Elizabeth Segoviano todos los derechos reservados 2018
Esta historia basada en hechos reales la dedico a la tripulación del Rohkeus, ...
Luis Javier Mariscal, Salvador Mariscal, Dulce María Vargas, Margarita Reyes, y Polo Yepez junto con otros miembros de la tripulación que no conocí, GRACIAS por todo lo que hacen.
“A
pesar de tantas estrellas, el universo puede ser un lugar muy solitario”.
“A
pesar de tantas estrellas, el universo puede ser un lugar muy solitario”.
Aquellas
palabras se repetían una y otra vez, hacían eco en la distancia, parecían
provenir de todos lados y de ninguna parte al mismo tiempo. Quizá las llevaba el viento, o las olas del
mar, o las soltaban desde lo alto las estrellas fugaces y los cometas, o las
susurraban los árboles…
Era
casi una melodía que se repetía bajito, sin molestar a nadie, un mantra que
arrullaba el sueño de los botones de flores y el de las semillas acurrucadas en
la tierra esperando a que el sol las levantara en brazos para mostrarles el
mundo.
¿De
dónde provenían aquellas palabras? ¿Quién las decía? Nadie lo sabía, porque
nadie más parecía escucharlas, sólo él, un muchacho delgado con encrespados
bigotes y oscuros ojos inquisitivos, unos ojos que parecían tener el poder de
ver más que otros ojos, quizá hasta podían ver el color de las auras, el fondo
de las almas o ver los corazones sin máscaras.
Su
nombre era Daitán y pasaba mucho tiempo inventando aparatos extraños que podían
hacer mil cosas, como por ejemplo, un extravagante laberinto de cristal que
subía, bajaba, se entrelazaba y vibraba de manera perturbadora, pero que al
final dejaba escapar mucho vapor que se convertía en gorditas nubes diminutas
que luego uno podía acomodar en una taza y éstas se convertían en el café más
delicioso que alguien hubiera probado. Aunque también tenía una máquina que
podía traducir sueños, pues es sabido que mucha gente necesita entender lo que
sueña, sobre todo la gente que siempre tiene prisa y sueña atropelladamente y
no se toman un segundo para reflexionar, Daitán tenía su máquina y ésta era
capaz de traducir los más descabellados sueños para que la gente supiera qué es
lo que realmente quieren hacer, no lo que tienen o deberían hacer, y
ciertamente no lo que los demás quieren que hagan… pero decidió guardar su
traductor de sueños cuando le pidieron que tradujera pesadillas… Daitán no se
prestaba a propósitos oscuros y sin sentido.
Pero
aquellas místicas palabras que parecían venir de todas partes y de ninguna lo
tenían intrigado, ya le había preguntado a sus amigos, a su familia e incluso a
los extraños que caminaban por la calle y nadie sabía de lo que estaba
hablando; excepto su hermano Sösaku que no había escuchado exactamente aquellas
palabras pero a veces, cuando todo estaba muy callado o estaba a punto de
dormir le parecía escuchar una o dos palabras sueltas, y siempre eran palabras
bonitas, como: ensoñación, creatividad, imaginación; palabras que bien podrían
ser parte de una canción, un poema, un cuento o algo así.
Daitán
y Sösaku estaban un poco preocupados porque eso de escuchar voces que nadie más
puede oír podría significar que les faltaban un par de tornillos en la cabeza,
pero una amiga de los hermanos, llamada Smyllen quien parecía un dulce
duendecito navideño, les dijo que era muy posible que no estuvieran locos, sino
que como hermanos, compartieran un vínculo que otros no tenían, entre hermanos
hay algo especial, algo que nadie puede ver, pero se siente y quizá como Daitán
era tan especial su hermano Sösaku también poseía esas mismas virtudes y por
ello podían escuchar cosas que los demás ni en sueños podían.
La
pequeña Smyllen podía verse muy dulce, tierna y con sus ojos encantadores y
gran sonrisa a veces los hermanos no la tomaban muy en serio, Pero Smyllen poseía
una sabiduría más allá de sus años de vida, y cuando hablaba en serio se notaba
en el tono de su voz, algo en ella cambiaba y sonaba más como una mágica dama
elfo soberana de los bosques, que como un tierno duendecito; Daitán no necesitó
más que verla para saber que debía escuchar a su amiga.
Aquella
noche al irse a dormir, los hermanos daban vueltas y vueltas en sus camas
pensando qué podrían significar aquellas palabras, el sueño ya comenzaba a
vencerlos cuando de repente lo escucharon claramente “A pesar de tantas
estrellas, el universo puede ser un lugar muy solitario”.
Ambos
chicos salieron corriendo de sus camas buscando por toda la casa, encendieron
las luces, miraron por las ventanas… nada, nadie. No había absolutamente una
sola alma en la calle o en su casa aparte de ellos.
-
¿Crees
que es un fantasma? –preguntó asustado Sösaku–
-
Bueno
–comenzó a hablar Daitán en un tono un tanto distraído- siempre es una
posibilidad, puede ser un fantasma, podríamos estar locos, o podría ser algo
más…
-
¡Espero que sea algo más! –Daitán le sonrió
a su hermano de esa forma casi críptica que tenía para hacerle saber que ya
tenía algún plan o invención para develar el secreto –.
Ambos
corrieron a la habitación que hacía las veces de estudio, laboratorio, taller o
lo que fuera necesario y se pusieron a trabajar, no sin antes encender el
maravilloso laberinto-cafetera que producía nube tras nube de café mientras los
hermanos reunían todo tipo de complicados aparatos de alta tecnología, la
mayoría de su propia invención, algunos los desarmaban, para ir armando otras
cosas, por doquier saltaban chispas, brillaban luces, se escuchaban zumbidos,
chasquidos y hasta se electrocutaron un par de veces.
Pasaron
horas y horas diseñando, programando y reprogramando complicados códigos de
computadora y al cabo de muchos días con sus muchas noches de arduo trabajo por
fin la tenían frente a ellos.
Una
impresionante máquina con un sonar integrado que podía captar la voz que ambos
habían escuchado… o al menos en teoría eso tenía que hacer.
Los
hermanos se miraron emocionados, encendieron la máquina y…
¡No
pasó absolutamente nada!
-
Algo debe estar mal –decía Sösaku preocupado–
quizá los códigos no son los
correctos.
-
Tus códigos están bien –decía con decisión Daitán–
lo que pasa es que la voz está en silencio, hay que dejar la máquina encendida
y esperar.
Después
de tantos y tantos días de trabajo ni siquiera el maravilloso y mágico café de
Daitán podía mantenerlos despiertos, y rápidamente los hermanos se quedaron
dormidos esperando que la alarma de la máquina se encendiera, pero el único
sonido alarmante que salía del laboratorio eran unos sendos ronquidos, por lo
que, cuando la máquina de verdad emitió sus agudos e intermitentes pitidos, ni
Daitán ni Sösaku se dieron cuenta.
El
ocaso ya estaba tiñendo el cielo cuando Sösaku por fin despertó, lo primero que
hizo fue ver la máquina y al leer la pantalla del computador y la del sonar lo
único que pudo hacer fue jalar a su hermano por el cuello de la camisa, Daitán
se pegó tremendo golpe en la frente, pero fue suficiente para hacerlo despertar
y observar los resultados de la máquina; no era una voz ¡ERAN MILES!
-
¿De dónde provienen? –apresuraba Daitán a su
hermano, porque él aún no podía enfocar bien la vista después de tan tremendo
golpe–
-
Las coordenadas dicen –empezó Sösaku con
voz nerviosa– las coordenadas indican …
-
¿Qué? ¡por Dios, habla Sösaku!
-
¡LAS ESTRELLAS! ¡las coordenadas de las
voces vienen de las estrellas Daitán!
-
¡Lo sabía!
-
¿Lo sabías?
-
¡Lo presentía hermanito!
-
¿Y tú crees que las estrellas están
hablando, o son extraterrestres?
-
Estrellas, extraterrestre, personas ¿qué
más da?
-
¿No importa?
-
“A pesar de tantas estrellas, el universo
puede ser un lugar muy solitario”, eso es lo que dice la primer voz, eso me
dice que tan sólo es alguien que quiere contar una historia, alguien que
necesita ser escuchado, no importa quién o qué sea. ¿tú no quieres saber si son
las estrellas? ¿no te interesa saber qué historias quieren contar?
-
¡Claro! Pero …
-
¿Cómo? –Daitán volvió a sonreírle a su
hermano y Sösaku supo que ya había un plan en marcha–.
Después
de un día de descanso Daitán salió a la calle a buscar a algunos amigos, la
tarea que tenía en mente era titánica y no podía hacerlo solo, pero tenía la
plena convicción de que todos sus cálculos funcionarían, lo sentía en las
venas, algo le decía que sí, que era el camino correcto.
Por
supuesto que podía contar con Smyllen, no tenía ni que preguntarlo, pero
necesitaba más tripulación.
Quizá
otras personas hubieran pensado que Daitán y Sösaku no estaban cuerdos.
Otras
personas les hubieran aconsejado tener vidas más “normales”. Otras personas les
hubieran dicho “dejen de pensar tonteras”.
Otras
personas les hubieran pedido que dejaran de soñar y pusieran los pies en la
tierra … otros les habrían llenado la cabeza de dudas y miedos como quien da un
regalo envenenado.
Sin
embargo, los “imaginadores” y hacedores de sueños son seres especiales que han
nacido con una especie de radar con el que saben encontrar a otros creativos,
inventores hacedores de sueños. Y estos “imaginadores” tienen una cualidad
única: donde hay un problema, ellos ven una posibilidad, una solución, una
forma de cambiarlo todo, y un obstáculo nunca lo es, no para ellos. Para los
“imaginadores” un obstáculo no es más que un escalón para llegar más alto.
Daitán
no tenía que explicarle gran cosa a sus amigos imaginadores, pues eran como él,
y sin chistar ya tenía una buena tripulación que los exploradores y piratas de
antaño envidiarían.
Por
supuesto Daitán tenía que ser el capitán, no solo porque era su idea, sino
porque bajo su mando nadie dudaba, los miedos se disipaban, y si quedaba alguno
éste rápidamente se convertía en arrojo.
El
Segundo de abordo era Sösaku, pues su pericia y nivel de organización hacían
que todo corriera como una maquinaria bien aceitada, y con frecuencia Daitán
recurría a él no solo por consejo sino por una visión un tanto más sensible del
mundo, cosa que siempre venía bien, pues eso mantenía a todos con la humildad
bien enraizada en la tierra, y los sueños bien puestos en esas estrellas que
trataban de alcanzar.
La
pequeña Smyllen era verdaderamente un elfo, parecía que contaba con una fuente
inagotable de energía que era contagiosa, además siempre sabía cómo poner a
todos en su lugar cuando era necesario sin tener que ser estricta y era tan
valiente como brillante, uno nunca puede subestimar los poderes mágicos de los
elfos (aunque sean pequeños).
También
contaba con la pericia y genialidad de Natto, un chico de barbas bien rizadas
que prácticamente hablaba el idioma de las máquinas, computadoras e incluso de
los inventos de Daitán, con él todos se sentían seguros de poder crear
cualquier cosa.
Otra
imaginadora era Deiji, una linda chica de ojos grandes y sinceros que se había
subido al proyecto de Daitán porque una vez él le tradujo un sueño, y ese sueño
decía que ella podía hablar con las estrellas, ese es un poder precioso que
mucha gente niega tontamente, pero Deiji no, ella era valiente, decidida,
organizada y soñadora, y bajo las órdenes de Daitán era un tesoro invaluable.
El
último imaginador abordo, pero no menos importante era Eisbär el encargado de
documentar el viaje, su tacto, sentido del humor, sensibilidad y alegría eran
perfectos para capturar las tristezas, dichas, desventuras y curiosidades de
aquella épica aventura.
Desde
lo alto del más alto rascacielos de la ciudad se alcanzaba a escuchar el
alboroto que causaban las herramientas de Daitán y su tripulación al construir
lo que sería su navío, si, escucharon bien, su navío, no un cohete. Daitán
tenía la firme convicción de que su navío lograría desafiar la gravedad, cruzar
la atmósfera y llegar a las estrellas. En la ciudad todos pensaban que a “esa
gente” les faltaban muchos tornillos en la cabeza, pero encontraban divertido
burlarse de ellos y no podían esperar a ver como fracasaba la nave de Daitán.
Aquello
no tenía la menor importancia para la tripulación, ellos creían en lo que
hacían y creían en su capitán, si tenían éxito, lo tendrían juntos, si
fracasaban, lo harían juntos … solo que para los imaginadores el fracaso no
existe, porque si uno intenta con todas sus fuerzas realizar un sueño, aunque
éste no se cumpla, no puede decirse que fracasó, intentar siempre es un éxito …
fracasar sería permanecer estático, desear algo y no hacer nada al respecto,
soñar pero no atreverse a luchar, tener miedo y quedarse agazapado ¡eso sí
sería un fracaso!
Al
cabo de muchos días de arduo trabajo, de pruebas y errores, de noches sin
dormir y cansancio por fin estaba listo, era enorme y deslumbrante un navío de gran envergadura y su sala de
máquinas era la creación más impresionante de Daitán y Sösaku.
Aquella
tarde, después de llenar las bodegas de provisiones y herramientas, la
tripulación completa se sentó a la mesa para brindar por el comienzo de su gran
aventura y para bautizar el barco.
Abajo
en la ciudad, la gente comenzaba a arremolinarse alrededor del rascacielos,
todos listos para tomar fotos de lo que ellos esperaban fuera un fracaso.
A
las dieciocho horas con cincuenta y ocho minutos y treinta y tres segundos,
hora en la que comenzaría el ocaso Daitán, Sösaku, Smyllen, Deiji, Eisbär y
Natto tomaron cada uno una botella de burbujeante Champagne y al unísono
gritaron: “¡ TE NOMBRAMOS ROHKEUS! ¡AUDAZ NAVÍO QUE SURCARÁ LOS CIELOS! “QUE
SEUS BENDIGA NUESTRO CAMINO HACIA LAS ESTRELLAS!”
Acto
seguido abordaron el barco, y encendieron las máquinas. Una inmensa nube de
vapor cubrió el rascacielos, luego hubo un destello…
Y
el navío Rohkeus comenzó a elevarse lenta y silenciosamente, sus cambiantes
tonos de azul le hacían ver como una gran estrella, y como tal, comenzó a
elevarse suavemente por entre las nubes cual si fuera una pluma de ganso. Era
una verdadera maravilla ver aquel navío inmenso moverse como una bestia mítica.
En
las calles la gente permanecía estática y boquiabierta, no podían creer lo que
sus ojos presenciaban, más de uno deseó haber creído en ellos, y remontarse
sobre aquella fantástica embarcación, otros, avergonzados se iban a casa, pero
pensando que quizá era buen momento de desempolvar viejos sueños y perseguir
nuevos horizontes.
A
bordo del Rohkeus la tripulación aún no celebraba del todo, pues aunque estaban
volando todavía tenían que pasar la prueba más dura, salir del planeta.
Una
hora después del despegue el navío había llegado a la estratósfera, y seguía
ganando altitud y rapidez, todos estaban un poco nerviosos, pero al ver la
seguridad de Daitán y Sösaku perdieron el miedo.
La
primer estrella parecía estar a tan poca distancia que quizá podrían rozarla
con el barco, en ese momento hubo algo de turbulencia, las luces parpadearon y
el barco se inclinó un poco hacia la derecha ¡pero lo habían logrado! ¡Ya
estaban fuera del planeta!
La
tripulación gritó y aplaudió, todos llenos de emoción, Sösaku al fin encendió
su radar y las voces se hicieron tan claras que parecía que hubiera miles de
personas a bordo.
Fijaron
rumbo hacia la primer estrella que habían escuchado, era una bastante pequeña,
de luz un tanto morada, Deiji intuyó que aquella estrella era algo tímida así
que le pidió a Daitán que se acercaran lentamente, cuando estuvieron junto a la
estrella la voz se detuvo. Deiji se quedó en la cubierta del Rohkeus y comenzó
a hablar pausada y amablemente.
-
Hola, venimos desde muy lejos porque
recibimos tu mensaje. Quisiéramos ser tus amigos y escuchar tus historias. ¿el
mensaje si era tuyo verdad?
-
Si –respondió tímidamente la estrellita
morada–
-
Decías que a pesar de tantas estrellas el
universo podía ser un lugar muy solitario.
-
Si … lo es, sobre todo para una estrella de
mi tamaño ¡las otras estrellas son tan grandes! Me asustan.
-
Yo creo que todas las estrellas son
grandes, podemos percibir tu luz desde el planeta tierra ¿lo sabías?
-
No, no lo sabía, tampoco sabía que habían
escuchado mi mensaje, siempre mando mensajes, pero nunca se si han sido
escuchados.
-
¡Esta vez los escuchamos!
-
¿Ese barco es tuyo? ¿cómo hicieron que un
barco volara? ¿eso es normal? ¿cómo se llama? ¿vienes con muchas personas?
-
¡Wow! Son muchas preguntas
-
Lo siento, soy curiosa
-
Yo no capté tu mensaje, fue él, Daitán, el
capitán del Rohkeus.
Cuando
Deiji dijo eso Daitán subió a la cubierta del barco y saludó a la tímida
estrella con un gentil gesto, la estrella estaba fascinada de ver a un
auténtico capitán de un barco estelar y no pudo resistirse a darle un abrazo a
Daitán, quien sorprendido solo sonrió al darse cuenta de que la pequeña
estrella morada estaba feliz de verlos.
Así
se enteraron que no todas las estrellas del universo contaban historias, pero
sí eran muchas las que anhelaban contar cosas a los seres humanos, a otras
estrellas y si se podía hasta a los alienígenas.
Las
estrellas contadoras de historias son un poco diferentes a otras estrellas,
algunos dirían que son extravagantes, o incluso raras, así como sucede con todos
los que son imaginadores, la tripulación del Rohkeus aprendió que este gran
grupo de estrellas contadoras de historias se hacen llamar Séiza Ráita, y que
cientos, miles, quizá más, estaban ansiosos por contarle sus historias a Daitán
y a toda la tripulación del Rohkeus.
Ya
habían pasado varias semanas en las que toda la tripulación del Rohkeus se
había desplegado para escuchar tantas historias como fuera posible ¡pero eran
tantas historias! ¡eran tantas Séiza Ráita! Que no era posible visitarlas a
todas, el buen Eisbär que encontró muy entretenido grabar sus conversaciones con
las Séiza Ráita ya se estaba quedando sin espacio para almacenar tanta
información, y aunque las estrellas no querían dejarlo ir, porque era tan
afable y bondadoso como un osito de peluche, comprendieron que el Rohkeus debía
regresar a casa pronto.
Daitán
y Sösaku también lo sabían, por ello se habían estado preparando intensamente
en la elaboración de otra maquinaria, una todavía más grande y compleja que la
del radar, esta vez estaban creando un sistema de comunicación entre los Séiza
Ráita y la tripulación del Rohkeus, así no sólo Daitán podría escucharlos,
cualquiera que accediera a sus sistema podría escuchar las cientos de historias
de los Séiza Ráita … cualquiera podría escuchar a las estrellas, y las
estrellas ya no estarían tan lejos de nosotros ni tan solitarias.
A
esta compleja máquina la nombraron Rohkeus Alfa y aunque el momento de la
despedida había llegado, nadie estaba triste, porque seguirían en contacto, los
Séiza Ráita creando historias, y la tripulación del Rohkeus al mando de Daitán
estarían alimentando a Rohkeus Alfa para que siempre estuviera disponible para
cualquier imaginador que quisiera escuchar una buena historia.
Aunque
cada año, cuando el otoño está en su máximo esplendor, el gran navío Rohkeus y
toda su tripulación emprenden de nueva cuenta el gran viaje hacia los Séiza
Ráita para visitarlos y abrazarlos y hacerles saber que sus preciadas historias
están llegando a oídos de imaginadores que quieren soñar e intentar, y crear …
Y
si eres observador y eres imaginador, tú también podrás escuchar a las
estrellas y ver al Rohkeus surcar el cielo, y quien sabe, quizá puedas subir a
bordo y ser parte de su tripulación o quizá descubras que perteneces a las
alturas, allá con los Séiza Ráita, o tal vez eres una nueva clase de imaginador que
llegará más lejos de lo que ha llegado el Rohkeus, quién sabe ...
Hoy todo es
posible, mañana, todo será real.

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