viernes, 2 de agosto de 2013

EL ÚLTIMO GRAN DRAGÓN


Este cuento lo escribí hace algunos años y varios soñadores me hicieron notar ¡que nunca lo había subido a mi blog! pues ahora mismo arreglo este error y los dejo con el último gran dragón :D y algo de música relajante que va bien con la historia ;) los quiere Eliz, brujita soñadora ;)


EL ÚLTIMO GRAN DRAGÓN
Autor: Elizabeth Segoviano
©Copy Right 2009 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
“No hacer honor a la vejez es demoler la casa en la que hemos de dormir por la noche”-

Alphonse Karr




Antaño habitaban en los imponentes templos que dominaban las ciudades, y toda la gente acudía a ellos por consejo, pero con el paso del tiempo los fueron olvidando porque ya no eran “fashion” ya no estaban “in” eran cosa del pasado, y lentamente se fueron convirtiendo en un montón de cuentos ... en mitos ...  rumores ... apenas en un susurro.   Sin embargo seguían allí, entre las nubes, por detrás de la luna, en los secretos recovecos de las montañas, esquivando relámpagos, y ocultos en las profundidades de los bosques, seguían vigilando atentos los milenarios dragones, quienes se habían dispersado por todo el mundo para seguir su labor de cuidar y evitar toda clase de injusticias; porque los dragones, lejos de ser pavorosos monstruos, son seres sensibles, inteligentes, sabios, poderosos y sumamente mágicos, cuya naturaleza es la de proteger a todo y todos los que se encuentren a su alrededor.

Ocurrió así que un día estaba el gran dragón Tung-Jen Lung paseando invisible a  los ojos de todos por un bosque de bambú, cuando de repente vio a un par de jóvenes en bicicleta gritarle a un ancianito que acarreaba una enorme pila de leños.

“¡eh! ¡tú! ¡pedazo de dinosaurio a ver si te vas quitando del camino, que no tenemos tu tiempo” – Sin embargo el ancianito no podía escuchar bien y al no hacerse a un lado los jóvenes lo empujaron tirando su leña al río.

El ancianito, adolorido por la caída sólo se limitó a llorar en silencio viendo como el agua se llevaba el trabajo de toda una mañana. Al ver esto el dragón Tung-Jen Lung se deslizó rápidamente por el bosque recogiendo más madera, la apiló junto al anciano, y convirtiéndose en una ráfaga de viento le ayudó a incorporarse, el ancianito bien sabía quien le estaba ayudando, pues recordaba las antiguas leyendas que le habían contado de pequeño sus abuelos, así que le agradeció con una reverencia al gran dragón y siguió su camino.

Entonces Tung –Jen Lung decidió seguir a los irrespetuosos chicos que habían maltratado al viejecito y se sorprendió enormemente al llegar a la moderna ciudad plagada de altísimos edificios cubiertos de cambiantes luces que opacaban por completo el cielo estrellado y presenció cómo los jóvenes agredían, maltrataban y se burlaban de toda la gente mayor, ya fueran sus profesores, sus vecinos, sus propios abuelos e incluso completos extraños. Los chistes crueles, los gritos, empujones y groserías estaban a la orden del día, aquella situación molestó profundamente al gran dragón, porque en antiguos tiempos a la gente mayor se le respetaba, se le tomaba en cuenta, se le consultaba y se le apreciaba por su conocimiento y experiencia, Tung- Jen Lung no comprendía en que momento la gente que había criado y educado a aquellos jóvenes se había vuelto obsoleta, no entendía el porqué de la falta de respeto y sensibilidad de parte de los chicos y otros no tan chicos; así que el gran dragón decidió tomar el asunto en sus manos y enseñarle a toda esa gente una lección importante.

Aquella misma noche Tung-Jeng Lung se convirtió en una suave neblina que cubrió toda la ciudad y lanzó un poderoso hechizo que dice así : “ para cultivar hay que plantar, para comprender hay que sentir, para sentir hay que vivir, para aprender hay que crecer y hoy todos van a envejecer”.

A la mañana siguiente, cuando el sol despertó a todos, se dieron cuenta de que ya no eran tan rápidos, fuertes y jóvenes como hasta la noche anterior lo habían sido, les costaba mucho esfuerzo hacer sus actividades cotidianas, se dieron cuenta de que necesitaban ayuda, y nadie les hacía caso, era como si de un momento a otro se hubieran vuelto invisibles. Los visitantes de otras ciudades los ignoraban, se mofaban y los insultaban, no importaba cuantas veces ellos intentaran explicarles lo que había sucedido, los jóvenes se limitaban a decir: “sí, sí abuelo, mejor váyase a dormir la siesta”.

Los habitantes de la ciudad se sentían frustrados, desesperados, nadie quería ayudarlos, ni si quiera oírlos, fue entonces cuando se hizo presente el gran dragón Tung-Jen Lung, el último que custodiaba aquellas tierras, y posándose sobre los rascacielos dijo : yo también soy viejo, pero no por ello menos poderoso o menos sabio ... igual que los ancianitos que ustedes tan infamemente maltrataron.

He sido yo quien los ha hechizado y no volverán a la normalidad hasta que me demuestren que han aprendido su lección.

La vida no es sencilla, es la experiencia la que nos ayuda a seguir adelante y ustedes están aquí, desdeñando toda la sabiduríaa de estas personas que son tan valiosas como cada uno de ustedes ... algún día mis queridos jóvenes, se despertarán y verán en el espejo que su cabello se ha hecho gris y querrán entonces ser respetados, escuchados y valorados, algún día necesitaran de una mano amiga que les brinde cuidado y ayuda, siembren ahora despecho, ignorancia y groserías, y de soledad, amargura y tristeza será la cosecha de sus últimos días”.

Así, todos los habitantes se miraron avergonzados, ¡cuánta razón tenía el milenario dragón! Largo tiempo le habían dado la espalda a su propio pasado, a sus raíces ... a aquellos que con tanto cariño los habían educado, no, no era correcto comportarse así.

Tung-Jen Lung por fin vio el arrepentimiento en sus ojos y regresó a todos a la normalidad, sabiendo que ahora las cosas serían diferentes porque los jóvenes habían aprendido la lección en su propia piel, y porque el último gran dragón Tung-Jen Lung seguiría siendo el atento guardián contra toda injusticia.



domingo, 14 de julio de 2013

CUENTOS EMPOLVADOS: EL REGALO DEL MAR


EL REGALO DEL MAR


imagen de la página http://www.cocinandoconcatman.com/
Autor: Elizabeth Segoviano
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14

En medio del mar mediterráneo existe una pequeña isla llamada Agios Georgios, en donde cada tarde se pueden escuchar los cánticos de los viejos marineros y pescadores que regresan a sus casas. 
En una de ésas casitas de tejas rojas y paredes blancas marcadas por la brisa marina, vive un viejo pescador llamado Andraki, junto con su nietecita Lena. Ambos salen muy temprano cada mañana a pescar y cuando logran hacerlo en abundancia venden su preciado cargamento en los mercados de las islas cercanas, y celebran tomando té y pastelitos en un café a la orilla del mar; mientras contemplan como el cielo lentamente se tiñe de Índigo y despiertan poco a poco las soñolientas estrellas que cada noche deben guiar a casa a marineros, pescadores y exploradores por igual.


Ocurrió pues, que un día los peces comenzaron a escasear y una mañana unos golpes se dejaron escuchar en la puerta del viejo Andraki PUM, PUM PUM –se escuchaba– .

- Voy, ya voy –decía el viejo– ya voy, calma que va a tirar la puerta.
- ¡Abra en este mismo instante o tiro la casa señor Andraki! –era la voz del señor Malastrakus, el banquero del pueblo, que era bien conocido por su corpulenta figura, terrible carácter, y que, de no ser porque siempre usaba traje y corbata, cualquiera hubiera pensado que era un toro de lidia– .
- ¡Ah, buenos días señor Malastrakus! –dijo Andraki–
- ¡buenos nada! ¡vine a exigirle mi dinero! ¡ya se ha retrasado varias semanas en sus pagos!
- Lo sé señor Malastrakus ... verá, lo que sucede es que la pesca ha estado muy escasa, pero si me da un par de semanas más yo sé que podré darle un pago.
- ¡Un pago! –gruñó el banquero– ¡pero si ya me debe dos! ¡ya no puedo esperar más! ¡o me da mi dinero este fin de semana señor Andraki o mejor va sacando sus cachivaches porque le quitaré la casa y el bote!
- Pero ... pero –titubeó el viejo–
- ¡Nada! –gritó Malastrakus– ¡o me paga, o lo pongo de patitas en la calle! ¡tiene hasta este fin de semana señor Andraki! ¡hasta este fin de semana!


Desde otra habitación, la pequeña Lena escuchaba todo lo que sucedía y se hechó a llorar, pero en aquel momento saltó a su cama un hermoso gatito atigrado que comenzó a ronronearle.
¡Lambis, que bueno que viniste a verme! –decía la niña – porque estoy muy triste.

Lambis visitaba constantemente la casa del viejo Andraki pues se había hecho amigo de Lena desde el día en que ella lo había salvado de ahogarse en la playa una noche de tormenta, a Lambis le encanta escuchar los cuentos de los pescadores y disfruta como nadie tomando el sol en el muelle mientras la brisa juega con sus desalineados bigotes; también adora el sonido que hace sobre el piso el brillante tazón de cerámica que Lena dispuso para servirle leche o sopa de champiñones que le encanta tomar especialmente en días nublados; Lambis es el mejor amigo de Lena, y por eso ella le contó lo sucedido aquella mañana.
Después de que el gato escuchó la terrible historia de sus amigos deseaba ayudarlos, así que se fue al muelle y esperó a que los pescadores levantaran sus redes y anclaran sus botes, y cuando todo quedó en calma, el pequeño Lambis subió a una de las lanchas y comenzó a cantar así :

brisa marinera, brisa de niebla y sal escucha a las vanidosas nubes que quieren la belleza de la madre luna opacar, llévalas contigo a otros cielos a danzar y deja que mi luna tome en sus brazos al mar para que un tierno beso ella le pueda dar.

En segundos, una docena de peces salió a la superficie diciendo: ¿quién canta esa hermosa canción? ¿quién sabe esas palabras secretas que nos llaman a la superficie?
- Fui yo –dijo Lambis–
- ¡Oh pero tú eres un gato! –exclamaron al unísono los peces– ¡tú lo que quieres es comernos!
- ¡No, no! yo lo que quiero es su ayuda
- ¿Ayuda para qué? –preguntaron ansiosos los peces–
- Para mis amigos, necesito saber porqué es tan escasa la pesca.
- Lo que sucede gato –comenzó a explicar un pequeño tiburón– es que estas aguas ya no son tranquilas para tener nuestros bebés, ahora debemos mares muy lejanos, y no habrá peces hasta el otoño.


- ¡Eso no puede ser! –exclamaba el gato- y entonces comenzó a contarles la historia del viejo Andraki y cómo perderían su casa si no reunían el dinero de Malastrakus, cuando terminó de contarles el triste relato ya se habían reunido en la superficie cientos de criaturas marinas, desde pequeños pececillos multicolores hasta enormes calamares y diminutos crustáceos que escuchaban atentos cada palabra que salía de la boca del gato, todas aquellas criaturas se habían conmovido mucho al escuchar la historia, y se sorprendieron aún más al darse cuenta de que el gatito estaba llorando.


- Mira gato –dijo el tiburón– si prometes venir cada noche a cantar como lo hiciste hoy, te daremos a cambio unas cuantas de las más finas perlas nunca antes vistas, pero si vuelves pasado mañana, antes del amanecer y entonas la canción favorita del mar, tendrás un inmenso tesoro.
- ¿Eso es todo? –dijo Lambis– ¡está bien, trato hecho!
- Muy bien, ahora vete y procura regresar antes del amanecer.
Lambis regresó al muelle y se puso a recorrer las antiguas callejuelas del lugar, entrando en tabernas y escuchando cada relato, cada canción que cantaban los marineros y pescadores ... pero nada, no había nada acerca de la canción favorita del mar.


Ya entrada la mañana se dirigía a la casa del viejo Andraki cuando de repente, escuchó un estruendo en un callejón detrás del mercado.


- Disculpa –decía el gatito– ¿puedo ayudarle? –entre enormes botes metálicos de basura y cajas de cartón se encontraba un gran gato blanco–
- ¿Eh? –murmuraba el gran gato– ¿quién anda ahí?
- Mi nombre es Lambis señor, ¿necesita ayuda?
- ¡Oh bueno! –gritaba el gato– debes hablar más fuerte, soy un poco sordo, mi nombre es Polonius ... oh ... no ... espera ... ese es el nombre de mi amo, yo me llamo Cúmulo ... ya que estás aquí ¿te importaría ayudarme a buscar comida? Mi amo es ciego y yo soy todo lo que tiene.
- No te preocupes Cúmulo, yo tengo un buen amigo en el mercado y estoy seguro de que nos dará un par de jugosos filetes, acompáñame y lo verás.


Los dos gatos entraron al mercado y se detuvieron frente al puesto más grande y vistoso, e instantáneamente el joven que atendía el lugar levantó a Lambis diciendo: ¡ah gatito aventurero! ¿dónde te habías metido? Yo pensaba que tal vez te habías embarcado en alguno de los buques y que estarías ya surcando los siete mares, me da gusto que vengas a visitarme ¡oh veo que tienes un nuevo amigo! Hmmm déjame adivinar, quieren algo rico de comer ¿no? pues han venido al lugar correcto anda, escoge lo que desees y no olvides venir a verme pronto minino.
Lambis agradeció al joven lamiendo su mejilla con su rasposa lengua y saltó para escoger un par de enorme filetes de ternera, queso, pan y miel.
- Si hay algo que mi amo y yo podamos hacer por ti Lambis –decía Cúmulo– no dudes en pedirlo.
- De hecho –interrumpió Lambis– tal vez pueda ayudarme, necesito saber cual es la canción favorita del mar.
- ¡Entonces debes venir conmigo! mi amo, el gran Polonius fue un afamado marinero que recorrió por mar todo el mundo, y sabe cientos de canciones y leyendas, si alguien conoce esa canción es él, puedes creerme, además mi amo en uno de sus tantos viajes por tierras exóticas, recibió un regalo de un antiguo jefe de una tribu, es un amuleto con el que puede entender a los animales, así que no hay duda de que él te comprenderá –ambos gatos recorrieron un par de calles hasta llegar a una casita muy humilde– .
- Aquí es –decía Cúmulo mientras comenzaba a maullar– ¡amo, amo! ¡ya llegué y traje muchas cosas! –cerca de la ventana se encontraba el gran Polonius escuchando las olas del mar–
- ¡Oh! Mi buen Cúmulo, que bueno que estás en casa, pero dime ¿cómo conseguiste toda la comida?
-  me la dio Lambis, es mi nuevo amigo.
- ¡Ah bendito seas gatito! ¡que los dioses te colmen de dicha! Te ruego nos acompañes.
- Amo –interrumpió Cúmulo– debemos ayudar a Lambis, él necesita saber cual es la canción favorita del mar.
- ¿Es cierto eso Lambis?
- Así es señor –


El gato contó su larga historia a Polonius, y él le habló de cientos de miles de canciones pero nunca había escuchado de la canción favorita del mar; así que pasaron toda la noche recordando y cantando canciones sin éxito alguno, hasta que un par de horas antes del amanecer Lambis tuvo una idea, le pidió a Cúmulo y al gran Polonius que fueran a buscar al viejo Andraki y a Lena y que los llevaran al muelle. Los nuevos amigos aún sin comprender el plan obedecieron .

Mientras tanto Lambis corrió a la playa subió al faro y comenzó a entonar esta canción “estrella del norte comienza a brillar, llama a los ángeles que detrás tuyo están ,ángeles boreales por hoy, sólo por hoy regaladme el polvo que cae de sus alas, hagan que el agua sea el espejo de la noche y que de sus mil bendiciones mis amigos sean coronados”.


En aquel momento comenzó a caer una llovizna ligera y con ella miles de centellas cayeron suaves en el agua, entonces Lambis bajó al muelle donde ya lo esperaban sus amigos y todos subieron a un bote haciéndose a la mar, de repente, miles de peces se dejaron ver y el pequeño tiburón le preguntó a Lambis si ya tenía la canción, entonces los amigos se miraron entre sí y cada cual comenzó a cantar una frase de esta manera


 “sólo éramos cinco espíritus solitarios, cinco corazones incompletos, cinco vidas a la deriva, pero el cielo quiso que a través del mar nos uniéramos y completáramos un destino por las místicas estrellas ya escrito; ahora sabemos que juntos somos cinco almas gemelas, cinco amigos contra cualquier cosa que nos niegue lo que somos, ahora convertidos en una sólida roca en la cual se rompen las olas del mar; regalo más grande no puede haber que el sabernos juntos hasta el fin de los tiempos “.
- Sé que no es la canción que nos pedían –explicó Lambis– pero se las hemos ofrecido desde lo más profundo de nuestros corazones.
- No te preocupes gato –decía el tiburón– no sólo han interpretado una hermosa canción, además nos has regalado todas estas centellas que yacen en el agua, las cuales guardaremos como nuestro más preciado tesoro. Aquí tienen su recompensa.

Entonces una gigantesca ostra emergió de entre las aguas y el tiburón dijo: súbanla a su bote les hemos prometido un gran tesoro y aquí está, ahora vayan a casa y no olviden venir a cantarnos algo de vez en cuando.
Los amigos llevaron su ostra a la playa y al abrirla descubrieron la más hermosa, gigante, perfecta y resplandeciente perla que hubieran visto, la sacaron y para su sorpresa, debajo de la inmensa perla había un viejo cofre dentro del cual hallaron otro inmenso tesoro con el que el viejo Andraki saldó su deuda con el señor Malastrakus y después compraron una enorme casa en la parte mas hermosa de la playa donde ahora viven juntos Lambis, Lena, el viejo Andraki, Cúmulo y el gran Polonius y cada atardecer se les puede observar adentrarse en las suaves olas para contarle cuentos y canciones a sus amigos del mar.



sábado, 6 de julio de 2013

YA SOY GRANDE


YA SOY GRANDE

Autor: Elizabeth Segoviano ©Copy Right 2013 todos los derechos reservados
   
Cuando seas grande podrás ser todo lo que quieras – dice el abuelo – abogado, arquitecto, doctor, pintor, poeta o escritor.
Cuando crezcas serás más alto- dice mamá - serás fuerte, más sabio y aún más inteligente.
Cuando seas mayor –dice papá – serás respetable, serio, honorable, serás un adulto de palabra, responsable, muy confiable.
Pero yo se algo que ellos no, algo importante, relevante, que dejaron olvidado entre calcetines sin zurcir, sus tazas de café y las cuentas por pagar.
¡YO YA SOY GRANDE!
¡Ya soy alguien! Sé hablar con los animales, soy confidente de las estrellas, ya soy un artista, también científico, ya soy poeta, explorador, filósofo y emprendedor.
No soy un polluelo ni un cachorro, soy águila y halcón, soy un lobo, un jaguar  ¡mejor aún! ¡soy súper héroe, un grifo, ave fénix y tiburón!
Soy honorable, respetable ... quizá no muy responsable pero soy amable, honesto y leal.
Aunque aún soy pequeño ¡YA SOY GRANDE! No importa si no puedes verlo.
Me lo ha dicho la luna, las estrellas, mi perro y el mar.
Y cuando crezca no dejaré de jugar.
Porque no quiero olvidarme del olor de la lluvia, ni del sabor de los copos de nieve.
No quiero reírme bajito y vestir de negro siempre.
Yo ya soy grande, y seguiré siendo grande a mi manera.
Sin ser aburrido ni serio ... porque ya soy grande aunque sea pequeño.



Soñadores, últimamente he tenido días tristes por varios motivos, pero ayer, mientras veía televisión y trataba de garabatear algún cuento nuevo (del que pronto sabrán) me topé con la película "El aprendiz de brujo" que ya había visto y me había gustado, pero ayer me recordó que sigo siendo muy infantil (gracias al cielo) y me recordó que cuando era pequeña me repetían que soñar despierta no servía de nada, pero que cuando creciera me daría cuenta y dejaría mi "extraño" comportamiento atrás y me quedé pensando que muchas veces los adultos tratan a los niños como si no existieran, como si ser niño fuera no ser nada ... yo digo ¡NUNCA DEJEN DE SER NIÑOS! xoxo eliz

lunes, 1 de julio de 2013

SUSURROS


SUSURROS
©Copyright Elizabeth Segoviano 2013
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS 

imagen enlazada desde http://www.zazzle.com

Baila el viento, juega con mi cabello, lo tiñe color del verano, me hace cosquillas en las mejillas, susurra algo y se va.
Viene la lluvia, ligera y fresca, me lava de la cara los besos rojizos del sol, luego me baña en gotas gorditas y perfectas, susurra algo y se va.
Hay un arco iris en el cielo, lo ha pintado un ángel travieso que le gusta revolver los colores del atardecer, me susurra algo y se va.
Aparece la primer estrella, me hace guiños, se ríe, es coqueta, susurra algo y se va.
Sale la luna llena, con sus mejillas perfectas y brillantes, con su halo de luz suave y tierno que calma todos los sueños, se acerca, me da un besito esquimal, susurra algo y se va.
Entra por la ventana una luciérnaga, hace dibujos hermosos en la oscuridad, besa mis párpados, susurra algo y se va.
Luego viene un hada, reina de los sueños y de todas las aves, me dice que el viento me ha dado alas para surcar el cielo entero si así lo quiero.
Y que la lluvia jamás permitirá que yo me convierta en un ser gris y aburrido, que siempre me llevará a jugar entre los charcos y correremos libres entre callejones y rascacielos.
Dice que tengo más de un ángel guardián y que nunca me dejarán luchar solo , que jamás me perderé en la oscuridad .
El hada sabe que estoy  hecho de estrellas, que por eso puedo reír y hablar con ellas, y que la luna, princesa de la noche, maga y guardiana de los niños,  siempre alumbrará mi camino.
Y entre lluvia, ángeles, estrellas, luciérnagas y la luna, sabré hacer mis sueños realidad, porque tengo alas, porque en mis venas fluye la magia, porque soy un ave estelar, porque yo se ver más allá de la realidad ... y si escuchas los susurros del mundo, sabrás que tu también eres así de especial.


sábado, 22 de junio de 2013

ALAS DE HADA (con todo cariño para Oliver)


Soñadores, se que normalmente escribo cuentos para los pequeños, cuentos muy felices y graciosos o extravagantes, pero hoy les pido una disculpa si este cuento no es así, este relato iba a ser parte de una antología de cuentos acerca de la importancia de la donación de órganos que estaba creando Oliver Herrero, el fundador de un blog llamado http://artistasunidoscontraleucemia.blogspot.mx/
algunos de ustedes colaboraron con él, algunos de ustedes eran sus amigos, al igual que yo, y hace unos días Oli partió al cielo, no se si más adelante podamos continuar con el proyecto de la antología, pero este es mi pequeño homenaje  con todo mi cariño, admiración y respeto, este cuento es para ellos.
ALAS DE HADA
para Oliver gracias por haber hecho una diferencia
Autora: Elizabeth Segoviano
Más allá de donde tus ojos pueden mirar … allá, entre las constelaciones que aún no tienen nombre, existe y siempre ha existido el mundo de la hadas, visible solo para quienes saben ver más allá de la realidad.
Allí vivía feliz Liberyth, un hada juguetona, traviesa y curiosa que todo lo quería investigar y explorar, 
Así se hizo amiga de todos los unicornios y domó a más de un dragón, conoció a los elfos más sabios y a los duendes más juguetones, pero una noche un tanto oscura en la que no había ninguna luna sobre el cielo de las hadas, Liberyth vio un destello cruzar la azul inmensidad, y quiso seguirlo.
Empezó a volar detrás de esa hermosa estela de luz rogándole que se detuviera, pues tenía mil preguntas por  hacerle, pero aquella luz era una estrella fugaz, y no tenía tiempo de detenerse a jugar y platicar, pues las estrellas fugaces deben recorrer todos los cielos en donde quiera que haya uno para cumplir deseos y hacer sueños realidad. Y al tratar de seguir a la estrella, las alas de Liberyth comenzaron a desgarrarse cayendo a la tierra como un fino polvo que hizo a las luciérnagas brillar, y con el polvo también había caído Liberyth, un hada curiosa, juguetona y distraída que ahora no tenía alas, y sin ellas no podría regresar al lugar del cual había venido.
Liberyth se encontró en un mundo sin doce lunas en el cielo, ni agua de colores, un mundo sin unicornios que la llevaran a donde quisiera, ni dragones que la defendieran, un lugar sin elfos sabios que la aconsejaran, ni flores hechas de luz de soles para dormir dentro de ellas ... Liberyth se asustó, estaba perdida, adolorida, cansada y completamente sola, se recargó en una roca y cerró los ojos tratando de contener las lágrimas.
Cuando de repente, un sonido peculiar que jamás había escuchado antes le hizo levantar la mirada:
-         Gurr, gurr ... gurr, gurr?
Frente al hada se encontraba una esponjosa paloma que la observaba con suma curiosidad.
-         ¿cómo? –decía Liberyth– habla más despacio
-         ¿Gurr, eres un hada, gurr, gurr?
-         Así es ...
-         ¿Y gurr qué haces aquí gurr, gurr?
-         Estaba siguiendo una estrella ... mis alas se desgarraron ... caí ...
-         ¿Gurr, no puedes ir a casa, gurr, gurr?
-         No ... no sin mis alas.
-         Gurr, no puedes quedarte aquí, gurr, gurr, podría morderte un gato, o podrían meterte en una jaulita para que cantes todo el día. Gurr, gurr, mejor ven conmigo, gurr, gurr, anda, sube a mi lomo, te llevaré al viejo campanario donde vivo,gurr, gurr es calientito, y se ve toda la ciudad, gurr, gurr.
El hada, agradecida, se montó en la paloma y juntas remontaron el cielo de aquella enorme ciudad, sorteando rascacielos, girando a la derecha, luego a la izquierda, a toda velocidad, por fin llegaron a una antigua iglesia abandonada y la paloma depositó suavemente a Liberyth en su nido, donde le dio a beber agua de lluvia y miguitas de pan que había guardado para la cena.
Después de tan largo día el hada quedó rendida y se acurrucó bajo las alas de la paloma durmiendo plácidamente.
Pero la paloma no dormía, estaba preocupada por el hada, pues sabía que un hada sin alas no podía vivir mucho tiempo en la tierra, y sabía también que las hadas eran importantes porque confeccionaban los sueños de los niños, porque hablaban con los ángeles guardianes y los protegían, entonces, la paloma comenzó a arrancar su plumaje, todo, no le quedó ni una pluma, pero con ellas confeccionó un par de alas para el hada, y para cuando despuntó el alba, la paloma ya se las estaba poniendo a Liberyth.
-         ¿qué has hecho palomita?
-         Gurr, gurr, un hada es más importante que una paloma, gurr, gurr, debes volver a casa, gurr, gurr.
-         Pero sin tus plumas no puedes volar, es invierno y no sobrevivirás.
-         Viviré –decía la paloma– a traves de ti gurr, gurr. Seré tus alas, estaré por siempre contigo, tu me recordarás y así nunca moriré, tu serás parte paloma y yo seré parte hada, jamás te dejaré.
El hada conmovida ante tal acto de bondad, solo podía prometerle a la paloma que sería la mejor hada de todas, que siempre protegería a los niños y que su historia sería por siempre contada por los sabios elfos.
Ráfagas heladas entraban en el campanario, el frío era intenso, y la paloma estaba quedandose dormida, le dió una última mirada tierna a Liberyth y cerró los ojos, el hada lloró y sus lágrimas cubrieron a la paloma, entonces de entre las estrellas bajó un suave resplandor, era Lebenryth, el elfo más sabio y poderoso de todo el mundo de las hadas.
-         Vamos a casa Liberyth, te necesitamos
-         ¡Lebenryth! –decía entre sollozos el hada– ¡la paloma!
-         He visto el increíble sacrificio que hizo por ti, y me la llevaré a nuestro hogar entre las estrellas, ahí será un hada y su historia será escrita en nuestros pergaminos, una justa recompensa por darte sus alas.
Desde aquel día la paloma es conocida como Dovenryth el hada de la vida, el hada que ganó sus alas, dándole alas a Liberyth. 

OLIVER HERRERO siempre fue un ángel, contagiaba alegría y optimismo, todo lo que hacía estaba lleno de un amor total y completamente puro ... fue una de las personas que me ayudó a creer un poco más en mí, un muy buen amigo, un alma deslumbrante, un guerrero admirable ... y yo tuve la fortuna de ser su amiga, de colaborar con él, de ser iluminada por su luz ... hoy ya no está más aquí, le fueron concedidas sus alas, pero Oliver marcó a todos los que le conocimos ... ¡dejaste una huella en el mundo Oli! tu vida no pasó desapercibida, nos  dejaste muchas lecciones de amor y de lucha.
Amigo querido, jamás serás olvidado, se que ahora sonríes entre las estrellas ... hasta siempre Oliver, hasta que la luna nos encuentre o nos fundamos con el sol ...

viernes, 21 de junio de 2013

CUENTOS EMPOLVADOS: LA LEYENDA DE DRALIÓN

Soñadores, este cuento empolvado que puse hace mucho tiempo, me lo ha pedido un soñador que está enamorado y que quiere que le dedique esta historia porque le encanta, algunos de ustedes la han leído en inglés http://stories4dreamers.blogspot.mx/2012/07/the-legend-of-dralion.html
pero nunca hace mal releer una historia que nos gusta :) y con todo cariño le dedico esta leyenda a Samuel y a su luna.
LA LEYENDA DE DRALIÓN

Autor: Elizabeth Segoviano ©Copyright TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14



Nada es eterno, sólo el tiempo ... aunque ... a veces, sólo a veces, hay actos que lo sobreviven todo y se convierten en leyendas; y ésta es una de esas pocas hazañas que ha vencido la eternidad ... la leyenda de Dralión.
Más allá, donde se duerme el sol ... oculto entre mundos que sólo podemos imaginar, nació hace mucho, muchísimo tiempo, un dragón colosal, de duras escamas doradas y ojos tan azules como el cielo más azul que puedas recordar, su voz era profunda y dulce, apacible y capaz de calmar las tormentas, ventiscas y el enfurecido oleaje del mar.
Dralión solía pasar días enteros recorriendo las galaxias, admirando la belleza de las estrellas, nombrándolas y hablando con cada una de ellas para saber sus historias ... ¿de dónde venían? ¿cual era su propósito? ¿cuales eran sus sueños? ... ¿qué había en lo más profundo del corazón de una estrella? ...
Así, día a día, noche a noche, y de estrella en estrella, el buen Dralión fue convirtiéndose en el guardián de los secretos más profundos y sagrados de todas las estrellas, él sabía muy bien, porqué y para qué y a dónde se dirigían las estrellas, porqué, para qué y por quién habían sido creadas (pero ésa es otra historia) y como guardián, y como dragón, juró protegerlas hasta el fin de los tiempos.
Pero sucedió que un día en su recorrido habitual, el colosal dragón notó que una de las estrellas más hermosas y gigantescas llamado Sol estába profundamente triste, se quedó en silencio, con la mirada perdida en el horizonte, y de a poco, su luz comenzaba a opacarse, Dralión sabía que algo muy grande e importante estaba ocurriendo, (aunque ... incluso las cosas más pequeñas son enormes en la vida de una estrella) y muy lentamente el dragón comenzó a acercarse, porque, contrario a lo que se pueda pensar, las estrellas pueden ser muy tímidas y reservadas.
Al principio el guardián sólo se sentaba en una de ésas rocas flotantes en silencio, después se sentó más cerca ... y más cerca ... y más cerca mientras el Sol lo miraba con curiosidad, y así pasaban mucho tiempo, en silencio uno al lado del otro ... se diría que Dralión escuchaba el silencio del Sol ... sí, porque incluso en silencio uno puede decir muchas cosas.
Fue así que el dragón guardián notó que el Sol se iluminaba y su fuego crecía cada vez que se levantaba en el horizonte una gran roca blanca que era el satélite de un planeta llamado Tierra, se llamaba Luna, y ella se sonrojaba tanto que brillaba aún más, pero entonces el Sol se ponía triste, bajaba la mirada y suspiraba ... ¡el Sol estaba enamorado de la Luna!
- Amigo Sol –decía Dralión– tu corazón suspira por ésa Luna, y deberías ir con ella.
- No puedo ...
- ¿Porqué no? todas las estrellas viajan, todas se unen a otras estrellas
- ¿Ves aquel planeta allá a lo lejos? ¿aquel que es azul?
- ¿Qué hay con él?
- En ése lugar hay mucha vida, y toda es hermosa, y frágil, muy frágil, si yo me fuera, ellos no podrían existir, todo ahí me necesita ... y yo los necesito también, los he visto crecer, conozco cada historia, cada criatura grande, pequeña o microscópica, cada hoja y cada flor ... igual que tú conoces todas las estrellas, así como tú nos amas y nos brindas tu protección, así también los quiero yo, y la Luna también es su guradiana, ella conoce todos sus sueños, ella puede calmar todos sus miedos; son criaturas únicas las que habitan ése lugar, los humanos se creen muy fuertes, pero la verdad es que no les gusta estar solos, ni les gusta la oscuridad, son tan felices cuando me acerco y los abrazo y los calmo, y les digo que yo, desde lo alto simpre estoy a su lado ... no podría jamás dejarlos Dralión, son mis protegidos.
Entonces el inmenso dragón se retiró, se fué volando hacia la Tierra y la recorrió toda, admirando su cambiante belleza y mirando cuidadosamente a todas las personas, y entonces lo vió, aquellos seres de comportamiento un tanto excéntrico eran como girasoles, toda su vida y sueños giraban en torno al calor y la luz que les daba el Sol, pero no sólo éso, en sus ojos y en sus sonrisas había ése mismo resplandor que tenían la Luna y el Sol, así Dralión se fué al pico de una altísima montaña y comenzó a entonar un canto : “ por el agua, sobre el cielo y más allá del mar, entre estrellas, sobre el tiempo y sin dudar, que se abran los portales, que se den las señales, un minuto, un suspiro y nada más, una vida y un sueño hecho realidad; por el poder de mi voz, por la fuerza de mi alma, por todos los secretos de los que soy portador, le pido al universo que de tiempo en tiempo la Luna y el Sol puedan vivir su amor”.
Justo después de entonar aquellas palabras ¡algo increíble ocurrió! El medio día se oscureció y La luna apareció majestuosa sobre el cielo cubriendo al Sol con un abrazo que sólo dejaba ver su brillante silueta; así, juntos, como siempre habían querido estarlo, para contarse sus secretos, para besar sus mejillas, para ser uno sobre el cielo de aquel azul planeta que llamaban hogar, el milagroso encuentro sólo podía durar unos cuantos segundos, pero incluso un segundo basta y es más que suficiente cuando se puede convertir un sueño en realidad.
Esta es pues la leyenda de Dralión, el dragón que ocacionalmente se convierte en una especie de cupido cuando sucede el asombroso milagro que nosotros, simples humanos de comportamiento un tanto extraño, llamamos “eclipse” ... pero ahora ya saben que es lo que realmente significa, así que la próxima vez que sonrían no olviden que llevamos el brillo de nuestros hermosos guardianes, porque estamos hechos de Luna y de Sol.

lunes, 10 de junio de 2013

CUENTOS EMPOLVADOS: UDAYÁN



UDAYÁN
Autor: Elizabeth Segoviano
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Dedicado a la memoria de mi madre, y a todos mis ángeles en el cielo ...

Lejos de aquí y lejos de allá; justo a la mitad, en el ombligo del mundo, fueron a parar más de una docena de piratas que llevaban muchas semanas a la deriva, arribaron a una enorme isla donde encontraron refugio del océano y se dejaron caer en las suaves arenas para descansar; no habían pasado ni un par de horas cuando numerosos chillidos sacaron de su sueño a los piratas; a la orilla de la playa, dos enormes tiburones de piel plateada emergían a toda velocidad devorando todo cuanto estuviera a su paso, pero lo que buscaban con más empeño eran los nidos donde descansaban cientos de huevos de tortugas. Aquella batalla era injusta, ni siquiera las tortugas adultas se podían defender ante los letales colmillos de sus enemigos, en pocos minutos la playa quedó en silencio, como si nada hubiera ocurrido; a lo lejos sólo se distinguían unas cuantas sombras tiradas en la arena, eran tortugas heridas que habían peleado con fuerza en su afán de defender sus preciados bebés, atónitos, los piratas que aún asustados se encontraban en la playa, se acercaron a las tortugas, las ayudaron, y con lo poco que tenían las curaron; entre aquellas valientes había una que era enorme, de caparazón azulado y piel gris verdosa y agrietada, se podía ver que no era su primera batalla y al mirarla a los ojos se podía ver que el paso del tiempo se los había hecho sabios y profundos, como los inmensos abismos que siembran el fondo de los océanos.

La luna llena brillaba majestuosa en lo alto del cielo, y el silencio sólo era interrumpido por el chisporrotente sonido de la fogata que habían encendido los piratas mientras se disponían a comer lo que aquella isla les ofrecía, de repente, una voz profunda se hizo escuchar en todo el lugar, parecía un cántico, era dulce y hermoso, pero triste, muy triste. Los piratas se miraron unos a otros, sorprendidos, en silencio, y sin saber exactamente porqué, comenzaron a llorar; el capitán, sobreponiéndose a tan fuerte emoción, se acercó a la enorme tortuga, quien emitía ese sonido.
- No llores tortuga –decía el capitán– sé que deben dolerte mucho tus heridas, pero vas a sanar.
- No es por éso que lloro –explicó la tortuga–
- ¡Puedes hablar!
- Así es, he vivido mucho tiempo y he aprendido el lenguaje de los hombres, te agradezco el que nos hayas salvado.
- ¿Entonces porqué lloras tortuga? Y ¿qué es lo que cantabas?
- Lloro por las tortuguitas que fueron devoradas, y la canción es para pedirle a la Luna que cuide a los bebés que quedan
- ¿Y qué dice? –preguntaron los demás piratas al unísono–
- dice : que mil rayos de Luna se infiltren en tus ojos y no te dejen perder en la oscuridad, que la Luna abrace las olas por las cuales habrás de viajar y te traiga a salvo de regreso al hogar.
- Es muy hermosa –dijo el capitán– ¿dónde la escuchaste tortuga?
- Mi nombre es Udayán, y aprendí ésa canción de mis abuelos y ellos de los suyos ¿cual es tu nombre? –preguntó la tortuga-
- Me llamo Draco –respondió el pirata–
- Bien Draco ¿puedes ayudarme a levantar?
- ¿Levantarte? –gritó el capitán– ¿acaso estás demente? ¡estás herido!
- Lo sé, pero los tiburones regresarán, tengo que proteger los nidos.
- ¡No! ¡de ninguna manera voy a permitir que te arriesgues de nuevo, si ésos tiburones vuelven, mis hombres y yo los estaremos esperando.

Y así lo hicieron, Draco y sus piratas pudieron herir a uno de los tiburones, logrando así proteger los pequeños huevos.
- Muchas gracias por salvar a nuestros bebés Draco, eres un buen hombre, me alegro de que las olas los hayan traído a nosotros –mientras el viejo Udayán hablaba Draco mantenía la mirada fija en la arena–
- Te equivocas Udayán –dijo el pirata rompiendo al fín el silencio– no soy bueno, antes de llegar aquí hice muchas cosas malas, yo ...
- Éso ya no importa –interrumpió Udayán, el Draco del que me hablas nunca lo conocí, seguramente el mar lo ha cambiado, porque el Draco que yo conozco es bueno, de otra forma, no te habrías conmovido con mi canción, ni nos hubieras ayudado, lo que haya sucedido antes sólo es el pasado, y debes dejarlo atrás, toma lo mucho o poco que hayas aprendido y sigue adelante.
Draco sonrió tímidamente, y con una caricia agradeció las palabras de su nuevo amigo.

Las semanas transcurrían y un día los hombres del capitán le dijeron que extrañaban a sus familias y amigos y que deseaban regresar.
- Tienen toda la razón –dijo el capitán– es hora de marcharse, deben irse ahora que el clima es bueno y la mar está tranquila.
- ¿Usted no viene capitán? –preguntaron sus hombres-
- No, yo me quedo con Udayán.
- ¡Entonces nosotros también nos quedaremos capitán!
- ¡Es una orden! –gritó Draco– deben partir de inmediato.
- ¿Porqué te has quedado? –decía Udayán acercándose lentamente- ¿acaso no deseas volver a tu hogar?
- No hay nada para mí en ése mundo –dijo Draco mirando con ternura a su amigo– además, ¿qué vas a hacer si vuelven los tiburones? Necesitas ayuda, y, a decir verdad, ansío ver a las tortuguitas nacer.

Unos días más tarde, justo al ponerse el sol, algo comenzó a moverse en la arena, poco apoco fueron saliendo las cabecitas, aletas y pequeños caparazones de las tortuguitas, la playa completa se llenó de vida, parecían hojitas guiadas por el viento aquellas pequeñitas despertando a la vida, era realmente hermoso ver aquel antiguo y renovado ritual, las pequeñas tortugas haciendose a la mar en busca de su identidad, corriendo al encuentro de un mundo inmenso y desconocido que poco a poco las envolvía en la distancia, en aquel momento Dracco miró a Udayán, su añejo rostro estaba empapado de lágrimas que resbalaban lentamente mientras la tortuga murmuraba palabras que Draco no podía comprender : “Eis ushi na kalki maal ahaabra oy nu waky ashi na kalki dass”.
- ¿Qué es lo que murmuras? –preguntó Draco–
- Significa : “decimos hola mientras nos alejamos en el adiós, y en un adiós habremos de regresar” ... ¡ay querido Draco! He visto ésta misma escena miles de veces ya, y aún me conmueve como la primera vez que la presencié.
- ¡Son tan pequeñas! ¿no pueden quedarse aquí hasta que crezcan un poco más?
- No podemos protegerlas del mundo ¿cuánto tiempo podríamos retenerlas antes de que huyeran tratando de saciar su curiosidad? Es mejor así ... dime ¿acaso lograron retenerte a tí?
Draco guardó un porfundo y solemne silencio mientras les deseaba suerte a las tortuguitas.
Los años pasaban como si fueran días, varias generaciones de tortugas habían recorrido el mundo y regresado a la isla;y en todo ése tiempo Udayán le había enseñado a Draco todo cuanto él sabía, le mostró como leer las estrellas, y encantar a las nubes y también todas sus mágicos cantos, pero un día, mientras paseaban por la playa Udayán dijo :
- Mi amigo, debo decirte que tengo que partir.
- ¿De verdad? ¿y puedo ir contigo? Podría construir un bote y seguirte ¡sería fantástico! ...
- ¡No! ... no Draco, a donde voy no puedes seguirme, mi hora de partir ha llegado.
- ¡Éso no puede ser! ¡no quiero que te vayas, ¡no me dejes! ¡tú eres mi hogar! ... además hay tanto que aún debes enseñarme
- Draco –interrumpió la tortuga– mi querido amigo, saber de ciencias y letras, arte y magia es bueno, muy bueno, pero toda la sabiduría que necesitas está dentro de tu corazón, además ¿quién dijo que debemos decir adiós? Tal cosa no existe Draco, sólo se está tan lejos de aquellos a quienes amamos como se desea, la distancia y el tiempo se convierten en un suspiro Draco ¡un suspiro! ¡éso es todo! ... Mira cómo las olas del mar se comienzan a agitar, juegan un rato en la arena, luego se dan la vuelta y se van, mas nunca se despiden, sólo se abrazan a la playa, se besan entre ellas y se ponen a viajar, será porque todas saben que no importan el tiempo ni la distancia, ya que un día se habrán de encontrar; quizá saben que serán diferentes, pero su esencia seguirá igual, y cuando se encuentren en algunas lejanas arenas verán en su interior, y sin ningún titubeo se abrazarán y correrán hasta que la Luna aparezca y las tome entre sus brazos para arrullarlas y luego dejarlas dormir en paz, y cuando las despierte el Sol se abrazarán y cada cual tomará su rumbo sin decir adiós, sólo se dirán ¡hasta siempre! Hasta que la Luna las encuentre, o se fundan con el Sol ¡qué hermoso es vivir como las olas Draco! ¡seamos olas! Hemos compartido nuestro camino y disfrutado lo que nos ha sido concedido, nos hicimos más sabios y ahora que es el final de nuestro camino, debemos abrazarnos bien fuerte y no decir adiós, sino hasta siempre, porque yo creo que al igual que las olas saben ver en su interior, nosotros sabremos reconocer a las almas amigas que estuvieron a nuestro lado, y colveremos a iniciar nuestro viaje y nunca diremos adiós, sino como las olas, diremos ¡hasta siempre! Hasta que la Luna nos encuentre, o nos fundamos con el Sol.

Los dos amigos se abrazaron largo rato, hasta que la primer estrella apareció en el cielo y Udayán comenzó a alejarse en las suaves olas diciendo:¡hasta siempre Dracco, hasta siempre!
- ¡Hasta siempre! –respondió el capitán– ¡hasta siempre Udayán!
Lejos de aquí y lejos de allá, justo a la mitad, en el ombligo del mundo se puede escuchar a Draco cantar así “que mil rayos de Luna se infiltren en tus ojos y no te dejen perder en la oscuridad, que la Luna abrace las olas por las cuales habrás de viajar y que te traiga a salvo de regreso al hogar “ la canta para guiar y protejer a las nuevas tortugas, pero también para recordar que él y su amigo, la tortuga Udayán, siempre van a estar juntos en el cálido y eterno hogar que el capitán Draco tiene por corazón.