 2019
EL ÚLTIMO GRAN DRAGÓN
Alphonse Karr
Ocurrió así que un día estaba el gran
dragón Tung-Jen Lung paseando invisible a
los ojos de todos por un bosque de bambú, cuando de repente vio a un par
de jóvenes en bicicleta gritarle a un ancianito que acarreaba una enorme pila
de leños.
“¡Eh! ¡Tú! ¡Pedazo de
dinosaurio, a ver si te vas quitando del camino, que no tenemos tu tiempo!”
Sin embargo el
ancianito no podía escuchar bien y al no hacerse a un lado los jóvenes lo
empujaron tirando su leña al río. Él, adolorido por la caída sólo se limitó a
llorar en silencio viendo como el agua se llevaba el trabajo de toda una
mañana. Al ver esto el dragón Tung-Jen Lung se deslizó rápidamente por el
bosque recogiendo más madera, la apiló junto al anciano, y convirtiéndose en
una ráfaga de viento le ayudó a incorporarse, el viejecito bien sabía quién le
estaba ayudando, pues recordaba las antiguas leyendas que le habían contado de
pequeño sus abuelos, así que le agradeció con una reverencia al gran dragón y
siguió su camino.
Entonces Tung –Jen Lung decidió seguir a
los irrespetuosos chicos que habían maltratado al viejecito y se sorprendió
enormemente al llegar a la moderna ciudad plagada de altísimos edificios
cubiertos de cambiantes luces que opacaban por completo el cielo estrellado y
presenció cómo los jóvenes agredían, maltrataban y se burlaban de toda la gente
mayor, ya fueran sus profesores, sus vecinos, sus propios abuelos e incluso
completos extraños. Los chistes crueles, los gritos, empujones y groserías
estaban a la orden del día, aquella situación molestó profundamente al gran
dragón, porque en antiguos tiempos a la gente mayor se le respetaba, se le
tomaba en cuenta, se le consultaba y se le apreciaba por su conocimiento y
experencia; Tung Jen Lung no comprendía en que momento la gente que había
criado y educado a aquellos jóvenes se había vuelto obsoleta, no entendía el
porqué de la falta de respeto y sensibilidad de parte de los chicos y otros no
tan chicos; así que el gran dragón decidió tomar el asunto en sus manos y enseñarle
a toda ésa gente una lección importante.
Ésa misma noche
Tung-Jeng Lung se convirtió en una suave neblina que cubrió toda la ciudad y
lanzó un poderoso hechizo que dice así: “para cultivar hay que plantar, para
comprender hay que sentir, para sentir hay que vivir, para aprender hay que
crecer y hoy todos van a envejecer”.
A la mañana siguiente, cuando el sol
despertó a todos, se dieron cuenta de que ya no eran tan rápidos, fuertes y
jóvenes como hasta la noche anterior lo habían sido; les costaba mucho esfuerzo
hacer sus actividades cotidianas, se dieron cuenta de que necesitaban ayuda, y
nadie les hacía caso, era como si de un momento a otro se hubieran vuelto
invisibles; los visitantes de otras ciudades los ignoraban, se mofaban y los
insultaban, no importaba cuantas veces ellos intentaran explicarles lo que
había sucedido, los jóvenes se limitaban a decir: “si, si abuelo, mejor váyase
a dormir la siesta”.
Los habitantes de la
ciudad se sentían frustrados, desesperados, nadie quería ayudarlos, ni si
quiera oírlos, fue entonces cuando se hizo presente el gran dragón Tung-Jen
Lung, el último que custodiaba aquellas tierras, y posándose sobre los
rascacielos dijo: yo también soy viejo, pero no por ello menos poderoso o menos
sabio... igual que los ancianitos que ustedes tan infamemente maltrataron.
He sido yo quien los
ha hechizado y no volverán a la normalidad hasta que me demuestren que han
aprendido su lección.
La vida no es
sencilla, es la experiencia la que nos ayuda a seguir adelante y ustedes están
aquí, desdeñando toda la experiencia de estas personas que son tan valiosas
como cada uno de ustedes ... algún día mis queridos jóvenes, se despertarán y
verán en el espejo que su cabello se ha hecho gris y querrán entonces ser
respetados, escuchados y valorados, algún día necesitaran de una mano amiga que
les brinde cuidado y ayuda, siembren ahora despecho, ignorancia y groserías, y
de soledad, amargura y tristeza será la cosecha de sus últimos días”.
Así, todos los
habitantes se miraron avergonzados, ¡cuánta razón tenía el milenario dragón!
Largo tiempo le habían dado la espalda a su propio pasado, a sus raíces... a
aquellos que con tanto cariño los habían educado, no, no era correcto
comportarse así.
Tung-Jen Lung por fin
vio el arrepentimiento en sus ojos y regresó a todos a la normalidad, sabiendo
que ahora las cosas serían diferentes porque los jóvenes habían aprendido la
lección en su propia piel, y porque el último gran dragón Tung-Jen Lung
seguiría siendo el atento guardián contra toda injusticia.
lunes, 14 de enero de 2019
LA PEQUEÑA GRAN HISTORIA DE ESTORNUDO
domingo, 6 de enero de 2019
LA LEYENDA DE DRALIÓN
martes, 9 de septiembre de 2014
LA PEQUEÑA GRAN HISTORIA DE ESTORNUDO
viernes, 2 de agosto de 2013
EL ÚLTIMO GRAN DRAGÓN
Alphonse Karr
Ocurrió así que un día estaba el gran dragón Tung-Jen Lung paseando invisible a los ojos de todos por un bosque de bambú, cuando de repente vio a un par de jóvenes en bicicleta gritarle a un ancianito que acarreaba una enorme pila de leños.
“¡eh! ¡tú! ¡pedazo
de dinosaurio a ver si te vas quitando del camino, que no tenemos tu tiempo” –
Sin embargo el ancianito no podía escuchar bien y al no hacerse a un lado los jóvenes
lo empujaron tirando su leña al río.
El ancianito, adolorido por la caída sólo se limitó a llorar en silencio viendo como el agua se llevaba el trabajo de toda una mañana. Al ver esto el dragón Tung-Jen Lung se deslizó rápidamente por el bosque recogiendo más madera, la apiló junto al anciano, y convirtiéndose en una ráfaga de viento le ayudó a incorporarse, el ancianito bien sabía quien le estaba ayudando, pues recordaba las antiguas leyendas que le habían contado de pequeño sus abuelos, así que le agradeció con una reverencia al gran dragón y siguió su camino.
Entonces Tung –Jen Lung decidió seguir a los irrespetuosos chicos que habían maltratado al viejecito y se sorprendió enormemente al llegar a la moderna ciudad plagada de altísimos edificios cubiertos de cambiantes luces que opacaban por completo el cielo estrellado y presenció cómo los jóvenes agredían, maltrataban y se burlaban de toda la gente mayor, ya fueran sus profesores, sus vecinos, sus propios abuelos e incluso completos extraños. Los chistes crueles, los gritos, empujones y groserías estaban a la orden del día, aquella situación molestó profundamente al gran dragón, porque en antiguos tiempos a la gente mayor se le respetaba, se le tomaba en cuenta, se le consultaba y se le apreciaba por su conocimiento y experiencia, Tung- Jen Lung no comprendía en que momento la gente que había criado y educado a aquellos jóvenes se había vuelto obsoleta, no entendía el porqué de la falta de respeto y sensibilidad de parte de los chicos y otros no tan chicos; así que el gran dragón decidió tomar el asunto en sus manos y enseñarle a toda esa gente una lección importante.
Aquella misma noche
Tung-Jeng Lung se convirtió en una suave neblina que cubrió toda la ciudad y
lanzó un poderoso hechizo que dice así : “ para cultivar hay que plantar, para
comprender hay que sentir, para sentir hay que vivir, para aprender hay que
crecer y hoy todos van a envejecer”.
A la mañana siguiente, cuando el sol despertó a todos, se dieron cuenta de que ya no eran tan rápidos, fuertes y jóvenes como hasta la noche anterior lo habían sido, les costaba mucho esfuerzo hacer sus actividades cotidianas, se dieron cuenta de que necesitaban ayuda, y nadie les hacía caso, era como si de un momento a otro se hubieran vuelto invisibles. Los visitantes de otras ciudades los ignoraban, se mofaban y los insultaban, no importaba cuantas veces ellos intentaran explicarles lo que había sucedido, los jóvenes se limitaban a decir: “sí, sí abuelo, mejor váyase a dormir la siesta”.
Los habitantes de la ciudad se sentían frustrados, desesperados, nadie quería ayudarlos, ni si quiera oírlos, fue entonces cuando se hizo presente el gran dragón Tung-Jen Lung, el último que custodiaba aquellas tierras, y posándose sobre los rascacielos dijo : yo también soy viejo, pero no por ello menos poderoso o menos sabio ... igual que los ancianitos que ustedes tan infamemente maltrataron.
He sido yo quien los ha hechizado y no volverán a la normalidad hasta que me demuestren que han aprendido su lección.
La vida no es
sencilla, es la experiencia la que nos ayuda a seguir adelante y ustedes están
aquí, desdeñando toda la sabiduríaa de estas personas que son tan valiosas como
cada uno de ustedes ... algún día mis queridos jóvenes, se despertarán y verán
en el espejo que su cabello se ha hecho gris y querrán entonces ser respetados,
escuchados y valorados, algún día necesitaran de una mano amiga que les brinde
cuidado y ayuda, siembren ahora despecho, ignorancia y groserías, y de soledad,
amargura y tristeza será la cosecha de sus últimos días”.
Así, todos los
habitantes se miraron avergonzados, ¡cuánta razón tenía el milenario dragón!
Largo tiempo le habían dado la espalda a su propio pasado, a sus raíces ... a
aquellos que con tanto cariño los habían educado, no, no era correcto
comportarse así.
Tung-Jen Lung por
fin vio el arrepentimiento en sus ojos y regresó a todos a la normalidad,
sabiendo que ahora las cosas serían diferentes porque los jóvenes habían
aprendido la lección en su propia piel, y porque el último gran dragón Tung-Jen
Lung seguiría siendo el atento guardián contra toda injusticia.
sábado, 8 de octubre de 2011
LA LEYENDA DE LOS GUERREROS DRAGONES
Cuenta el viento que hace muchas eras, cuando la tierra era habitada por todas las criaturas imaginarias de las que hemos escuchado en cuentos, como los unicornios, gnomos, elfos, hadas, ninfas sirenas, hechiceros, brujas, y animales parlantes, reinaban como amos y señores guardianes de toda las criaturas vivientes una centena de poderosos dragones de escamas de colores tan hermosos y cambiantes como las puestas de sol.
Aquellos dragones no eran aterradores, porque debes saber que los dragones son las criaturas más sensibles y justas de todas, siempre dispuestos a ayudar a todo el que lo necesite y siempre luchando contra todo mal que pueda avecinarse. Así, por muchos siglos los majestuosos dragones mantuvieron el orden y la paz ... pero cuando supieron que los hombres habitarían pronto la tierra, las criaturas mágicas se ocultaron en un mundo entre los mundos, para que los hombres pudieran crear su propia magia y crecieran libres para pensar, crear y creer en todo aquello que pudieran imaginar; sin embargo los dragones, como los eternos guardianes que

En sus ojitos todos podemos ver que son más sabios de lo que deberían ser, porque ustedes no son normales, son guerreros dragones que todo lo podrán vencer, porque sus almas brillan con toda la fuerza del sol y no habrá nube alguna que se atreva a posarse sobre
su cielo, porque ustedes son tan poderosos, que con sólo desearlo iluminarán el mundo entero, porque ustedes son guerreros dragones, son valientes soñadores, son temerarios portadores de antigua magia y serán los guardianes de este mundo que los necesita tanto.

Y ahora que ya saben quienes son ustedes y de donde viene todo su poder, no tengan miedo

ESTE CUENTO FUE ESCRITO PARA EL BLOG, artistas unidos contra la leucemia
COMO PARTE DEL PROYECTO CON UN POCO DE TI
Autora: Elizabeth Segoviano TODOS LOS DRERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14
miércoles, 30 de junio de 2010
UNA ENORME RESPONSABILIDAD

Autor Elizabeth Segoviano
Dicen que para resolver los problemas, el primer paso es admitir que se tiene uno ... pues yo soy Lirón (sí, ése es mi nombre, pero no es el mayor de mis problemas) y admito que tengo un problema, el segundo paso es hablar de ello, así que ésta es mi historia:
Todo comenzó cuando tenía cuatro años y ví en televisión un programa de competencias caninas, por supuesto quedé fascinado y al instante le pedí a mis padres que me compraran un cahorrito, sin embargo, al vivir en un diminuto apartamento mis padres me lo negaron alegando que no había espacio, que yo era muy pequeño para sacarlo a caminar, que ellos no tenían tiempo, y claro, la frase que todo padre digno de llamarse padre usa: “es una enorme responsabilidad”; así que decidí pedirles algo más pequeño, un gatito, a lo cual me respondieron con la misma cantaleta agregando que los gatos no son muy buenas mascotas porque son muy huraños; entonces pensé bajar un poco más mis expectativas y pedí un hamster, desde luego que mi madre se horrorizó tanto con la simple idea de tener un roedor en la casa que de inmediato se trepó a una silla, se aferró a su falda y comenzó a gritar “¡un hamster no!”.
Yo seguía intentando y les rogué que me dejaran tener un par de pececitos dorados, pensé que ya los tenía asegurados pero mis padres me miraron de pies a cabeza y me dieron un rotundo ¡NO! A lo que respondí indignado con un muy buen dicurso, les dije que los peces no ocupaban mucho espacio, ni había que sacarlos a pasear, que tampoco comían mucho y que no ensuciaban, no hacían ruido, eran bonitos, no morderían los muebles y que no asustarían a mamá. Y su respuesta fué : “¡pues por éso! ¡los peces no hacen nada ¿cómo vas a tener unas mascotas tan aburridas?” .
Debo admitir que ésa respuesta nunca me la esperé, y que por ser tan originales y tramposos, mis padres habian ganado la batalla ... pero no la guerra.
Ante tal escenario no me quedaba más que acatar sus órdenes ... o jugar mi último as bajo la manga.
Así comenzó mi obsesión por tener mascotas; primero fueron unas cuantas hormiguitas que alimentaba en el alféizar de la ventana, pero luego de unos días fueron llegando más y más y más, hasta que el apartamento completo se convirtió en un hormiguero gigante y tuvimos que irnos a un hotel mientras fumigaban el lugar, porque además nos dijeron que entre tanta hormiga había unas caníbales de raza africana sumamente peligrosas ... ¿cómo llegaron hasta el apartamento hormigas africanas? Aún no lo sé. Con éso debió bastarme para darme cuenta de que tener mascotas no era lo mío ... ¡ah pero no! Yo estaba terco conque encontraría una mascota digna de mí.
Después de aquel día todo fue de mal en peor, porque cuando me encontré un ratoncito ... o lo que parecía serlo, cerca de una alcantarilla, se me ocurrió llevarlo a escondidas a casa, pero al pasar de los días el ratoncito fue creciendo y creciendo hasta que un día al volver de la escuela mis padres me veían con ojos de furia cuando tuvieron que llamar a los cuidadores del zoológico para que se llevaran a mi ratón, que había resultado ser un canguro y que le había quebrado en tres partes la nariz a mi papá con tremenda patada cuando quizo entrar a mi habitación.
Después de dejar pasar un tiempo luego del desafortunado incidente, volví a las andadas, aunque ésa vez fue por pura suerte ... mala suerte, porque al estar caminando por el parque me topé con un chico muy peculiar, con el cabello de colores y bien puntiagudo, gafas oscuras y pantalones de cuero, una camiseta agujerada y una chaqueta toda vieja y apestosa sobre la cual cargaba una guitarra electrica muy bien cuidada.
- oye niño-me dijo el extraño chico- ¿no podrías quedarte con mi gato? Es que me voy de gira y ya no podré cuidarlo, quisiera que encontrara un hogar en el que sea querido.
- ¡Seguro!-respondí más rápido que un rayo- ... pero ¿si es un gato verdad? Digo no es un cahorro de tigre o de león o alguna cosa rara o sí?
- No, sólo es un gatito común y corriente. ¡Ah! se llama aullido, le gusta escuchar música y por favor ve que no le falte su leche ...
- ¡Claro!-dije de lo más contento mientras me enfilaba a casa para cuidar al gato.
Desde que el chico me dijo el nombre del animal debí sospechar que algo raro pasaba ¿qué clase de gato se llama “aullido”?
Llegué a casa y muy cuidadosamente oculté al gato, y cuando mis padres se durmieron lo solté en mi habitación, el minino estuvo explorando un rato y cuando se se cansó se encaramó sobre el monitor de mi computadora y se quedó profundamente dormido, yo no dejaba de admirarlo y ya soñaba en que sería mi mejor amigo por largos años, y con ése pensamiento me fuí a dormir tranquilo; pero justo a las dos de la mañana el condenado gato me dejó saber porqué se llamaba aullido, se me trepó encima y comenzó su extenso repertorio de alaridos, aullaba como si lo estuvieran torturando, jamás antes había escuchado de un gato que aullara pero ahí lo tenía, lo cargué, lo acaricié para tratar de calmarlo y sólo empeoré las cosas, pues con cada segundo sus aullidos se hacían más fuertes y agudos, entonces pensé que debía tener hambre y corrí a la cocina a buscar leche, pero justo cuando tenía la botella en las manos mis padres se despertaron al escuchar al loco gato, y antes de que pudieran interrogarme o yo defenderme, el gato lanzó tal aullido que todos los cristales del edificio estallaron en mil pedacitos, aterrando a todos los vecinos, activando todas las alarmas de los autos y atrayendo a cientos de policías a mi casa.
Claro que no opuse resistencia cuando el ejército vino por el gato para ponerlo en un entrenamiento militar y usarlo como un arma aturdidora.
Sé que ahí debí aprender mi lección y quedarme en paz ... ¡y por un tiempo lo hize! Pero cierto día fuimos de excursión a unas cuevas y escalando unas rocas encontré un pequeño huevo, por más que busqué no encontré el nido y se me hizo fácil llevarlo a casa, lo puse en una cajita y por días lo mantuve abrigado usando una lámpara, las semanas pasaron y el huevo seguía igual, pero seguí cuidándolo de todas formas, al llegar de la escuela me gustaba contarle de mi día y sé que suena tonto, pero pienso que me escuchaba; resulta que una tarde el cascarón comenzó a quebrarse y algo emergió de él ... sólo que no era un ave, tenía alas, pero parecía una especie de lagartija, como no sabía que era me dirigí a la biblioteca, y luego de varias horas y docenas de libros llegué a la conclusión de que mi extraño amiguito ¡era nada más y nada menos que un auténtico y genuino dragón! Tenía un par de alas muy flexibles, brillantes y duras escamas, garras, colmillos, cola y con el paso de los días parecía que intentaba escupir fuego, de inmediato busqué toda la información que pude acerca de los dragones y me enteré de que adoran guardar objetos, sobre todo si son brillantes, y están obsesionados con comer rocas, que según creo las usan para poder escupir fuego. Como podrán imaginarse yo no sabía que hacer, por un lado sabía que no podría cuidar de un dragón en mi habitación y por otro ... ¡era mi amigo! Así que decidí cuidarlo lo mejor que pude hasta que ya no tuviera más remedio que decirle a mis padres.
Junté cientos de rocas y las forré con papel aluminio y otras las pinté con colores metálicos para que mi dragón,que porcierto llamé Dorito, se mantuviera entretenido mientras yo iba a la escuela, pero con el paso de las semanas Dorito notó que aquellas rocas no eran un verdadero tesoro y una mañana cuando la casa estaba vacía se le hizo fácil meterse al guardarropa de mamá y tragarse todas sus joyas. Pero éso no fué todo, también su apetito se incrementaba y los emparedados de jamón y queso o jalea y crema de maní que le daba ya no le eran suficientes, así que también se comió todo lo que había en la despensa y el refrigerador ... ¡se tragó el refrigerador completo! ¡con cubitos de hielo y todo! Y también un buen trozo de las paredes de la casa, que además resultaron ser de la piedra exacta que Dorito necesitaba para escupir bocanadas de fuego ... y como nunca antes lo habia hecho no pudo controlarse y chamuscó todo el apartamento, ése día cuando iba saliendo de la escuela y ví los camiones de bomberos ir a toda prisa por la calle supe sin ninguna duda que se dirigían a mi casa;así que con más miedo que otra cosa corrí hacia allá para encontrar a los bomberos y mis vecinos completamente boquiabiertos mirando a través del boquete en los muros cómo mi dragón se disponía a sentarse en el sofá a ver televisión como lo hacíamos todas las tardes.
- ¡Que alguien llame a la guardia nacional!-gritó una señora-
- ¡No!-dije yo a todo pulmón-¡Dorito no es malo! Sólo es un bebé dragón ...
Cuando Dorito escuchó mi voz se alegró tanto que salió volando a toda prisa para encontrarme sin darse cuenta que en su desenfrenada carrera volteó el camión de bomberos, abrió otros dos enormes boquetes en el edificio,aplastó los autos de mis vecinos y nos chamuscó a todos un poquito dejándonos sin cejas.
Como ya podrán imaginarse la ciudad entera, incluyendo a mis padres estaban sumamente furiosos conmigo y con Dorito, claro está, y aunque el dragón sigue siendo mi amigo ahora vive en el campus de la universidad, donde puede volar a sus anchas y es vigilado por los mejores y más reconocidos científicos ... y yo ... pues tengo que trabajar todos los fines de semana vendiendo las hamburguesas al carbón que prepara Dorito para poder reparar todos los daños que causó, causa y muy seguramente seguirá causando.
Que mi historia sirva de lección para todos aquellos niños que se empeñan en no escuchar los sabios consejos de sus padres; porque sin duda alguna tener una mascota ¡es una enorme responsabilidad! No importa si estamos hablando de unos pececitos, un gato o un perrito ... y mucho menos de un dragón que apenas está aprendiendo a ser dragón.
Yo soy Lirón, sí, ya sé ... pero ése no es mi mayor problema ¡porque mi mascota es un dragón!






