Mostrando entradas con la etiqueta poemas de la lluvia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poemas de la lluvia. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de agosto de 2011

¡AH LA LLUVIA!

Esta entrada es sumamente especial, pues la hermosa ilustración me la hizo una talentosa escritora e ilustradora, ranita dibujante de quien me siento honrada de ser amiga :) por favor disfruten de su arte!!! love Eliz Segoviano, aspirante a escritora :)


Autor: Elizabeth Segoviano/ Ilustradora Ranita Dibujante

Amanece nublado, viento helado tocando en las puertas ... gotas de lluvia besando las ventanas ... pero todos dicen “¡qué día más feo” , “¡que ganas de meterse en la cama y no hacer nada!” ... y todos corren a esconderse de la lluvia como si las gotas fueran afiladas dagas, y todos se ocultan y se asustan, todos maldicen, todos insultan a la lluvia... y entonces yo ... ¡yo no entiendo nada! Porque a mí me gusta salir y empaparme el rostro y la ropa y brincar en los charcos ¡porque me encanta el perfume de la lluvia, porque sin ella no hay vida ... no hay nada! Y todos me miran como a un bicho raro, me gritan, me ordenan que me meta dentro de la casa ... y yo ... como no entiendo nada me quedo afuera empapándome de vida, de libertad, de ése aroma que nadie ha podido empaquetar.
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14


jueves, 4 de agosto de 2011

LA LLUVIA ME CONTÓ


Autor: Elizabeth Segoviano

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

SEP-INDAUTOR registro público

03-2011-101711562800-14

La lluvia me contó mientras caía lo que vió cuando la ciudad dormía.

Me habló de la vida que crecía a escondidas, rebelde, casi furtiva entre las calles de esta enorme ciudad.

La lluvia me contó de un roble sinvergüenza, muy valiente que se atrevió a crecer entre un banco y un centro comercial.

Él pensó que tendría una vida corta y que pronto alguien al notarlo lo mandaría talar.

Pero el roble ya había visto veinte primaveras, y a veces, sólo a veces, pasaba algún humano soñador y le regalaba una mirada, una sonrisa ... o si era un día de suerte ... hasta una caricia.

La lluvia me contó mientras caía lo que vió cuando la ciudad dormía.

Me dijo de una numerosa familia de colibríes que vivían a gusto, libres y felices entre las tupidas ramas de un arbusto de bugambilias que adornaba el muro de un colegio preescolar.

Ahí, entre las risas de los niños los colibríes podían entonar sus poemas, rimas y canciones con toda libertad.

La lluvia me contó mientras caía lo que vió cuando la ciudad dormía.

Me reveló en un susurro ... casi un suspiro, que los gatitos callejeros son en realidad ángeles encubiertos paseándose en los tejados de la gente buena y soñadora, para que al amanecer puedan ver sus deseos hechos realidad.

Es por esto que los gatitos cantan y bailan toda la noche sin parar celebrando que en el mundo aún quedan almas buenas que ayudar.

La lluvia me contó mientras caía lo que vió cuando la ciudad dormía.

Me relató un tanto celosa sobre las palomas aventureras que hacen de cualquier corniza su temerario hogar.

A ellas el viento les cuenta primero que a nadie hermosas leyendas de lejanas tierras y poemas que viajan en las olas del mar.

La lluvia me dice que las palomas están dispuestas a contar esas historias a cualquiera que desee escuchar ... por el módico precio de unas cuantas migas de pan.

La lluvia me contó mientras caía lo que vió cuando la ciudad dormía .

Me dijo que al espiar por las ventanas encontró gente como yo, unos cuantos rebeldes, sinvergüenzas, soñadores furtivos recorriendo la ciudad.

Gente quele sonríe a los árboles y tararea las melodías de los colibríes, gente que no ahuyenta a los gatitos callejeros, gente que está dispuesta a escuchar los cuentos y leyendas de las palomas ... por el módico precio de unas cuantas migas de pan.

La lluvia sabe que incluso en las grandes y ruidosas ciudades hay gente que quiere escuchar lo que la lluvia quiere contar.