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miércoles, 15 de mayo de 2013

CARTA ASTRAL




Ayer, revisando algunas cosas en mi cofre mágico, me topé con este cuento perdido que me recordó lo afortunada que soy por tener los amigos más fabulantásticos de este y cualquier otro universo ... espero les guste xoxo Eliz
CARTA ASTRAL
Autora: Elizabeth Segoviano ©COPYRIGHT 2009
Cuando era pequeña conocí a una gitana que se ofreció a leerme la suerte en una noche de luna menguante, y entre la tenue luz de velas de canela, inciensos de lavanda y bolas de cristal, me leyó los caracoles, las runas, la baraja, el té, las monedas chinas, la mano (la derecha … y luego la izquierda también)  leyó mi aura, le tomó una foto y consultó su oráculo, me pidió que me quitara los zapatos y hasta leyó la planta de mis pies.

Algo asustada yo le pedía una respuesta ¿acaso mi vida estaba en peligro? ¿sería que mi mala suerte era mucha? Pero la gitana con sus brillantes arracadas que tintineaban como campanillas sólo me sonreía mientras sacaba de un baúl un trozo de pergamino, un frasquito de tinta, una regla de cristal, un compás de fina plata y la reluciente pluma de un cuervo blanco. Yo me quedé como hipnotizada viendo a la misteriosa mujer trazar con sumo cuidado un círculo grande y otro más pequeño, unas cuantas marcas y finas líneas que se unían y entrecruzaban; y cada vez que lo hacían la gitana murmuraba, asentía o sonreía.

Finalmente le pedí que me explicara lo que ella llamaba mi carta astral.
- Habrá en tu vida grandes obstáculos … serán difíciles de superar, también conocerás la tristeza, y tus ojos derramarán muchas lágrimas, sabrás lo que significa el dolor y cuan difícil es crecer-decía la gitana-
- ¿Todo eso dice mi carta astral? –pregunté ansiosa- ¿no hay algo bueno escrito en ella? ¿acaso no tengo una sola buena estrella?
- Así es la vida para todos mi pequeña- decía ella con una cándida sonrisa- lo que está escrito en tu carta es que tendrás en tu camino cientos de estrellas, todas inmensas, hermosas y brillantes, estrellas que se cruzarán en tu camino y lo alumbrarán, son ésas estrellas las que te ayudarán a  afrontar los obstáculos, son quienes que te enseñarán a ser feliz y secarán las amargas lágrimas que puedas derramar para cambiarlas por lágrimas de alegría; con todas ésas estrellas sobre tu cielo cualquier dolor que tuvieras que enfrentar se aliviará y descubrirás que crecer es algo hermoso.
- Pero gitana ¿cómo sabré que estrellas son de las que me hablas?
- Eso es muy sencillo, cada estrella será un amigo tuyo, cada amigo guiará tu camino, te ayudará a crecer, a ser fuerte, a sonreír y ser mejor y más feliz, aún cuando te encuentres en dificultades; incluso cuando tus amigos se encuentren lejos, los sentirás cercanos y estarán atentos aunque no puedan verse, porque no hay mejor amuleto en el mundo que el nombre de nuestros amigos en los labios.
- ¿Y tendré muchas estrellas en mi cielo?
- ¡Cientos! Todas diferentes, todas sumamente valiosas.

Aquella noche me despedí de la gitana con la carta astral en mis manos, y desde entonces me gusta sentarme a contemplar y contar estrellas … todas bajo mi propio cielo, todas y cada una mis preciosos amuletos.

martes, 28 de febrero de 2012

LA PROMESA


LA PROMESA
Copy right 2012
Autora: Elizabeth Segoviano









Esta historia ha viajado en el viento, la sabe la Luna, la ha escuchado el mar, y la cuentan todas las gotas de lluvia al deslizarse por las ventanas y por las suaves hojas de los árboles que esperan ansiosos escucharla una y otra vez ... esta es la historia de una promesa que hoy en día aún podemos presenciar.



Sucedió en lejanas eras, cuando el mundo se extendía libre y no le pertenecía a nadie más que a los ríos y a los bosques.
Todos los días el gran astro rey se levantaba sobre el horizonte para recorrer el mundo, asegurándose de esparcir sus rayos por doquier para regalar la vida.
Así el Sol día  a día se fue percatando de cuan felices eran todos los seres vivientes, ¡todos! Desde el coral que crecía entre los salados abrazos del océano, hasta las aves que surcaban el cielo, las florcitas que extendían ansiosas sus pétalos para saludarlo, y los diferentes animales que recorrían bosques, montañas, desiertos y más; fue entonces que el Sol notó que todo y todos tenían amigos con quien compartir sus días, incluso las rocas se apilaban en los acantilados y en las playas para contarse milenarios secretos que sólo ellas podían recordar ... todo ... árboles, animales ... también los ríos que se unían para viajar juntos hasta el mar, todo y tú todos tenían por lo menos un buen amigo, nadie estaba realmente solo ... entonces, el gran Sol miró a su alrededor y notó con tristeza que no había alguien junto a él, las únicas criaturas que pasaban cerca eran los pájaros, pero jamás se atrevían a volar muy cerca, siempre volaban con la mirada fija en un nuevo horizonte, y al pasar junto al Sol sólo le ofrecían una reverencia y seguían con su camino, lo mismo pasaba con el viento, que siempre ha sido un espíritu demasiado inquieto, siempre queriendo ver y descubrir todo lo que haya por ver y descubrir.
Plantas, animales e incluso las montañas no se atrevían a entablar conversación alguna con el Sol, porque pensaban que siendo el rey, debían respetarlo y nunca invadir su espacio, había que venerarlo y obedecerlo; porque incluso la Luna se retiraba tímidamente tan pronto el sol teñía el alba; porque hasta las estrellas que son princesas traviesas se alejaban presurosas para espiarlo desde lejos, espiarlo con miradas, susurros y risitas, pero nunca, nunca se acercaban.
Con el paso de los días el Sol se fue poniendo triste, porque aunque todos lo respetaban y veneraban, no tenía ningún amigo, y la vida sin amigos se vuelve gris y vacía, se vuelve una carga pesada, todo pierde su brillo y su color, nada es divertido ni nuevo, los días se hacen demasiado largos ... casi eternos; las noches pasan sin que soñemos y pronto, todo comienza a marchitarse en nuestro interior.
Así se sentía el Sol, solito, marchito, sin nadie con quien hablar o jugar, nadie que lo abrazara y consolara, nadie que quisiera pasar el día charlando con él, nadie con quien reír y compartir la belleza que protegía desde el cenit.
Pero sucedió un día que una nube se percató de que el rey Sol estaba afligido, y la nube, tierna y modesta se fue acercando de a poquito, subiendo cada vez más y más hasta que se encontró frente al Sol  y viéndolo a la cara le sonrió y lo acarició suavemente con un dulce vapor, entonces el Sol, por primera vez en mucho pero mucho tiempo rió, y la nube rió con él, y pasaron el día jugando y paseando, y cuando llegó la noche se fueron juntos al otro lado del mundo donde apenas nacía el día, y el Sol le contó miles de historias a la nube para que se las dijera a la lluvia, para que se las arrebatara el viento y los árboles las guardaran en lo profundo de su corteza, para que cuando la orugas se convirtieran en mariposas le contaran aquellas historias a las flores y éstas las siguieran esparciendo cuando abrieran sus coloridos y perfumados botones.
El Sol no podía creer que tuviera una amiga tan buena, no podía creer que una nube se atreviera a dominar el cielo tan sólo para verlo y hacerlo sonreír, el Sol no quería que su amiga se alejara, pero la nube le prometió que siempre regresaría a su lado, porque los amigos, los verdaderos amigos, nunca se apartan, aunque haya de por medio mucha distancia, porque cuando dos almas se conocen ya nunca se separan, se unen cada vez que piensan la una en la otra, se unen porque no hay tiempo ni distancia que pueda encerrar el cariño de un buen amigo; la promesa de la nube mantenía alegre al Sol, que se ponía algo inquieto cuando miraba a su alrededor, pero su corazón brillaba aún más cuando veía a su amiga acercarse desde la punta de alguna montaña, o levantarse desde el mar...
Y así, hasta hoy, la nube sigue siendo amiga del Sol, aunque ahora se encuentren entre inmensas ciudades y esquiven enormes rascacielos siguen siendo los mejores amigos, siguen escapando de la noche y contándose historias y secretos para que el viento y las estrellas los espíen y se rían porque la vida es brillante, bonita, vibrante, excitante, única e interesante cuando se tiene un amigo con quien compartir las horas.
Y si no quieres creer mi historia basta conque le eches un vistazo al cielo cuando está bien nublado, y si pones atención, escucharás como ríen la nube y el Sol, aunque en estos tiempos modernos y agitados ya nadie tenga tiempo de mirar el cielo, a ellos les parece mejor, porque sólo quienes entienden el lenguaje de la lluvia y el susurro de los árboles saben bien de lo que hablo yo... pero si de verdad quieres saber si esta historia es cierta, entonces cierra los ojos, piensa en tu mejor amigo, y te darás cuenta de lo que siente en un día bien nublado el buen rey Sol.