viernes, 3 de junio de 2016

ALEBRIJE

con cariño para Kiki
Se que no soy un ave … no realmente.
Sin embargo poseo alas, están hechas de cuentos y poemas, emplumadas con sueños que no son de este planeta.
Se que no soy una estrella … no realmente.
Pero cada partícula de mi ser proviene de las estrellas, todo en mí tiene el poder de crear luces y centellas donde no las hay.
Se que no soy un antiguo mago … no realmente.
Aunque la magia corre por mis venas, mis manos y mis palabras tienen todo el poder de esta tierra.
Se que no soy un dragón … no realmente.
Aún así mi corazón es imbatible, mi alma blindada como si tuviera míticas escamas para enfrentar cualquier destino.
Se que no soy un ave fénix … no realmente.
Pero poseo el poder de reinventarme cada día si eso necesito, como fénix renacer y emprender el vuelo por horizontes nuevos.
No soy ave ni estrella, no soy mago, ni dragón o fénix … realmente soy más.
Soy un ser mágico, casi mítico hecho de sueños, forjado al calor de las estrellas … ni ángel, ni súper héroe o caballero juramentado, simplemente un poquito de muchas cosas … un alebrije viviendo entre la tierra y las estrellas.

Autor: Elizabeth Segoviano copyright© 2016 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

martes, 24 de mayo de 2016

OTOÑO



Es otoño … todos se ponen de mal humor, hay que comprar abrigos y bufandas nuevas, impermeabilizar las azoteas, cuidarse de las gripes, cerrar ventanas, ya no poner a secar la ropa en el tendedero porque el ventarrón de otoño es un ladrón que jala parejo, igual se lleva las sábanas de lino que los calzones de algodón, los calcetines con agujeros  y hasta la cobijita del perro.
Todos andan con sus tazas de café de cafetería súper cara, esa de moda, donde te cobran un ojito de la cara por una taza de agua caliente con endulzante químico que primero era insecticida pero que vendido en sobrecitos bonitos dicen que no engorda.
Todos andan con sus abrigos negros y sus caras de ogros serios … todo porque ya es otoño.
Y yo  no entiendo por que andan todos molestos, me salgo al patio enredado en una bufanda de colores, suavecita, algo chueca, la que tejí con mi abuelita, y agarro bien mi jarrito de champurrado y me siento bajo el árbol a que me acaricien las hojitas de colores que regala el otoño, son como pajaritos recién nacidos aprendiendo a volar, son mariposas salidas de quien sabe donde, y quien sabe a donde van.
Se me pone roja la nariz como si le diera pena recibir besitos esquimales del viento travieso que ya me empuja y ya me jala, como si bailáramos un tango …
Yo no entiendo a los grandes, no quiero vestirme de negro y poner cara de ogro serio, ni beber menjurjes caros, o cerrarle en la cara la puerta al otoño.
Yo quiero que me salgan alas de colores y hacerme uno con el viento, arrancar la ropa de los tendederos, convertir el follaje en pajaritos y mariposas … irnos a quien sabe donde … donde no nos pongan caras y haya cielos abiertos sin  aviones ruidosos ni horribles rascacielos.
Autor: Elizabeth Segoviano ©copyright 2016 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


sábado, 14 de mayo de 2016

LA GRAN IDEA


Autor: Elizabeth Segoviano
© Copyright TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14 

   A la sombra de un joven limonero se encontraba ejercitándose vigorosamente una lagartija, mientras un gran número de caracoles, grillos, catarinas y otros insectos discutían acaloradamente.
-          Yo digo que nos vayamos –decía un caracolito–
-          ¡Ay sí que buena idea! –replicó molesto un grillo– al paso que caminas tendrías suerte si llegas a la puerta antes de que acabe este siglo, y en el remoto caso de que lo lograras, te aplastarían al cruzar las calles ¿a poco crees que los humanos van a tenerte consideración y cederte el paso?
-          ¡Óyeme! ¿qué te pasa? –se quejó el caracol– tampoco es para que me grites y me insultes, al menos yo doy ideas, ¿tú qué? ¡nada más sales con problemas!
-          ¡Ay ya cállense! –gritó harta una catarina– el caso es que no podemos irnos porque no hay otro jardín en kilómetros a la redonda, ni siquiera un arbolito en el que podamos quedarnos ¡esto es todo lo que tenemos! Así que hay que encontrar una solu ...
-          ¡Cállate tú! –interrumpió iracundo el grillo– a mí nadie me dice que hacer!

    En aquel momento todos los insectos comenzaron a gritar, hecho que llamó la atención de la lagartija, así que se acercó diciendo : ¡bueno, bueno, ya está bien de tanto grito! ¿a qué se debe tanto relajo?
-          ¿Acaso no te has enterado? –dijeron sorprendidos todos–
-          ¡Obviamente no! –exclamó sarcástica la lagartija– así que déjense de rollos y vayan al grano maestros.
-          Lo que sucede –explicaba la catarina– es que los dueños de ésta casa se van a mudar, y el jardín se secará en pocas semanas porque ya nadie lo va a cuidar, y si todo se seca ya no va a haber comida, ni agua ... nos vamos a ... a ... ¡a morir!

    Entonces todos comenzaron a llorar desconsoladamente, incluso las plantas estaban bien tristes porque la primavera ya había comenzado y el calor era verdaderamente ardiente, y sin nadie que cuidara de ellas se secarían sin remedio.
-          ¡Uy uy uy! No se me agüiten maestros –decía la lagartija– porque me van a hacer llorar a mí también, miren, por lo pronto podemos cavar hoyos para ocultarnos ahí cuando haga mucho calor, y si las lombrices nos ayudan a hacer túneles para llegar a las raíces de las plantas, podremos morderlas y sacar algo de agua.
-          ¡Eso no nos parece en lo absoluto! –protestaron las plantas–
-          ¡Oh si todavía no acabo maestras! Es sólo en caso de emergencia; fíjense que conozco a un ratón que es bien cuate y nos puede ayudar a conseguir basura  de ésa que no se deshace con nada, y con ésa cosa podemos juntar el rocío que cae al amanecer.
-          ¡Nos parece bien! –exclamaron todos– y ¡dicho y hecho! Inmediatamente las lombrices y cochinillas comenzaron a excavar, y el ratón les llevó trocitos de plástico que las arañas acomodaron a manera de red para captar agua, al cabo de unas horas el trabajo estaba terminado y al día siguiente todos pudieron instalarse cómodamente en los agujeros para no acalorarse; pero los días fueron pasando y con ellos la intensidad del calor iba en aumento. Las plantitas poco a poco comenzaban a verse amarillentas y acartonadas, además, para colmo de males, las trampas para el rocío no funcionaban como lo habían esperado, todos tenían mucha sed, calor y estaban de muy mal humor; así que la catarina llamó a todos a una reunión urgente.
-          Ya que todos vivimos aquí, debemos decidir qué vamos a hacer, ya no podemos quedarnos, pronto todo estará bien seco ¡si tan sólo lloviera! ...
-          ¡Podríamos hacer una danza de la lluvia! –dijo entusiasmado el caracolito–
-          ¡Ay como crees! –gritaron al unísono todos los insectos– ¡como eres tonto! ¡mejor cállate!

    Así el caracol bajó sus antenas y comenzó a meterse en su caparazón, desde el cual sólo se dejaban oir unos sollozos.
-          ¡Oigan! –gritó la lagartija– ¡qué mala onda son maestros, me cae! El caracol sólo quería ayudar, no tenían porqué ser tan groseros, además él por lo menos aporta más ideas que todos ustedes, deberían ofrecerle disculpas.
Todos se miraron unos a otros avergonzados y rodearon el caparazón del caracol dándole disculpas.
La lagartija también se acercó a preguntarle qué necesitaban y cómo hacer la danza de la que hablaba. El caracol sacó bien despacio su cabeza y mirando tímidamente a su alrededor dijo : bueno, el otro día estaba paseando allá, cerca de la ventana, y los dueños de la casa veían la tele, en ella había unas personas con plumas en la cabeza tocando tambores mientras los demás saltaban, bailaban y gritaban; al cabo de un rato el cielo se llenaba de nubes y comenzaba a llover.
-          ¿Plumas y tambores eh? –decía pensativa la lagartija– ¡pues me parece una gran idea! Mira caracol, tú encárgate de enseñarle a todos como bailar y cantar, yo voy a ir con el ratón a conseguir lo que nos falta.
-          ¡Está bien!-gritaba el caracol muy contento-
-          Bueno pues –decía a regañadientes el grillo– ¿cómo tenemos que hacerle?
-          Primero hay que ponernos todos en círculo, y luego se comienza a marchar en sus lugares, después se levantan las patitas como si fueran a brincar y luego ...
-          A ver, a ver –dijo el grillo– no te entiendo ¿brinco o no?
-          ¡No! –decía impaciente el caracol– ¡sólo mueve las patitas!
-          ¡Pues enséñame cómo! –gritaba frustrado el grillo–
-          ¡¡¡Pues es que yo no tengo patitas!!!
-          ¡Cálmense, cálmense!-interrumpió la catarina-

Luego de un rato por fin todos se pusieron de acuerdo en los pasos y comenzaron a ensayar; cuando el ratón y la lagartija se acercaban al jardín escucharon ruidos extraños, como quejidos o algo parecido; el ratón miró a su amigo y le dijo : ¡creo que llegamos demasiado tarde! ¡ya se están muriendo!
-          ¡Ay no! ¡córrele, tal vez todavía podamos salvar a uno o dos! –cuando ambos amigos llegaron, no tuvieron más remedio que carcajearse, porque aquellos lastimeros gimoteos y gritos no eran otra cosa que la canción para la dichosa danza–.
-          ¡Ja ja ja ja! –se escuchaba–
-          ¡Oigan! –se quejó el caracol– no se rían, esto es serio!
-          ¡Ay amigo no te enojes! –decía la lagartija– no es nuestra intención burlarnos pero es que se ven ... bien ...¡CHISPA! ¡ja ja ja! ... ... hmmm ... pero aquí traemos lo que nos hacía falta.

Todos los bichitos, la lagartija y el ratón se pusieron en la cabeza sus penachos y con corcholatas y varitas hicieron sus tambores, incluso se pintaron los rostros a modo de parecer apaches; por fin la tan esperada hora llegó, todos se reunieron en círculo y comenzaron a sonar los tamborazos  y a cantar : “bum bum ... wuuu aaaah heya hey hey hey”... se escuchaba. Al cabo de unos minutos el caracol gritó : ¡Una nube, una nube!
-          ¿¡Dónde!? –gritaron los demás–
-          ¡Allá, allá! –gritaba con todas sus fuerzas el caracol–

    Muy arriba, en lo alto del cielo, rondaba curiosa una pequeña nube que lentamente se acercaba, así que siguieron bailando y cantando cada vez más fuerte, y con cada segundo la nube se hacía más grande, y –de repente– se dejaron escuchar unos estruendosos relámpagos que no eran otra cosa que las carcajadas de la nube que reía y reía al ver el gracioso espectáculo que ofrecían en aquel jardín, la nube continuó riendo hasta que comenzó a llorar de alegría, regalándoles así la lluvia que tanto necesitaban, y desde ése día, largas filas de nubes ansiosas por reír se amontonan cerca del jardín de la lagartija y sus amigos para verlos bailar.    



lunes, 25 de abril de 2016

BORREGUITO COMELÓN


                   Para tres borreguitas que inspiraron esta historia


Cuando el viento está aburrido se pone a hacer travesuras, tira la ropa de los tendederos, hace un lío las cabelleras, enreda bufandas, nos mete basuritas en los ojos, e insectos viscosos en la boca, tumba sombreros, persigue a los pajaritos pegándoles sustos como si fuera un fantasma, levanta polvaredas, arranca hojarasca, … ¡y a veces hasta levanta las faldas de las señoritas! Es todo un pillo el viento cuando está aburrido, pero a veces hace cosas bonitas, cosas que no molestan a nadie, a veces toma las nubes y se pone a dibujar fantásticas criaturas.
Pues así, algo aburrido estaba el viento cuando se puso a dibujar con un montoncito de cirros bien blancos y tiernos, un borreguito suave, pachoncito, rechonchito y simpaticón.
Lo que el viento no había notado, era que su gran amigo el mago del otoño, que al igual que él era un gran bromista, andaba rondando, espiando, chismoseando, escurriéndose por allá y acullá, y con un simple toque de su mágico pincel, le dio vida al borreguito pachoncito, rechonchito y simpaticón.
Cuando el borreguito despertó se sentía muy curioso y juguetón y se puso a darle topetones a las nubes y a balarle a las aves, le lanzaba mordisquitos al viento y también al mago del otoño que estaba partiéndose de la risa al ver que el borreguito pachoncito, rechonchito y simpaticón era aún más tremendo que el mismísimo viento.
Pero luego de varias horas de jugar, mordisquear, balar, topetear y corretear, el borreguito notó que en su barriguita había un gran hueco del cual salían gruñidos … ¡el borreguito tenía mucha hambre!  Y como un borreguito hecho de nubes no podía comer hierba, se puso a comer niebla, hasta que apareció la luna, entonces el borreguito se encaramó en la luna y se puso a darle tremendas lengüeteadas, como si fuera una paleta, y como le gustó el sabor fresco de la luna pensó el borreguito que las estrellas serían igual de sabrosas y se puso a engullir una estrella tras otra, hasta que empezaron a desaparecer lentamente las constelaciones.
Y el borreguito pachoncito, rechonchito y simpaticón ya estaba relamiéndose, viendo el festín que le esperaba cuando saboreara la vía láctea.
El mago del otoño y el viento, que habían observado estupefactos todo lo que había hecho su traviesa creación, se asustaron, se helaron, se alarmaron y se preocuparon.
Los dos amigos bromistas sabían que tenían que detener al borrego comelón así  que construyeron un corralito para que el animalito ya no siguiera engullendo estrellas y acto seguido tejieron una red de hojarasca de colores y ráfagas heladas.
Pues así se pasaron un buen rato el viento y el mago del otoño correteando al borreguito pachoncito, rechonchito y ya no tan simpaticón que a pesar de haber comido mucho era muy veloz.
Sin embargo tanto alboroto y rebambaramba había llamado la atención de Papá Dios, quien sin problema, ni dramas, ni teatros ni tonteras tomó en sus manos al borreguito comelón acariciándolo tiernamente y acunándolo en sus brazos como quien acuna un bebé, solo que el borreguito pachoncito, rechonchito y simpaticón no dejaba de rechupetear los dedos de Papá Dios, así que Dios se puso a rascarle la barriguita y el borreguito de a poquito se fue quedando tranquilito y se puso a roncar como un cerdito.
Con cada ronquidito salía de su hocico una estrella, así que al cabo de unos minutos las estrellas engullidas regresaron al firmamento sin rasguño alguno porque un borreguito hecho de nubes no podía destruir una estrella.
Sin embargo, como el borreguito de nubes si era muy lindo muy pachoncito, muy rechonchito y muy simpaticón, papá Dios decidió conservarlo para que corriera libre por entre las nubes, de hecho le gustó tanto que hizo más borreguitos que podemos ver allá en lo más alto del cielo cuando el mago del otoño se acerca con su amigo viento que viene frío, llegan los dos pastoreando los borreguitos pachoncitos, rechonchitos y simpaticones que adornan el cielo y hacen reír a papá Dios cuando los ve corriendo y dando topetones al viento y al mago del otoño.

Autor: Elizabeth Segoviano ©copyright 2016 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

viernes, 1 de abril de 2016

MARBLE QUIERE VOLAR

MARBLE QUIERE VOLAR
Autor: Elizabeth Segoviano TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS 

La pequeña Marble era una ratoncita muy inquieta por naturaleza, siempre metiendo sus bigotitos por aquí, por allá, por acullá y también más allá. Hacía preguntas todo el tiempo y ni todos los libros, ni el sabio búho, ni sus papás podían saciar su inmensa curiosidad, por lo que muchas pero muchas noches, Marble se la pasaba mirando pensativa la luna y las estrellas preguntándose que habría allá arriba, si acaso existían los extraterrestres, si las estrellas podrían hablar, qué había al otro lado de la luna, cómo se sentirían las nubes, si de verdad eran esponjosas, porqué el cielo era azul, porqué los atardeceres eran de tantos colores, como se vería una nube de tormenta cara a cara, en dónde nacían los relámpagos o si el viento se convertía en hielo por encima de las montañas, pero sobre todo Marble se preguntaba si algún día ella podría surcar el cielo como lo hacían las aves.

Así que Marble, cansada de sólo imaginarse las cosas, le pidió a su amigo el sabio búho que la llevara en sus espaldas a recorrer el inmenso cielo azul, y su amigo, al ver esa carita de ratoncita tan tierna, con su mirada brillante y bigotes graciosos, no pudo negarse, así que se inclinó y dejó subir a sus espaldas a la pequeña, y así comenzaron el vuelo, pero el viento era tan recio que Marble apenas podía sostenerse, sus bracitos no aguantaban más y  ... ¡¡¡puff!!! ... ¡se soltó y comenzó a caer cada vez más rápido como si fuera una roca! Cuando su amigo el búho se dio cuenta de lo que pasaba se apresuró a recogerla, pero Marble ya había sido interceptada por un imponente y hermoso cóndor que por casualidad paseaba por ahí, tomó con suavidad a la ratoncita con sus garras y la bajó con delicadeza sobre el césped.
-           ¿Acaso se te ha caído la cena amigo búho? –preguntaba el cóndor–
-           No es mi cena, es mi amiga.
-           ¿Tu amiga? ... bueno ... he visto cosas más raras. ¿estás bien ratona?
-           S ... s... si ... –decía nerviosa Marble– gracias por salvarme.
-           Deberían tener más cuidado ... y dime, a todo esto ¿qué hacías sobre la espalda del búho?
-           Pues ... verá, yo quería saber que se siente volar.
-           Jojojo –se reía altivo el cóndor– los ratones no pueden volar ... y creo que ya lo habrás notado... comer, roer, cavar agujeros ¡eso es lo que los ratones deben hacer! Mira chiquita, sólo las criaturas que tienen alas pueden volar, y tú no tienes ... ¡comer, roer, cavar agujeros eso es lo que los ratones pueden hacer! –repetía el cóndor mientras emprendía el vuelo–.
-           No te preocupes Marble –explicaba el búho– podemos hacer otro intento ... tal vez si te aseguro a mi espalda para que no te caigas.
-           Mañana ... quizá mañana ... –decía nuestra amiguita pensativa y cabizbaja–.

Así llegó Marble a casa, con las palabras del cóndor resonando en su cabeza y se sentó a tomar la cena sumamente callada, pero al fin rompió el silencio preguntando si los ratones solamente podían comer, roer y cavar hoyos, a lo que su mamá ratona respondió acariciando sus bigotitos y diciendo : mi pequeña ratita “ tú serás cualquier cosa que desees si tan sólo lo crees”.
Esa noche Marble se fue a la cama pensando en lo dicho por su mami, y comenzó a soñar, soñaba que se elevaba del piso y podía ver su hogar desde las blancas nubes.
A la mañana siguiente, nuestra ratona se puso a construir un globo que pudiera levantarla, comenzó a juntar paja para tejer una canastilla y recoger cuerdas para sujetarla; mientras ella hacía su trabajo pasaron todo tipo de animales preguntándole porqué hacía todo ese esfuerzo; el topo dijo que era en vano, un ratón no pertenecía a las alturas; la gallina se rió y dijo que aquello era imposible, que nunca se había visto un ratón volar porque no era normal; un perro que pasaba le dijo que antes que ver un ratón volar el iba a maullar; luego vino una paloma que rió hasta que le dolió la barriga y se puso a revolotear alrededor de Marble para molestarla, pero la ratoncita no se enojaba, a todos les respondía lo mismo: “yo puedo ser cualquier cosa que desee, si tan solo lo creo”, y siguió trabajando.
Cuando por fin estuvo listo el globo, su amigo búho lo llevó a la cima de una colina para hacerlo despegar, sin embargo, apenas y se levantaba ligeramente del piso, se mecía demasiado y el globo comenzó a desinflarse, todos los animales rieron y se fueron, sin embargo Marble no estaba triste, su experimento no había funcionado, pero no significaba que no pudiera volar, así que se quedó en la colina, sacó su cuaderno de dibujo y se puso a planear algo más.
Al cabo de una semana ya todo mundo estaba acostumbrado a reunirse en la colina para burlarse de los intentos de Marble de volar, pues todos sus experimentos fallaban, pero eso a nuestra amiga no le importaba, porque sabía que en muchas ocasiones para llegar a una respuesta correcta debía haber muchas respuestas equivocadas, y seguía repitiendo en su mente “puedo ser cualquier cosa que desee si tan sólo lo creo”.
Pero al pasar los días Marble comenzó a desanimarse y una tarde se quedó en su colina pensando que tal vez el cóndor tenía razón y sólo aquellos que habían nacido con alas podían volar. El atardecer comenzaba a teñir el cielo lentamente cuando la ratoncita vio acercarse a su mamá ratona y al búho con una caja enorme adornada con un vistoso moño rosado.
Nunca olvides mi pequeña –decía la mamá– que puedes ser cualquier cosa que desees si tan sólo lo crees, abre tu regalo.
Dentro de la caja Marble encontró un hermoso gorro con lentes de aviador y para completar su bonito conjunto una bufanda de finísima seda violeta estampada con mariposas doradas. Al ver las mariposas brillando con el sol de aquel atardecer ¡Marble lo supo! ¡eso es lo que tenía que hacer! De inmediato se puso su regalo, le quedaba perfecto, y corrió a casa a todo lo que daban sus patitas.
Pasó la noche entera encerrada en su pequeña habitación iluminada por unas cuantas luciérnagas amigas, confeccionando un deslumbrante par de alas doradas de delicada seda.
Al día siguiente Marble se alistó, salió de casa y subió a la cima de la colina como lo hacía a diario, esta vez vistiendo el hermoso regalo de su mamá, se ajustó sus relucientes alas y emprendió tremenda carrera cuesta abajo gritando ¡voy a volar! ... y cuando llegó al final del camino ... ... ...

¡MARBLE VOLÓ! Comenzó a aletear ganando altura y surcó el cielo con sus nubes de colores dándole vuelta a la primer estrella que reía, y reía con ella, y vio su querida luna brillar sobre sus alas y sintió el viento acariciarla, pudo mirar su casita desde las alturas, y a todos los animales que observaban incrédulos como una ratona podía volar, y en su camino se topó con el cóndor, quien apenado le dijo : ”ratita soñadora, perdóname por haber sido tan cruel, pues ahora me doy cuenta de que aún naciendo sin alas todos pueden volar”. Y Marble se enfiló hacia las estrellas gritando: “¡pueden hacer cualquier cosa que deseen si tan sólo lo creen!”     

martes, 21 de julio de 2015

OSITO ARRULLA LA LUNA

OSITO ARRULLA LA LUNA


A mitad de la noche, cuando en la casa todo es silencio, quietud y no hay más reproches
Osito se acerca a la ventana, y murmura una tonada.
La luna se pone su camisón de nubes suaves y se acerca a los cristales.
Osito entonces arrulla a la luna, toma sus rayos de luz y los acuna.
Osito le canta versos dulces como el orozus
Y las estrellas curiosas se asoman esparciendo sus polvos de magia y de luz.
Osito los guarda en un frasquito para usarlos un día de lluvia gris o viento azul.
La luna y las estrellas se mecen con la voz de Osito, bailando lento como queriendo detener el tiempo.
Osito canta canción tras canción, y el universo las guarda en un bello cajón.
Los ángeles las usarán para dar la bendición.
Ya el cielo entero está cubierto de luz, no hay oscuridad que te haga llorar, así podrás descansar.
Osito ve en el horizonte que ya el rey sol se levanta por encima de los montes.
El alba le dice que es hora de despedir a la luna, osito quisiera dejarla en una bella cuna.
Osito se despide con besitos de mariposa y le promete a su luna escribirle canciones sobre una rosa.
Osito cierra la ventana  y vuelve a meterse en tu cama.
Mientras tu creces y juegas bajo el sol, osito soñará con versos tiernos y bellos igual que una flor.
Así, a media noche, cuando en la casa todo sea silencio, quietud y no haya reproches, se acercará a la ventana y murmurará una nueva tonada.
Elizabeth Segoviano © copyright 2015 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


sábado, 18 de julio de 2015

¡YO NO, YO NO, NI YO!



¡YO NO, YO NO, NI YO!


En una vieja granja viven un pato llamado Gato, un gato llamado Pato, un pavo llamado Gallina. y una gallina llamada Dorita son sus dos pequeños pollitos llamados Doritos .

Una calurosa mañana de verano estaban el pato llamado Gato, el gato llamado Pato, el pavo llamado Gallina y Dorita y sus Doritos sentados tratando de resguardarse del sol bajo la sombra de un  joven limonero.

-          ¡Uff que calor! –decía el pato llamado Gato–

-          ¡si, uff y recontra uff! ¡que súper calor! –decía el gato llamado Pato–

-          ¡si, si, uff, uff y requetecontra uff! ¡que súper mega calorón! –decía el pavo llamado Gallina–

-          si, hace demasiado calor –decía Dorita– deberíamos hacer algo para refrescarnos.

-          ¡Yo no! –dijo el pato llamado Gato–

-          ¡Yo no! –dijo el gato llamado Pato–

-          ¡Ni yo! –dijo el pavo llamado Gallina–

-          ¡Hay que hacer nieve de limón! – gritaron emocionados  los pollitos Doritos–

-          ¡Si! –cacareó entusiasmada Dorita– ¿Quién quiere ayudarme a recoger los limones?

-          ¡Yo no! –dijo el pato llamado Gato–

-          ¡Yo no! –dijo el gato llamado Pato–

-          ¡Ni yo! –dijo el pavo llamado Gallina–

Entonces Dorita y sus Doritos fueron por una escalera para recoger los limones más grandes y jugosos, los lavaron, los secaron, los cortaron por la mitad y como eran muchos limones la gallinita Dorita preguntó :

-          ¿Quién quiere ayudarme a exprimir los limones?

-          ¡Yo no! –dijo el pato llamado Gato–

-          ¡Yo no! –dijo el gato llamado Pato–

-          ¡Ni yo! –dijo el pavo llamado Gallina–

Y la gallinita Dorita y sus Doritos se pusieron a exprimir los limones en un gran tazón de cristal, luego al jugo le añadieron miel de abeja y lo mezclaron muy bien. Cuando el jugo estuvo listo la gallinita Dorita preguntó :

-          ¿Quién quiere ayudarme a traer el hielo?

-          ¡Yo no! –dijo el pato llamado Gato–

-          ¡Yo no! –dijo el gato llamado Pato–

-          ¡Ni yo! –dijo el pavo llamado Gallina–

Una vez más Dorita sólo con la ayuda de sus pollitos Doritos cruzó la granja hasta el pueblo y trajeron paso a pasito dos cubetas con mucho hielo, una cubeta la vertieron en el jugo y la otra en una tinaja de metal a la que le añadieron un saquito de sal y sobre esto pusieron el tazón con el jugo de limón, y como había que girar y girar el tazón hasta que el jugo se fuera convirtiendo en nieve, la gallinita Dorita preguntó :

-          ¿Quién quiere ayudarme a girar el tazón para hacer la nieve?

-          ¡Yo no! –dijo el pato llamado Gato–

-          ¡Yo no! –dijo el gato llamado Pato–

-          ¡Ni yo! –dijo el pavo llamado Gallina–

Otra vez los pollitos Doritos y Dorita fueron los únicos que comenzaron a trabajar girando el tazón una y otra vez, gira que gira sin dejar de girar, y pasado un buen rato por fin el jugo se comenzó a espesar y a cristalizar formando la deliciosa nieve de limón, cuando estuvo lista, Dorita trajo unos conos de galleta y puso en ellos tres bolas de nieve y preguntó :

-          ¿Quién quiere comer un barquillo de nieve de limón?

-          ¡Yo sí! –dijo el pato llamado Gato–

-          ¡yo sí! –dijo el gato llamado Pato–

-          ¡Y yo! –dijo el pavo llamado Gallina–

-          ¡Para ti no pato llamado Gato! –dijo enérgica la gallinita Dorita–  ¡para ti tampoco gato llamado Pato! ¡ni para ti pavo llamado Gallina! ¡Esta rica y refrescante nieve es solo para los que trabajamos para hacerla!

Y la gallinita Dorita y sus pollitos Doritos se sentaron a comer barquillos de nieve mientras contemplaban un bello atardecer.

Elizabeth Segoviano © copyright 2015 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS