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domingo, 1 de julio de 2018

UN NINJA EN LA CORTE



Autor: Elizabeth Segoviano

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14

Desde tiempos milenarios había sido estricta tradición en la familia Wu Lo-Kuaz que todos sus miembros, sin excepción alguna, se convirtieran en Ninjas. Por lo que desde la tátara, tátara recontra tátara abuelita Wu Lo-Kuaz hasta el último tátara, archi-recontra tátara, tátara, etcétera nieto Wu Lo-Kuaz eran los más hábiles, expertos, distinguidos, capaces, ágiles, arteros y respetados Ninjas de todo el mundo.
Grandes emperadores, reyes, y gobernantes de muchos países en diferentes épocas habían recurrido a la astucia y fortaleza de la familia Wu Lo-Kuaz para resolver conflictos, atrapar malandrines, y, en muchos casos, impartir justicia.



Sin embargo al pequeño Haro Wu Lo-Kuaz no le entusiasmaba mucho la idea de ser un ninja, si bien tenía el talento y la habilidad para ser uno de los mejores, a Haro Wu Lo-Kuaz le molestaba que toda situación era resuelta con las secretas combinaciones de golpes de garra de dragón furioso o la refinada técnica de tigre asustadizo mezclada con una que otra patada de conejo rebuscón. Por ejemplo, si alguien no quería comer sus vegetales llegaba a toda prisa la tátara, tátara abuelita enfundada en su traje negro con todo y sable en el cinturón y a base de la técnica del panda frenético le obligaba a terminarse el brócoli, las zanahorias, guisantes o lo que fuera, y lo mismo sucedía si por error a Haro se le olvidaba tallarse detrás de las orejas o recoger su recámara... no importaba la situación, que esto y que el otro ¡zas! Todos los días parecían ser sacados de las mejores y más increíbles películas de Ninjas.

 Incluso los vecinos estaban atemorizados, porque si hacían algo que molestara a la familia Lo-Kuaz de inmediato dejaban mostrar su perfeccionada técnica de gritos de mono aullador roquero, con los cuales aturdían y enmudecían a toda la calle.


Fue entonces que el pequeño Haro Wu Lo-Kuaz pensó que no quería ser un Ninja y que había mejores formas de resolver los problemas, así que desde ése momento Haro decidió que quería convertirse en abogado y luchar por la justicia y defender a los inocentes de una forma mucho más civilizada.

Sin embargo, Haro sabía que su familia no estaría de acuerdo con que abandonara la larga tradición familiar; así que pensando y repensando el asunto, se le ocurrió que su querida familia no tenía por qué enterarse de sus planes, después de todo, un verdadero Ninja sabe guardar mejor que nadie cualquier tipo de secreto, y, si quería tener éxito en su misión debía aplicar todos los conocimientos que tenía.


Llegado el momento en que nuestro amigo debía entrar a la escuela de leyes... ¡nadie se enteró! Sus largos años de entrenamiento habían rendido fruto y era tanto o más sigiloso que la sombra de un mimo, sus rápidos movimientos para esquivar el vigilante ojo de su tátara, tátara abuelita casi eran súper sónicos, y, enfundado en su ajustado traje negro podía trepar por las paredes mejor que cualquier gato de azotea.

Así pasó el tiempo y nadie, absolutamente nadie sabía su enorme secreto, pues toda la familia suponía que pasaba largas horas entrenando, ya que sus técnicas mejoraban notablemente día con día, hecho que era de esperarse ¡porque escapar de la tátara, tátara abuelita no era cosa fácil!



Luego de mucho tiempo y dedicación Haro Wu Lo-kuaz por fin estaba a punto de graduarse ¡y con los máximos honores! En la facultad era muy reconocido por los maestros, motivo por el cual fue recomendado para trabajar en la corte. Como podrán imaginar, Haro estaba que no cabía en sí de gusto... sólo que hubiera querido poder compartir su alegría con toda su familia ...


La mañana en que Haro iba a tener su primer caso salió muy temprano, algo nervioso pero muy contento, vistiendo un elegante traje a rayas y corbata, un distinguido sombrero y su brillante portafolio metálico con cerradura de combinación.
Al llegar al inmenso edificio de fachada gótica y enormes salones que hacían eco, el corazón de Haro comenzó a latir cada vez más rápido, y cuando finalmente sonó la campanilla del elevador nuestro amigo encontró una gran oficina en cuya moderna puerta de cristal se podía leer “Licenciado Haro Wu Lo-kuaz, abogado defensor”. Nuestro muchacho comenzaba a creer que todo era un sueño y que en cualquier segundo despertaría, pero en ése preciso momento la dulce y melodiosa voz de su jefa, la señorita Shin-Shin Jua-netes lo sacó de su asombro entregándole el archivo de su primer caso.

De inmediato Haro puso manos a la obra y comenzó a leer el expediente que decía así: “caso número cinco millones trescientos setenta y siete mil quinientos doce, el estado contra Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil”.

Cuando Haro leyó aquel nombre no pudo menos que quedarse helado, petrificado, aterrado, inmovilizado, esponjado y con los pelos de punta, pues resulta que Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil ¡era nada más y nada menos que su tátara, tátara abuelita!

- ¡por el sable de mi abuela! -gritó el muchacho asustando a la señorita Shin-Shin Jua-netes–

- ¿Qué te sucede chico?

- ¿D... d... de... de qué se le acusa a la señora?

- Hmmm –decía la señorita mientras recogía el expediente del piso –no es algo demasiado grave ... aunque tampoco se debe tomar a la ligera, resulta que la señora Lo-Kuaz T´a senil ha sido acusada por el mismísimo alcalde de la ciudad porque ella lo agredió cuando él paseaba a su perrito tranquilamente por la calle.

- Y... que... que, que, que... ¿qué le hizo ella al alcalde?

- Hmmm ... de acuerdo con esto la señora Lo-kuaz T´a Senil le brincó encima al alcalde, le arrancó de un tirón el peluquín y le embadurnó la cabeza con un trozo de césped, le hizo calzón chino y le pegó el peluquín al perro en el trasero. Por todo esto se le acusa con el cargo de encuentro cercano del tercer tipo en segundo grado con agravantes... alcanza la fianza pero la señora se negó a pagarla, pues clama que es inocente... un momento... Wu Lo-Kuaz ... ¿qué ese no es tu apellido chico?

- P... p... pues sí… verá señorita...

- ¡No se diga más! ¡Qué suerte! Me alegro mucho ¡que hubiera dado yo porque en mi primer caso mi familia estuviera conmigo!

- ¿Aunque fuera la acusada? –interrumpió Haro–

- Hmmm... detalles, detalles

- ¿Que sea mi abuelita no es un conflicto?

- ¿Conflicto? Hmmm... detalles, detalles ¿acaso la justicia no es ciega? Justicia es justicia sea tu abuela o no, así que la vas a defender.

Cuando Haro entró al gran salón de la corte apenas y podía respirar y definitivamente no podía dejar de temblar, sobre todo cuando el juez llamó a la acusada a tomar asiento en el estrado.

La enorme puerta de madera se abrió, y entraron la acusada y el acusador aun discutiendo mientras dos inmensos guardias intentaban contener y esquivar los certeros golpes de tuzo marrullero que la abuelita quería propinarle al alcalde.

- ¡Orden en la corte! –gritó el juez– ¡que se siente la acusada!

En el momento en que por fin la abuelita tomó su lugar notó que el abogado que había contratado vía telefónica su familia ¡era nada más y nada menos que su nietecito! Por lo que de inmediato Haro comenzó a hablar con ella con el ultra-secreto lenguaje de señas de los ninjas ... que para cualquiera de nosotros podría parecer una mala imitación de un pez que había azotado en el piso luego de dar un mal salto en la pecera.

Así Haro se enteró de lo que en realidad había ocurrido y recordando que ante todo, y después de todo, era un ninja, volvió a tomar valor, respiró profundo, dejó de temblar y comenzó el juicio. Aunque no era nada sencillo mantener quieta a la abuelita, porque cada vez que hablaba el alcalde ella se levantaba de un brinco del asiento y trepando por las paredes como araña psicótica intentaba propinarle su combinación de patadas de conejo rebuscón, por lo que, en más de una ocasión, Haro tuvo que seguirle el paso con sus volteretas de lémur hiperactivo mientras le decía que había otras formas de impartir orden y justicia y que él se encargaría de aclarar el asunto. Pero para el jurado y las personas que presenciaban el juicio era todo un espectáculo ver a esos dos magníficos Ninjas en acción, incluso al juez se le olvidaba por ratos en donde estaba y animaba a la abuelita Lo Kuaz T´a senil a perseguir al alcalde.

Una vez calmados los ánimos el abogado acusador presentó al jurado varias pruebas.

- ¡Prueba número uno! –se escuchaba– el peluquín que un veterinario tuvo que extraer al perrito del alcalde, ¡prueba número dos! ¡El perrito con todo y su trasero enrojecido por el brutal ataque de una ancianita loca!

- ¡objeción! –gritó Haro– el abogado insulta a mi cliente ... ¡la abuelita no está loca y lo voy a probar! ¡Llamo al señor alcalde al estrado! ¿no es cierto señor alcalde que usted paseaba a su perrito fuera de los límites del parque?

- Pues sí, pero eso no es un crimen, el perrito tenía su correa.

- Cierto –decía Haro– sin embargo si es un crimen que usted dejara que su perrito hiciera sus “gracias” sobre el césped de la casa de la abuelita ¡y que usted ni siquiera limpiara las cochinadas de su animal!

- Bueno... bueno –decía el alcalde– quizá tenga razón ¡pero la señora me atacó!

- ¡Arrancarle la cabeza! –gritaba la abuelita– ¡eso debí hacer, pero sólo intentaba educar a su perro!

- ¡Orden en la corte! –gritó el juez– no necesito escuchar más... el abogado Lo-Kuaz tiene razón, el alcalde deberá pagar a la abuelita el césped dañado y no podrá pasear a su perro a menos de ciento cincuenta metros de distancia de la abuelita... sin embargo, el alcalde también tiene razón, la abuelita no debió saltarle encima ni arrancarle el peluquín... la abuelita deberá pagar el peluquín y comprarle al perro una pomada para su trasero ¡Y AMBOS DEBERÁN DISCULPARSE! ¡CASO CERRADO!

El jurado, el alcalde, la abuelita, el abogado acusador, la señorita Shin-Shin Jua-netes, los guardias y la familia entera de Haro Wu Lo-Kuaz estaban aplaudiendo la solución del juez y vitoreando a Haro que se había convertido en todo un abogado, y lo mejor de todo era que su familia estaba feliz y orgullosa de él, porque después de todo ¿quién dice que no puede haber un ninja en la corte?



miércoles, 13 de junio de 2018

EL NINJA SIN SOMBRA



Autor: Elizabeth Segoviano

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14




Todos los días era la misma historia, a la hora del recreo nadie, pero absolutamente nadie quería jugar con O´Ren Sin-Ta´lento –¡es demasiado alto, muy flaco, tiene dos pies izquierdos, y los reflejos de un caracol sin caparazón!– eran sólo algunos de los crueles comentarios que O´Ren Sin-Ta´lento tenía que soportar ...
Era cierto, no era muy coordinado, era un chico sumamente alto, desgarbado, tímido y siempre tenía la mirada bien fija en el piso, e invariablemente el equipo en el que jugara perdía una y otra vez, no importaba el juego... fútbol, básquetbol, voleibol incluso jugar al escondite era algo prácticamente imposible para O´Ren, pues no había lugar suficientemente grande en el cual se pudiera ocultar, por lo que nuestro amigo prefería pasar el tiempo a solas.


Pero el destino siempre encuentra alguna forma de llevarnos a donde realmente pertenecemos, y eso fue lo que ocurrió el día en que O´Ren se enteró junto con todos sus compañeros que su colegio había quedado inscrito en una competencia de juegos; al escuchar aquellas noticias sus colegas de inmediato sugirieron que mandaran a O´Ren al colegio rival para que perdieran, o que lo enviaran de vacaciones, que se reportara enfermo o que de plano se mudara de ciudad.  Nuestro amiguito era muy tranquilo y paciente, pero todos tenemos un límite, y O´Ren había llegado al suyo, por lo que decidió demostrarles a todos que no era un debilucho nerd cualquiera ... (bueno, sí era un nerd, pero no era debilucho ... bueno eso también ¡pero no era un cualquiera!)


En cuanto nuestro amigo llegó a casa lo primero que hizo fue dirigirse a su fiel computadora y teclear en el buscador “escuelas de artes marciales” en segundos aparecieron cientos de opciones, pero hubo un anuncio que definitivamente había captado su atención : “¿sin fuerza? ¿sin actitud? ¿sin personalidad? ¿sin talento? ... el entrenamiento del maestro ascendido nivel cuatro honorable ninja supremo de la orden del dragón comelotodo gran Matzumoto Te-no´kea te invita a su clase de cortesía”.




¡Eso era todo! ¡O´Ren Sin-Ta´lento no tenía duda de que ésa era la ayuda que necesitaba! Así que de inmediato puso los pies en polvorosa para llegar al gimnasio del maestro Matzumoto Te-no´kea.
Ya caía la noche cuando nuestro muchacho por fin encontró el lugar, pero el edificio estaba en ruinas, y lo que debía ser el gimnasio tenía los cristales rotos y parecía haber sido abandonado hacía largo tiempo.          O´Ren suspiró profundamente y dijo: “¡siempre es la misma historia conmigo! ¡nada me sale bien!”. Pero justo en ése momento, de quien sabe dónde salió un hombre enfundado en un traje negro que lo único que dejaba al descubierto eran sus brillantes ojos como de gato y le ató a nuestro amigo un arnés, y ... ¡puff! ... salieron volando directo a la azotea del edificio.
O´Ren estaba tan asustado que no podía emitir sonido alguno.
- ¡Te felicito muchacho! Eres muy valiente, otros han venido y no pudieron soportar la prueba del arnés, comenzaron a gritar pidiendo por sus mamás, pero tú ¡ah tu eres diferente!
- N... n ... no... no no no ... no se crea –por fin logró decir O´Ren– si sí quería gritar ... si quería correr ... p... p... pe... pe... pero no ... nomás no pude ... ¿usted es el maestro?
- ¡Soy el maestro ascendido nivel cuatro honorable ninja supremo de la orden del dragón comelotodo gran Matzumoto Te-no´kea!
- ... pues mucho gusto señor ... don dragón traga a lo bestia nivel cuatro de ... ¿como dijo?
- Matzumoto san para ti pequeño O´Ren Sin-Ta´lento.
- ¿Cómo sabe mi nombre?
- ¡Ah un ninja sabe leer la mente!
- ¿y cómo?
- Un ninja es la mente de su rival ... un ninja se convierte en el rival para adivinar sus movimientos, un ninja es ...
- Yo creo –interrumpió nuestro amigo– que esto no es para mi don Matzumoto san.
- ¡JAMÁS INTERRUMPAS A TU MAESTRO! –exclamaba histérico Matzumoto– ¡sólo por eso comenzarás tu entrenamiento hoy mismo!
- Yo no sirvo para estas cosas ...
- Ya estás aquí ¿dime que tienes que perder?
- ... no sé ... ¿mis huesos?
- Los huesos sanan rápidamente pequeño san, pero el alma no, y tu alma ha sido quebrantada muchas veces, tu espíritu está herido ... muchas lagrimas has derramado sobre tu osito todas las noches ...
- ¿Cómo sabe todo eso? ¿quién le dijo?
- Yo puedo ver dentro de ti porque hace mucho tiempo yo era como tú, nadie debe soportar las burlas de la gente, la humillación ... los niños pueden llegar a ser las criaturas más crueles de todas pequeño san, quédate a entrenar, cambia pequeño san, no por ellos ... por ti ... de todas formas ya no tienes nada que perder ... solo te queda ganar.

O´Ren sabía que el maestro Matzumoto tenía razón ... había pasado demasiado tiempo asustado, agachado, ocultándose, y era tiempo de probarse a sí mismo que podía cambiar aquello que no le gustaba; así que esa misma noche comenzó su arduo entrenamiento al lado de Matzumoto, subía y bajaba escaleras, saltaba la cuerda, practicaba los golpes secretos de los ninjas con el muñeco inflable que le dio su maestro, aprendió a escalar muros cual si fuera una araña y, con el paso de los días comenzó a desarrollar una agilidad, equilibrio y velocidad que le daría envidia a cualquier lagartija del desierto.

Tres semanas habían transcurrido, y los juegos en la escuela estaban por iniciarse, el día de la primer competencia se encontraban los padres de 
O´Ren con todo un equipo de paramédicos que esperaban al niño atentos para ver a que hora se caía, y sus compañeros no se hicieron esperar con las burlas y los empujones, pero O´Ren estaba tranquilo, concentrado, enfocando su energía, visualizando, usando las antiguas y místicas técnicas que le había enseñado su maestro. Nuestro amigo ya no era el mismo chico tímido y miedoso ¡NO! luego del arduo entrenamiento, O´Ren Sin-Ta´lento se había convertido en O´Ren Cin-Ta´negra ahora era un experto ninja bien educado en diez diferentes tipos de ataques mortales sin armas, dos diferentes técnicas de desaparición, experto en escaladas, un maestro usando los dardos y el mejor de todos los ninjas aplicando la ultra secreta técnica del nivel cuatro del dragón comelotodo, sabelotodo todo-terreno para despistar a sus enemigos.

¡Y los juegos comenzaron! La primer competencia era una carrera de relevos y en cuanto O´Ren tuvo en sus manos la estafeta se dijo: “soy veloz, soy viento soy un torbellino feroz” y salió disparado.
Sólo con las cámaras de video los jueces pudieron ver que nuestro amigo había corrido y ganado sin haber hecho trampa alguna, pues a simple vista no se le veía ni la sombra. Lo mismo ocurrió con las carreras de obstáculos, el salto de longitud, lanzamiento de bala y no se diga con la competencia de escalada de muros, no había un solo niño que pudiera seguirle el paso a O´Ren, de pronto, todos los abucheos se fueron convirtiendo en vítores, pasaron de gritar “llévense al nerd O´Ren” a “viva el rey O´Ren”, pero eso no le importaba a nuestro amigo, porque un ninja nunca es vanidoso ni arrogante, un ninja es fuerte, sigiloso, humilde, precavido y sumamente poderoso.



La segunda parte de las competencias consistía en un juego en equipo, y los rivales debían capturar a todos los miembros contrarios y al final reclamar un banderín que los proclamaría ganadores absolutos de la competencia. Los equipos se formaron, pero todos querían ser el líder, nadie escuchaba a nadie y así, poco a poco el equipo de O´Ren estaba siendo capturado, al final se encontraba el sólo contra cuatro chicos más grandes y aparentemente más fuertes, y cuatro chicas tan rápidas como panteras psicóticas, por un momento O´Ren dudó, volvió a sentir miedo, pero de repente le cayó encima una bolsa, se la había lanzado el maestro Matzumoto, dentro se encontraba su traje de ninja, entonces O´Ren sonrió, se olvidó del miedo y se puso el traje, en segundos analizó la situación y comenzó a aplicar la ultra secreta técnica nivel cuatro del dragón comelotodo, sabelotodo todo-terreno y burló uno a uno a sus enemigos anticipando sus movimientos, ocultándose, camuflándose con los muros, esperando el momento adecuado para atravesar el terreno, y finalmente tomó el banderín del equipo rival.
El colegio entero se volvió loco al darse cuenta de que O´Ren había ganado, nadie le había visto siquiera la sombra ... y era cierto, O´Ren era tan excelente ninja que ni su propia sombra lo podía seguir, motivo por el cual todas las agencias de inteligencia del mundo requerían sus servicios, y aquello era algo que O´Ren Cin-Ta´negra hacía gustoso ... bueno, tan sólo sábados y domingos, porque entre semana debía hacer la tarea y entrenar a sus amigos al lado del gran maestro Matzumoto Te-no´kea.

miércoles, 6 de marzo de 2013

CUENTOS EMPOLVADOS: UN NINJA EN LA CORTE


 (con ilustraciones de la autora jeje)

Este cuento lo escribí hace tiempo, pero ayer por algún motivo estuve pensando mucho en él, así que para quienes no lo han leído, espero les guste xoxo, Eliz


Autor: Elizabeth Segoviano
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14



Desde tiempos milenarios había sido estricta tradición en la familia Wu Lo-Kuaz que todos sus miembros, sin excepción alguna, se convirtieran en Ninjas. Por lo que desde la tatara tatara recontra tatara abuelita Wu Lo-Kuaz hasta el último tatara archirecontra tatara tatara etcétera nieto Wu Lo-Kuaz eran los más hábiles, expertos, distinguidos, capaces, ágiles, arteros y respetados Ninjas de todo el mundo.

Grandes emperadores, reyes, y gobernantes de muchos países en diferentes épocas habían recurrido a la astucia y fortaleza de la familia Wu Lo-Kuaz para resolver conflictos, atrapar malandrines, y, en muchos casos, impartir justicia.
Sin embargo al pequeño Haro Wu Lo-Kuaz no le entusiasmaba mucho la idea de ser
un Ninja, si bien tenía el talento y la habilidad para ser uno de los mejores, a Haro Wu Lo-Kuaz le molestaba que toda situación era resuelta con las secretas combinaciones de golpes de garra de dragón furioso o la refinada técnica de tigre asustadizo mezclada con una que otra patada de conejo rebuscón; por ejemplo, si alguien no quería comer sus vegetales llegaba a toda prisa la tatara tatara abuelita enfundada en su traje negro con todo y sable en el cinturón y a base de la técnica del panda frenético le obligaba a terminarse el brócoli, las zanahorias, guisantes o lo que fuera, y lo mismo sucedía si por error a Haro se le olvidaba tallarse detrás de las orejas o recoger su recámara ... no importaba la situación, que esto y que el otro ¡zas! Todos los días parecían ser sacados de las mejores y más increíbles películas de Ninjas. Incluso los vecinos estaban atemorizados, porque si hacían algo que molestara a la familia Lo-Kuaz de inmediato dejaban mostrar su perfeccionada técnica de gritos de mono aullador rockero, con los cuales aturdían y enmudecían a toda la calle.

Fue entonces que el pequeño Haro Wu Lo-Kuaz pensó que no quería ser un Ninja y que había mejores formas de resolver los problemas, así que desde ése momento Haro decidió que quería convertirse en abogado y luchar por la justicia y defender a los inocentes de una forma mucho más civilizada.
Sin embargo, Haro sabía que sus parientes no estarían de acuerdo conque abandonara la larga tradición familiar; así que pensando y repensando el asunto, se le ocurrió que su querida familia no tenía porqué enterarse de sus planes, después de todo, un verdadero Ninja sabe guardar mejor que nadie cualquier tipo de secreto, y, si quería tener éxito en su misión debía aplicar todos los conocimientos que tenía.
Así que llegado el momento en que nuestro amigo debía entrar a la escuela de leyes ... ¡nadie se enteró! Sus largos años de entrenamiento habían rendido fruto y era tanto o más sigiloso que la sombra de un mimo, sus rápidos movimentos para esquivar el vigilante ojo de su tatara tatara abuelita casi eran súpersónicos, y, enfundado en su ajustado traje negro podía trepar por las paredes mejor que cualquier gato de azotea.
Así pasó el tiempo y nadie, absolutamente nadie sabía su enorme secreto, pues toda la familia suponía que pasaba largas horas entrenando, ya que sus técnicas mejoraban notablemente día con día, hecho que era de esperarse ¡porque escapar de la tatara tatara abuelita no era cosa fácil! Luego de mucho tiempo y dedicación Haro Wu Lo-kuaz por fin estaba apunto de graduarse ¡y con los máximos honores! En la facultad era muy reconocido por los maestros, motivo por el cual fue recomendado para trabajar en la corte. Como podrán imaginar, Haro estaba que no cabía en sí de gusto ... sólo que hubiera querido poder compartir su alegría con toda su familia ...
La mañana en que Haro iba a tener su primer caso salió muy temprano, algo nervioso pero muy contento, vistiendo un elegante traje a rayas y corbata, un distinguido sombrero y su brillante portafolios metálico con cerradura de combinación. Al llegar al inmenso edificio de fachada gótica y enormes salones que hacían eco, el corazón de Haro comenzó a latir cada vez más rápido, y cuando finalmente sonó la campanilla del elevador nuestro amigo encontró una gran oficina en cuya moderna puerta de cristal se podía leer “Licenciado Haro Wu Lo-kuaz, abogado defensor”. Nuestro muchacho comenzaba a creer que todo era un sueño y que en cualquier segundo despertaría, pero en ése preciso momento la dulce y melodiosa voz de su jefa, la señorita Shin-Shin Jua-netes lo sacó de su asombro entregándole el archivo de su primer caso.
De inmediato Haro puso manos a la obra y comenzó a leer el expediente que decía así: “caso número cinco millones trescientos setenta y siete mil quinientos doce, el estado contra Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil”.
Cuando Haro leyó aquel nombre no pudo menos que quedarse helado, petrificado, aterrado, inmovilizado, esponjado y con los pelos de punta, pues resulta que Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil ¡era nada más y nada menos que su tatara tatara abuelita!
- ¡por el sable de mi abuela! -gritó el muchacho asustando a la señorita Shin-Shin Jua-netes–
- ¿Pero que te sucede chico?
- ¿D... d... de... de qué se le acusa a la señora?
- Hmmm –decía la señorita mientras recogía el expediente del piso –no es algo demasiado grave ... aunque tampoco se debe tomar a la ligera, resulta que la señora Lo-Kuaz T´a senil ha sido acusada por el mismísimo alcalde de la ciudad porque ella lo agredió cuando él paseaba a su perrito tranquilamente por la calle.
- Y ... que .. que que que... ¿qué le hizo ella al alcalde?
- Hmmm ... de acuerdo con esto la señora Lo-kuaz T´a Senil le brincó encima al alcalde, le arrancó de un tirón el peluquín y le embadurnó la cabeza con un trozo de césped, le hizo calzón chino y le pegó el peluquín al perro en el trasero. Por todo esto se le acusa con el cargo de encuentro cercano del tercer tipo en segundo grado con agravantes ... alcanza la fianza pero la señora se negó a pagarla, pues clama que es inocente... un momento ... Wu Lo-Kuaz ... ¿qué ese no es tu apellido chico?
- P... p... pues sí.. verá señorita...
- ¡No se diga más! ¡qué suerte! Me alegro mucho ¡que hubiera dado yo porque en mi primer caso mi familia estuviera conmigo!
- ¿Aunque fuera la acusada? –interrumpió Haro–
- Hmmm ... detalles, detalles
- ¿Que sea mi abuelita no es un conflicto?
- ¿Conflicto? Hmmm ... detalles, detalles ¿acaso la justicia no es ciega? Justicia es justicia sea tu abuela o no, así que la vas a defender.
Cuando Haro entró al gran salón de la corte apenas y podía respirar y definitivamente no podía dejar de temblar, sobre todo cuando el juez llamó a la acusada a tomar asiento en el estrado.
La enorme puerta de madera se abrió, y entraron la acusada y el acusador aún discutiendo mientras dos inmensos guardias intentaban contener y esquivar los certeros golpes de tuzo marrullero que la abuelita quería propinarle al alcalde.
- ¡Orden en la corte! –gritó el juez– ¡que se siente la acusada!
En el momento en que por fin la abuelita tomó su lugar notó que el abogado que había contratado vía telefónica su familia ¡era nada más y nada menos que su nietecito! Por lo que de inmediato Haro comenzó a hablar con ella con el ultrasecreto lenguaje de señas de los Ninjas ... que para cualquiera de nosotros podría parecer una mala imitación de un pez que había azotado en el piso luego de dar un mal salto en la pecera.
Así Haro se enteró de lo que en realidad había ocurrido y recordando que ante todo, y después de todo, era un Ninja, volvió a tomar valor, respiró profundo, dejó de temblar y comezó el juicio. Aunque no era nada sencillo mantener quieta a la abuelita, porque cada vez que hablaba el alcalde ella se levantaba de un brinco del asiento y trepando por las paredes como araña psicótica intentaba propinarle su combinación de patadas de conejo rebuscón, por lo que, en más de una ocasión, Haro tuvo que seguirle el paso con sus volteretas de lemur hiperactivo mientras le decía que había otras formas de impartir orden y justicia y que él se encargaría de aclarar el asunto. Pero para el jurado y las personas que presenciaban el juicio era todo un espectáculo ver a esos dos magníficos Ninjas en acción, incluso al juez se le olvidaba por ratos en donde estaba y animaba a la abuelita Lo Kuaz T´a senil a perseguir al alcalde.
Una vez calmados los ánimos el abogado acusador presentó al jurado varias pruebas.
- ¡Prueba número uno! –se escuchaba– el peluquín que un veterinario tuvo que extraer al perrito del alcalde, ¡prueba número dos! ¡El perrito con todo y su trasero enrojecido por el brutal ataque de una ancianita loca!
- ¡objeción! –gritó Haro– el abogado insulta a mi cliente ... ¡la abuelita no está loca y lo voy a probar! ¡Llamo al señor alcalde al estrado! ¿no es cierto señor alcalde que usted paseaba a su perrito fuera de los límites del parque?
- Pues sí, pero éso no es un crimen, el perrito tenía su correa.
- Cierto –decía Haro– sin embargo si es un crimen que usted dejara que su perrito hiciera sus “gracias” sobre el césped de la casa de la abuelita ¡y que usted ni siquiera limpiara las cochinadas de su animal!
- Bueno ... bueno –decía el alcalde– quizá tenga razón ¡pero la señora me atacó!
- ¡Arrancarle la cabeza! –gritaba la abuelita– ¡eso debí hacer, pero sólo intentaba educar a su perro!
- ¡Orden en la corte! –gritó el juez– no necesito escuchar más ... el abogado Lo-Kuaz tiene razón, el alcalde deberá pagar a la abuelita el césped dañado y no podrá pasear a su perro a menos de ciento cincuenta metros de distancia de la abuelita... sin embargo, el alcalde también tiene razón, la abuelita no debió saltarle encima ni arrancarle el peluquín ... la abuelita deberá pagar el peluquín y comprarle al perro una pomada para su trasero ¡Y AMBOS DEBERÁN DISCULPARSE! ¡CASO CERRADO!
El jurado, el alcalde, la abuelita, el abogado acusador, la señorita Shin-Shin Jua-netes, los guardias y la familia entera de Haro Wu Lo-Kuaz estaban aplaudiendo la solución del juez y vitoreando a Haro que se había convertido en todo un abogado, y lo mejor de todo era que su familia estaba feliz y orgullosa de él, porque después de todo ¿quién dice que no puede haber un Ninja en la corte?



lunes, 1 de agosto de 2011

¡UN NINJA EN LA CORTE!


Autor: Elizabeth Segoviano

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14




Desde tiempos milenarios había sido estricta tradición en la familia Wu Lo-Kuaz que todos sus miembros, sin excepción alguna, se convirtieran en Ninjas. Por lo que desde la tatara tatara recontra tatara abuelita Wu Lo-Kuaz hasta el último tatara archirecontra tatara tatara etcétera nieto Wu Lo-Kuaz eran los más hábiles, expertos, distinguidos, capaces, ágiles, arteros y respetados Ninjas de todo el mundo.

Grandes emperadores, reyes, y gobernantes de muchos países en diferentes épocas habían recurrido a la astucia y fortaleza de la familia Wu Lo-Kuaz para resolver conflictos, atrapar malandrines, y, en muchos casos, impartir justicia.

Sin embargo al pequeño Haro Wu Lo-Kuaz no le entusiasmaba mucho la idea de ser

un Ninja, si bien tenía el talento y la habilidad para ser uno de los mejores, a Haro Wu Lo-Kuaz le molestaba que toda situación era resuelta con las secretas combinaciones de golpes de garra de dragón furioso o la refinada técnica de tigre asustadizo mezclada con una que otra patada de conejo rebuscón; por ejemplo, si alguien no quería comer sus vegetales llegaba a toda prisa la tatara tatara abuelita enfundada en su traje negro con todo y sable en el cinturón y a base de la técnica del panda frenético le obligaba a terminarse el brócoli, las zanahorias, guisantes o lo que fuera, y lo mismo sucedía si por error a Haro se le olvidaba tallarse detrás de las orejas o recoger su recámara ... no importaba la situación, que esto y que el otro ¡zas! Todos los días parecían ser sacados de las mejores y más increíbles películas de Ninjas. Incluso los vecinos estaban atemorizados, porque si hacían algo que molestara a la familia Lo-Kuaz de inmediato dejaban mostrar su perfeccionada técnica de gritos de mono aullador rockero, con los cuales aturdían y enmudecían a toda la calle.

Fue entonces que el pequeño Haro Wu Lo-Kuaz pensó que no quería ser un Ninja y que había mejores formas de resolver los problemas, así que desde ése momento Haro decidió que quería convertirse en abogado y luchar por la justicia y defender a los inocentes de una forma mucho más civilizada.

Sin embargo, Haro sabía que sus parientes no estarían de acuerdo conque abandonara la larga tradición familiar; así que pensando y repensando el asunto, se le ocurrió que su querida familia no tenía porqué enterarse de sus planes, después de todo, un verdadero Ninja sabe guardar mejor que nadie cualquier tipo de secreto, y, si quería tener éxito en su misión debía aplicar todos los conocimientos que tenía.

Así que llegado el momento en que nuestro amigo debía entrar a la escuela de leyes ... ¡nadie se enteró! Sus largos años de entrenamiento habían rendido fruto y era tanto o más sigiloso que la sombra de un mimo, sus rápidos movimentos para esquivar el vigilante ojo de su tatara tatara abuelita casi eran súpersónicos, y, enfundado en su ajustado traje negro podía trepar por las paredes mejor que cualquier gato de azotea.

Así pasó el tiempo y nadie, absolutamente nadie sabía su enorme secreto, pues toda la familia suponía que pasaba largas horas entrenando, ya que sus técnicas mejoraban notablemente día con día, hecho que era de esperarse ¡porque escapar de la tatara tatara abuelita no era cosa fácil! Luego de mucho tiempo y dedicación Haro Wu Lo-kuaz por fin estaba apunto de graduarse ¡y con los máximos honores! En la facultad era muy reconocido por los maestros, motivo por el cual fue recomendado para trabajar en la corte. Como podrán imaginar, Haro estaba que no cabía en sí de gusto ... sólo que hubiera querido poder compartir su alegría con toda su familia ...

La mañana en que Haro iba a tener su primer caso salió muy temprano, algo nervioso pero muy contento, vistiendo un elegante traje a rayas y corbata, un distinguido sombrero y su brillante portafolios metálico con cerradura de combinación. Al llegar al inmenso edificio de fachada gótica y enormes salones que hacían eco, el corazón de Haro comenzó a latir cada vez más rápido, y cuando finalmente sonó la campanilla del elevador nuestro amigo encontró una gran oficina en cuya moderna puerta de cristal se podía leer “Licenciado Haro Wu Lo-kuaz, abogado defensor”. Nuestro muchacho comenzaba a creer que todo era un sueño y que en cualquier segundo despertaría, pero en ése preciso momento la dulce y melodiosa voz de su jefa, la señorita Shin-Shin Jua-netes lo sacó de su asombro entregándole el archivo de su primer caso.

De inmediato Haro puso manos a la obra y comenzó a leer el expediente que decía así: “caso número cinco millones trescientos setenta y siete mil quinientos doce, el estado contra Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil”.

Cuando Haro leyó aquel nombre no pudo menos que quedarse helado, petrificado, aterrado, inmovilizado, esponjado y con los pelos de punta, pues resulta que Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil ¡era nada más y nada menos que su tatara tatara abuelita!

- ¡por el sable de mi abuela! -gritó el muchacho asustando a la señorita Shin-Shin Jua-netes–

- ¿Pero que te sucede chico?

- ¿D... d... de... de qué se le acusa a la señora?

- Hmmm –decía la señorita mientras recogía el expediente del piso –no es algo demasiado grave ... aunque tampoco se debe tomar a la ligera, resulta que la señora Lo-Kuaz T´a senil ha sido acusada por el mismísimo alcalde de la ciudad porque ella lo agredió cuando él paseaba a su perrito tranquilamente por la calle.

- Y ... que .. que que que... ¿qué le hizo ella al alcalde?

- Hmmm ... de acuerdo con esto la señora Lo-kuaz T´a Senil le brincó encima al alcalde, le arrancó de un tirón el peluquín y le embadurnó la cabeza con un trozo de césped, le hizo calzón chino y le pegó el peluquín al perro en el trasero. Por todo esto se le acusa con el cargo de encuentro cercano del tercer tipo en segundo grado con agravantes ... alcanza la fianza pero la señora se negó a pagarla, pues clama que es inocente... un momento ... Wu Lo-Kuaz ... ¿qué ese no es tu apellido chico?

- P... p... pues sí.. verá señorita...

- ¡No se diga más! ¡qué suerte! Me alegro mucho ¡que hubiera dado yo porque en mi primer caso mi familia estuviera conmigo!

- ¿Aunque fuera la acusada? –interrumpió Haro–

- Hmmm ... detalles, detalles

- ¿Que sea mi abuelita no es un conflicto?

- ¿Conflicto? Hmmm ... detalles, detalles ¿acaso la justicia no es ciega? Justicia es justicia sea tu abuela o no, así que la vas a defender.

Cuando Haro entró al gran salón de la corte apenas y podía respirar y definitivamente no podía dejar de temblar, sobre todo cuando el juez llamó a la acusada a tomar asiento en el estrado.

La enorme puerta de madera se abrió, y entraron la acusada y el acusador aún discutiendo mientras dos inmensos guardias intentaban contener y esquivar los certeros golpes de tuzo marrullero que la abuelita quería propinarle al alcalde.

- ¡Orden en la corte! –gritó el juez– ¡que se siente la acusada!

En el momento en que por fin la abuelita tomó su lugar notó que el abogado que había contratado vía telefónica su familia ¡era nada más y nada menos que su nietecito! Por lo que de inmediato Haro comenzó a hablar con ella con el ultrasecreto lenguaje de señas de los Ninjas ... que para cualquiera de nosotros podría parecer una mala imitación de un pez que había azotado en el piso luego de dar un mal salto en la pecera.

Así Haro se enteró de lo que en realidad había ocurrido y recordando que ante todo, y después de todo, era un Ninja, volvió a tomar valor, respiró profundo, dejó de temblar y comezó el juicio. Aunque no era nada sencillo mantener quieta a la abuelita, porque cada vez que hablaba el alcalde ella se levantaba de un brinco del asiento y trepando por las paredes como araña psicótica intentaba propinarle su combinación de patadas de conejo rebuscón, por lo que, en más de una ocasión, Haro tuvo que seguirle el paso con sus volteretas de lemur hiperactivo mientras le decía que había otras formas de impartir orden y justicia y que él se encargaría de aclarar el asunto. Pero para el jurado y las personas que presenciaban el juicio era todo un espectáculo ver a esos dos magníficos Ninjas en acción, incluso al juez se le olvidaba por ratos en donde estaba y animaba a la abuelita Lo Kuaz T´a senil a perseguir al alcalde.

Una vez calmados los ánimos el abogado acusador presentó al jurado varias pruebas.

- ¡Prueba número uno! –se escuchaba– el peluquín que un veterinario tuvo que extraer al perrito del alcalde, ¡prueba número dos! ¡El perrito con todo y su trasero enrojecido por el brutal ataque de una ancianita loca!

- ¡objeción! –gritó Haro– el abogado insulta a mi cliente ... ¡la abuelita no está loca y lo voy a probar! ¡Llamo al señor alcalde al estrado! ¿no es cierto señor alcalde que usted paseaba a su perrito fuera de los límites del parque?

- Pues sí, pero éso no es un crimen, el perrito tenía su correa.

- Cierto –decía Haro– sin embargo si es un crimen que usted dejara que su perrito hiciera sus “gracias” sobre el césped de la casa de la abuelita ¡y que usted ni siquiera limpiara las cochinadas de su animal!

- Bueno ... bueno –decía el alcalde– quizá tenga razón ¡pero la señora me atacó!

- ¡Arrancarle la cabeza! –gritaba la abuelita– ¡eso debí hacer, pero sólo intentaba educar a su perro!

- ¡Orden en la corte! –gritó el juez– no necesito escuchar más ... el abogado Lo-Kuaz tiene razón, el alcalde deberá pagar a la abuelita el césped dañado y no podrá pasear a su perro a menos de ciento cincuenta metros de distancia de la abuelita... sin embargo, el alcalde también tiene razón, la abuelita no debió saltarle encima ni arrancarle el peluquín ... la abuelita deberá pagar el peluquín y comprarle al perro una pomada para su trasero ¡Y AMBOS DEBERÁN DISCULPARSE! ¡CASO CERRADO!

El jurado, el alcalde, la abuelita, el abogado acusador, la señorita Shin-Shin Jua-netes, los guardias y la familia entera de Haro Wu Lo-Kuaz estaban aplaudiendo la solución del juez y vitoreando a Haro que se había convertido en todo un abogado, y lo mejor de todo era que su familia estaba feliz y orgullosa de él, porque después de todo ¿quién dice que no puede haber un Ninja en la corte?