lunes, 18 de marzo de 2019

EL CIRRO Y SU NO SÉ QUÉ


Autor: Elizabeth Segoviano 
también puedes escuchar este cuento en la APP AUDACIA AUDIOLIBROS


              Esta hermosa ilustración es regalo del artista español JESÚS MARÍA GARCÍA (búho) y       pueden ver su trabajo acá

Allá en lo alto, pero bien alto; en el techo del mundo, se encontraba el viento hilando grandes cantidades de nubes, las había de todas formas y tamaños y cada una estaba destinada a  hacer una tarea en específico, la niebla debía sobrevolar a ras del suelo para humedecer ligeramente las plantas, los cúmulos, que son nubes más esponjosas y blancas viajaban por todo el mundo, acompañando  a los aviones, adornando las cimas de las montañas, luego seguían los cumulonimbos, que eran muy vanidosas porque podían crear rayos y truenos que cimbraban la tierra y también proveían de lluvia el mundo entero manteniendo así la vida .
Sin embargo, el viento ya llevaba tantas horas sentado hila que hila que comenzó a quedarse dormido y así nació un trocito; bueno ,mejor dicho un jirón de nube que al despertar notó que no era como todas las demás nubes, ella no podía humedecer las plantas y era tan pero tan ligerita que comenzaba a volar alto y más alto que cualquier cima de montaña.
Con cuidado se acercó a sus hermanas nubes y les preguntó :
-          ¿Y yo qué soy?-pero su vocecita era igual de suave que ella y nadie le hacía caso, así que abrazándose a sus hermanas cumulonimbos gritó con todas sus fuerzas una vez más ¿¡Y yo qué soy!?
-          Tú-respondió echando rayos y truenos una de ellas-¡eres nada! Ni a nube llegas.
-          ¡Pero yo tengo que ser una nube!-gritó angustiada la nubecita- a mí también me ha hecho nuestro padre el viento, debo ser una nube.
-          Si eres una nube, entonces deberías poder hacer nevar, o llover, sacar relámpagos o ya de perdida debías poder dar siquiera un poco de sombra, dime ¿puedes hacer algo de eso?
La nubecita se concentró con todas sus fuerzas deseando poder llover, mas al escuchar la estrepitosa risa de sus hermanas abrió los ojos y se dio cuenta de que en vez de llover lo único que había logrado era flotar tan pero tan alto que por poco y se sale del planeta.
    -¿lo ves?-gruñeron sus hermanas-no eres más que un remedo de nube- y mientras se alejaban con sus burlas la nubecita se quedó en el techo del mundo solita, desconsolada y triste- .
Entonces el viento que acababa de despertar le preguntó :¿Porqué estás triste hijita?
-          Porque no soy nada .
-          ¿Cómo que no eres nada? ¿quién ha dicho semejante tontería?
-          Mis hermanas nubes .
-          ¡Ah! Pero ellas se equivocan, tú eres una nueva clase de nube
-          ¿De verdad?
-          ¡Pero claro!
-          ¿Y cómo me llamo?
-          Tú te llamas Cirro .
-          ¿Cirro? Suena bonito ... y... ¿qué hace un Cirro?
-          Un Cirro ... –decía el viento acariciando suavemente a la nubecita- ¡un Cirro  como tú puede hacer cualquier cosa!
-          ¿Cualquier cosa?- pensaba el Cirro- pero ¡yo quise llover y no pude!
-          ¿Llover?-preguntó incrédulo el viento- llover es bueno, pero es algo ordinario ¿no crees? Casi todas las nubes llueven ¿es eso lo que realmente quieres?
-          Entonces, si no lluevo ¿qué hago?
-          ¡LO QUE TÚ QUIERAS!
-          ¿Y eso cómo se hace?
-          ¡Ah! ¡pues muy sencillo! ¡Busca!
-          ¿Buscar qué?
-          ¡Ah!-suspiraba tiernamente el viento- ¡Mi Cirro bonito! Busca un no sé qué que qué se yo que te haga feliz.
-          ¿Un cómo de qué?
-          ¡Vuela mi pequeño Cirro! ¡Vuela, busca, descubre!
-          ¿Y si no sé cómo? ¿Y si no lo encuentro?
-          ¡Lo harás! ¡vuela Cirro, vuela! ¡Que volando se llega a donde el destino espera!
Entonces, el viento con un gran beso impulsó a nuestro Cirro y así, aquel día comenzó su viaje .
-          Uy sí-decía remilgosamente el Cirro- qué fácil, busca un no sé qué que no sé de a como ¿ y eso cómo se hace? ¿con qué se come? ¿cómo se ve un no sé qué? ¡Ay sí vuela, busca! ... ¿buscar qué? ¡bah! ¡Yo creo que todo esto no es más que una chacota!
-          ¿Qué es chacota?-decía un ave que escuchaba muy atentamente el monólogo del Cirro-
-          ¿Y tú qué eres? -preguntó sorprendido el Cirro-
-          Yo soy una gaviota ¿tú eres una nube?
-          Sí .
-          No eres como las demás nubes .
-          Lo sé .
-          ¡Eres muy bonita!
-          ¿Bonita?
-          ¡Claro! Las otras nubes son inmensas y no me dejan ver a donde voy, además a veces, cuando vuelo muy cerca de ellas mis plumas les hacen cosquillas y se ríen tan pero tan fuerte que empiezan a lloverme encima y hasta rayos dejan caer ¡eso me asusta! En cambio tú como eres chiquita no me estorbas ni me asustas ¿qué clase de nube eres?
-          Soy un Cirro .
-          ¡Oh! Pues mucho gusto Cirro ... ¿qué es chacota?
-          ¿Chacota?
-          Lo decías hace un momento.
-          ¡Ah! Chacota es ... una burla
-          ¿Burla de qué?
-          Una burla buscar .
-          ¿Buscar qué?
-          ¡Pues no sé! ¡Ése es el problema!
-          ¡Újule Julita! Pues eso si está bien extraño, yo también busco ¿sabes?
-          ¿Y qué buscas?
-          ¡El mar! ¿quieres venir? A lo mejor allí encuentras lo que buscas.
-          ¡Bueno!
Volando por aquí y por allá dando vueltas a diestra y siniestra por fin el Cirro y la gaviota divisaron vasta cantidad de azul y cristalina agua, la brisa era salada, el sol brillaba en todo su esplendor y plateada arena se extendía como suave alfombra dándoles la bienvenida.
-          ¡Es hermoso!-exclamaba el Cirro-
-          ¡Sí!-respondía la gaviota- ahora no queda más que divertirnos, seguir los barcos, pescar, volar a la punta de los riscos, descansar en la playa, nadar ¡buscar aventuras!
Entonces algo fuera de lo común sucedió, el Cirro notó que su amiga gaviota estaba más que feliz, un brillo en sus negros ojitos hacía que todo resplandeciera aún más, respiraba más hondo y más rápido, su sonrisa se agigantaba con cada segundo; fue así que el Cirro comprendió lo que era un “no sé qué que qué sé yo” y también notó que aquello de las aventuras en altamar no era lo suyo, así que le dio un tierno abrazo a su amiga gaviota y se despidió no sin antes agradecerle por mostrarle lo que debía buscar, a lo que la gaviota respondió : “¡vuela Cirro, vuela que sólo volando se llega a donde el destino espera!”.
Y así, volvió a emprender su viaje el Cirro, ésta vez observando con más cautela el mundo que le rodeaba, no fuera a ser que por andar en las nubes su “no sé qué que qué se yo” le pasara de largo .
Sin embargo el concentrarse en tan exhaustiva misión le era sumamente difícil al pequeño Cirro, porque por alguna razón que desconocía, de repente sus ojitos se le cerraban y comenzaba a imaginar toda clase de aventuras y fantasías en las que, por supuesto, era el principal protagonista, y a veces ni siquiera necesitaba cerrar los ojos, pues en segundos ya se encontraba viajando por sus tierras de ensueño, fue así, en una de sus tantas “escapadas” que se sumergió de lleno en su mundo y descuidando el rumbo que llevaba se dejó ir alto y cada vez más alto, hasta que traspasó la atmósfera, la estratósfera y todas las tósferas que se topó en el camino, y siguió flota que flota a la deriva, hasta que repentinamente sintió que se atoraba con algo y abrió los ojitos de par en par y al hacerlo notó que se había enganchado en una estrella .
-          ¿Acaso tú eres una nube?-preguntó extrañada la estrella-
-          S... s... s... sí s... s... soy ...
-          ¿No se te estará escapando el aire? ¿o sí?
-          N... n... n... no es... que es... estoy as... asus... asustada.
-          No temas, yo te guiaré de regreso a casa, pero, dime, a todo esto ¿qué andas haciendo por estos lares? Las nubes no deben andar por acá.
-          Estaba buscando mi “no sé qué que qué sé yo” .
-          ¡Ah! ¡eso es sumamente importante!
-          ¡¿Cómo?! ¡¿tú sabes del “no sé qué que qué se yo”?!
-          ¡Pero claro! En especial siendo estrella, debemos estar bien seguras de nuestro no sé qué que qué sé yo, porque si no lo tuviéramos no podríamos hacer nuestro trabajo ... de hecho, pequeño Cirro ,porque ¿eres un cirro verdad?
-          ¿Cómo lo sabes?
-          Se te nota, tienes carita de Cirro, te decía, que nadie absolutamente nadie debe ir por la vida sin su “no sé qué que qué sé yo”, es ése algo que nos impulsa a recorrer nuevos caminos ,a vencer miedos; es como un motorcito que nos hace despertar felices todas las mañanas, es una chispa que nos mantiene tibios ¡es el motivo por el cual uno piensa que la vida es hermosa!
-          ¡WOW!-Gritaba emocionado el Cirro- ¿Y CÓMO LO ENCUENTRO? ¡DIME, DIME, DIME!
-          ¡Ah! pequeño Cirro-decía cándidamente la estrella- ¡volando Cirro! ¡que volando...
-          ¡Se llega a donde el destino espera!-interrumpió impaciente el Cirro- Sí ya sé, todos me dicen eso ,pero ¡mira! ¡mira ya todo lo que he volado! Y no he encontrado nada ... creo que yo no tengo el “no sé qué que sé yo” ...
-          Claro que lo tienes ,pero debes ser paciente, anda, quita ésa carita triste ¡y recuerda mantener la mirada siempre bien alta, hacia el horizonte, hacia arriba, al infinito! Ven, te llevaré de regreso a casa ¡sujétate bien porque iremos a toda máquina!
Al principio el Cirro estaba algo asustado, así que se abrazó con todas sus fuerzas a la estrella y cerró los ojos, pero de a poquito el miedo desapareció y se decidió a ver lo que ocurría, entonces notó que sobrevolaban hermosos bosques, altas montañas, y océanos y todas las criaturas que allí habitaban parecían tener su “no sé qué que sé yo”, porque vivían felices gozando de los paisajes,  el viento, la lluvia y de estar con sus familias .
Sin embargo cuando sobrevolaron por grandes ciudades el Cirrro notó que la mayoría de las personas estaban tristes, enojadas, siempre con la mirada fija en el piso y nunca sonreían.
-          ¿Estrella?-interrogó preocupado el Cirro- ¿porqué los humanos no están felices como los animalitos? Ellos también son libres para correr por donde quieran, ellos también pueden ver hermosos paisajes y crear cosas espectaculares ... ¿Porqué no tienen su “no sé qué que  qué sé yo”?
-          ¡Ah mi pequeño Cirro! Los humanos son muy especiales, ellos necesitan inspiración, necesitan que su imaginación sea alimentada todo el tiempo, y eso no es cosa fácil, a veces nosotras las estrellas bajamos cerquita de ellos para darles polvos estelares, y brillo a sus miradas, pero están tan encerrados en sus mundos grises que ni siquiera nos ven.
Fue en ése instante en que nuestro Cirro sintió aquella chispa de la que le había hablado la estrella, ése calorcito que le hacía sentir más vivo que nunca y cerró los ojos y se concentró fuerte y más fuerte hasta que comenzó a llover sobre la ciudad, sólo que su lluvia no era la lluvia común y corriente que conocemos ¡no! ¡El Cirro llovía sueños! Chiquitos ,grandes, bonitos brillantes de todas formas y colores y caían suavemente sobre las ciudades empapando a todos de un “no sé qué que qué se yo” que comenzó a iluminar a todo mundo haciendo no sólo que la vida fuera más hermosa, sino que gracias a su lluvia la gente se animaba a esforzarse mucho para ver ésos sueños hechos realidad.
Y desde lo alto, pero bien alto, en el techo del mundo, se escuchaba decir al Cirro “¡VUELEN, VUELEN QUE SOLO VOLANDO SE LLEGA A DONDE EL DESTINO ESPERA!”.





















                                                                                 

lunes, 21 de enero de 2019

EL ÚLTIMO GRAN DRAGÓN


“No hacer honor a la vejez es demoler la casa en la que hemos de dormir por la noche”.

Alphonse Karr


Autora: Elizabeth Segoviano

Antaño habitaban en los imponentes templos que dominaban las ciudades, y toda la gente acudía a ellos por consejo, pero con el paso del tiempo los fueron olvidando porque ya no eran “fashion” ya no estaban “in” eran cosa del pasado, y lentamente se fueron convirtiendo en un montón de cuentos ... en mitos ... en rumores... apenas en un susurro.   Sin embargo seguían allí, entre las nubes, por detrás de la luna, en los secretos recovecos de las montañas, esquivando relámpagos, y ocultos en las profundidades de los bosques, seguían vigilando atentos los milenarios dragones, quienes se habían dispersado por todo el mundo para seguir su labor de cuidar y evitar toda clase de injusticias; porque los dragones, lejos de ser pavorosos monstruos, son seres sensibles, inteligentes, sabios, poderosos y sumamente mágicos, cuya naturaleza es la de proteger a todo y todos los que se encuentren a su alrededor.

 

    Ocurrió así que un día estaba el gran dragón Tung-Jen Lung paseando invisible a  los ojos de todos por un bosque de bambú, cuando de repente vio a un par de jóvenes en bicicleta gritarle a un ancianito que acarreaba una enorme pila de leños.

“¡Eh! ¡Tú! ¡Pedazo de dinosaurio, a ver si te vas quitando del camino, que no tenemos tu tiempo!”

Sin embargo el ancianito no podía escuchar bien y al no hacerse a un lado los jóvenes lo empujaron tirando su leña al río. Él, adolorido por la caída sólo se limitó a llorar en silencio viendo como el agua se llevaba el trabajo de toda una mañana. Al ver esto el dragón Tung-Jen Lung se deslizó rápidamente por el bosque recogiendo más madera, la apiló junto al anciano, y convirtiéndose en una ráfaga de viento le ayudó a incorporarse, el viejecito bien sabía quién le estaba ayudando, pues recordaba las antiguas leyendas que le habían contado de pequeño sus abuelos, así que le agradeció con una reverencia al gran dragón y siguió su camino.

 

    Entonces Tung –Jen Lung decidió seguir a los irrespetuosos chicos que habían maltratado al viejecito y se sorprendió enormemente al llegar a la moderna ciudad plagada de altísimos edificios cubiertos de cambiantes luces que opacaban por completo el cielo estrellado y presenció cómo los jóvenes agredían, maltrataban y se burlaban de toda la gente mayor, ya fueran sus profesores, sus vecinos, sus propios abuelos e incluso completos extraños. Los chistes crueles, los gritos, empujones y groserías estaban a la orden del día, aquella situación molestó profundamente al gran dragón, porque en antiguos tiempos a la gente mayor se le respetaba, se le tomaba en cuenta, se le consultaba y se le apreciaba por su conocimiento y experencia; Tung Jen Lung no comprendía en que momento la gente que había criado y educado a aquellos jóvenes se había vuelto obsoleta, no entendía el porqué de la falta de respeto y sensibilidad de parte de los chicos y otros no tan chicos; así que el gran dragón decidió tomar el asunto en sus manos y enseñarle a toda ésa gente una lección importante.

Ésa misma noche Tung-Jeng Lung se convirtió en una suave neblina que cubrió toda la ciudad y lanzó un poderoso hechizo que dice así:  “para cultivar hay que plantar, para comprender hay que sentir, para sentir hay que vivir, para aprender hay que crecer y hoy todos van a envejecer”.

 

    A la mañana siguiente, cuando el sol despertó a todos, se dieron cuenta de que ya no eran tan rápidos, fuertes y jóvenes como hasta la noche anterior lo habían sido; les costaba mucho esfuerzo hacer sus actividades cotidianas, se dieron cuenta de que necesitaban ayuda, y nadie les hacía caso, era como si de un momento a otro se hubieran vuelto invisibles; los visitantes de otras ciudades los ignoraban, se mofaban y los insultaban, no importaba cuantas veces ellos intentaran explicarles lo que había sucedido, los jóvenes se limitaban a decir: “si, si abuelo, mejor váyase a dormir la siesta”.

Los habitantes de la ciudad se sentían frustrados, desesperados, nadie quería ayudarlos, ni si quiera oírlos, fue entonces cuando se hizo presente el gran dragón Tung-Jen Lung, el último que custodiaba aquellas tierras, y posándose sobre los rascacielos dijo: yo también soy viejo, pero no por ello menos poderoso o menos sabio... igual que los ancianitos que ustedes tan infamemente maltrataron.

He sido yo quien los ha hechizado y no volverán a la normalidad hasta que me demuestren que han aprendido su lección.

La vida no es sencilla, es la experiencia la que nos ayuda a seguir adelante y ustedes están aquí, desdeñando toda la experiencia de estas personas que son tan valiosas como cada uno de ustedes ... algún día mis queridos jóvenes, se despertarán y verán en el espejo que su cabello se ha hecho gris y querrán entonces ser respetados, escuchados y valorados, algún día necesitaran de una mano amiga que les brinde cuidado y ayuda, siembren ahora despecho, ignorancia y groserías, y de soledad, amargura y tristeza será la cosecha de sus últimos días”.

Así, todos los habitantes se miraron avergonzados, ¡cuánta razón tenía el milenario dragón! Largo tiempo le habían dado la espalda a su propio pasado, a sus raíces... a aquellos que con tanto cariño los habían educado, no, no era correcto comportarse así.

Tung-Jen Lung por fin vio el arrepentimiento en sus ojos y regresó a todos a la normalidad, sabiendo que ahora las cosas serían diferentes porque los jóvenes habían aprendido la lección en su propia piel, y porque el último gran dragón Tung-Jen Lung seguiría siendo el atento guardián contra toda injusticia.   

















lunes, 14 de enero de 2019

LA PEQUEÑA GRAN HISTORIA DE ESTORNUDO




Incluso los seres pequeños pueden tener grandes historias, y llevar a cabo increíbles hazañas ... eso es lo que pensaba Estornudo, uno de los últimos grandes dragones que existen ... bueno, Estornudo no era grande, pero sí que era un dragón, bastaba verlo estornudar para saberlo, pues cada vez que lo hacía salían sendas llamaradas de su nariz y su bocaza, que era muy grande para un dragoncito de su talla.
El problema residía en que Estornudo era alérgico a todo ... está bien, quizá exagero; estornudo solo tenía alergia de las flores ¡todas! (hasta de las de plástico) también era alérgico al maní, a las fresas, frambuesas, zarzamoras, a las manzanas, al polvo, al perfume, al jabón de color azúl, a la lana, al poliéster, al pescado y los mariscos, al queso roquefort (¡pero al cheddar no!) a los pájaros y sus plumas, al pasto, al agua del grifo, a los gatos, los insectos, los perros ... bueno a los perros no, a ellos solo les tenía pavor. Le tenía alergia a las hadas, a los duendes, e incluso a los elfos de santa claus. También a las cosas navideñas ... pero sólo cuando estaban hechas de plastico chino ... en fin, total, estornudo era alérgico a casi todo, y aquello había provocado muchos incendios, por lo que no era muy querido, y no lo invitaban a las fiestas, ni a los días de campo ... ¡aunque a las parrilladas sí! Pero esas sólo eran en verano, cuando había muchas abejas y polen por doquier y eso le causaba mucha alergia y Estornudo prefería no ir.

Estornudo había buscado la ayuda de los doctores, pero ellos al ver que era un dragón ... (uno pequeño, pero todo un dragón) le tenían miedo y no querían ni verlo, aquello hacía llorar a estornudo y las lágrimas le daban alergia y pufff el resultado había sido una docena de médicos chamuscados.
Entonces el buen Estornudo decidió llevar un cubrebocas hecho de un suave material hipo alergénico y limpiaba toda su casa constantemente con jabón morado ... que ese no le hacía  estornudar y pasaba los días trabajando en su computadora diseñando páginas web, porque ni las computadoras ni el internet le hacían estornudar.
Así descubrió un blog llamado “manual de dragones, la guía dracónica que todo dragón debe leer”. Estornudo disfrutaba mucho leyendo de aquella información que pensaba era inventada, porque le parecía muy pero muy poco probable  que el blog de unos niños contuviera alguna verdad.
Cada viernes los niños actualizaban su blog, en el hablaban de las diferentes razas de dragones, de los grandes dragones que habían existido en la historia, hacían dibujos y esquemas de sus alas, hablaban de la comida favorita de los dragones, de sus pasatiempos, sus costumbres etc, etc, etc.
Y cada viernes nuestro dragón leía muy entretenido la información y dejaba un comentario siempre firmando como Estornudragón,
Pero llegó un viernes sin nueva información y luego otro y luego otro, aquello le parecía curioso al dragoncito, quien ya se había encariñado con los autores de ese blog y los extrañaba, pero pensó que quizá se habían cansado de hablar de dragones, sin embargo una vocecita en la cabeza de Estornudo le decía que algo no estaba bien, así que mandó este mensaje :
Queridos draconólogos,
Extraño mucho sus historias y su útil información, espero vuelvan pronto, saludos, Estornudo, el dragón.
Al firmar así su mensaje nuestro amigo dio a entender que el era en realidad un dragón y unas horas después le llegó esta respuesta :
Estornudo dragón ....
Si quieres volver a saber de tus amigos draconólogos entrometidos ven solo al viejo campanario de nuestra señora de las sagradas palomas rechonchas, si no vienes puedes despedirte de tus amiguitos.
Atentamente Sir Drakon Blacken Tongue.

Al leer aquellas palabras Estornudo se sobresaltó ¿acaso aquello era una broma? ¿de verdad estaba pasando? ¿era posible? ¿y porque aquel extraño nombre le sonaba tan familiar?
Nuestro dragón decidió teclear ese nombre en el buscador y de inmediato vio porque le era conocido, Drakon Blacken Tongue era el nombre de un antiguo dragón que había acechado buena parte del viejo continente, sus fechorías habían sido documentadas en libros medievales ahora perdidos y los amigos de Estornudo habían hablado de él en su última entrada.
Estornudo decidió que esa bizarra situación era total, descabellada y completamente cierta, así que reunió toda la información importante que pudo y tomando su mochila y dos cubrebocas hipo alergénicos se encaminó al viejo campanario de las sagradas palomas rechonchas.

Aquel torreón abandonado era macabro, oscuro y lleno de telarañas, con ruidos extraños que salían de cada rincón, pero Estornudo estaba decidido a rescatar a los chicos así que se abrió camino con una linterna en una mano y su spray desinfectante en la otra.
¡Drakon Blacken Tongue! –gritaba Estornudo– su voz recorrió el lugar con un eco escalofriante ... esperó unos segundos y volvió a gritar ¡Drakon Blacken Tongue! ... de nuevo el eco que parecía envolverlo como los vendajes envuelven a las antiguas momias, luego de un momento por fin escuchó unos murmullos apagados al final de un corredor retorcido y polvoso.
-            Es Sir, Sir Drakon Blacken Tongue, un título que me gané –Estornudo se ocultó entre los ladrillos faltantes de una pared, trató de calmarse abrió cuidadosamente su mochila e intentó sonar como un verdadero dragón-
-            Un título noble sin duda, título que te otorgaron  hace siglos por haber protegido un reino, en una época en la que tenías honor, pero esos tiempos según veo han quedado atrás porque ¿qué clase de Sir amenazaría a unos niños? ¿qué honor hay en eso? El código dracónico es muy simple, un dragón debe ser justo, proteger a los débiles e inocentes y ser honorable ¡ahora no eres más que un vulgar delincuente!
-            ¿Honor? ¿tu me hablas de honor? ¿qué honor tienen esos chiquillos pretenciosos que se hacen llamar draconólogos? ¿qué derecho tenían de contar nuestros secretos y exponer nuestras historias?
-            ¡Sólo son niños! ¡niños inocentes que admiran a los dragones! ¡niños que soñaban con las antiguas eras en las que los caballeros y los dragones protegían los reinos! ¡niños que no tenían nada más que admiración por un legendario dragón mítico llamado Sir, Drakon Blacken Tongue!
-            Esos niños se atrevieron a escalar mi montaña, buscaron mi guarida, tomaron fotos y todo lo pusieron en su tonto blog, en un abrir y cerrar de ojos tenía gente extraña tratando de llegar a mi guarida ... en cualquier momento te buscarán a ti también y terminaremos en uno de esos monstruosos laboratorios rodeados de médicos y científicos crueles y chiflados que querrán abrirnos en dos para estudiarnos; si quieres que te regrese a esos niños babosos tendrás que pasar sobre mi cadáver.
-            Sir Drakon Blacken Tongue ... un nombre grandioso para un dragón grandioso, es increíble que tengas miedo de unos niños, pero si así lo quieres ... ¡que así sea!

Estornudo salió de su escondite y cuando Sir Drakon lo vio emitió una carcajada que podría haberle dado la vuelta al mundo, el dragón Estornudo no era más grande que una lagartija, era escuálido, pálido, usaba gafas y bufanda y sostenía una ridícula espada de cartón y una botella de desinfectante.
   
-            ¿Acaso vas a desinfectarme hasta morir? ja ja ja ja ¡con ese ridículo nombre debí suponer que no eras más que un remedo, una burla de dragón! ¡ahora lárgate y déjame con mis asuntos!
-            En este caso Sir Drakon, sus “asuntos” son mis asuntos – entonces Estornudo desplegó sus diminutas alas y volando hacia el rostro del inmenso dragón roció el desinfectante justo en los ojos, Sir Drakon chilló y se alejó frotándose los irritados y llorosos ojos, pero Estornudo no retrocedió, se arrancó los cubrebocas y metió su gran bocaza en la mochila, adentro había guardado un ramillete de dientes de león, la flor a la que era más alérgico, también metió unos adornos navideños acabos de traer desde china, un puñado de frambuesas, una bolsa de jabón azul, un suéter de lana y un kilo de pimienta de shezuan, los olores de aquella mochila se metieron en lo más profundo de la nariz de Estornudo, y éste se retorció, gruñó, brincó, aulló, hizo bizcos y su panza comenzó a inflarse más y más como si fuera un globo de fiesta, ante tal espectáculo Sir Drakon quedó desconcertado, y cuando quizo salir de ahí un estornudo de dimensiones épicas salió volando a un millón de kilómetros por hora, de la nariz y la bocota de Estornudo, las flamas que de él provenían eran gigantescas, y de todos colores. Y no dejaba de estornudar.
-            Aaaaaccchuuuuuuuuuuuuuuu, aaaaaaaccccchhhhhuuuuuuuuuuuuu
Cada estornudo traía más y más flamas que envolvían a Sir Drackon Blacken Tongue, quien no podía ver por donde caminaba, el calor era insoportable como si estuviera en las entrañas de un volcán y solo atinó a cubrirse el rostro.
-            ¡me rindo! ¡me rindo! ¡me rindo! ¡me rindo! –decía lloroso-
Después de escuchar aquello nuestro valiente dragoncito Estornudo, sacó de la mochila un frasco de loción de menta, lo único que podía calmar sus alergias, y el último accchuuuu fue uno lleno de mocos de colores que apagó todas las llamas.
-            ¿En dónde estan los niños?
-            Ay ay ay de mí- decía chamuscado Sir Drakon- nunca había sentido un calor como ése ¡y yo soy un dragón! Ay ay ay ay de mi ... tus amigos draconólogos están en el sótano .... ay ay ay ay de mi...
-            Cálmate, y ven conmigo, te quedarás en mi casa hasta que te sientas mejor y te encontremos una nueva montaña, les pediré a mis amigos que digan que todo lo que escribieron eran historias que inventaron, y que las fotos de tu guarida estaban hechas en computadora, después de todo no queremos terminar en un frasco en un laboratorio ... pero ya no te diré Sir, no mereces ése título, deberás ganártelo otra vez.
-            Ay ay ay ay de mi ... está bien ... no me comporté como un buen dragón, ay ay ay de mi ....

Aquel día nuestro pequeño gran héroe rescató a los niños y juntos buscaron un nuevo hogar para el viejo Drakon Blacken Tongue, quien le dio su título de Sir a nuestro amiguito ... Sir Estornudo, guardián de los niños, gran devorador de libros y comentarista de blogs y fanático del desinfectante morado.

Elizabeth Segoviano Copyright©2019

domingo, 6 de enero de 2019

LA LEYENDA DE DRALIÓN


Autora: Elizabeth Segoviano 

Nada es eterno, sólo el tiempo ... aunque ... a veces, sólo a veces, hay actos que lo sobreviven todo  y se convierten en leyendas; y ésta es una de esas pocas hazañas que ha vencido la eternidad ... la leyenda de Dralión.

Más allá, donde se duerme el sol ... oculto entre mundos que sólo podemos imaginar, nació hace mucho, muchísimo tiempo, un dragón colosal, de duras escamas doradas y ojos tan azules como el cielo más azul que puedas recordar, su voz era profunda y dulce, apacible y capaz de calmar las tormentas, ventiscas y el enfurecido oleaje del mar.
Dralión solía pasar días enteros recorriendo las galaxias, admirando la belleza de las estrellas, nombrándolas y hablando con cada una de ellas para saber sus historias ... ¿de dónde venían? ¿cual era su propósito? ¿cuales eran sus sueños? ... ¿qué había en lo más profundo del corazón de una estrella? ...
Así, día a día, noche a noche, y de estrella en estrella, el buen Dralión fue convirtiéndose en el guardián de los secretos más profundos y sagrados de todas las estrellas, él sabía muy bien, porqué, para qué y a dónde  se dirigían las estrellas, porqué, para qué y por quién habían sido creadas (pero ésa es otra historia) y como guardián, y como dragón, juró protegerlas hasta el fin de los tiempos.
Pero sucedió que un día en su recorrido habitual, el colosal dragón notó que una de las estrellas más hermosas y gigantescas llamado Sol estaba profundamente triste, se quedó en silencio, con la mirada perdida en el horizonte, y de a poco, su luz comenzaba a opacarse, Dralión sabía que algo muy grande e importante estaba ocurriendo, (aunque ... incluso las cosas más pequeñas son enormes en la vida de una estrella) y muy lentamente el dragón comenzó a acercarse, porque, contrario a lo que se pueda pensar, las estrellas pueden ser muy tímidas y reservadas.


Al principio el guardián sólo se sentaba en una de ésas rocas flotantes en silencio, después se sentó más cerca ... y más cerca ... y más cerca mientras el Sol lo miraba con curiosidad, y así pasaban mucho tiempo, en silencio uno al lado del otro ... se diría que Dralión escuchaba el silencio del Sol ... sí, porque incluso en silencio uno puede decir muchas cosas.
Fue así que el dragón guardián notó que el Sol se iluminaba y su fuego crecía cada vez que se levantaba en el horizonte una gran roca blanca que era el satélite de un planeta llamado Tierra, se llamaba Luna, y ella se sonrojaba tanto que brillaba aún más, pero entonces el Sol se ponía triste, bajaba la mirada y suspiraba ... ¡el Sol estaba enamorado de la Luna!
-                 Amigo Sol –decía Dralión–  tu corazón suspira por ésa Luna, y deberías ir con ella.
-                 No puedo ...
-                 ¿Porqué no? todas las estrellas viajan, todas se unen a otras estrellas ...
-                 ¿Ves aquel planeta allá a lo lejos? ¿aquel que es azul?
-                 ¿Qué hay con él?
-                 En ése lugar hay mucha vida, y toda es hermosa, y frágil, muy frágil, si yo me fuera, ellos no podrían existir, todo ahí me necesita ... y yo los necesito también, los he visto crecer, conozco cada historia, cada criatura grande, pequeña o microscópica, cada hoja y cada flor ... igual que tú conoces todas las estrellas, así como tú nos amas y nos brindas tu protección, así también los quiero yo, y la Luna también es su guardiana, ella conoce todos sus sueños, ella puede calmar todos sus miedos; son criaturas únicas las que habitan ése lugar, los humanos se creen muy fuertes, pero la verdad es que no les gusta estar solos, ni les gusta la oscuridad, son tan felices cuando me acerco y los abrazo y los calmo, y les digo que yo, desde lo alto siempre estoy a su lado ... no podría jamás dejarlos Dralión, son mis protegidos.


Entonces el inmenso dragón se retiró, se fue volando hacia la Tierra y la recorrió toda, admirando su cambiante belleza y mirando cuidadosamente a todas las personas, y entonces lo vio, aquellos seres de comportamiento un tanto excéntrico eran como girasoles, toda su vida y sueños giraban en torno al calor y la luz que les daba el Sol, pero no sólo éso, en sus ojos y en sus sonrisas había ése mismo resplandor que tenían la Luna y el Sol, así Dralión se fue al pico de una altísima montaña y comenzó a entonar un canto : “ por el agua, sobre el cielo y más allá del mar, entre estrellas, sobre el tiempo y sin dudar, que se abran los portales, que se den las señales, un minuto, un suspiro y nada más, una vida y un sueño hecho realidad; por el poder de mi voz, por la fuerza de mi alma, por todos los secretos de los que soy portador, le pido al universo que de tiempo en tiempo la Luna y el Sol puedan vivir su amor”.



Justo después de entonar aquellas palabras ¡algo increíble ocurrió! El medio día se oscureció y La luna apareció majestuosa sobre el cielo cubriendo al Sol con un  abrazo que sólo dejaba ver su brillante silueta; así, juntos, como siempre habían querido estarlo, para contarse sus secretos, para besar sus mejillas, para ser uno sobre el cielo de aquel azul planeta que llamaban hogar, el milagroso encuentro sólo podía durar unos cuantos segundos, pero incluso un segundo basta y es más que suficiente cuando se puede convertir un sueño en realidad.
Esta es pues la leyenda de Dralión, el dragón que ocasionalmente se convierte en una especie de cupido cuando sucede el asombroso milagro que nosotros, simples humanos de comportamiento un tanto extraño, llamamos “eclipse”  ... pero ahora ya saben que es lo que realmente significa, así que la próxima vez que sonrían no olviden que llevamos el brillo de nuestros hermosos guardianes, porque estamos hechos de Luna y de Sol.