EL MAGO SIN SOMBRERO Y LA BRUJA SIN ESCOBA
1
Todo lo que podía salir mal, salió mal. Todo se había derrumbado como un castillo de naipes. De hecho, lo único que quedó flotando en el aire fueron esos naipes que con tantas ilusiones había comprado Memphis Costelo en la tienda de magia de su ciudad. Y es que Memphis Costelo lo había intentado todo para poder hacer amigos, se unió al equipo de fútbol, al de ajedrez, al coro, a la clase de baile, se compró los videojuegos que jugaban sus compañeros, escuchó la música que ellos adoraban, les hizo regalos, les horneó galletas ... pero nada funcionó. Sus compañeros no le aceptaban porque, en el fondo, Memphis Costelo no era como ellos, y tampoco le gustaban todas esas cosas que ellos hacían.
Memphis no era el típico chico con grandes músculos y cerebro pequeño. Tampoco era el chico malvado con gran cerebro que maquinaba crueles bromas o trastadas, No, Memphis era un soñador y un artista. Sus gustos eran muy diferentes, digamos que era un alma vieja, pues amaba música y películas antiguas, y prefería pasar su tiempo libre creando graciosos personajes de caricatura e historias llenas de humor, y, aparentemente, eso del humor y el arte no iba con sus compañeros. Así que con frecuencia se burlaban de él. Por eso Memphis creyó que si podía hacer algo grandioso e impresionante en el festival de la escuela, se ganaría el respeto y admiración de todos, y tal véz, hasta ganaría un amigo o dos.
Pero todo lo que podía salir mal, salió mal. El escenario de repente parecía inmenso, las luces lo cegaban, los murmullos de la gente comenzaron a hacerle sentir nervios, un nudo en la barriga, otro en la garganta, manos sudorosas y ... ¡plaf! Su mente quedó en blanco y todos los trucos e ilusiones que había memorizado se fueron volando junto con la paloma que salió disparada de su sombrero montada en un conejito que iba masticando las flores de colores de su acto final. Y el colmo de todo, fue escuchar las risas de la escuela entera. Memphis quería que se lo tragara la tierra, ser invisible, o que, por lo menos, bajara un extraterrestre y se lo llevara a otro planeta, uno donde hubiera vida inteligente y existiera alguien que quisiera ser su amigo. Pero esas cosas sólo suceden en los cuentos de hadas. Lo que si sucedió fue que Memphis salió corriendo del escenario mientras sus naipes mágicos se escapaban de sus bolsillos, cosa que solo provocó más burlas,y, con ello, sus compañeros decidieron que sería “graciosísimo” perseguir al chico para “darle una lección”.
Todo lo que podía salir mal, salió mal y ahora Memphis Costelo corría por las calles a todo lo que le daban sus piernas, sintiendo cómo su corazón lleno de miedo, latía tan fuerte que Memphis pensó que podía competir con el tañir de las campanas de la catedral. Y, mientras tanto, los naipes seguían volando de sus bolsillos, dejando un rastro inconfundible para sus enemigos.
2
La magia, a veces tiene extravagantes maneras de funcionar. A veces, tomas una linda ramita de un árbol y le das un nombre, y tienes una varita mágica ¡que si funciona! A veces, piensas en palabras que suenen bonitas y las dices y lanzas un hechizo y ¡funciona! Otras veces, basta con cerrar los ojos, pedir un deseo con toda la fuerza de tu corazón y de tu alma, y... ¡la magia sucede! La magia sucede porque el mundo está lleno de cosas mágicas que solo son visibles para aquellos que saben buscar en los recovecos correctos, o escuchar los secretos del viento cuando cambia de dirección, pero eso sólo lo sabemos tú y yo querido lector (porque si estás leyendo estas líneas, tu eres un ser mágico, pero, tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo) .
En la azotea de un destartalado edificio, se encontraba practicando un hechizo, Helmi Borlita, una chica tímida y solitaria que soñaba con tener alguien con quien hablar además de su gatita Catrina y sus libros de cuentos. Helmi Borlita tampoco había tenido mucha suerte haciendo amigos, pues los pocos que había hecho siempre se aprovechaban de ella para que les hiciera la tarea o les diera regalos. Pero Helmi vio con tristeza que la amistad de esa gente no era sincera, por ello Helmi Borlita se apartó de todos y se refugiaba en sus libros de historias fantásticas y de hechizos ... aunque, para ser honestos, nunca le habían funcionado ... quizá solo uno de un millón que había lanzado, aunque no había sido un verdadero hechizo, había sido un deseo de cumpleaños, Helmi Borlita había pedido con todas sus fuerzas un gatito, y un día apareció en el tejado una preciosa gatita negra más flaca que una hoja de papel, y Helmi supo que estaba destinada a cuidar y querer a ese pedacito de pelusilla.
Pues estaban Helmi y Catrina en el tejado, aprovechando los últimos rayos de sol del atardecer para contemplar la ciudad. La suave luz anaranjada acariciaba el rostro de Helmi mientras ella seguía “praticando sus hechizos”con los ojos cerrados se concentraba y pedía con todas sus fuerzas lo mismo que había estado pidiendo casi todos los días de su vida, que por favor, por favorcito, dejara de estar tan solita y encontrara un amigo, uno de verdad, uno que fuera diferente a todo el mundo, uno que la comprendiera ...
Al final de su hechizo/ deseo/ plegaria, Helmi Borlita abrió los ojos y vio a lo lejos un montoncito de naipes siendo arrastrados por el viento, y con los naipes vio a un chico elegantemente vestido con un elegante frac y corriendo como alma que lleva el diablo. Helmi también notó que el pobre chico estaba siendo perseguido por una turba de babosos, igualitos a los que había en su escuela, esos seres no pensantes que creen que lastimar y ofender a otros es muy divertido, Helmi los conocía demasiado bien, por lo que se apresuró a darle vuelta a una oxidada manivela que activaba una escalera plegable, y, sin pensarlo dos veces, bajó a toda velocidad ofreciendo su mano al pobre chico del frac.
- ¡Oye chico! -gritaba Helmi Borlita- aquí arriba ¡toma mi mano! -Memphis estaba a punto de desfallecer, y por ello, pensó que se estaba imaginando esa voz que sonaba como personaje de caricatura, pero era real ¡alguien estaba dispuesta a ayudarle! Memphis se aferró a la mano de Helmi y comenzó a subir las escaleras, pero algo lo detuvo, uno de sus compañeros lo había alcanzado y lo tenía asido por el pantalón. El corazón de Memphis se detuvo y creyó que ése sería su fin, pero Catrina, la gatita, bajó cual ninja profesional y le dio tremendo zarpazo al despreciable malandro que quería lastimar a Memphis. Catrina bufó, enseñó sus pequeños pero bien afilados colmillos y siguió repartiendo zarpazos a diestra y siniestra hasta que el malandro salió huyendo-.
- Gracias -decía el chico tratando de recuperar el aliento -.
- Por nada - dijo Helmi mirando al chico de pies a cabeza con mucha curiosidad mientras sacaba de su mochila una botella de agua y ofrecérsela al chico-.
Memphis bebió con ganas y se sentó en el piso observando lo bonita que era esa azotea con tantas plantitas y girasoles y una buhardilla llena de libros.
-Catrina te salvó el pompis -decía con una amplia sonrisa Helmi.
-¿Quién?
- Mi gata ... ahora tienes una deuda con ella, que deberás pagar en especie-
- ¿Cómo dices?
- Pagar por su protección, ya sabes, con una lata de atún, o un filete o galletitas para gato, de las rellenas, no de las baratas, o quizá un par de limpia pipas, pero solo acepta morados o anaranjados, ya sabes, para agregarlos a su colección de juguetes, u otra cosa que creas adecuada para un gato ... pero nada de ratones o lagartijas, Catrina es sanguinaria y, francamente es asqueroso ver como caza. Será mejor que le traigas algo adecuado.
- ¿Aceptas dinero? Es que no suelo salir con latas de atún o filetes en mi bolsillo, ni galletas para gato o nada de eso.
- ¿Dinero? ¡Claro que no! ¡nos ofendes! ¡Nosotras somos brujas buenas! Si recibieramos dinero, perderíamos nuestros dones.
- ¿Ustedes son brujas?
-¡Por supuesto! Pero somos brujas buenas.
- Y si eres una bruja ¿en dónde está tu sombrero?
- Lo dejé en la buhardilla porque el aire me lo vuela.
- ¿ Y si eres una bruja en dónde está tu escoba?
- No tengo ... es que ... me dan miedo las alturas ¡además no todas las brujas necesitan una escoba! Yo no vuelo, yo lanzo hechizos ¡basta de preguntas! Ahora me toca a mi.
- ¿ Qué cosa?
- ¡Hacerte preguntas!
- Bueno, vale.
- ¿Por qué te venían persiguiendo? Y ¿Por qué vienes vestido tan elegante? Y ¿qué onda con esos naipes que vienes tirando? ¿Y ...
-¡Espera, espera! -interrumpió Memphis- ¡Por Dios chiquilla, si quieres respuestas deja que te responda! Me llamo Memphis Costelo, vengo vestido así porque iba a hacer trucos de magia en el festival de mi escuela, me persiguen porque me puse nervioso y todo salió mal y se burlaron de mi, como siempre y querían golpearme, como siempre ... -Memphis clavó su mirada en sus zapatos, para que la chica no lo viera llorar, pero sus lágrimas comenzaron a gotear, mojando un girasol.
Helmi sacó de su bolsillo un pañuelo y se lo entregó a Memphis, ella sabía demasiado bien como se sentía el chico del frac, pues ella misma había pasado por esa situación más de una vez, y también sabía que en momentos así, no hay palabras que te consuelen, no realmente, en momentos así a veces uno solo necesita alguien que lo escuche, o alguien que te haga sonreír o alguien que te haga olvidar que a veces la gente puede ser muy cruel.
- Yo me llamo Helmi -decía la chica mientras se sentaba en el piso junto a Memphis - Entonces ¿eres un mago?
- Bueno, no, pero aprendí muchos trucos
- Y si eres un mago ¿en dónde está tu sombrero?
- Creo que lo perdí
-¡Pues hacemos tremenda pareja! ¡Un mago sin sombrero y una bruja sin escoba! ¿te gustan las gomitas Memphis?
-Si, la verdad si
- Toma -helmi le entregó al chico un paquetito de ositos de goma que empezaron a compartir -.
Aquella tarde se enteraron de que a ambos les gustaban los libros, y que ambos dibujaban, aunque Memphis era mucho mejor dibujante que Helmi, también descubrieron que Memphis era ligeramente alérgico al pelo de Catrina, pero eso a Catrina no le importaba. También descubrieron que les gustaba la música viejita y las películas viejitas y, a partir de ese día, todas las tardes, Memphis llegaba a la florida azotea de Helmi y se ponían a dibujar y contar historias, tenían tardes de cine y practicaban trucos de magia y Helmi le enseño a pedir deseos en forma de hechizos porque ella aseguraba que era una gran bruja buena ... y quizá si, porque aquella tarde en la que todo le había salido mal a Memphis, Helmi había lanzado un hechizo para encontrar a alguien que fuera como ella, alguien que no fuera un cretino malandro, alguien que la entendiera, y la magia se dio, porque conocío a Memphis y por primera vez en toda su vida se sintió feliz de tener a alguien con quien hablar y crear historias y hacerse bromas, bromas bonitas y graciosas, no bromas feas, y descubrieron que, aunque el mundo está lleno de gente cruel, ellos podían crear su propio mundo, con sus propias reglas y llenarlo de dibujos y música y magia. Y, al terminar el día, ellos podían cerrar ese mundo para que nadie lo contaminara, para que fuera un secreto de dos (bueno, de tres si contamos a Catrina) .
Desde aquel día Memphis y Helmi llenan el mundo de magia, porque incluso un mago sin sombrero y una bruja sin escoba pueden cambiar el mundo un hechizo a la vez.





