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martes, 30 de octubre de 2018

PEQUEÑA BRUJA Y GRAN GATO


¡FELIZ DÍA DE BRUJAS!
derechos reservados ELLIZABETH SEGOVIANO 2018

El antiguo pueblo de Samhain es casi como cualquier pueblo … podría ser como el tuyo o el mío, hay un ayuntamiento, y una gran iglesia, hay museos y una plaza con un bello jardín.
Hay un kiosko donde tocan música todos los domingos, y un mercado grande lleno de cosas ricas, hay una estación de tren y una de autobús y un  “heli-escoba puerto” muy moderno, también está el gran colegio de ciencias mágicas que es un gran castillo… ¿Es que no te lo había dicho? El pueblo de Samhain es un pueblo de brujas y magos, todos son muy sabios y poderosos.



En la escuela, como en la tuya, les enseñan aritmética, literatura y deportes … pero también escritura de hechizos, botánica de hierbas mágicas, elaboración de escobas y varitas, confección de sombreros, capas y zapatos puntiagudos.
¡Y otra materia muy importante! Medicina de animales mágicos. Porque los magos y brujas deben saber cuidar muy bien de sus conejos, búhos, ranas, sapos, serpientes, gatos, liebres y cualquier criaturita que tengan en su poder.
En el colegio de ciencias mágicas hay aprendices de brujas y magos de diferentes edades, allí estudia Gwydion Eliphas, una brujita que es muy inteligente pero al ser tan pequeña nadie la toma en serio, nadie le hace caso … nadie la entiende, así como nadie entendía su nombre, y como no podían o no querían pronunciarlo, todos en el colegio decidieron simplemente llamarle pequeña bruja, porque no había nadie más pequeña que ella en todo el colegio.



En el zoológico de Samhain, como en el de tu ciudad, hay muchos animales, tienen jirafas y elefantes, linces, camellos, orangutanes, tortugas, pingüinos y leones. Entre los leones se encuentra uno muy grande y melenudo cuyos padres nombraron Chukwuemeka, y es el más valiente … pero también el más curioso y soñador, y lo que sueña Chukwuemeka es ser la mágica mascota de una bruja. Pero al ser un león todos en el zoológico se burlaban de él pues no había manera de que un león tan grandote pudiera, por ejemplo, montarse en la escoba de una bruja. Y como todos se burlaban del león y nadie lo tomaba en serio,y nadie le hacía caso y nadie le entendía, así como nadie entendía su nombre, y como no podían, o no querían pronunciarlo, todos en el zoológico decidieron simplemente llamarlo gran gato, porque no había “gato” más grande y más gato que él.




Deben saber que el día de brujas en el pueblo de Samhain es una gran festividad, hay desfile y el pueblo entero adorna cada rincón con calabazas, velitas, mantelitos y esqueletos de pan y caramelo, las brujas usan sus mejores medias rayadas, pulen sus botines puntiagudos y acicalan a sus gatos y escobas.
Los magos usan sus capas elegantes y los sombreros de fieltro, bañan muy bien a sus conejos, hay bocadillos de fiesta, montones de caramelos y todo el día hay espectáculos mágicos para culminar el día con un gran concierto.
Pequeña bruja no estaba entusiasmada de participar en los mágicos espectáculos de aquel año, pues realmente no la dejaban hacer nada, todos decían que era tan, pero tan pequeña, que hacían todo por ella, vamos ¡ni siquiera le permitían colgar los adornos! Pero cuando le dijeron que ella podría participar en el espectáculo para los animales del zoológico, pequeña bruja no lo pensó dos veces, pues sabía que los animales no pensarían que por ser pequeña era menos bruja, o menos mágica.

Gran gato estaba algo triste porque otro día de brujas había llegado, y él seguía sin siquiera conocer a una bruja, seguía soñando despierto con ser el mágico amigo fiel de una buena y poderosa bruja, y remontar con ella el cielo estrellado, cruzar frente a la luna llena lanzando hechizos que convirtieran las gotas de lluvia en caramelos y la hojarasca de otoño en tostaditas de pan para comer con jalea.
Pero cuando les avisaron que tendrían un espectáculo de magia solo para ellos, gran gato se puso feliz ¡por fin podría conocer una bruja de verdad! Le pediría un autógrafo, se tomaría una “selfie” y quizá, si se portaba bien hasta lo invitaría a pasear un día con ella. Entonces Gran Gato se dio un baño de burbujas, cepilló sus colmillos, recortó sus garras, esponjó su melena se puso loción para estar bien guapo y no asustar a las brujas.



Por fin la hora del espectáculo había llegado, la gente del zoológico había adornado todo, pusieron una tarima con cortinas y en punto de las cinco Gran Gato observó cómo iban aterrizando las brujas en sus elegantes escobas, todas en formación, y hasta adelante iba una brujita de lo más linda, pequeña, pero volaba con elegancia, algo tenían sus ojitos violetas que Gran Gato no podía dejar de verla. Hicieron trucos y hechizos con hermosas pócimas de colores, aparecieron ranitas y flores, globos y palomas, pusieron a sus escobas a bailar solas y a sus sombreros a cantar unas rimas preciosas.
Gran Gato estaba tan feliz que hasta le salieron lagrimitas de la emoción, era el que aplaudía con más ganas, chiflaba y les echaba porras, y al final de la función, cuando las brujitas estaban haciendo reverencias para agradecer la amable atención del público, Gran Gato les dio a cada una de ellas un clavel rosado, pero a la brujita más pequeña le dio dos y le sonrió con gran timidez. Aquel bello gesto conmovió mucho a Pequeña Bruja que tampoco le había quitado los ojos de encima al león, le parecía muy gallardo y atento y seguro que él no pensaba que ella era demasiado pequeña para ser bruja.
Armándose de valor, Gran Gato se acercó y le pidió su autógrafo a Pequeña Bruja que gustosa se lo dio y se tomaron fotos, intercambiaron números telefónicos y mientras las otras brujas recogían todo el escenario, ellos dieron un paseo por el zoológico hablando de magia y Pequeña Bruja le confió a Gran Gato cómo se sentía, y que no le gustaba para nada que se burlaran de ella, Gran Gato entendía muy bien y le confesó lo mismo a Pequeña Bruja, ambos se miraron a los ojos y algo muy dentro de ellos hizo una chispa, se conectó, algo encajó perfecto y ambos supieron que desde aquel momento serían amigos ¡los mejores amigos! Y Gran Gato prometió que siempre la cuidaría y guardaría celoso sus secretos, Pequeña Bruja prometió que Gran Gato sería su fiel amigo mágico y que un día ambos surcarían el cielo en noche de brujas, lo juró por su escoba y su sombrero. Y fueron juntos al concierto donde bailaron y cantaron y comieron caramelos hasta bien entrada la noche cuando todos los animalitos del zoológico debían regresar a sus guaridas y descansar.
Pequeña bruja estaba determinada a cumplir su promesa y estudió mucho más de lo que normalmente estudiaba, practicó y buscó y rebuscó en antiguos libros y pergaminos.


Su empeño era tal que sus profesores y compañeros tuvieron que preguntarle que hacía, a lo que ella respondió que quería que un león fuera su compañero de vuelo. Por supuesto todos en el colegio de ciencias mágicas se burlaron de Pequeña Bruja.

En el zoológico, cada noche Gran Gato le contaba a sus amigos que pronto remontaría el cielo con su amiga bruja. Por supuesto todos los animales se burlaron de Gran Gato.

Luego de todo un año de soportar burlas, Pequeña Bruja fue al zoológico con sus compañeras de clase para presentar un nuevo espectáculo por el día de brujas, todos estaban felices y aplaudían pero el gran final estaba reservado para Pequeña Bruja, que pidió a Gran Gato que subiera al escenario y fuera su asistente.
Ahora, Gran Gato –decía Pequeña Bruja– siéntate derechito, con la cabeza en alto y pronuncia conmigo estas palabras mientras te rocío con mis polvos mágicos, repite: “ ¡Cielo estrellado, luna azul, luna roja, luna llena, luna cara de bola, cometas y estrellas fugaces, denme sus plumas de magia y colores , denme el poder de las constelaciones!”
Al terminar su hechizo, los polvos de Pequeña Bruja cubrieron a Gran Gato con un resplandor dorado que se extendió por todo el escenario, los asistentes contenían el aliento…
Al cabo de unos segundos y con un estruendoso y potente rugido, Gran Gato se sacudió y todos pudieron ver que tenía un reluciente par de alas doradas que batía con elegancia. Entonces Pequeña Bruja puso su pequeña escoba en la melena de Gran Gato, a manera de adorno, y luego se montó en su lomo y puff… comenzaron a volar por el cielo del atardecer, con la luna llena y las estrellas mirándolos embelesados.
Y abajo, en la tierra, los animales y los compañeros de Pequeña Bruja se quedaron con los ojos cuadrados, las bocas abiertas y con los calzones caídos, porque jamás creyeron que Pequeña Bruja tendría tal poder, y los animalitos del zoológico no podían creer que Gran Gato no mentía ni exageraba, y que su sueño, después de todo, era posible … ¡aunque parecía imposible!


Aquella noche de brujas, Pequeña Bruja y Gran Gato se dieron el gusto de  volar hasta el amanecer, regresando a la tierra solo para tomar sus pertenencias y salir de viaje para demostrarle al mundo que no hay nadie que pueda decirles que sus sueños no pueden ser, que nadie es demasiado pequeño o demasiado grande para soñar y trabajar por su sueño, que no importa si el mundo entero se ríe, uno tan solo debe sonreír e intentar y ser feliz, sin importar si eres grande o pequeño.
Si esta noche de brujas ves en el cielo aparecer una silueta de un GRAN GATO Y UNA PEQUEÑA BRUJA dales mis saludos y quizá conviertan las gotas de lluvia en caramelos y la hojarasca del otoño en tostaditas de pan para que las comas con jalea.




martes, 30 de octubre de 2012

NOCHE DE LUNA ROJA


NOCHE DE LUNA ROJA
Autora: Elizabeth Sogoviano ©copyright 2012

Es noche de brujas, esta noche como ninguna otra, merece contar una buena historia, como la que ocurrió la última vez que la luna se tornó roja ... 

El viento lo predijo con sus precavidos susurros y desesperados aullidos, lo habían avisado los inmensos nubarrones negros que se posaron sobre la ciudad cargados de relámpagos y truenos ... incluso se podían leer las advertencias en el fondo de las tazas de café, flotaban en el aromático vapor de las hojas de infusiones y se hacían más que evidentes en las barajas del tarot ... pero todas las señales fueron ignoradas, y cuando eso sucede, el destino se torna implacable y busca cumplir a como de lugar la ley más importante de la magia “TODO EL BIEN Y TODO EL MAL QUE HAGAS REGRESERÁ A TI POR TRIPLICADO”.
La suerte de cientos de magos y brujas que habían sido malvados ya estaba echada, y no había conjuro o poción alguna que pudiera salvarlos ... así debía ser, estaba escrito, y era lo justo. Pues por largo tiempo aquellos hechiceros habían abusado de su poder, y era hora de que pagaran por sus descuidos y prepotencia.

Todo había empezado la mañana del día de brujas, cuando los aquelarres se adentraron en el corazón del bosque para comenzar los preparativos de su gran celebración; por doquier se veían a brujas y magos por igual adornando las ramas de los altos árboles con faroles de vistoso papel y los senderos hacia la gran fogata estaban delineados con hermosas calabazas talladas.

En otra parte del bosque ya comenzaban a hervir los negros calderos de vino rojo endulzado con miel y aderezado con canela cardamomo y bayas de todos los colores, algunos magos llegaban ya con crujiente pan recién horneado y otras tantas brujas llegaban a vuelo de escoba con bellos canastos de frutas y toda clase de platillos deliciosos.
Pero en el rincón más alejado del bosque yacían en jaulas todos los animales que usaban los hechiceros para sus encantamientos.

Había un hermoso cuervo de un raro plumaje azulado, cuya jaula era tan pequeñita que nunca podía extender sus alas,y como sus plumas eran tan mágicas ya sólo tenía unas cuantas, pues el mago que lo capturó se las había arrancado casi por completo.
En otra jaula ya desvencijada estaba un sapo grande y cachetón que tenía demasiado calor, pues la dueña olvidó ponerle agua, y el sapo estaba a punto de llorar de sed.
Junto al sapo estaba un conejito blanco, esponjado y temeroso que se sobresaltaba con el menor ruido y sujetaba sus orejitas susurrando ¡uy que miedo! Y es que el mago que lo poseía le encantaba hacer el truco del conejo en el sombrero, pero siempre sacaba al animalito por las orejas y lo mostraba a una multitud que gritaba para luego ser empujado en esa jaulita en la cual no podía correr y ya había olvidado como se sentía recostarse en el pasto o cavar un agujero en la tierra ... también había serpientes, tarántulas y por supuesto muchos gatitos negros que ansiaban ser acariciados y acurrucarse en el regazo de alguna bruja buena, pero en cambio estaban en esas incómodas jaulas por horas y horas, solos sin nadie con quien hablar y cada luna llena les cortaban los bigotes o los hacían salir a espantar tan sólo para que alguna persona malhumorada les aventara un zapato.
Entre aquellas criaturas también se encontraba un grandioso buho blanco cuya cara semejaba a una luna llena, sin embargo, aquel no era un buho común y corriente él era el gran Lebenlicht, un mago de antiguo linaje y alto rango que había querido convertirse en buho para volar libre por el mundo y aprender el lenguaje de la luna, para ser el confidente del viento y conocer el nombre y la historia de los árboles y las plantas; pero antes de que pudiera terminar su primer vuelo fue capturado, enjaulado y despojado de su mágico plumaje, por ello no podía convertirse de nuevo en ser humano.

Pero a pesar de todo el gran mago Lebenlicht se alegraba de haber sido capturado, porque el destino lo llevó hasta allí para que ayudara a esos animalitos que no podían defenderse solos.
El mago sabía que en un día tan especial como el halloween la magia sería mucho más intensa y retornaria con el doble de poder para hacer justicia.
-            Hermanos queridos –decía el mago- estén tranquilos, los días de encierro, tristeza, maltrato y miedo se han terminado ...
-            un buho –interrumpió el cuervo- por más lindo que sea no puede ayudarnos, estas enjaulado igual que nosotros, a ti también te han cortado el plumaje de las alas ... tu alma también fue encerrada, y el brillo que aún poseen tus ojos se desvanecerá rápidamente, no hay nada que puedas hacer.
-            El destino –replicó el mago- se ha encargado de traerme hasta ustedes en este portentoso día, y no soy solamente un buho, soy un mago ... 
-            ¡Uy que miedo! –decía tembloroso el conejito en su jaula mientras sujetaba sus orejas con todas sus fuerzas-
-            ¡Por favor no teman! No todos los magos somos iguales.
-            ¡Croac, mentira! –respondió el sapo- todo lo que los magos y las brujas quieren ... croac... es aprovecharse de nosotros ...croac ... a ustedes no les importamos ... croac ... abusan  de nosotros ... croac ... no les basta con maltratarnos ... croac... tambien nos quitan nuestra libertad ... croac solo para cumplir sus caprichos y hacer su magia egoísta... croac.
-            Tienes toda la razón querido sapo ...
Cuando los animales escucharon aquellas palabras salir de los labios del mago se quedaron perplejos, nunca antes habían escuchado a ningún hechicero aceptar los crueles actos que cometían; entonces supieron que aquel mago hablaba con la verdad, supieron que podían confiar en el y creer sus palabras.
-            yo, el mago Lebenlicht, portador de la promesa del sol y de las tradiciones de la luna, les prometo que no volverán a sufrir, los protegeré no solamente con mis palabras, mi magia, y mis actos, sino con mi vida, pues ante los ojos de las estrellas todos los seres vivientes somos hermanos, todos portadores de las semillas del universo y por ende somos iguales ... y esta noche, la noche más mágica y excelsa del año, la magia actuará a su servicio. Esta noche es su noche.

Entonces, los animales, más tranquilos y convencidos de que aquel mago los ayudaría siguieron sus instrucciones al pie de la letra y esperaron pacientemente a que el sol se ocultara en el horizonte para que los hechiceros comenzaran sus festejos, así, justo cuando magos y brujas se encontraban rodeando la gran fogata que iluminaba el bosque los animalitos desde sus jaulas comenzaron a decir su encantamiento:
“Magia del sol, magia de la tierra, magia que navegas en las estrellas y cabalgas en el viento, escucha la tristeza en mi voz, siente el miedo que domina mi corazón, ven y enséñale a estos hechiceros malvados su lección, tres veces tres es la regla, tres veces tres regrésales su mala intención”. 

Aquellas palabras poderosas guiadas por la magia de Lebenlicht resonaron en el bosque y el viento comenzó a soplar furioso, fuerte y cada vez más fuerte, la luna, majestuosa e inmensa que antes brillaba suavemente se tornó roja de furia en un instante e iluminó los rostros de los hechiceros mientras las ramas de los árboles crujían y sujetaban a cada mago y cada bruja que habían sido malvados y egoístas, así, ante la luna roja el mago Lebenlicht pudo por fin regresar a su forma humana, abrió las jaulas de los animalitos y señalándolos dijo:
¡Ustedes se creen superiores porque son humanos, pero no hay nada humano en maltratar a otro ser viviente, en especial cuando no se pueden defender, no hay nada humano en ver su dolor e ignorarlo, no hay nada humano en negarles su libertad! ¡y ciertamente no hay nada mágico en ello! Se supone que somos portadores de luz, suficientemente poderosos para construir ... ¡construir! ¡no destruir! ¡se supone que somos guardianes y protectores de esta tierra y todo lo que hay en ella! ... ¡que la magia los perdone ... si es que acaso ese es su destino!

Al terminar de decir esas palabras un estruendoso relámpago cimbró la tierra y el cielo cubriendo el bosque con un resplandor cegador y donde antes estaban los hechiceros ahora solo había cientos de figuras de hechiceros hechos de caramelos de todos colores y sabores ... 

caramelos que hasta hoy en día son repartidos por cierto mago que vive tranquilo en alguna calle de alguna ciudad en la que comparte su casa con un hermoso cuervo de plumaje azulado, un sapo cachetón y un conejito que ahora vive feliz en un inmenso jardín.

Así que estén atentos cuando esta noche salgan a pedir dulce o truco, pues tal vez estén tocando a la puerta del gran Lebenlicht, y si son buenos y son amables portadores de luz, les contará de los viajes que ha empredido como buho ... pero, mis niños, si acaso ustedes tienen el corazón oscuro y el egoísmo les suena familiar, es mejor quedarse en casa, cerrar las ventanas y no salir ... en especial si la luna se torna roja, pues uno nunca sabe el momento en el que la magia nos devuelva lo que merecemos en verdad ...
Ahora si me disculpan, debo atender la puerta, es hora de entregar caramelos ;)