jueves, 15 de julio de 2010

¿SÓLO UN ÁRBOL?


Autor: Elizabeth Segoviano
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14






Para El Mago Tito ... tus lecciones, tu magia, tu vida, continúan en el corazón de quienes te conocimos ... ideo fugit a te omnia obscuritas

Todas las mañanas se le podía ver caminando entre los árboles, sentado a su lado meditando y hasta abrazándolos, obviamente todos pensaban que estaba loquito ¿quién en su sano juicio se la vivía abrazando árboles? ¡y sobre todo tan temprano! Pero eso no era todo, los fines de semana aquel hombre los pasaba plantando más árboles, podando ramitas secas, abonándolos y regándolos, sobre todo cuando hacía mucho calor.
Nadie sabía su nombre, pero siempre tenía un saludo cordial y una sonrisa para todos, y los niños comenzaron a llamarlo Don árbol; cosa que no le molestaba ... y, de hecho, sí tenía cierto parecido con un árbol, su encrespada melena semejaba el tupido follaje de un ficcus en primavera, sus brazos eran tan largos y fuertes como las ramas de un roble, sus pies enormes y firmes eran igual a las raíces de un fresno y era tan alto como un eucalipto ... bueno, quizá no tanto, pero definitivamente era alto, y como siempre usaba una túnica verde con capucha encima de sus desgastados jeans y camiseta verdaderamente parecía un árbol más del bosque.

- ¡Qué tipo tan más chiflado! –decía burlonamente Pecorino, uno de los tantos pequeños que observaba a Don árbol mientras se dirigía a la escuela–
- ¡Pecorino! –le reprendía su madre– ¿en dónde es que has aprendido a ser tan grosero? Ése señor hace algo muy bueno por todos nosotros y debemos estar muy agradecidos con él .
- Pero mami ¿de qué hablas? ¿hay que estar agradecidos con ése orate sólo porque se la pasa abrazando árboles? A mí me parece una pérdida de tiempo ...
- ¡Basta ya! Quizá aprendas algo pasando un tiempo con él.
- ¡Eso si que no! ¡no me vas a obligar a ayudar a ése tipo!
- Pecorino, no juzgues a las personas sin conocerlas, tú no sabes lo que podrías aprender.
Cuando Pecorino llegó a la escuela lo primero que hizo fue quejarse amargamente con Lily, su mejor amiga.
- ¡Ay Lily! –decía el pequeño– no vas a creer lo que mi mamá me va a obligar a hacer!
- ¿Por fin te vas a bañar todos los días?
- ¡Lily esto es serio! ¡voy a tener que pasar el fin de semana ayudando al desquiciado de Don árbol!
- ¿Y eso que tiene de malo?
- ¿¡Lily tú también!?
- Mira mi querido Pecorino, puede que Don árbol sea algo ... peculiar, pero no creo que sea malo ... la gente dice que en realidad es un mago.
- ¿Qué mago va a ser? Si acaso será un payaso.
- Para que veas lo buena amiga que soy ¡yo te acompaño!
- ¿De verdad?
- ¡Claro! Si yo no soy una gallina como tú.

El sábado muy temprano la mamá de Pecorino los llevó al bosque y los chicos caminaron un par de minutos hasta que por fin se toparon con él, quien como de costumbre, estaba bien abrazado a un enorme roble.
- ¿Disculpe ...? –decía tímido Pecorino–
- ¿Si? –respondió curioso Don árbol–
- Buenos ... días ... hmmm ...hmmmm ...
- ¡Buenos días Don árbol! –interrumpió la pequeña– yo me llamo Lily y éste es mi mejor amigo Pecorino y nos ha mandado su mamá a ver en que podíamos ayudarle.
- ¡Ah! ¡qué espléndido, dos ayudantes! Bien, muy bien, hoy hay mucho que hacer.
Mientras Don árbol y Lily se disponían a sujetar los pequeños arbolitos a largas varas para que no se quebraran Pecorino se sentó cómodamente en la suave hierba a jugar con su video juego portátil ... pasó una hora y luego otra y él seguía absorto avanzando nivel tras nivel venciendo a sus enemigos con el ultra hipermegacombo de súper energía púrpura recargada; y cuando finalmente se cansó sacó su teléfono móvil y se puso a escuchar música y mandar mensajitos a sus amigos ... pasó una hora y luego otra ... y cuando finalmente se cansó tomó su mochila y sacó su reluciente computadora portátil con conexión megasónica integrada a la red con banda súper ancha para navegar abajito de la velocidad de la luz ... pasó una hora y luego otra, el sol ya comenzaba a ponerse y todo iba quedando en penumbras; así que Don árbol y Lily hicieron una fogata, montaron sus tiendas de campaña y comenzaron a preparar la cena, el aromático vapor de una sopa de hongos silvestres sacó a Pecorino de lo que parecía ser un profundo trance hipnótico, sus dedos por fin dejaron de teclear y dando un bostezo digno de un oso grizly después de invernar dijo : ¡yom! ¡por fin la cena! ¡me muero de hambre!
- ¡Pecorino eres un cínico! –reprendió Lily– ¡no nos ayudaste en todo el día y encima quieres devorar lo que preparamos con tanto esfuerzo!
- No exageres Lily –decía el pequeño– yo sólo los vi jugando en el lodo
- ¡Claro que no! sembramos docenas de árboles salvamos unos nidos que estaban apunto de caer, Don árbol me enseñó a detectar los árboles que están enfermos y también a contar su edad y ...
- Lily –interrumpió Don árbol– creo que a tu amigo no le importa lo que hacemos ... ¿verdad Pecorino?
- No se ofenda Don ... oiga ¿usted no tiene un nombre normal?
- ¿Normal? ... ¿como Pecorino? Prefiero llamarme árbol, pero sí tengo uno, mi nombre es Tito, mago Tito a tu servicio.
- ¡Entonces es cierto que usted es mago! –gritó entusiasmada Lily–
- Si, pero yo no saco conejitos de sombreros ni nada de eso, mi magia consiste en escuchar a la Tierra y ayudarla ...
- Yo no entiendo Don mago –decía el niño mientras devoraba un plato de sopa– los árboles no sienten, sólo son cosas que están ahí inmóviles, son inútiles, yo no perdería el tiempo con este montón de palos ...
Con un dejo de tristeza el mago se incorporó, recogió los trastos, echó más varitas a la fogata, y sirviéndose una taza de humeante café dijo: ya es tarde Pecorino ve a dormir, mañana temprano te llevaré a tu casa ... y dulces sueños Lily, mi dulce asistente ... eres tan encantadora como un hermoso elfo. Entonces la niña corrió a darle un abrazo al mago y se fue a dormir soñando con las historias que le había dicho sobre los guardianes que vigilaban los bosques y las hadas que habitaban en los capullos de flores .

Unos minutos después de la media noche el mago entró a la tienda de Pecorino, puso sus manos sobre su frente y pecho y susurró lo siguiente : “¡por agua tierra aire y fuego que entre en este pequeño el aliento del bosque, de cabeza a pies y de pies a cabeza que sienta y viva como una corteza!” y habiendo dicho eso se fue a dormir tranquilamente.
Algunas horas después Pecorino comenzó a sentir mucho frío e intentó incorporarse para buscar su abrigo, pero por más que quiso no pudo, entonces, asustado, abrió los ojos y se dio cuenta de que ya no estaba dentro de la casa de campaña sino afuera, podía ver a Lily dormir como un lirón y al mago roncando cerca de la fogata, y quiso hablar, pero el único sonido que pudo emitir fue un crujir grave, igual al que hacían las ramas del bosque, entonces con mucho cuidado se miró y aterrado notó que su cuerpecito de niño había cambiado, ahora era un enorme tronco de roble con las raíces tan profundas que podía sentir como las rozaban las aguas de un antiguo río oculto, y sintió un cosquilleo que lo hacía estremecerse un poquito, era una familia de pajaritos, cuyos polluelos aleteaban con todas sus fuerzas para aprender a volar, y por primera vez en mucho tiempo Pecorino contempló un amanecer, vio el cielo teñirse de rosa, naranja y amarillo y pudo sentir como los rayos del sol rozaban sus hojas más altas, se sentía bien aquel calor que era como el abrazo de un viejo amigo, era un saludo que le daba la bienvenida a otro día.
Y Pecorino escuchó entonces la voz del viento que les contaba historias de sus viajes a las flores que al escucharlo abrían sus pétalos para sonreírle; el pequeño estaba sorprendido, nada en aquel bosque estaba inanimado, todo tenía vida y voz, todo era hermoso y tranquilo ... pero de repente se escuchó un sonido aturdidor, eran grandes camiones de carga y hombres con gigantescas herramientas, y uno de ellos se le acercó a Pecorino y con una lata de pintura le marcó un horrible tache encima y dijo que aquella tarde lo derribarían ... derribarían todo para convertir aquel lugar en un moderno estacionamiento. Entonces Pecorino quiso gritar, decir que estaba vivo, que le dolía lo que aquellos hombres hacían, que sentía miedo y odiaba que le arrancaran las ramas, quería defenderse .. quiso llorar y gritar, pero nadie lo escuchaba.
- ¡No me corten!-gritaba Pecorino- ¡estoy vivo! ¡soy un árbol pero siento! ¡no me corten! ¡no hago ningún daño! ¡no me corten! ¡yo no quiero! ...
- ¡Pecorino despierta! –gritó Lily– tienes una pesadilla.
- ¡No me corten! ... ¿era un sueño? ¡estaba soñando! – entonces el niño salió corriendo a abrazar al primer árbol que se encontró, lo abrazó con todas sus fuerzas prometiendo que los iba a cuidar–
- Pecorino –dijo el mago– ¿qué se siente ser sólo un árbol?
- ¿Fue usted quién me hizo soñar eso? ¡de verdad es un mago!
- Tenías que entender mi pequeño amigo, que los árboles también son seres vivos, que sienten y que nos dan mucho a cambio de muy poco, nos ofrecen sus frutos, limpian nuestro aire, nos comparten de su agua nos dan sombra y siempre están dispuestos a escucharnos, tenías que entender que tenemos que cuidar a aquellos que no se pueden defender y hablar por aquellos que no tienen voz.
- Siento mucho haber sido tan grosero con usted Don mago, digo Don árbol, digo mago Tito.
- Don árbol está bien Pecorino.
- Le prometo que vendré ayudarle cada vez que pueda.
- ¡Y yo! –decía Lily–
- ¡Pues esto hay que celebrarlo!
Desde ése día se puede ver a mucha más gente en los parques y bosques abrazando los árboles ... porque ¿a quién no le gusta recibir el abrazo de un buen amigo?

jueves, 8 de julio de 2010

EL CIRRO QUE SÓLO SABÍA VOLAR



EL CIRRO QUE SÓLO SABÍA VOLAR
Autor : Elizabeth Segoviano

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14
para Jesús Buoh Garcia, (ILUSTRADOR)gracias por compartir tu talento


Allá en lo alto, pero bien alto; en el techo del mundo, se encontraba el viento hilando grandes cantidades de nubes, las había de todas formas y tamaños y cada una estaba destinada a hacer una tarea en específico, la niebla debía sobrevolar a ras del suelo para humedecer ligeramente las plantas, los cúmulos, que son nubes más esponjosas y blancas viajaban por todo el mundo, acompañando a los aviones, adornando las cimas de las montañas, luego seguían los cúmulonimbos, que eran muy vanidosas porque podían crear rayos y truenos que cimbraban la tierra y también proveían de lluvia el mundo entero manteniendo así la vida .
Sin embargo, el viento ya llevaba tantas horas sentado hila que hila que comenzó a quedarse dormido y así nació un trocito; bueno ,mejor dicho un jirón de nube que al despertar notó que no era como todas las demás nubes, ella no podía humedecer las plantas y era tan pero tan ligerita que comenzaba a volar alto y más alto que cualquier cima de montaña.
Con cuidado se acercó a sus hermanas nubes y les preguntó :
- ¿Y yo qué soy?-pero su vocecita era igual de suave que ella y nadie le hacía caso, así que abrazándose a sus hermanas cúmulonimbos gritó con todas sus fuerzas una vez más ¿¡Y yo qué soy!?
- Tú-respondió hechando rayos y truenos una de ellas-¡eres nada! Ni a nube llegas.
- ¡Pero yo tengo que ser una nube!-gritó angustiada la nubecita- a mí también me ha hecho nuestro padre el viento, debo ser una nube.
- Si eres una nube, entonces deberías poder hacer nevar, o llover, sacar relámpagos o ya de perdida debías poder dar siquiera un poco de sombra, dime ¿puedes hacer algo de eso?
La nubecita se concentró con todas sus fuerzas deseando poder llover, mas al escuchar la estrepitosa risa de sus hermanas abrió los ojos y se dio cuenta de que en vez de llover lo único que había logrado era flotar tan pero tan alto que por poco y se sale del planeta.
-¿lo ves?-gruñeron sus hermanas-no eres más que un remedo de nube- y mientras se alejaban con sus burlas la nubecita se quedó en el techo del mundo solita, desconsolada y triste- .
Entonces el viento que acababa de despertar le preguntó :¿Porqué estás triste hijita?
- Porque no soy nada .
- ¿Cómo que no eres nada? ¿quién ha dicho semejante tontería?
- Mis hermanas nubes .
- ¡Ah! Pero ellas se equivocan, tú eres una nueva clase de nube
- ¿De verdad?
- ¡Pero claro!
- ¿Y cómo me llamo?
- Tú te llamas Cirro .
- ¿Cirro? Suena bonito ... y... ¿qué hace un Cirro?
- Un Cirro ... –decía el viento acariciando suavemente a la nubecita- ¡un Cirro como tú puede hacer cualquier cosa!
- ¿Cualquier cosa?- pensaba el Cirro- pero ¡yo quise llover y no pude!
- ¿Llover?-preguntó incrédulo el viento- llover es bueno, pero es algo ordinario ¿no crees? Casi todas las nubes llueven ¿es eso lo que realmente quieres?
- Entonces, si no lluevo ¿qué hago?
- ¡LO QUE TÚ QUIERAS!
- ¿Y eso cómo se hace?
- ¡Ah! ¡pues muy sencillo! ¡Busca!
- ¿Buscar qué?
- ¡Ah!-suspiraba tiernamente el viento- ¡Mi Cirro bonito! Busca un no sé qué que qué se yo que te haga feliz.
- ¿Un cómo de qué?
- ¡Vuela mi pequeño Cirro! ¡Vuela, busca, descubre!
- ¿Y si no sé cómo? ¿Y si no lo encuentro?
- ¡Lo harás! ¡vuela Cirro, vuela! ¡Que volando se llega a donde el destino espera!
Entonces, el viento con un gran beso impulsó a nuestro Cirro y así, aquel día comenzó su viaje .
- Uy sí-decía remilgosamente el Cirro- qué fácil, busca un no se qué que no se de a como ¿ y eso cómo se hace? ¿con qué se come? ¿cómo se ve un no se qué? ¡Ay sí vuela, busca! ... ¿buscar qué? ¡bah! ¡Yo creo que todo esto no es más que una chacota!
- ¿Qué es chacota?-decía un ave que escuchaba muy atentamente el monólogo del Cirro-
- ¿Y tú qué eres? -preguntó sorprendido el Cirro-
- Yo soy una gaviota ¿tú eres una nube?
- Sí .
- No eres como las demás nubes .
- Lo sé .
- ¡Eres muy bonita!
- ¿Bonita?
- ¡Claro! Las otras nubes son inmensas y no me dejan ver a donde voy, además a veces, cuando vuelo muy cerca de ellas mis plumas les hacen cosquillas y se ríen tan pero tan fuerte que empiezan a lloverme encima y hasta rayos dejan caer ¡eso me asusta! En cambio tú como eres chiquita no me estorbas ni me asustas ¿qué clase de nube eres?
- Soy un Cirro .
- ¡Oh! Pues mucho gusto Cirro ... ¿qué es chacota?
- ¿Chacota?
- Lo decías hace un momento.
- ¡Ah! Chacota es ... una burla
- ¿Burla de qué?
- Una burla buscar .
- ¿Buscar qué?
- ¡Pues no sé! ¡Ése es el problema!
- ¡Újule Julita! Pues eso si está bien extraño, yo también busco ¿sabes?
- ¿Y qué buscas?
- ¡El mar! ¿quieres venir? A lo mejor allí encuentras lo que buscas.
- ¡Bueno!
Volando por aquí y por allá dando vueltas a diestra y siniestra por fin el Cirro y la gaviota divisaron vasta cantidad de azul y cristalina agua, la brisa era salada, el sol brillaba en todo su esplendor y plateada arena se extendía como suave alfombra dándoles la bienvenida.
- ¡Es hermoso!-exclamaba el Cirro-
- ¡Sí!-respondía la gaviota- ahora no queda más que divertirnos, seguir los barcos, pescar, volar a la punta de los riscos, descansar en la playa, nadar ¡buscar aventuras!
Entonces algo fuera de lo común sucedió, el Cirro notó que su amiga gaviota estaba más que feliz, un brillo en sus negros ojitos hacía que todo resplandeciera aún más, respiraba más hondo y más rápido, su sonrisa se agigantaba con cada segundo; fue así que el Cirro comprendió lo que era un “no sé qué que qué sé yo” y también notó que aquello de las aventuras en altamar no era lo suyo, así que le dio un tierno abrazo a su amiga gaviota y se despidió no sin antes agradecerle por mostrarle lo que debía buscar, a lo que la gaviota respondió : “¡vuela Cirro, vuela que sólo volando se llega a donde el destino espera!”.
Y así, volvió a emprender su viaje el Cirro, ésta vez observando con más cautela el mundo que le rodeaba, no fuera a ser que por andar en las nubes su “no sé qué que qué se yo” le pasara de largo .
Sin embargo el concentrarse en tan exhaustiva misión le era sumamente difícil al pequeño Cirro, porque por alguna razón que desconocía, de repente sus ojitos se le cerraban y comenzaba a imaginar toda clase de aventuras y fantasías en las que, por supuesto, era el principal protagonista, y a veces ni siquiera necesitaba cerrar los ojos, pues en segundos ya se encontraba viajando por sus tierras de ensueño, fue así, en una de sus tantas “escapadas” que se sumergió de lleno en su mundo y descuidando el rumbo que llevaba se dejó ir alto y cada vez más alto, hasta que traspasó la atmósfera, la estratósfera y todas las tósferas que se topó en el camino, y siguió flota que flota a la deriva, hasta que repentinamente sintió que se atoraba con algo y abrió los ojitos de par en par y al hacerlo notó que se había enganchado en una estrella .
- ¿Acaso tú eres una nube?-preguntó extrañada la estrella-
- S... s... s... sí s... s... soy ...
- ¿No se te estará escapando el aire? ¿o sí?
- N... n... n... no es... que es... estoy as... asus... asustada.
- No temas, yo te guiaré de regreso a casa, pero, dime, a todo esto ¿qué andas haciendo por estos lares? Las nubes no deben andar por acá.
- Estaba buscando mi “no sé qué que qué sé yo” .
- ¡Ah! ¡eso es sumamente importante!
- ¡¿Cómo?! ¡¿tú sabes del “no sé qué que qué se yo”?!
- ¡Pero claro! En especial siendo estrella, debemos estar bien seguras de nuestro no sé qué que qué sé yo, porque si no lo tuviéramos no podríamos hacer nuestro trabajo ... de hecho, pequeño Cirro ,porque ¿eres un cirro verdad?
- ¿Cómo lo sabes?
- Se te nota, tienes carita de Cirro, te decía, que nadie absolutamente nadie debe ir por la vida sin su “no sé qué que qué sé yo”, es ése algo que nos impulsa a recorrer nuevos caminos ,a vencer miedos; es como un motorcito que nos hace despertar felices todas las mañanas, es una chispa que nos mantiene tibios ¡es el motivo por el cual uno piensa que la vida es hermosa!
- ¡WOW!-Gritaba emocionado el Cirro- ¿Y CÓMO LO ENCUENTRO? ¡DIME, DIME, DIME!
- ¡Ah! pequeño Cirro-decía cándidamente la estrella- ¡volando Cirro! ¡que volando...
- ¡Se llega a donde el destino espera!-interrumpió impaciente el Cirro- Sí ya sé, todos me dicen eso ,pero ¡mira! ¡mira ya todo lo que he volado! Y no he encontrado nada ... creo que yo no tengo el “no sé qué que sé yo” ...
- Claro que lo tienes ,pero debes ser paciente, anda, quita ésa carita triste ¡y recuerda mantener la mirada siempre bien alta, hacia el horizonte, hacia arriba, al infinito! Ven, te llevaré de regreso a casa ¡sujétate bien porque iremos a toda máquina!
Al principio el Cirro estaba algo asustado, así que se abrazó con todas sus fuerzas a la estrella y cerró los ojos, pero de a poquito el miedo desapareció y se decidió a ver lo que ocurría, entonces notó que sobrevolaban hermosos bosques, altas montañas, y océanos y todas las criaturas que allí habitaban parecían tener su “no sé qué que sé yo”, porque vivían felices gozando de los paisajes, el viento, la lluvia y de estar con sus familias .
Sin embargo cuando sobrevolaron por grandes ciudades el Cirrro notó que la mayoría de las personas estaban tristes, enojadas, siempre con la mirada fija en el piso y nunca sonreían.
- ¿Estrella?-interrogó preocupado el Cirro- ¿porqué los humanos no están felices como los animalitos? Ellos también son libres para correr por donde quieran, ellos también pueden ver hermosos paisajes y crear cosas espectaculares ... ¿porqué no tienen su “no sé qué que qué sé yo”?
- ¡Ah mi pequeño Cirro! Los humanos son muy especiales, ellos necesitan inspiración, necesitan que su imaginación sea alimentada todo el tiempo, y eso no es cosa fácil, a veces nosotras las estrellas bajamos cerquita de ellos para darles polvos estelares, y brillo a sus miradas, pero están tan encerrados en sus mundos grises que ni siquiera nos ven.
Fue en ése instante en que nuestro Cirro sintió aquella chispa de la que le había hablado la estrella, ése calorcito que le hacía sentir más vivo que nunca y cerró los ojos y se concentró fuerte y más fuerte hasta que comenzó a llover sobre la ciudad, sólo que su lluvia no era la lluvia común y corriente que conocemos ¡no! ¡El Cirro llovía sueños! Chiquitos ,grandes, bonitos brillantes de todas formas y colores y caían suavemente sobre las ciudades empapando a todos de un “no sé qué que qué se yo” que comenzó a iluminar a todo mundo haciendo no sólo que la vida fuera más hermosa, sino que gracias a su lluvia la gente se animaba a esforzarse mucho para ver ésos sueños hechos realidad.
Y desde lo alto, pero bien alto, en el techo del mundo, se escuchaba decir al Cirro “¡VUELEN, VUELEN QUE SOLO VOLANDO SE LLEGA A DONDE EL DESTINO ESPERA!”.