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jueves, 15 de diciembre de 2016

¡DEJA QUE NIEVE!

En un antiguo bosque mágico del que hoy sólo el viento sabe susurrar su nombre, se alza espléndido un palacio que ante los ojos humanos no es más que una montaña, pero sus torres, almenas, deslumbrantes salones y jardines son el hogar de la reina Qüilyra Lallare, soberana de aquel milenario bosque. La reina Lallare alguna vez había sido designada por todos los arcángeles como la protectora de todos los seres mágicos y de todas las criaturas inocentes, no importaba que tan grandes o tan diminutas fueran. Por ello su reino era bien conocido como un santuario entre elfos, duendecillos, unicornios, sirenas, luciérnagas, faunos, libélulas, aves, y por supuesto, hadas.

Qüilyra Lallare, era una reina trabajadora, amable y justa. Igual se le podía ver sentada en el trono, reunida con los espíritus elementales de la tierra, que codo a codo con los duendecillos sembrando y cosechando las parcelas que les darían sustento durante el invierno, o cantando arrullos para los botones de flores ... aunque también se le podía ver haciendo guardia junto a las brujas buenas en las torres para salvaguardar los límites del santuario y el bienestar de todos los seres que en él habían encontrado un hogar.


Entre los habitantes del bosque se encontraba una pequeña hada de nombre Änathiz, quien no sabía muy bien cuales eran sus dones, pues aún no llegaba a la edad adulta, por lo que sus poderes a veces eran muy débiles o demasiado fuertes e incontrolables, pero siempre cambiantes; un día podía hacer crecer los árboles y otro hacía llover a cántaros, o su voz hechizaba a la luna y los animales o simplemente no ocurría nada.
Sin embargo eso no desanimaba al hadita Änathiz, y se ofrecía a yudar a todos en lo que pudiera, en especial a la reina Qüilyra, por quien sentía una gran admiración.

Aquel invierno parecía haber llegado a la mitad del otoño, y todo mundo tuvo que redoblar esfuerzos para recoger la cosecha, pero era tan agradable estar todos resguardados en el inmenso palacio, al calor de las cien chimeneas, escogiendo los granos, moliendo el trigo  y la cebada, haciendo mermeladas, horneando pan, haciendo sopa de hongos, envasando miel, haciendo velas, mezclando inciensos y secando hojas de té, que todos se sentían bendecidos por tener un hogar acogedor y amigos a quienes podían llamar familia, que no importaban las largas horas de trabajo, y menos aún cuando la reina Qüilyra amenizaba el día contando historias y entonando bellas canciones en las que todos los demás hacían el coro.


Fue un día de diciembre, en el que el frío y los fuertes vientos azotaban con fuerza puertas y ventanas que se alcanzó a escuchar una nota musical proveniente de un arpa, era una sola nota, pero tan hermosa y llena de sentimiento que todos en el castillo guardaron silencio, todos excepto la reina Qüilyra, quien ordenó que abrieran el castillo de inmediato, así que dos faunos que hacían guardia liberaron los seguros del portal y entró un ángel envuelto en una capa blanca de alguna tela que brillaba como las estrellas, y le entregó a la reina un pergamino.


Änathiz de inmediato corrió a la cocina y le llevó al ángel un tazón de leche caliente con especias endulzado con miel, al tiempo que le hacía una reverencia, él ángel, conmovido por el dulce gesto del hada le sonrió y gustoso comenzó a beber mientras acariciaba dulcemente la frente de la pequeña Änathiz, en ese instante el hadita sintió como si la luz de todas las estrellas recorriera sus venas y sus pequeñas alas crecieron hasta igualar las de las águilas. -¡gracias! – decía el hada revoloteando por todo el castillo.


 -Qeridos míos – comenzó a decir la reina Qüilyra, hemos recibido magníficas noticias de tierras muy lejanas, los ángeles me han escrito para decirme que hoy ha nacido el niño Dios, nuestro redentor, nuestro Rey de reyes, hoy será un día de fiesta y agradecimiento por esta buena nueva, pero también quiero que todos hagan un regalo, uno que venga de lo más puro de sus almas y corazones, para que nuestro querido ángel se lo haga llegar a nuestro niño Rey.

Al escuchar aquella noticia, todas las criaturas del castillo sonrieron y se abrazaron, y corrieron a confeccionar sus regalos.
Las sirenas y duendecillos poseían piedras preciosas que pulieron y guardaron en delicados cofres finamente tallados por los faunos, las aves, luciérnagas y libélulas hicieron atrapa sueños mágicos que colgarían sobre la cuna del bebé, las brujitas buenas le dieron al ángel finas botellas con arco iris y los unicornios le susurraron al oído del ángel unas canciones tan bellas y antiguas que solo la luna sabía, el ángel prometió ir a cantárselas al bebé cada noche.
La reina le ofreció al bebé su bosque entero, su magia, su sabiduría y su espada, así todos reunieron hermosos obsequios ... todos menos Änathiz quien  se encontraba angustiada pues no tenía nada que ofrecer al niño Dios.
-          Su majestad –explicaba Änathiz– yo solo puedo ofrecer mi vida a nuestro Rey, pues no poseo nada más.
-          Tu servicio y tu don son más que suficiente pequeña Änathiz – dijo el ángel –
-          ¿Mi don mi señor? Me temo que no poseo uno, yo quisiera regalarle al niño Dios algo hermos y único ... pero no tengo nada.
-          Ven con nosotros pequeña –le pidieron la reina y el ángel– viajarás con nosotros a ver a nuestro Rey.

El ángel cubrió con su capa a la reina Qüilyra y a Änathiz y en un santiamén se encontraron en tierras lejanas, en humilde pesebre en el que una dulce mujer mecía en brazos a un bebé hermoso.
Änathiz no podía creer que en aquel lugar hubiera nacido el  niño dios, mas al verlo, sintió tanta ternura y amor por la criatura que no pudo resistir besarlo en la frente, luego se arrodilló y le ofreció al niño su servicio y su vida, pero el hadita estaba tan conmovida que se llevó las manos al rostro para cubrir sus lágrimas, y de repente éstas se convirtieron en un par de copos de nieve, eran hermosos y únicos e hicieron al bebé sonreír.

-          Este es  tu don Änathiz, tu puedes crear nieve, y los copos son diminutas obras de arte, con tu magia, desde ahora en adelante anunciarás al mundo que el invierno llega y con él, el dulce recordatorio de que nuestro Rey ha nacido.
-          ¡gracias! – exclamaba el hada– yo haré los más hermosos copos de nieve para que al verla repiquen las campanas del mundo anunciando que nuestro Rey ha nacido.
-          ¡deja que nieve Änathiz! –decía la reina– ¡deja que nieve y celebremos!


Desde aquel día cada diciembre los bellos copos hechos a mano por el hada del invierno nos avisan que ya viene, ya viene la fecha en la que recordamos el nacimiento del niño Dios. Y que para honrarlo tan solo debemos regalarle al mundo los dones que nos han sido concedidos.
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS ELIZABETH SEGOVIANO              copy right© 2016



 




sábado, 10 de diciembre de 2016

iSE HA ROTO LA ESTRELLA DE NAVIDAD!

En la víspera de Navidad
Un joven duendecillo salió a pasear.
Como era joven y travieso
Se puso a jugar y corretear.


Lanzaba grandes bolas de nieve al aire
Para verlas chocar y hacer “splash”
¡Pero una de las enormes bolas se fue a estrellar en el pino de Navidad!

Hubo un momento de silencio y luego se escuchó : un ¡”pim, pam, pum crash”!
Se había roto la bellísima estrella en la punta del árbol
¡Y justo en la víspera de Navidad!

En aquel momento salieron de sus casitas los demás duendecillos,
Los renos mágicos y el Señor y la Señora Claus que habían estado horneando panecillos.

¿Que ha pasado? –se preguntaban- ¿qué ha sucedido?
La Señora Claus se acercó al pino
y recogió con cuidado los trocitos de cristal fino.

¡Lo siento tanto! –decía el duendecillo– no era mi intención hacer daño
Soy travieso y no puse atención.
Ustedes saben que la estrella de cristal era mi admiración.

Regresa a casa pequeñín –decían los señores Claus– las ventiscas arrecian, parece que no tendrán fin.
Y hay que terminar de cargar el trineo, ve y busca las capas de los renos, no te olvides de la de saltarín.

El duendecillo obedeció, pero sabía que había causado tristeza y gran decepción.
Por ello corrió a su habitación a buscar algo de pintura y también cartón.
En el pesebre junto a los renos puso manos a la obra, y ayudado de un ratón
Dibujó una gran estrella que recortó y coloreó.


Luego él y su amigo ratón la subieron poco a poco al gran pino navideño.
La aseguraron a la punta con mucho esfuerzo y frunciendo el ceño.

Al ver todo su esfuerzo, las estrellas en el firmamento sintieron mucha ternura.
Así que ofrecieron su ayuda.
Dejaron caer sobre la estrella de cartón sus polvos estelares,
y también contribuyó la luna con sus rayitos de luz más tiernos y brillantes.


Cuando Santa Claus ya trepado en su trineo cargado se despedía
Notó que su pino otra estrella tenía.
Aquello le dibujó una enorme sonrisa.
¡Jo, jo, jo! –reía– ¡pequeño duendecito, que inteligente eres! ya lo sabía
que la estrella rota repondrías.
Feliz Navidad a todos! ¡Y feliz Navidad a las estrellas que desde el cielo nos observan y nos guían!
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS ELIZABETH SEGOVIANO ©COPYRIGHT 2016



jueves, 29 de noviembre de 2012

CUENTOS EMPOLVADOS: DESPUES DE TODO ES NAVIDAD




Autora: Elizabeth Segoviano
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR bajo el registro público 032011101711562800-14
DESPUES DE TODO ¡ES NAVIDAD!
La casa había estado vacía y silenciosa largas horas, por lo que, Baguette; el cachorrito de la familia, se encontraba profundamente dormido enroscado en su sillón favorito, a ratos roncando a ratos lanzando gruñiditos; cuando, de repente, el ruido en la cerradura lo despertó de su profundo sueño haciéndolo caer de cabeza, quedando momentáneamente aturdido.
- ¡Mira qué lindo pino hemos traído Baguette! –dijo Beca, la pequeña que lo había recogido de las calles una lluviosa tarde de otoño-
El cachorrito se sacudió y corrió a todo lo que le daban sus cuatro patitas para inspeccionar meticulosamente el inmenso árbol que la familia logró meter por la puerta con tanto esfuerzo.
Las suaves y fragantes ramitas le hacían cosquillas, pero aún así el perrito trató de mordisquearlas; por lo que Beca de inmediato le reprendió diciendo: ”¡Baguette malo! ¡el árbol de Navidad no se muerde, ni se maltrata!”
El animalito jamás había escuchado aquella palabra “Navidad” ¿qué quería decir? No lo sabía, pero sonaba linda, era una palabra dulce y tierna, una palabra que se le queda a uno en la boca como un caramelo, o como un poema … Navidad … sonaba a magia y alegría … ¿pero qué era Navidad? …
Entonces el perrito notó que toda la familia corrió escaleras arriba y claro, él, intrigado, los siguió.
La abuela Beba abrió el enorme baúl que descansaba a los pies de su cama y de ahí sacó una gran estrella de cristal cuidadosamente envuelta en un suave paño.
Bruno, el hermano mayor, sacó del ático varias cajitas que contenían coloridas esferas, algunas rociadas con brillante escarcha, otras decoradas con flores de nochebuena y algunas otras con un pequeño listón que completaba su belleza.
Beca y Varun, su padre, traían en brazos cientos de coloridos foquitos que comenzaron a enredar alrededor del árbol al tiempo que Brida, la mamá. horneaba decenas de galletitas con forma de muñecos de nieve, pinos, estrellas y hombrecitos de jengibre.
La casa entera que momentos atrás estaba tan callada, ahora resonaba con risas y bromas mientras la fragancia del pino se mezclaba con la de la vainilla y azúcar que salía del horno, y el viento invernal golpeaba rítmicamente las ventanas como queriendo entrar y avivar el calor de la chimenea.
En un par de horas el árbol había quedado hermosamente vestido, y, coronando su belleza se encontraba la estrella de la abuelita que Beca había colocado cariñosamente mientras su padre la alzaba en hombros, acto seguido, cada miembro de la familia puso bajo las ramas los regalos que habían comprado, incluso había una cajita que decía: “para nuestro Baguette con mucho cariño”.
Al ver eso, el cachorro quiso abrir la cajita, pero Beca lo tomó en sus brazos y haciéndole cosquillas en la barriga dijo: “no cachorrito, los regalos se abren hasta mañana, cuando sea Navidad”.
¡Otra vez aquella palabra! ¿porqué era especial? ¿qué quería decir? ¿Acaso significaba regalos, galletas y fragancias dulces? ¿significaba adornos coloridos y platillos especiales en la mesa? ¿Navidad era foquitos brillantes por doquier y canciones alegres? … Baguette no lo comprendía, y hubiera dado cualquier cosa porque la niña pudiera entender sus ladriditos y gruñidos que no eran otra cosa que sus ansiosas preguntas.
Aquella noche la familia se reunió en torno de la mesa que había sido vestida elegantemente con un largo mantel tan rojo como las cerezas que adornaban los fragantes postres, y velas altas y largas alumbraban cálidamente las copas en las cuales descansaba la burbujeante sidra.
- Gracias –decía papá Varun– por esta hermosa velada, por mi adorable esposa y mis hijos y por la abuelita.
- Gracias –dijo mamá Brida– por otro año juntos, por el amor de mi familia … y … gracias porque esta vez no se me quemó el pavo.
- Gracias –comenzó Bruno, el hermano– por mi hermanita que siempre me hace reír, por mi familia y por nuestros sueños.
- Gracias –dijo conmovida la abuela Beba– por ser tan afortunada en compartir otra Navidad con mis seres queridos.
- Gracias –decía emocionada la pequeña Beca– por todo eso, por mi hermoso árbol, por las galletas de mamá, gracias por la Navidad ¡y gracias por Baguette! ¿Y tú Baguette? –interrogó la niña mirando al perrito– ¿por qué vas a dar gracias?
Pero el cachorro no podía poner atención a ninguna otra cosa que no fuera el enorme pavo que descansaba en el centro de la mesa y que provocaba que se le hiciera agua la boca.
- ¿Papá? –decía la niña- ¿podemos …?
- ¿darle un trozo de pavo al cachorro? … pero … ¡claro, después de todo es Navidad!
Así que la pequeña le sirvió a Baguette un gran trozo de pavo en su platito y todos cenaron y platicaron muy contentos hasta el filo de la medianoche cuando se retiraron a dormir, no sin que antes Beca dejara en una charola un montoncito de galletas y un vaso con leche cerca del árbol; por lo que el perrito de inmediato corrió hacia ellas siendo detenido en el acto por Bruno, que le dijo: “no Baguette, estas galletas no son para ti, son para papá Noel, para que coma algo cuando venga a visitarnos” y se llevó al cachorrito escaleras arriba depositándolo suavemente en su cama.
Luego de intentar por largo rato conciliar el sueño; Baguette decidió salir de la cama y dando sigilosos saltitos bajó las escaleras; toda la habitación se veía suavemente iluminada por las hipnotizantes luces del árbol … ¡qué alto y que grande era! ¿y qué lindo se veía! Baguette se quedó mirando extasiado el pino y por fín se acercó y notó su reflejo en una de las esferas, se veía gracioso, y quiso morderla igual que mordía su pelota, pero entonces algo inesperado ocurrió ¡Baguette se hizo pequeñito! ¡más pequeño que la esfera! ¡y al tocarla con su húmeda nariz se metió dentro de ella! el cachorrito sintió que caía y caía pero al cabo de unos segundos aterrizó en algo enorme y muy suave … y rojo.
- Jo jo jo –se escuchaba– ¡por mis rizadas barbas! ¿quién eres tú amiguito? ¿y porqué has caído sobre mi barriga? –aquel personaje de blancas barbas y traje rojo no era otro que el mismísimo papá Noel–
- Me llamo Baguette –ladró el perrito–
- ¿Baguette? –dijo intrigado papá Noel– ¿y qué haces aquí hoy? ¿no sabes que es Navidad y es la noche más ocupada de todas para mí? Hoy no hay tiempo para atender visitantes.
- ¿Acaso tú me entiendes?
- ¡Jo jo jo pero claro que te entiendo! ¡yo soy papá Noel y entiendo el lenguaje de los animalitos, los insectos, los humanos y hasta las plantas! ¡jo jo jo! Pero ahora debes regresar a casa cachorro.
Entonces papá Noel sacó una campanita dorada de su bolsillo y la hizo repicar tres veces, y como acto de magia apareció Bombón, uno de sus duendecillos ayudantes.
- Bombón hazme el favor de llevar a este perrito de regreso a su casa.
- ¡En el acto!
- ¡No! –ladraba con toda su fuerza Baguette– mientras corría como loco de arriba a abajo, de izquierda a derecha y en círculos hasta que se mareó y chocó contra el inmenso pino que adornaba el pueblecito de papá Noel haciendo que con el golpe se cayera la brillante estrella que alumbraba la punta y quebrándose en mil pedacitos-
- ¡Cosa más rara! –decía Bombón– ¡jamás en mi vida había visto un cachorro tan travieso!
- ¡Jo jo jo! ¡ahora recuerdo! Tú eres el cachorrito que recogió Beca y si la memoria no me falla te comiste sus libros del colegio, dejaste sin calcetines a toda la familia, mordisqueaste el bastón de la abuela, no te dejas bañar, le ladras hasta a las hormigas, te robaste una galleta de la mesa cuando nadie te veía y … ¡haces muy feliz a toda tu familia! ¡jo jo jo!
- Lo siento –decía el perrito– no es mi intención ser así … Beca dice que no soy travieso, que sólo soy demasiado entusiasta … simplemente no lo puedo evitar, lamento haber roto tu estrella, pero si me acompañas a mi casa quizá la abuela tenga otra para ti en su baúl.
- ¡Jo jo jo! La estrella no me preocupa pequeño, Bombón lo arreglará en un santiamén … pero ¿porqué no quieres ir a casa?
- Bueno … ya que estoy aquí quisiera que me respondieras algo muy importante primero.
- ¡No, no, no! –refunfuñó Bombón mientras subía una larga escalera con otra estrella en las manitas– ¡papá Noel no puede responder preguntas hoy! ¿qué no sabes que mañana es Navidad?
- ¡Eso! Yo no sé qué es Navidad.
- ¡Jo jo jo! No seas gruñón Bombón, siempre hay tiempo para responder ésa pregunta, después de todo ¡es Navidad jo jo jo! Verás pequeño –comenzó papá Noel mientras decenas de duendecitos acomodaban inmensas cantidades de regalos en su trineo y otros tantos alistaban a los enormes renos– hace muchos, muchos, muchos años, en una fría noche invernal una mujer dio a luz a un hermoso bebé en un humilde pesebre; aquel bebé era sumamente especial, era el niño Dios, aquel que vino a alumbrarnos con su amor y a darnos a todos y cada uno de nosotros una nueva oportunidad de vivir en paz y armonía, y cada año desde entonces lo recordamos en esta fecha, Navidad, que quiere decir nacimiento, y así celebramos el nacimiento del niño Dios con suma alegría, regalos y en la compañía de nuestros seres queridos.
Después de escuchar aquella historia Baguette se puso triste, bajó sus orejitas y desenroscó su colita mientras suspiraba hondamente.
- ¿Y ahora que te pasa? –decía intrigado papá Noel–
- Es que –sollozaba Baguette–mi familia ha sido muy buena conmigo, aunque soy travieso, hasta me compraron un regalo … y yo… yo no tengo nada que darles.
- ¡Jo jo jo! Pero la Navidad no se trata de regalos y fiestas, ni canciones y dulces, además el mejor regalo que puedes darles es tu cariño, yo he visto como acompañas a la abuela cuando está enferma en cama y como te preocupas cuando ya es muy tarde y papá Varun aún no llega de trabajar y como recibes con tanta alegría a Beca y Bruno cuando llegan del colegio, y como los haces reír e incluso ayudas a mamá Brida a hacer hoyos en el jardín para que plante ésas rosas que tanto le gustan. El mejor regalo de todos Baguette, no se puede comprar, el cariño es más valioso que cualquier otra cosa, ahora sube a mi trineo para llevarte a casa, con tu familia, donde perteneces.
Y, así, papá Noel y Baguette se enfilaron hacia el cielo y cuando llegaron a su casa papá Noel dejó al cachorro y regalos para todos, incluso uno de parte de Baguette.
- ¿ Y qué regalo es ése papá Noel?
- ¡Jo jo jo! Uno muy importante perrito ¡calcetines nuevos para todos! ¡jo jo jo! Ahora regresa a tu camita.
- ¡Pero papá Noel! ¡Se te olvidan tus galletas!
- ¡Jo jo jo es cierto! –mientras papá Noel bebía la leche, Baguette miraba el plato de galletas con suma atención–
- ¿Me das una?
- ¡Jo jo jo! Porqué no, después de todo ¡es Navidad! ¡jo jo jo!
Cuando terminaron de comer, papá Noel subió a su trineo diciendo :”¡feliz Navidad! ¡y paz en la tierra a los hombres … y cachorros de buena voluntad! ¡jo jo jo! ¡feliz Navidad!
A la mañana siguiente, cuando la familia bajó para abrir sus regalos notaron a Baguette profundamente dormido bajo el árbol al lado de una esfera rota, trocitos de galletas y una caja llena de calcetines … ¡sin mordisquear!
- ¿Y ésos calcetines?-preguntaba papá Varun-
- ¡Seguro es el regalo de Baguette! –dijeron todos–mientras abrazaban a su cachorro travieso y él los llenaba de húmedos y escurridizos besos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

DESPUÉS DE TODO ¡ES NAVIDAD!


Autora: Elizabeth Segoviano

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR bajo el registro público 032011101711562800-14

DESPUES DE TODO ¡ES NAVIDAD!

La casa había estado vacía y silenciosa largas horas, por lo que, Baguette; el cachorrito de la familia, se encontraba profundamente dormido enroscado en su sillón favorito, a ratos roncando a ratos lanzando gruñiditos; cuando, de repente, el ruido en la cerradura lo despertó de su profundo sueño haciéndolo caer de cabeza, quedando momentáneamente aturdido.

- ¡Mira qué lindo pino hemos traído Baguette! –dijo Beca, la pequeña que lo había recogido de las calles una lluviosa tarde de otoño-

El cachorrito se sacudió y corrió a todo lo que le daban sus cuatro patitas para inspeccionar meticulosamente el inmenso árbol que la familia logró meter por la puerta con tanto esfuerzo.

Las suaves y fragantes ramitas le hacían cosquillas, pero aún así el perrito trató de mordisquearlas; por lo que Beca de inmediato le reprendió diciendo: ”¡Baguette malo! ¡el árbol de Navidad no se muerde, ni se maltrata!”

El animalito jamás había escuchado aquella palabra “Navidad” ¿qué quería decir? No lo sabía, pero sonaba linda, era una palabra dulce y tierna, una palabra que se le queda a uno en la boca como un caramelo, o como un poema … Navidad … sonaba a magia y alegría … ¿pero qué era Navidad? …

Entonces el perrito notó que toda la familia corrió escaleras arriba y claro, él, intrigado, los siguió.

La abuela Beba abrió el enorme baúl que descansaba a los pies de su cama y de ahí sacó una gran estrella de cristal cuidadosamente envuelta en un suave paño.

Bruno, el hermano mayor, sacó del ático varias cajitas que contenían coloridas esferas, algunas rociadas con brillante escarcha, otras decoradas con flores de nochebuena y algunas otras con un pequeño listón que completaba su belleza.

Beca y Varun, su padre, traían en brazos cientos de coloridos foquitos que comenzaron a enredar alrededor del árbol al tiempo que Brida, la mamá. horneaba decenas de galletitas con forma de muñecos de nieve, pinos, estrellas y hombrecitos de jengibre.

La casa entera que momentos atrás estaba tan callada, ahora resonaba con risas y bromas mientras la fragancia del pino se mezclaba con la de la vainilla y azúcar que salía del horno, y el viento invernal golpeaba rítmicamente las ventanas como queriendo entrar y avivar el calor de la chimenea.

En un par de horas el árbol había quedado hermosamente vestido, y, coronando su belleza se encontraba la estrella de la abuelita que Beca había colocado cariñosamente mientras su padre la alzaba en hombros, acto seguido, cada miembro de la familia puso bajo las ramas los regalos que habían comprado, incluso había una cajita que decía: “para nuestro Baguette con mucho cariño”.

Al ver eso, el cachorro quiso abrir la cajita, pero Beca lo tomó en sus brazos y haciéndole cosquillas en la barriga dijo: “no cachorrito, los regalos se abren hasta mañana, cuando sea Navidad”.

¡Otra vez aquella palabra! ¿porqué era especial? ¿qué quería decir? ¿Acaso significaba regalos, galletas y fragancias dulces? ¿significaba adornos coloridos y platillos especiales en la mesa? ¿Navidad era foquitos brillantes por doquier y canciones alegres? … Baguette no lo comprendía, y hubiera dado cualquier cosa porque la niña pudiera entender sus ladriditos y gruñidos que no eran otra cosa que sus ansiosas preguntas.

Aquella noche la familia se reunió en torno de la mesa que había sido vestida elegantemente con un largo mantel tan rojo como las cerezas que adornaban los fragantes postres, y velas altas y largas alumbraban cálidamente las copas en las cuales descansaba la burbujeante sidra.

- Gracias –decía papá Varun– por esta hermosa velada, por mi adorable esposa y mis hijos y por la abuelita.

- Gracias –dijo mamá Brida– por otro año juntos, por el amor de mi familia … y … gracias porque esta vez no se me quemó el pavo.

- Gracias –comenzó Bruno, el hermano– por mi hermanita que siempre me hace reír, por mi familia y por nuestros sueños.

- Gracias –dijo conmovida la abuela Beba– por ser tan afortunada en compartir otra Navidad con mis seres queridos.

- Gracias –decía emocionada la pequeña Beca– por todo eso, por mi hermoso árbol, por las galletas de mamá, gracias por la Navidad ¡y gracias por Baguette! ¿Y tú Baguette? –interrogó la niña mirando al perrito– ¿por qué vas a dar gracias?

Pero el cachorro no podía poner atención a ninguna otra cosa que no fuera el enorme pavo que descansaba en el centro de la mesa y que provocaba que se le hiciera agua la boca.

- ¿Papá? –decía la niña- ¿podemos …?

- ¿darle un trozo de pavo al cachorro? … pero … ¡claro, después de todo es Navidad!

Así que la pequeña le sirvió a Baguette un gran trozo de pavo en su platito y todos cenaron y platicaron muy contentos hasta el filo de la medianoche cuando se retiraron a dormir, no sin que antes Beca dejara en una charola un montoncito de galletas y un vaso con leche cerca del árbol; por lo que el perrito de inmediato corrió hacia ellas siendo detenido en el acto por Bruno, que le dijo: “no Baguette, estas galletas no son para ti, son para papá Noel, para que coma algo cuando venga a visitarnos” y se llevó al cachorrito escaleras arriba depositándolo suavemente en su cama.

Luego de intentar por largo rato conciliar el sueño; Baguette decidió salir de la cama y dando sigilosos saltitos bajó las escaleras; toda la habitación se veía suavemente iluminada por las hipnotizantes luces del árbol … ¡qué alto y que grande era! ¿y qué lindo se veía! Baguette se quedó mirando extasiado el pino y por fín se acercó y notó su reflejo en una de las esferas, se veía gracioso, y quiso morderla igual que mordía su pelota, pero entonces algo inesperado ocurrió ¡Baguette se hizo pequeñito! ¡más pequeño que la esfera! ¡y al tocarla con su húmeda nariz se metió dentro de ella! el cachorrito sintió que caía y caía pero al cabo de unos segundos aterrizó en algo enorme y muy suave … y rojo.

- Jo jo jo –se escuchaba– ¡por mis rizadas barbas! ¿quién eres tú amiguito? ¿y porqué has caído sobre mi barriga? –aquel personaje de blancas barbas y traje rojo no era otro que el mismísimo papá Noel–

- Me llamo Baguette –ladró el perrito–

- ¿Baguette? –dijo intrigado papá Noel– ¿y qué haces aquí hoy? ¿no sabes que es Navidad y es la noche más ocupada de todas para mí? Hoy no hay tiempo para atender visitantes.

- ¿Acaso tú me entiendes?

- ¡Jo jo jo pero claro que te entiendo! ¡yo soy papá Noel y entiendo el lenguaje de los animalitos, los insectos, los humanos y hasta las plantas! ¡jo jo jo! Pero ahora debes regresar a casa cachorro.

Entonces papá Noel sacó una campanita dorada de su bolsillo y la hizo repicar tres veces, y como acto de magia apareció Bombón, uno de sus duendecillos ayudantes.

- Bombón hazme el favor de llevar a este perrito de regreso a su casa.

- ¡En el acto!

- ¡No! –ladraba con toda su fuerza Baguette– mientras corría como loco de arriba a abajo, de izquierda a derecha y en círculos hasta que se mareó y chocó contra el inmenso pino que adornaba el pueblecito de papá Noel haciendo que con el golpe se cayera la brillante estrella que alumbraba la punta y quebrándose en mil pedacitos-

- ¡Cosa más rara! –decía Bombón– ¡jamás en mi vida había visto un cachorro tan travieso!

- ¡Jo jo jo! ¡ahora recuerdo! Tú eres el cachorrito que recogió Beca y si la memoria no me falla te comiste sus libros del colegio, dejaste sin calcetines a toda la familia, mordisqueaste el bastón de la abuela, no te dejas bañar, le ladras hasta a las hormigas, te robaste una galleta de la mesa cuando nadie te veía y … ¡haces muy feliz a toda tu familia! ¡jo jo jo!

- Lo siento –decía el perrito– no es mi intención ser así … Beca dice que no soy travieso, que sólo soy demasiado entusiasta … simplemente no lo puedo evitar, lamento haber roto tu estrella, pero si me acompañas a mi casa quizá la abuela tenga otra para ti en su baúl.

- ¡Jo jo jo! La estrella no me preocupa pequeño, Bombón lo arreglará en un santiamén … pero ¿porqué no quieres ir a casa?

- Bueno … ya que estoy aquí quisiera que me respondieras algo muy importante primero.

- ¡No, no, no! –refunfuñó Bombón mientras subía una larga escalera con otra estrella en las manitas– ¡papá Noel no puede responder preguntas hoy! ¿qué no sabes que mañana es Navidad?

- ¡Eso! Yo no sé qué es Navidad.

- ¡Jo jo jo! No seas gruñón Bombón, siempre hay tiempo para responder ésa pregunta, después de todo ¡es Navidad jo jo jo! Verás pequeño –comenzó papá Noel mientras decenas de duendecitos acomodaban inmensas cantidades de regalos en su trineo y otros tantos alistaban a los enormes renos– hace muchos, muchos, muchos años, en una fría noche invernal una mujer dio a luz a un hermoso bebé en un humilde pesebre; aquel bebé era sumamente especial, era el niño Dios, aquel que vino a alumbrarnos con su amor y a darnos a todos y cada uno de nosotros una nueva oportunidad de vivir en paz y armonía, y cada año desde entonces lo recordamos en esta fecha, Navidad, que quiere decir nacimiento, y así celebramos el nacimiento del niño Dios con suma alegría, regalos y en la compañía de nuestros seres queridos.

Después de escuchar aquella historia Baguette se puso triste, bajó sus orejitas y desenroscó su colita mientras suspiraba hondamente.

- ¿Y ahora que te pasa? –decía intrigado papá Noel–

- Es que –sollozaba Baguette–mi familia ha sido muy buena conmigo, aunque soy travieso, hasta me compraron un regalo … y yo… yo no tengo nada que darles.

- ¡Jo jo jo! Pero la Navidad no se trata de regalos y fiestas, ni canciones y dulces, además el mejor regalo que puedes darles es tu cariño, yo he visto como acompañas a la abuela cuando está enferma en cama y como te preocupas cuando ya es muy tarde y papá Varun aún no llega de trabajar y como recibes con tanta alegría a Beca y Bruno cuando llegan del colegio, y como los haces reír e incluso ayudas a mamá Brida a hacer hoyos en el jardín para que plante ésas rosas que tanto le gustan. El mejor regalo de todos Baguette, no se puede comprar, el cariño es más valioso que cualquier otra cosa, ahora sube a mi trineo para llevarte a casa, con tu familia, donde perteneces.

Y, así, papá Noel y Baguette se enfilaron hacia el cielo y cuando llegaron a su casa papá Noel dejó al cachorro y regalos para todos, incluso uno de parte de Baguette.

- ¿ Y qué regalo es ése papá Noel?

- ¡Jo jo jo! Uno muy importante perrito ¡calcetines nuevos para todos! ¡jo jo jo! Ahora regresa a tu camita.

- ¡Pero papá Noel! ¡Se te olvidan tus galletas!

- ¡Jo jo jo es cierto! –mientras papá Noel bebía la leche, Baguette miraba el plato de galletas con suma atención–

- ¿Me das una?

- ¡Jo jo jo! Porqué no, después de todo ¡es Navidad! ¡jo jo jo!

Cuando terminaron de comer, papá Noel subió a su trineo diciendo :”¡feliz Navidad! ¡y paz en la tierra a los hombres … y cachorros de buena voluntad! ¡jo jo jo! ¡feliz Navidad!

A la mañana siguiente, cuando la familia bajó para abrir sus regalos notaron a Baguette profundamente dormido bajo el árbol al lado de una esfera rota, trocitos de galletas y una caja llena de calcetines … ¡sin mordisquear!

- ¿Y ésos calcetines?-preguntaba papá Varun-

- ¡Seguro es el regalo de Baguette! –dijeron todos–mientras abrazaban a su cachorro travieso y él los llenaba de húmedos y escurridizos besos.

sábado, 3 de diciembre de 2011

LOS RENOS ESTABAN CANSADOS



LOS RENOS ESTABAN CANSADOS

Autora: Elizabeth Segoviano

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Había sucedido un invierno brillante y frío en el pueblecito de Santa Claus, la noche justo antes de Navidad.

Cuando todo era paz y tranquilidad …

Cosa un tanto extraña pues otros años todo eran prisas, carreras y mucha actividad.

Pero aquella vez los duendecillos, la señora Claus y su marido habían redoblado esfuerzos para salir airosos sin apuros ni sollozos.

Sentados a la mesa cubierta por deliciosos platillos, todos los duendecillos platicaban, reían y compartían.

Del comedor de la casita salían dulces voces interpretando villancicos, y besitos esquimales eran repartidos bajo un fresco muérdago que colgaba a la mitad de la sala de estar.

Y también había muchos abrazos, sonrisas, y buenos deseos por regalar.

Todo era alegría, camaradería y cordialidad …

Fue entonces cuando al terminar la cena, los duendecillos decidieron salir a caminar.

Deslizándose por la nieve con sus lindas botitas rojas, los duendecillos dibujaban sobre el hielo hermosas coronas con muchas nochebuenas, piñas de pino y hermosos moños, y más allá esculpían arbolitos adornados por enormes estrellas de siete picos cada una de ellas.

También poblaron el horizonte con una larga fila de muñecos de nieve bien alineados, vistiendo sus bufandas, sombreros y guantes para verse bien elegantes.

Luego vino la inevitable batalla con bolas de nieve, todos corrían gritando y riendo mientras buscaban el mejor escondite para planear su desquite .

Luego de un rato, y ya todos con las naricitas bien enrojecidas por el frío se apresuraban a atravesar el congelado río para llegar a sus casitas y meterse rápido en sus camitas.

Pero sucedió que uno de los duendecillos, el más pequeño, curioso y travieso, se asomó a los establos donde aguardaban impacientes los nueve retozones renos que habrían de jalar el gran trineo …

Ahí estaban Acróbata, Bailarín, Bromista, Relámpago, Alegre, Trueno, Cupido, Cometa, y a la cabeza, iluminando con su roja nariz, se encontraba Rodolfo, ansioso de escuchar la voz de Santa para comenzar a volar y repartir felicidad.

Así el pequeño duendecillo, viendo cuan emocionados estaban los mágico renos y revisando su reloj … ¡se le ocurrió que había tiempo para un juego navideño de fútbol!

Los demás duendecillos, curiosos, juguetones y distraídos vitorearon la descabellada idea que en aquel momento parecía genial, y uno a uno sacaron a los renos a jugar con un improvisado balón hecho con un calcetín, un gorro, una bufanda y un poco de nieve endurecida y abrillantada.

¡Renos y duendecillos tomaron su posición y el gran juego comenzó!

Corriendo por aquí y por allá, sobrevolando el campo y haciendo la nieve saltar las horas pasaron volando, jugaron el tiempo reglamentario, los tiempos extras ¡y hasta los tiros penales! Estaban tan divertidos que ni siquiera escucharon el reloj repiquetear.

Al cabo de varias horas, duendecillos y renos se encontraban agotados recostados tratando de recuperar el aliento, pues había sido tanta la diversión que ahora necesitaban de un sueño reparador.

Fue entonces cuando llegó a toda prisa Santa Claus apresurando a todos pues la hora había llegado de emprender el largo viaje para entregar los ansiados regalos.

Pero enorme fue su sorpresa al ver a todo mundo completamente exhausto, lánguido y sin fuerza para levantar siquiera una ceja.

Entonces Santa Claus se puso triste al ver que los renos estaban demasiado cansados para llevar a cabo el portentoso mandato, y Santa, triste y cabizbajo se sentó a pensar como podría explicar tal fatalidad.

Pues ni con una taza de caliente chocolate, dulces zanahorias, suave alfalfa ni muchos mimos los renos recobraban sus bríos.

Fue entonces que al ver lo acontecido, de los bosques cercanos al mágico pueblecito, salieron cientos, miles de brillantes luciérnagas, todas felices ofreciendo su ayuda al ver que los traviesos renos no daban una.

Gracias miles, decía Santa Claus, pero ustedes son muy pequeñitas y el trineo tiene un peso atroz, el viaje es muy largo, los caminos no son cosa fácil y la noche avanza más rápido que yo.

Pequeñitas podremos ser, decían tiernamente las luciérnagas, ¡pero nuestra fuerza es de temer! Somos miles, somos millones, somos tantas como todas las estrellas ¡mucha magia corre en nuestras venas! y sabremos guiar el trineo por altas montañas, valles, ciudades y desiertos.

Porque hoy es víspera de Navidad, y no hay milagro que no pueda pasar.

Al escuchar aquellas palabras, Santa Claus enjugó sus lágrimas, y muy

sonriente guió a las incontables filas de luciérnagas a tomar cada una su lugar, y así, en formación dibujaron la silueta de los nueve renos traviesos y emprendieron el largo vuelo para regalar felicidad.

Y desde abajo los duendecillos y renos aún cansados prometieron a la señora Claus no volver a jugar … ¡POR LO MENOS NO EN LA VÍSPERA DE NAVIDAD!