lunes, 19 de octubre de 2026

EL MAGO SIN SOMBRERO Y LA BRUJA SIN ESCOBA

 EL MAGO SIN SOMBRERO Y LA BRUJA SIN ESCOBA




Con todo mi amor para JMJM que este sencillo cuento de cumpleaños te llene de toda la magia de la que tú has llenado mi mundo, gracias por ser todo lo maravilloso que eres.


1

 

Todo lo que podía salir mal, salió mal. Todo se había derrumbado como un castillo de naipes. De hecho, lo único que quedó flotando en el aire fueron esos naipes que con tantas ilusiones había comprado Memphis Costelo en la tienda de magia de su ciudad. Y es que Memphis Costelo lo había intentado todo para poder hacer amigos, se unió al equipo de fútbol, al de ajedrez, al coro, a la clase de baile, se compró los videojuegos que jugaban sus compañeros, escuchó la música que ellos adoraban, les hizo regalos, les horneó galletas ... pero nada funcionó. Sus compañeros no le aceptaban porque, en el fondo, Memphis Costelo no era como ellos, y tampoco le gustaban todas esas cosas que ellos hacían.

Memphis no era el típico chico con grandes músculos y cerebro pequeño. Tampoco era el chico malvado con gran cerebro que maquinaba crueles bromas o trastadas, No, Memphis era un soñador y un artista. Sus gustos eran muy diferentes, digamos que era un alma vieja, pues amaba música y películas antiguas, y prefería pasar su tiempo libre creando graciosos personajes de caricatura e historias llenas de humor, y, aparentemente, eso del humor y el arte no iba con sus compañeros. Así que con frecuencia se burlaban de él. Por eso Memphis creyó que si podía hacer algo grandioso e impresionante en el festival de la escuela, se ganaría el respeto y admiración de todos, y tal véz, hasta ganaría un amigo o dos.

Pero todo lo que podía salir mal, salió mal. El escenario de repente parecía inmenso, las luces lo cegaban, los murmullos de la gente comenzaron a hacerle sentir nervios, un nudo en la barriga, otro en la garganta, manos sudorosas y ... ¡plaf! Su mente quedó en blanco y todos los trucos e ilusiones que había memorizado se fueron volando junto con la paloma que salió disparada de su sombrero montada en un conejito que iba masticando las flores de colores de su acto final. Y el colmo de todo, fue escuchar las risas de la escuela entera. Memphis quería que se lo tragara la tierra, ser invisible, o que, por lo menos, bajara un extraterrestre y se lo llevara a otro planeta, uno donde hubiera vida inteligente y existiera alguien que quisiera ser su amigo. Pero esas cosas sólo suceden en los cuentos de hadas. Lo que si sucedió fue que Memphis salió corriendo del escenario mientras sus naipes mágicos se escapaban de sus bolsillos, cosa que solo provocó más burlas,y, con ello, sus compañeros decidieron que sería “graciosísimo” perseguir al chico para “darle una lección”.

Todo lo que podía salir mal, salió mal y ahora Memphis Costelo corría por las calles a todo lo que le daban sus piernas, sintiendo cómo su corazón lleno de miedo, latía tan fuerte que Memphis pensó que podía competir con el tañir de las campanas de la catedral. Y, mientras tanto, los naipes seguían volando de sus bolsillos, dejando un rastro inconfundible para sus enemigos.

 

 

2

 

 

La magia, a veces tiene extravagantes maneras de funcionar. A veces, tomas una linda ramita de un árbol y le das un nombre, y tienes una varita mágica ¡que si funciona! A veces, piensas en palabras que suenen bonitas y las dices y lanzas un hechizo y ¡funciona! Otras veces, basta con cerrar los ojos, pedir un deseo con toda la fuerza de tu corazón y de tu alma, y... ¡la magia sucede! La magia sucede porque el mundo está lleno de cosas mágicas que solo son visibles para aquellos que saben buscar en los recovecos correctos, o escuchar los secretos del viento cuando cambia de dirección, pero eso sólo lo sabemos tú y yo querido lector (porque si estás leyendo estas líneas, tu eres un ser mágico, pero, tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo) .

 

En la azotea de un destartalado edificio, se encontraba practicando un hechizo,  Helmi Borlita, una chica tímida y solitaria que soñaba con tener alguien con quien hablar además de su gatita Catrina y sus libros de cuentos. Helmi Borlita tampoco había tenido mucha suerte haciendo amigos, pues los pocos que había hecho siempre se aprovechaban de ella para que les hiciera la tarea o les diera regalos. Pero Helmi vio con tristeza que la amistad de esa gente no era sincera, por ello Helmi Borlita se apartó de todos y se refugiaba en sus libros de historias fantásticas y de hechizos ... aunque, para ser honestos, nunca le habían funcionado ... quizá solo uno de un millón que había lanzado, aunque no había sido un verdadero hechizo, había sido un deseo de cumpleaños, Helmi Borlita había pedido con todas sus fuerzas un gatito, y un día apareció en el tejado una preciosa gatita negra más flaca que una hoja de papel, y Helmi supo que estaba destinada a cuidar y querer a ese pedacito de pelusilla.

Pues estaban Helmi y Catrina en el tejado, aprovechando los últimos rayos de sol del atardecer para contemplar la ciudad. La suave luz anaranjada acariciaba el rostro de Helmi mientras ella seguía “praticando sus hechizos”con los ojos cerrados se concentraba y pedía con todas sus fuerzas lo mismo que había estado pidiendo casi todos los días de su vida, que por favor, por favorcito, dejara de estar tan solita y encontrara un amigo, uno de verdad, uno que fuera diferente a todo el mundo, uno que la comprendiera ...

Al final de su hechizo/ deseo/ plegaria, Helmi Borlita abrió los ojos y vio a lo lejos un montoncito de naipes siendo arrastrados por el viento, y con los naipes vio a un chico elegantemente vestido con un elegante frac y corriendo como alma que lleva el diablo. Helmi también notó que el pobre chico estaba siendo perseguido por una turba de babosos, igualitos a los que había en su escuela, esos seres no pensantes que creen que lastimar y ofender a otros es muy divertido, Helmi los conocía demasiado bien, por lo que se apresuró a darle vuelta a una oxidada manivela que activaba una escalera plegable, y, sin pensarlo dos veces, bajó a toda velocidad ofreciendo su mano al pobre chico del frac.

- ¡Oye chico! -gritaba Helmi Borlita- aquí arriba ¡toma mi mano! -Memphis estaba a punto de desfallecer, y por ello, pensó que se estaba imaginando esa voz que sonaba como personaje de caricatura, pero era real ¡alguien estaba dispuesta a ayudarle! Memphis se aferró a la mano de Helmi y comenzó a subir las escaleras, pero algo lo detuvo, uno de sus compañeros lo había alcanzado y lo tenía asido por el pantalón. El corazón de Memphis se detuvo y creyó que ése sería su fin, pero Catrina, la gatita, bajó cual ninja profesional y le dio tremendo zarpazo al despreciable malandro que quería lastimar a Memphis. Catrina bufó, enseñó sus pequeños pero bien afilados colmillos y siguió repartiendo zarpazos a diestra y siniestra hasta que el malandro salió huyendo-.

- Gracias -decía el chico tratando de recuperar el aliento -.

- Por nada - dijo Helmi mirando al chico de pies a cabeza con mucha curiosidad mientras sacaba de su mochila una botella de agua y ofrecérsela al chico-.

 

Memphis bebió con ganas y se sentó en el piso observando lo bonita que era esa azotea con tantas plantitas y girasoles y una buhardilla llena de libros.

 

-Catrina te salvó el pompis -decía con una amplia sonrisa Helmi.

-¿Quién?

- Mi gata ... ahora tienes una deuda con ella, que deberás pagar en especie-

- ¿Cómo dices?

- Pagar por su protección, ya sabes, con una lata de atún, o un filete o galletitas para gato, de las rellenas, no de las baratas, o quizá un par de limpia pipas, pero solo acepta morados o anaranjados, ya sabes, para agregarlos a su colección de juguetes, u otra cosa que creas adecuada para un gato ... pero nada de ratones o lagartijas, Catrina es sanguinaria y, francamente es asqueroso ver como caza. Será mejor que le traigas algo adecuado.

- ¿Aceptas dinero? Es que no suelo salir con latas de atún o filetes en mi bolsillo, ni galletas para gato o nada de eso.

- ¿Dinero? ¡Claro que no! ¡nos ofendes! ¡Nosotras somos brujas buenas! Si recibieramos dinero, perderíamos nuestros dones.

- ¿Ustedes son brujas?

-¡Por supuesto! Pero somos brujas buenas.

- Y si eres una bruja ¿en dónde está tu sombrero?

- Lo dejé en la buhardilla porque el aire me lo vuela.

- ¿ Y si eres una bruja en dónde está tu escoba?

- No tengo ... es que ... me dan miedo las alturas ¡además no todas las brujas necesitan una escoba! Yo no vuelo, yo lanzo hechizos ¡basta de preguntas! Ahora me toca a mi.

- ¿ Qué cosa?

- ¡Hacerte preguntas!

- Bueno, vale.

- ¿Por qué te venían persiguiendo? Y ¿Por qué vienes vestido tan elegante? Y ¿qué onda con esos naipes que vienes tirando? ¿Y ...

-¡Espera, espera! -interrumpió Memphis- ¡Por Dios chiquilla, si quieres respuestas deja que te responda! Me llamo Memphis Costelo, vengo vestido así porque iba a hacer trucos de magia en el festival de mi escuela, me persiguen porque me puse nervioso y todo salió mal y se burlaron de mi, como siempre y querían golpearme, como siempre ... -Memphis clavó su mirada en sus zapatos, para que la chica no lo viera llorar, pero sus lágrimas comenzaron a gotear, mojando un girasol.

 

Helmi sacó de su bolsillo un pañuelo y se lo entregó a Memphis, ella sabía demasiado bien como se sentía el chico del frac, pues ella misma había pasado por esa situación más de una vez, y también sabía que en momentos así, no hay palabras que te consuelen, no realmente, en momentos así a veces uno solo necesita alguien que lo escuche, o alguien que te haga sonreír o alguien que te haga olvidar que a veces la gente puede ser muy cruel.

   - Yo me llamo Helmi -decía la chica mientras se sentaba en el piso junto a Memphis - Entonces ¿eres un mago?

- Bueno, no, pero aprendí muchos trucos

- Y si eres un mago ¿en dónde está tu sombrero?

- Creo que lo perdí

-¡Pues hacemos tremenda pareja! ¡Un mago sin sombrero y una bruja sin escoba! ¿te gustan las gomitas Memphis?

-Si, la verdad si

- Toma -helmi le entregó al chico un paquetito de ositos de goma que empezaron a compartir -.

 

Aquella tarde se enteraron de que a ambos les gustaban los libros, y que ambos dibujaban, aunque Memphis era mucho mejor dibujante que Helmi, también descubrieron que Memphis era ligeramente alérgico al pelo de Catrina, pero eso a Catrina no le importaba. También descubrieron que les gustaba la música viejita y las películas viejitas y, a partir de ese día, todas las tardes, Memphis llegaba a la florida azotea de Helmi y se ponían a dibujar y contar historias, tenían tardes de cine y practicaban trucos de magia y Helmi le enseño a pedir deseos en forma de hechizos porque ella aseguraba que era una gran bruja buena ... y quizá si, porque aquella tarde en la que todo le había salido mal a Memphis, Helmi había lanzado un hechizo para encontrar a alguien que fuera como ella, alguien que no fuera un cretino malandro, alguien que la entendiera, y la magia se dio, porque conocío a Memphis y por primera vez en toda su vida se sintió feliz de tener a alguien con quien hablar y crear historias y hacerse bromas, bromas bonitas y graciosas, no bromas feas, y descubrieron que, aunque el mundo está lleno de gente cruel, ellos podían crear su propio mundo, con sus propias reglas y llenarlo de dibujos y música y magia. Y, al terminar el día, ellos podían cerrar ese mundo para que nadie lo contaminara, para que fuera un secreto de dos (bueno, de tres si contamos a Catrina) .

Desde aquel día Memphis y Helmi llenan el mundo de magia, porque incluso un mago sin sombrero y una bruja sin escoba pueden cambiar el mundo un hechizo a la vez.





sábado, 11 de diciembre de 2021

UNA CARTA DE AGRADECIMIENTO Y NO DESPEDIDA

Maestra Bertha Fabiola Prieto Alderete,



Se dice que los maestros nunca saben realmente el alcance de su influencia en la vida de sus estudiantes. Pero debes saber que tu increíble influencia en la mente de tus alumnos ya se nota y sé que llevarán consigo todas las buenas lecciones que han aprendido bajo tu tutela.

Debes saber que te admiro profundamente. Eres una maestra con una verdadera vocación. Alguien que ha dedicado toda su pasión, creatividad, esfuerzo y corazón a darle a las niñas y niños los recuerdos mas dulces, mágicos y fantásticos de sus primeros años de escuela.

Ten por seguro que ellos siempre van a recordarte, y harán florecer la semilla de curiosidad, imaginación y creatividad que tu has plantado en ellos.

Maestra, gracias por creer en mi, gracias por creer que no hay biblioteca pequeña. Gracias por inspirar siempre a tus compañeras y a mi. Gracias por toda una carrera dedicada a crear mejores personas.

Gracias a ti, muchas generaciones de niñas y niños han empezado a amar la lectura, y se que gracias a ti, ellos podrán ser alumnos emprendedores de su propia educación, forjándose mejores futuros.

Gracias por pelear tanto contra un sistema que no entiende a los niños, pero tu sí lo hiciste, lo hiciste siempre, los convertiste en una prioridad y no todos los docentes saben o quieren hacer eso. Eres una verdadera heroína.

Y a título personal, quiero agradecer tu confianza y el hecho de que me condecoraste con tu amistad y todas tus bellas locuras y mapachosidad. Gracias por impulsarme en mi carrera de escritora y de mapache. TE QUEREMOS HOY SIEMPRE, OLIVER, LÁZARO, CHECHE Y YO.

Es hora de que emprendas nuevos sueños y locuras con la misma cantidad de alegría y mapachosidad que te caracteriza, sigue soñando y sigue  viajando, y de cuando en cuando, espero compartir contigo una deliciosa charla y una taza de café.



Con mucho cariño y gratitud, Eliz Segoviano, autora.

viernes, 23 de abril de 2021

FELIZ DIA DEL LIBRO Y DE LA ROSA

 



Queridos soñadores,

Hoy es el día del libro y de la rosa. Por tal motivo les traigo un pequeño obsequio.

Un e book de poesía infantil titulado GATO ASUSTADO ESCRIBE POESÍA.

Si lo quieren, todo lo que tienen que hacer es escribir en correo electrónico a :

sognareprofundere@gmail.com en el asunto deben poner, QUIERO AL GATO ASUSTADO eso es todo. A vuelta de correo electrónico, recibirán su e book. No necesitan ningún dispositivo especial. Lo podrán visualizar en cualquier dispositivo que tengan.

¡FELIZ DÍA DEL LIBRO Y DE LA ROSA!





sábado, 31 de octubre de 2020

EL CATALEJO LAPISLÁZULI PARTE IX


PARTE IX

DE SUEÑOS, MÚSICA Y ESTRELLAS

 


El verano llegaba a su fin. El aire ya comenzaba a sentirse frío y los árboles pintaban una que otra hojita de marrón, rojo o amarillo. Era también el último día de la feria, y Tolvedier quería llevarle alegría y sueños a tanta gente como fuera posible.

Al atardecer, la gran carpa plateada ya se iluminaba con la luz de cientos de diminutas estrellas al tiempo que la gente entraba para ocupar un lugar frente al escenario.

En el fonógrafo mecánico sonaba una hermosa melodía de violines y acordeón que invitaba a la gente a tararear aunque nunca antes hubieran escuchado esa tonada.

A las siete en punto, cuando la luna nueva se levantaba majestuosa sobre la ciudad, comenzó el gran espectáculo. La carpa entera quedó en total oscuridad, los espectadores, sorprendidos, guardaron silencio de inmediato. El fonógrafo detuvo su melodía, y, luego de unos segundos; una a una se fueron encendiendo las pequeñas estrellas mecánicas que flotaban por todo el lugar, todas al ritmo de las notas de un piano que alguien tocaba en las penumbras del escenario.

La música se detuvo de nuevo, siendo reemplazada por la gentil voz de Tolvedier.

¡BIENVENIDOS, BIENVENIDAS! ¡ESTA NOCHE DEJAMOS TODAS LA PREOCUPACIONES AFUERA! ¡ESTA NOCHE TODOS, TODAS, NOS PERMITIREMOS SOÑAR! ¡SOÑAR SIN LÍMITES, SIN ATADURAS! ¡ESTA NOCHE, TODOS SOMOS ESTRELLAS!

Mientras Tolvedier volvía a tocar el piano con una melodía tan dulce como los higos cristalizados, un precioso chelo que caminaba solo porque era de cuerda, se situó junto al piano, y la melodía que ya era dulce se convirtió en algo tan sublime, alegre y tierno, que cada persona ahí presente cerró los ojos. Cada uno siendo transportado por esa melodía a los días más felices de sus vidas.

Tras bambalinas, Bruno, ataviado con su elegante traje y sombrero de copa, también cerraba los ojos; sin embargo el niño se concentraba, haciendo uso de sus poderes como Doríma. De su corbatín prendía el broche que había recibido de Tolvedier, ahora ya no era una luciérnaga, esta vez tenía forma de estrella. Bruno la sostuvo entre sus manos, se concentró y susurró: Polaris, que tu luz pase a través de mí hacia todos los que necesitan encontrar la luz para soñar. Entonces Bruno comenzó a imaginar la luz de todas las estrellas, las que nacían en torbellinos de luz en algún lugar del universo, las que fueron pero que aún nos tocan con su resplandor y las que serán, creando nuevas constelaciones. En la carpa, los asistentes, sonreían pues al imaginar sus días más felices, se veían rodeados de luz, luz dorada, plateada y de colores, luz iridiscente que era cálida y hacía cosquillas. En ese momento, la melodía llegó a su fin, era el momento de presentar un gran acto de magia, magia real.

¡DAMAS, CABALLEROS!-decía nuestro amigo ¡Tolvedier, es mi nombre, soy librero, bibliotecario e inventor. Ávido lector, músico de corazón, buen dibujante, gran navegante, artista y a veces cantante. Soñar es mi profesión y ésta es mi carpa, mi espectáculo. En él, mi asistente Bruno y yo, hemos puesto nuestro corazón. Esta noche, pueden esperar cualquier cosa que puedan imaginar, adelante, pidan algo que crean imposible.

La multitud sonreía y alguien gritó: ¡yo quisiera ver un barco flotar por esta carpa!

Bruno, son una sonrisa de oreja a oreja, se concentró e imaginó aquella fragata pirata que por poco destruía la librería aquella primera vez. En esta ocasión, Bruno ya podía controlar lo que soñaba, y el espectáculo fue precioso e impresionante. La carpa entera olía a mar, la brisa era salada y fresca, y el barco, entre una sutil neblina, parecía salpicar pequeñas gotas, a lo lejos, al otro lado del escenario, se divisaba la silueta de una ballena gris e incluso se escuchaba su canto. Al ritmo de un alegre acordeón también se escuchaba una voz bonachona y algo ronca, era el capitán del barco que entonaba una vieja canción de marineros. La gente aplaudía, todos se veían felices y entretenidos, incluso la señora Ruthelina que pensaba que Tolvedier en verdad era muy inteligente para poder crear tecnología tan vanguardista. Y estaba orgullosa de su hijito, pues se movía por el escenario como si lo hubiera hecho por años. Junto a la señora Ruthelina se encontraba el señor Máximo, su padre, que había viajado de muy lejos sólo para ver a Bruno.

 

Melodía tras melodía, e ilusión tras ilusión, el público aplaudía y se maravillaba. Lo que no sabían era que, sus vidas estaban siendo cambiadas por Bruno y Tolvedier, al hacerlos sentir nuevamente como niños, al hacer que sus corazones latieran a otro ritmo con las canciones y que sus mentes fueran desafiadas por todas las maravillas que presenciaban en el escenario. Muy dentro de sus mentes, ya comenzaban a germinar de nuevo las semillas de antiguos sueños o sueños hechos ahí, al momento de estar rodeados de tanta magia. Cada uno de los espectadores, se estaba llenando de valor, ilusiones y sueños. Por primera vez, dejaban de pensar que sus anhelos eran tontos o imposibles, pues ante aquella magia, todo, absolutamente todo, parecía más que posible.

La dulce voz de Tolvedier entonaba canciones que conmovían incluso a los más rudos. Las ilusiones que Bruno creaba con tan solo pensar en ellas, como sirenas, hadas, grifos, estrellas, barcos y alebrijes que alegraban a todo mundo al bailar y cantar con Tolvedier, tenían a las personas tan felices y abiertas a creer en la magia, y en su propia magia que las horas pasaron volando. En punto de las diez de la noche, el espectáculo llegaba a su fin, no sin terminar con otra gran sorpresa para los asistentes.

 

Al salir de la carpa, esperaban decenas de globos aerostáticos equipados con sus respectivos burbujópteros para dar un paseo bajo las estrellas.

Desde lo alto del cielo nocturno, rodeados de estrellas y una luna nueva radiante, con la ciudad a sus pies, aquellas personas que antes de aquel día se encontraban tristes e incapaces de soñar o creer en ellos mismos, eran completamente diferentes. Tenían el valor y la motivación de renovar sus sueños, trabajar duro por ellos, y disfrutar el viaje que emprenderían al realizar esos sueños.

 

En el globo más lindo y elegante, iban Tolvedier, el gatito Sherlock, Bruno, la señora Ruthelina y el señor Máximo. Bruno admiraba los otros globos a través del catalejo lapislázuli de Tolvedier y notó que ahora todos, pero todos, tenían luz y esa brillante conexión con las estrellas, y los hilos que los conectaban con otras personas o mascotas, ya no estaban más rotos, o enredados. Eran brillantes y firmes, relucientes. Eso quería decir que sus corazones ya no estaban lastimados o tristes y estaban listos para seguir recorriendo sus vidas con la mirada en las estrellas.

Era el final perfecto para un verano mágico.

 

Quizá pienses que esta historia tan solo la he inventado para mantenerte entretenido. Lo cierto es que, no es mi historia, es la de Tolvedier y los Dorímas, la de la magia y los catalejos lapislázulis, la de los gatitos listos y librerías extraordinarias, la de libros que buscan hogares en mentes y corazones brillantes. Es la historia de unos hilos imaginarios que en realidad existen, y sé que lo sabes, porque ese hilo te dice que mamá y papá te quieren y que tus hermanos te quieren y que hay amigos por descubrir. Esta no es mi historia querido lector. Esta es la historia de los sueños que parecen imposibles y de la música que no hemos escuchado pero que nuestro corazón tararea bajo el cielo limpio y claro que ha dejado un día de tormenta.

Esta, es la historia de Tolvedier, un librero, bibliotecario e inventor. Ávido lector, músico de corazón, buen dibujante, gran navegante, artista y a veces cantante. Soñar es su profesión ... Él tiene una librería que siempre está abierta, y quien sabe, quizá en un día de tormenta, seas tú quien la encuentre. Así que recuerda siempre hacerle caso al gatito que veas ahí, también se amable con el librero y quien sabe, quizá tu seas el próximo asistente de este misterioso y bondadoso chico¡Y siempre, pero siempre acepta su invitación a probar una taza de té chai! Pero sobre todo, querido lector, siempre, pero siempre, mantén tus ojos en las estrellas, los pies bien enraizados en la tierra y sueña, sueña cosas que todos crean imposibles. Tú, Tolvedier, Sherlock, Bruno y yo, sabemos que tal cosa no existe.

FIN

PARTE 8: https://sognareprofundere.blogspot.com/2020/10/el-catalejo-lapislazuli-parte-viii.html




miércoles, 28 de octubre de 2020

EL CATALEJO LAPISLÁZULI PARTE VIII


PARTE VIII

LA GRAN CARPA PLATEADA


 

De tanto soñar despierto, Bruno en verdad se quedó dormido en el globo que se mecía suavemente sobre la ciudad. Tuvo sueños hermosos en los que la multitud gritaba su nombre y llovía colorido confeti sobre él. Tolvedier se quitó su saco y con él cubrió a al niño, luego le hizo una señal al gatito Sherlock, que ni tardo ni perezoso se dispuso a acurrucarse con Bruno para mantenerlo abrigado mientras Tolvedier terminaba de trazar sus mapas y el globo comenzaba a descender.

La noche ya abrazaba la ciudad cuando el globo bajó delicadamente en el techo de la librería Siempre Abierta. La señora Ruthelina ya llevaba varios minutos esperando impaciente, buscando a su hijo por cada pasillo.

-¡Madame Trampolina! -exclamaba Tolvedier quien bajaba con Bruno dormido en brazos y el gato dormido encima de Bruno.

-¡Señor Trovador! -decía aliviada madame Ruthelina. Ya me había preocupado al no encontrar a nadie aquí ¿porqué Bruno está dormido?

-Fue un día muy largo y emocionante madame Brillantina.

-Ruthelina, si me hace favor señor Tubador, pero, dígame que puede ser tan emocionante en una librería?

-Bueno, madame Sonatina, hoy nos llegaron nuevos cargamentos de libros, ¡eso siempre es emocionante! Además nos han invitado a participar en la feria de la ciudad, y Bruno y yo estamos haciendo algunos preparativos.

-¿La feria? ¿Pero es que usted es artista señor Topeador?

-¡Y de los mejores madame Campanilla! Por cierto, mañana, cuando traiga a Bruno, llévelo directamente a la gran carpa plateada al final de la feria, ahí estaremos ensayando.

-Pero no hay ninguna carpa plateada señor Trompetero, yo vengo de por ahí.

-¡Pero mañana temprano ahí estará madame Ripalina!

-Está bien, pero solo permitiré que Bruno haga esto porque son las vacaciones de verano, yo no quisiera que mi hijo desperdiciara su tiempo siendo librero o artista ... sin ofender señor Rotulador.

- No me ofendo madame Tarantulina, personalmente, yo no querría desperdiciar mis días tecleando cifras, pero se ve que usted tiene talento para las cosas aburridas, bueno, le entrego a Bruno y no le quito más mi tiempo ¿eh? Fue un placer para usted charlar conmigo, nos vemos mañana.

 

La señora Ruthelina no sabía si sentirse ofendida o no, pues Tolvedier hablaba tan rápido que no estaba segura de haber escuchado correctamente lo que dijo, así que tan sólo sonrió y se llevó a su niño en brazos, sin darle más importancia al asunto.

En la librería, nuestro joven amigo, depositaba con cariño al gatito Sherlock en su canasta de mimbre cubierta por su suave y esponjosa mantita tejida.

Tolvedier se preparó un termo con té chai, se puso un abrigo, apagó las luces de la librería siempre abierta, que aquella noche estaría cerrada y salió a la calle susurrando hermosas palabras en otro idioma, uno que no pertenece a esta tierra, sino a las estrellas.

Al final de la amplia calle, donde terminaban los puestos de la feria, Tolvedier dispuso una pequeña caja hexagonal hecha de cobre que él mismo había diseñado y grabado con diminutas estrellas, la caja reflejaba la luz de la luna con tenues reflejos dorados. Tolvedier se arrodilló junto a la cajita, puso sus manos sobre ella, silbó una tonada dulce que ni siquiera el viento había escuchado antes, y luego pronunció estas palabras ¡Tähtiä hilfe paista unet!

El pequeño hexágono de cobre se abrió, de éste se desplegaron cientos de engranes diminutos que brillaban con luz propia, cada engrane parecía una abeja. Se elevaron varios metros hacia el cielo, formando varias constelaciones y al mismo tiempo, delinearon la silueta de una gigantesca carpa. Cuando estuvieron en la posición correcta, Tolvedier extendió los brazos, así como hacen los directores de orquestas ¡y puf! Aquellos engranes en forma de abeja dejaron caer un fino velo de luz y polvillo, que al contacto con la brisa fresca de la noche se convirtió en una resistente tela plateada. Tolvedier retrocedió unos pasos para apreciar la gran carpa plateada y sonriendo abrió su termo de té y le dio un buen trago.

 

Al interior de la carpa, los engranes ya no parecían abejas, ahora eran grandes estrellas refulgentes que le daban un toque teatral y hermoso al lugar.

Tolvedier pasó el resto de la noche armando un escenario, y disponiendo sillas.

Cuando la aurora ya teñía el cielo, la gran carpa plateada estaba lista para el mejor espectáculo de magia, música y sueños que jamás hubiera imaginado alguien.

 

Ya entrada la mañana, Bruno y su mamá, la señora Ruthelina al fin llegaban a la gran carpa plateada que se levantaba deslumbrante por sobre todas las otras carpas de la feria.

-¿Señor Polvorón?

-¡Mamá! -reclamaba Bruno- No se llama polvorón, se llama Tolve...

-Eso dije hijito, Polverón

-¡Bruno!- gritaba emocionado Tolvedier ¡madame Brutalina! Buenos días

-Rutheli...

-Eso es lo que dijo mami- interrumpió Bruno a manera de broma mientras le entregaba a Tolvedier un vaso de café bien calientito y un rol de canela recién horneado que habían comprado en la cafetería.

-Muchas gracias Bruno, gracias madame. Me hacía mucha falta, pero siéntense, díganme que les parece el escenario.

 

La señora Ruthelina y Bruno se quedaron con la boca abierta, porque era un escenario maravilloso, las cortinas de terciopelo color turquesa y las pequeñas estrellas que flotaban por doquier le daban un toque absolutamente mágico. Al centro del escenario se encontraba un hermoso piano blanco de cola y varios instrumentos alienados esperando su turno de brillar.

-¿Qué clase de espectáculo van a presentar? -decía fascinada la señora Ruthelina mientras unas diminutas estrellas jugaban con sus rizos.

¡DE MAGIA! -exclamaron Tolvedier y Bruno al unísono.

-Pero todavía no es hora de revelar todos nuestros secretos, así que madame Ricolina tendré que pedirle que nos deje ensayar a solas, después de todo, queremos sorprenderla-

El mágico brillo de las diminutas estrellas tenía embobada a la señora Ruthelina que sin rechistar, simplemente le dio a Bruno un besito en la mejilla y se retiró.

-Tolvedier -decía Bruno ¿Me perdonas?

-¿Perdonarte porqué amiguito?

-Porque ayer me quedé dormido y no te ayudé a trazar los mapas

-¡Ah! ¡pero si me ayudaste!

-¿Cómo?

-Mientras tu soñabas, hiciste llover polvo de estrellas sobre toda la gente que debemos ayudar a soñar, ya todos están señalados y ese polvo lleno de magia y sueños que tú hiciste llover hará que todas esas personas vengan, nuestro trabajo ya ha empezado Bruno.

-¿Yo hice eso?  Wow

-Soñar, así como lo hacemos tú y yo, no es tan sencillo Bruno, traer verdadera magia al mundo real, requiere de mucha fortaleza, hiciste un gran trabajo, aunque a ti no te lo parezca.

- ¿Tolvedier?

-Dime

¿Por qué tú y mi mamá nunca se dicen bien sus nombres?

-Creo que porque es divertido Bruno, supongo que a tu mamá le gusta jugar con las palabras. Las palabras amiguito, son muy poderosas, pueden hacerte sonreír y animarte o lastimarte, siempre debes escoger muy bien tus palabras Bruno, no hay nada más mágico que las palabras. Con ellas podemos construir y destruir. Procura siempre ser constructor Bruno, siempre.

 

A Bruno le parecía que no había una verdad más grande que esa, las palabras importan mucho, como cuando a uno le dicen que ha hecho un buen trabajo,o que se ha esforzado, uno se siente bien, pero no es lo mismo cuando a uno le dicen tonto o baboso o burro, uno se siente mal, duele, aunque solo sean palabras. Era cierto, las palabras son poderosas, y hay que cuidarlas.

-Bruno ¿estas listo para nuestro gran ensayo?

-¡Por supuesto!

 

Después de practicar varias horas, Tolvedier sacó de un cofre forrado en terciopelo verde, un antiguo fonógrafo, solo que a ése no había que darle cuerda, era mecánico y podía tocar todo el día. En él, Bruno y Tolvedier grabaron este mensaje:

¡Mañana por la noche habrá un espectáculo de magia y música como nunca han visto!

Entrada gratuita a todos los que vayan a la librería Siempre abierta y mencionen cual es su libro preferido de cuando eran niños, repetimos. ENTRADA GRATUITA A QUIEN VAYA A LA LIBRERÍA Y MENCIONE SU LIBRO FAVORITO DE CUANDO ERAN NIÑOS.

-Bruno -decía Tolvedier.

-¿Si?

-¡Corre!

El anuncio solo había estado sonando un par de minutos, mismo tiempo que les tomó a Tolvedier y Bruno llegar a la Librería Siempre Abierta, sin embargo la fila de personas esperando entrar ya era larga.

-¡Sherlock, Bruno a sus puestos!

En cuanto Tolvedier abrió la puerta persona tras persona entraba a la librería mencionando su libro favorito de la infancia y Sherlock y Bruno debían buscar esos libros y entregarlos mientras Tolvedier les daba también su boleto de entrada.

En cuestión de minutos los mil boletos ya habían sido entregados, junto con mil libros de cuentos, poesías y novelas de aventuras principalmente.

Hasta el gatito estaba exhausto de correr por todas las repisas tirando libros a diestra y siniestra. Pero lo habían logrado. Para celebrarlo, Tolvedier le preparó a Sherlock un buen filete de pescado y para él y Bruno una hamburguesa con queso, papas fritas y una enorme malteada porque habían trabajo arduamente todo el día.

Lo último que hicieron antes de despedirse ese día, fue probarse los elegantes trajes que Tolvedier había mandado hacer. Ahora lo único que restaba, era presentar el gran espectáculo en la carpa plateada.

CONTINUARÁ...

PARTE 9: https://sognareprofundere.blogspot.com/2020/10/el-catalejo-lapislazuli-parte-ix.html

PARTE 7: https://sognareprofundere.blogspot.com/2020/10/el-catalejo-lapislazuli-parte-vii_16.html

viernes, 16 de octubre de 2020

EL CATALEJO LAPISLÁZULI PARTE VII


PARTE VII

EL CATALEJO LAPISLÁZULI

 


En otro tiempo, bajo otros cielos y otras tormentas, el capitán Morgenmuffel regresaba de una larga y vertiginosa travesía para conseguir una gema muy preciada para los Dorímas, una piedra extraída de las entrañas de la tierra llamada Lapislázuli. De esta piedra semi preciosa del color del océano, se dice que tiene el poder de elevar el nivel espiritual de las personas. Para los Dorímas esto significaba mejorar sus poderes de ensoñación y canalizar mejor el poder que les brindaban las estrellas.

El capitán Morgenmuffel quería obtener esa preciada piedra para elaborar un regalo especial para su nietecito, que estaba por nacer.

Una vez obtenido el preciado lapislázuli, pasó muchas semanas fabricando cada diminuta pieza, para que encajaran a la perfección en la maquinaria que había diseñado. Cada resorte, tornillo y soldadura estaban hechos en plata y cargado con la luz y la bendición de las nueve lunas que pasaron mientras su nietecito crecía en el vientre de su madre.

Fue en la primer luna de abril, que el capitán Morgenmuffel al fin terminaba el increíble regalo, fue el día en que nació el bebé.

Le escogieron un nombre muy original, uno que nadie tuviera en el mundo entero, pues el capitán sabía que su nieto sería un Doríma muy poderoso y ayudaría a mucha gente, por ello necesitaba un nombre especial. Lo llamaron Tolvedier Morgenmuffel, quien desde su primer día de vida, tuvo a su lado el regalo del abuelo, un catalejo hecho de lapislázuli. Un catalejo que hacía mucho más que enfocar objetos distantes. Ese catalejo tan especial podía encontrar Dorímas y enfocar la luz de las estrellas sobre aquellos que ya no podían o habían olvidado como soñar, así como atraer la magia de la tierra a quien usara el aparato.

Así fue como en sus primeros años de vida, Tolvedier había aprendido a encontrar magia incluso en cosas pequeñas, como por ejemplo, el canto de las aves, botones que florecen, copos de nieve, o una sencilla melodía. Esa magia de todos los días, le había dado a Tolvedier una capacidad inmensa para soñar. El podía ver hadas y duendecillos, entender el lenguaje del viento, domar nubes y hasta entender a los animalitos.

A sus veintiseis años, Tolvedier ya había ayudado a miles de personas. A casi todas, en secreto, pues un Doríma no busca la fama, tan solo la satisfacción de haber reconectado a alguien con sus sueños o alejarlo de la tristeza, brindarle consuelo o incluso algo pequeño, como hacerle sonreír. Tolvedier quería enseñarle todo eso a Bruno, pues sentía lo poderoso que era, y alguien así, hace mucha falta en el mundo.

 

Al tener en las manos el catalejo lapislázuli, Tolvedier sentía que estaba de nuevo con su abuelo, el capitán Morgenmuffel y su dulce abuela, la almirante Gina Misfits de Morgenmuffel. Recordaba cada tarde de otoño que había pasado con ellos. Casi podía saborear la deliciosa sopa de calabazas y salvia que cocinaba su abuelita y el azúcar caramelizándose en el horno sobre el pay de manzana, y oler la mezcla de especias que ya hervía a borbotones en la estufa, las especias que su abuelo traía de sus viajes a la India, un té chai delicioso que bebían juntos mientras el capitán Morgenmuffel le enseñaba a usar el catalejo y la lectura y trazado de mapas. ¡Y como olvidar las historias que le contaba su abuela! Ella podía convertir cualquier cuento o novela que hubiera leído en una narración espectacular, en la que Tolvedier podía sumergirse y soñar. Fue su abuela quien le había regalado el amor por la lectura y los libros. Pues con ellos es fácil viajar aún estando acurrucado en un sillón suavecito.

Tolvedier sostenía el catalejo con cariño sintiendo que sus abuelos seguían con él, conectados por esos hilos que entre ellos, eran irrompibles.

-Bruno -decía el joven- Quiero que veas a través de este catalejo, dime lo que observas.

Bruno tomó el catalejo, lo admiró, sintió el peso frío de la piedra azulada, notó que estaba sujeto con arillos de plata y que los cristales de las lentes cambiaban de colores según el ángulo y la luz que recibieran, eran iridiscentes, tenía inscritos algunos números para ubicar latitudes y longitudes. También notó que debía ser mecánico, porque cada vez que lo levantaba podía escuchar el sonido de pequeños engranes acomodándose. Luego de unos minutos, se atrevió a llevarse el catalejo al ojo derecho y pudo ver que casi todas las personas tenían un halo de luz brillante y hermoso que cambiaba de colores, ese halo de luz estaba conectado con alguna lejana estrella en el firmamento. Podía ver a la perfección los hilos que conectaban a todos, los que estaban perfectos, los enredados, los rotos, incluso aquellos que estaban por completo desgarrados. Sin embargo también notó a unas cuantas personas cuya luz era tan potente como la de las estrellas; en el momento en que volteó para decírselo a Tolvedier, Bruno casi suelta el catalejo porque notó que su amigo brillaba tanto como el sol. El niño supo en ese momento que no se había equivocado, que su joven amigo tenía magia, que quizá estaba hecho de magia pura y por ello él se sentía feliz y diferente y hasta su mamá había cambiado gracias a su magia. Ahora entendía perfectamente la labor de Tolvedier, y también quería hacer eso. Deseaba hacer feliz a la gente, ayudarles a soñar, hacerles sonreír. Porque aún en días grises y difíciles, una sonrisa puede mejorar las cosas. Como cuando está lloviendo y estás empapado y has tenido un día muy difícil y entonces alguien te tiende una mano y pone el mundo en su lugar y te ofrece una taza de té y una sonrisa, y te llena de magia.

-¿Tú brillas tanto porque estás hecho de magia Tolvedier? -preguntó asombrado el niño-.

- ... Pues, si Bruno, pero tú también. De hecho todos estamos hechos de magia. Todos tenemos un poco de polvo de estrellas dentro de nosotros. Esas personas que tienen mucha luz, son Dorímas como tu y yo. Algunos somos más fuertes que otros, pero solo porque sabemos bien lo que somos y como debemos usar esa luz. Otros no lo saben a ciencia cierta, pero lo intuyen, como los artistas, esas personas que crean cosas maravillosas, una pintura, una estatua, un libro, una canción. Esa es su forma de esparcir la magia que tienen. Es una forma muy eficaz Bruno. Vuelve a tomar el catalejo, sigue mirando y dime que más ves.

-Veo, algo extraño, falta algo en algunas personas ... no tienen ese halo de luz, solo tienen una sombra, pero incluso ésta es muy débil.

-Así es amiguito, ellos son lessers, gente sin sueños, gente que siente mucha tristeza.

-¿Por qué?

-Bueno, recuerdas que te dije que los adultos a veces pueden ser muy crueles y que son muy buenos destruyendo cosas? Sucede que a muchos de esos lessers les destruyeron sus sueños desde que eran niños. A veces su propia familia al burlarse de sus planes y sueños, otras veces, incluso sus amigos han fallado en creer en ellos. En muchas ocasiones, eso puede destruir la luz que llevamos dentro, los sueños son algo frágil, los sueños de los niños lo son más aún, Bruno. Otras veces, la vida puede ser muy complicada y muchas personas tienen que dejar sus sueños a un lado para resolver los problemas y se les olvida como soñar. Cuando eso le pasa a un lesser, pues va por la vida con la mirada en el piso, simplemente sorteando los obstáculos que llegan a suceder en la vida, pero pierden esa chispa, su luz se apaga y nada vuelve a ser lo mismo.

-Como mi papá -dijo repentinamente el niño.

-¿Tu papá?

-Si, cuando él tenía quince años tuvo que dejar la escuela, porque su familia necesitaba dinero ... pero después de muchos años regresó a la escuela, el quería ser músico, pero no pudo. Aunque los fines de semana toca en una banda de jazz con sus amigos ¿eso quiere decir que él no perdió su luz?

-En efecto Bruno, porque no importa si uno vive su sueño aunque sea de forma pequeña, quizá tu padre no pudo ser un gran músico famoso dando conciertos alrededor del mundo, pero te apuesto que cada vez que se reúne con sus amigos a tocar, todos son muy felices, y también sus familias y amigos.

-¡Si! Cuando tocan juntos siempre se siente como una fiesta, como si fuera Navidad.

-¡Yo no podría describirlo mejor! Ahora necesito que me ayudes Bruno, necesitamos trazar un gran mapa, pero debemos hacerlo desde las alturas.

-Pues ya estamos en la azotea, ya no podemos ir más alto que esto.

-¡CLARO QUE SI! -decía Tolvedier abriendo la puerta del cobertizo para sacar un aparato hecho de cobre que tenía muchas palancas, válvulas y manijas por todos lados.

-¿Qué es eso? -exclamaba fascinado Bruno-

-Esto mi querido amigo, es el corazón de nuestra misión de hoy, es el motor que necesitamos.

-Pero, no parece un motor, parece una gran tetera.

-¡Es un invento mío! Es un burbujóptero

-Burbu ...qué.

-Burbujóptero, mira, tomas agua muy caliente, le añades jabón, mucho jabón ...

-¿Jabón de platos?

-¡DE TODOS! Y si son de colores, mucho mejor, y luego activamos el mecanismo y tendrás...

-Muchas burbujas -interrumpió Bruno.

-No sólo son muchas burbujas, amigo, son millones de burbujas las que produce el burbujóptero.

-¿Para que necesitas tantas burbujas?

-¡Las NECESITAMOS para hacer funcionar esto! Decía entusiasmado Tolvedier señalando un montón de telas rojas.

-¿Necesitamos burbujas para lavar esas cortinas rojas?

-No, bueno si ... ¡no! No son cortinas Bruno, es un globo aerostático.

-¿Esos globos no funcionan con aire caliente?

-Si, pero yo encuentro el fuego, bastante peligroso, así que inventé un globo que funciona a base de burbujas. Además así llega mucho más alto.

 

Luego de limpiar y verificar que el globo no tuviera rasgaduras, el joven Tolvedier se arremangó la camisa, aseguró el burbujóptero al centro de la canastilla del globo y empezó a manipular las manivelas y palancas para empezar a crear cantidades increíbles de grandes e iridiscentes burbujas. El globo comenzó a inflarse y la canastilla a levarse ligeramente del techo de la librería. Entonces Tolvedier tomó el catalejo lapislázuli, le ofreció la mano a Bruno para ayudarlo a subir y metió también al gatito Sherlock, quien de inmediato se sentó en su canasta especial dentro del globo.

En un parpadeo el gran globo rojo ya flotaba muy por encima de los rascacielos de la ciudad. Aún así Tolvedier seguía fustigando su burbujóptero para que produjera más y más burbujas. Por fin, cuando el globo estuvo rodeado de frías nubes, Tolvedier soltó un ancla muy curiosa que , sin duda también era su creación, pues en lugar de caer como una roca, esa esfera de acero desplegó unas alas mecánicas y aterrizó suavemente en el rascacielos más alto de la ciudad, para luego extender unos fuertes brazos parecidos a los de las arañas y se sujetó de ese edificio, permitiendo que el globo se quedara quieto en el cielo sin que el viento lo zangoloteara.

La vista era hermosa, Tolvedier portaba una enorme sonrisa en el rostro mientras montaba el catalejo lapislázuli en un trípode para manipularlo cómodamente.

-¡Muy bien Bruno, ahora debemos trazar nuestro mapa.

 

Cuando el niño miró a través del catalejo, quedó maravillado. Desde las alturas, las personas parecían puntos luminosos, igual a las series de luces que decoran los árboles de navidad. También se distinguían a la perfección los lessers, que caminaban sin luz y casi sin sombras. Entonces Bruno notó algo más, en los lessers, había un diminuto punto de luz violeta sobre sus corazones.

-¿Ese puntito violeta qué es Tolvedier?

-Es un sueño, como una semillita, un sueño que está dormido, latente, congelado, esperando que esa persona le permita dejarlo crecer. ¡Mira Bruno! La gran mayoría de la gente que podemos ayudar se concentra en esta parte de la ciudad, eso es fantástico, queda justo al final de la feria, ahí montaremos nuestra carpa.

Bruno estaba tan emocionado que se puso a soñar cómo sería el día del gran espectáculo que tenía planeado Tolvedier. Se imaginó vestido con un elegante somoking y sombrero de copa, se imaginó las risas de la gente y los aplausos y se puso a soñar con ver la luz de las personas brillar tanto como la de Tolvedier. En ese momento, abajo, en las calles de la ciudad comenzó a caer una ligera llovizna, pero no era agua ¡era luz! Chispas de luz que estaba soñando Bruno. Tolvedier no se sorprendió, pues sabía que el niño tenía un poder inmenso, así que esta vez no lo despertó de sus fantasías. Simplemente se puso a anotar en el gran mapa que tenía, en que área caía esa llovizna de luz.   

CONTINUARÁ... 

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