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jueves, 4 de septiembre de 2014

CONEJITO MIRA LA LUNA

CONEJITO, MIRA LA LUNA
Elizabeth Segoviano Copyright©2014 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

En un valle distante había construído su madriguera una mamá conejo, y ahí tuvo un pequeño conejito que era lindo, curioso y travieso, era esponjoso, ruidoso y también cariñoso.
Pero con el paso del tiempo el conejito inquieto ya lo había recorrido todo, cada agujero, cada rama, cada hoja y hasta el arroyuelo.

Y el conejito lloraba cada mañana al ver que seguía en ese inmenso valle verde y frondoso que tenía árboles frutales y muchas aves que trinaban canciones ancestrales.
Mamá conejo lo abrazaba y le daba besitos esquimales, le hacía cosquillas en la barriga y le daba a morder dulces raíces florarles.
Pero conejito no quería comer, conejito lloraba porque quería viajar, explorar lugares que solo podía soñar.

Ya habrá tiempo para eso, decía mamá conejo, cuando seas más fuerte y te hagas mayor irás a donde quieras, pero aún eres mi conejito soñador y te quedarás conmigo porque eres pequeño e indefenso, eres distraído y aún no sabes nada  del mundo exterior.
Entonces mamá conejo le contaba cuentos de la luna y de esa gran mancha que tenía que parecía un conejo como él, y solo así el conejito se contentaba y se dormía, mirando la luna ... a quien su mamá conejo llamaba mamá luna.

Mas ocurrió un día que a las orillas del frondoso valle se escucho un rugido raro, y conejito corrió a ver que ocurría, era un camión enorme el que rugía y conejito se trepó en él para ver porque gruñía.
Entonces el camión se sacudió, tosió y arracó a toda velocidad con todo y conejito quien sorprendido se carcajeaba y decía : ¡adiós, adiós valle aburrido! ¡adiós adiós señor buho y señor topo! ¡adiós, adiós peces del arroyo! ¡adiós, adiós días aburridos! ¡me me voy, me voy a recorrer el mundo y ser aventurero! ¡no más conejito soñador! ¡soy un explorador!

Sobre el camión observó el conejito muchos caminos, bosques y un lago, luego una gran carretera que se doblaba como una serpiente y después observó a una ciudad iluminarse mientras caía el atardecer.
Aquel lugar era como un laberinto, lleno de ruidos y gente corriendo.
Nadie escuchaba ni era amable o atento, y conejito comenzó a sentir miedo.
Entonces respiró hondo y miró el cielo, ahí estaba mamá luna con su mancha de conejo y conejito sintió un hueco en el pecho.

Se había alejado del valle pero también de su mamá, de repente solo quería estar en su madriguera de suave paja escuchando los cuentos de la luna en la dulce voz de su mamá. 
Conejito se asustó, no sabía como regresar ... se dio cuenta de que en verdad era demasiado pequeño y que necesitaba alguien que lo cuidara.
Conejito lloró y sollozó mirando la luna, sabía que en algún lugar lejos, su mamá conejo estaba mirando la luna preguntándose donde estaría su conejito soñador.
Pero mamá conejo era muy inteligente y le había pedido a los mirlos del campo que siguieran al camión y ellos le dijeron en donde estaba su conejito soñador.
El señor búho que todo lo había visto le ofreció sus alas a mamá conejo y volaron juntos a través de bosques y lagos, y siguiendo la carretera que parecía serpiente hasta llegar a la ciudad.
Y ahí, junto a un enorme camión que ya no rugía estaba conejito soñador, con lagrimones corriendo por sus mejillas peludas y su barriguita gruñendo de hambre, gruñendo por unas verduras.
Mamá conejo se estiró y tomó en sus brazos al conejito que se aferraba a ella y le decía que nunca jamás querría dejar de nuevo el valle.

Al llegar a su madriguera , mamá conejo arropó a su conejito, le dio besitos esquimales y le dijo : conejito soñador, cuando seas mayor podrás hacer todo lo que desees, podrás ser un gran explorador, astronauta, un marino o un gran investigador, pero aún eres pequeño y no pudes estar solito en un mundo tan inmenso.

Conejito suspiro y dijo que no quería volver a estar sin ella, porque estar sin ella le hacía sentir un hueco gigante en el pecho.
Conejito soñador, decía mamá conejo, yo estaré contigo aún cuando tu estés lejos, cuando mires a mamá luna, la estaré mirando yo, cuando veas su mancha de conejo piensa que soy yo para darte las buenas noches y cuando yo la vea pensaré que eres tú para darme las buenas noches.
Tu y yo nunca estaremos separados, pues aunque seas un gran explorador, tendremos la luna llena, incluso la luna menguante y sabrás que en su tenue brillo viaja todo mi amor.
Conejito, mira la luna, y sueña que eres explorador, y cuando te hagas mayor y seas explorador, mira la luna y sueña que estás conmigo en nuestro valle y te doy besitos esquimales.
Conejito mira la luna y estaremos juntos como hoy, como siempre, te lo prometo yo.


miércoles, 27 de agosto de 2014

CAJITA DE HAIKUS

CAJITA DE HAIKUS
Elizabeth Segoviano Copyright© 2014 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Tengo bajo mi cama una cajita de madera, mi abuelo y yo la adornamos con lunas y estrellas.
Todos los días escribimos algo en hojitas de papel, las doblamos con cuidado una y otra vez hasta que la hoja se convierte en una grulla de papel.

Mi abuelito dice que las guardemos en la cajita estrellada para que las grullas sueñen que vuelan en una noche dulce y callada, -Son para que los leas cuando estes triste o aburrido- dice mi abuelito sonriendo al ver que nuestra cajita casi se ha llenado.

Un día amaneció lloviendo tanto que casi no se veía el sol, yo estaba resfriado, adolorido y aburrido, entonces mi abuelito y yo sacamos la caja de abajo de la cama, él frotó sus manos y digo “¡SENZABURU! Entonces las grullas de papel salieron volando por toda la habitación, una a una venían a mí y se desdoblaban para que yo leyera los secretos que escribí.
Eran los dulces haikus que habíamos escrito mi abuelo y yo.

“Venus se ríe

Le cuento mis secretos
La noche calla.”

“Las tardes ocres
Huelen a chocolate
El viento canta”.



“El sol naranja
Se duerme conmigo
Soñamos juntos”.

“Gatos maullando
La luna se alegra
Los ratones no”.

“Lluvia fresca
Mi alma se alegra
Es primavera”.

“Gotas de luna
Brillan en mi ventana
Huele a tierra”.

“Silba el bosque
Magia en el aire
Me salen alas”.

Las grullas nos hacen cosquillas a mi abuelito y a mí, de repente la puerta se abre, es mi mamá que nos trae chocolate caliente y rollitos de canela con anís.
Las grullas se asustan y se dejan caer, mi abuelo y yo nos reímos, mamá nos dice que recojamos todos esos papelitos.

Mi abuelito y yo pasamos la tarde volviendo a doblar nuestras grullas para regresarlas a su cajita de noche estrellada, mientras, damos sorbitos al chocolate y guardamos entre las grullas recuerdos como el del día de hoy.


jueves, 10 de julio de 2014

EL GUARDIÁN DE LOS SUEÑOS CAPÍTULO V


EL GUARDIÁN DE LOS SUEÑOS
CAPÍTULO V
A DONDE TU VAYAS, YO VOY
Autora:Elizabeth Segoviano copyright©2014

Aldebarán salió al jardín cuando los rayos del sol ya bañaban todo en un resplandor rosado, con calma se recostó sobre su barriguita sintiendo el húmedo rocío en el césped y cuidadosamente le acercó el hocico a una florecilla de diente de león ... la flor entonces abrió sus diminutos ojos y le hizo un guiño, el guardián sonrió y comenzó a soplar hasta que los finos pelillos de la flor salieron flotando con la brisa, todos los pelillos se dirigieron hacia el oeste para perderse en un sendero olvidado.
El guardián supo que tendría que recorrer ese sendero si deseaba la ayuda de los seres mágicos ... sin embargo, aquel sendero era largo, retorcido, oscuro y no había sido recorrido en muchos años, no sería fácil adentrarse en él.
-         ¡Decisiones, decisiones! –se escuchaba un susurro-
-         ¿Quién anda ahí?- dijo Aldebarán incorporándose rápidamente, pero no logró ver nada o a nadie-
-         ¡El guardián necesita tomar decisiones! –susurró la voz mientras una brisa juguetona revolvía el pelaje del oso- ¡el guardián necesita observar, observar con cuidado todas las señales!
Aldebarán supo que podía confiar en esa voz ... la voz del viento, que era muy sabio por todo lo que había visto y recorrido, también por todas las voces que había escuchado; el oso observó a su alrededor viendo el follaje de los árboles estremecerse y finalmente miró al cielo, en aquel gigantesco lienzo azul, el viento había dibujado algo, un enorme círculo con líneas entrecruzadas y plumas colgando ...
-         ¡un atrapa sueños! –gritó Aldebarán-
-         un atrapa sueños, una armadura y una filosa espada debe construir mi señor guardián, si acaso el sendero intenta cruzar- susurró el viento-
-         ¡Serás un caballero! –gritó de repente el gran búho blanco que ya había despertado-
-         Eso indican las señales, amigo búho.
-         Pero ... buuhoo ... aquí no hay quien te haga una armadura buuhoo ¿cómo vas a conseguir esas cosas? Buuhoo
-         ¿Nunca has escuchado ese sabio dicho, amigo búho?
-         ¿¿buuhoo??
-         ¡Donde hay voluntad, hay manera!

La voz del guardián había despertado a Soleil, quien desde la ventana escuchaba atenta la conversación, y al enterarse de que Aldebarán necesitaba una armadura, corrió a la cocina recogiendo coladores de pasta y ralladores de queso, un rollo de papel aluminio, un par de cucharones de latón, los cubiertos de plata de su abuela y un par de charolas para hornear. Y salió corriendo haciendo tremendo escándalo con todos sus artefactos de cocina.
Al llegar al jardín tiró todos cachivaches en el césped mientras Aldebarán y el gran búho blanco la miraban extrañados, hasta que Soleil le puso un colador de pasta en la cabeza al oso y entonces entendieron que con aquellas ollas y charolas podían hacer una armadura.
-         buuhoo ¡yo también quiero una armadura!
-         ¡no! –gritó el guardián– tu no puedes ir conmigo amigo búho, es muy peligroso.
-         Pero necesitas ayuda, sé que me necesitas.
-         Es muy arriesgado ... –Aldebarán entonces miró a Soleil y notó que sus ojos resplandecían de fiereza y valor, y supo que ella también quería ir, ¡a donde tu vayas, yo voy! Es lo que clamaban los pensamientos de la niña–  quizá es lo mejor, iremos los tres, juntos nadie podrá vencernos.
-         ¡buuhoo! ... pero todavía necesitamos un atrapa sueños.
-         De eso me encargo yo, ayúda a Soleil con nuestras armaduras.

El guardián se paró en el centro del jardín y susurró : a todos los guardianes llamo yo, pequeños y grandes por igual, de todos los puntos cardinales, tráiganme sus señales, todos juntos por un bien mayor, préstenme su sabiduría, préstenme su luz, juntos somos invencibles, juntos somos todos la magia que protege aquello que es pequeño, puro y bueno.
Apenas terminó de pronunciar aquellas palabras, el jardín entero pareció despertar de un sueño, los árboles se movían al ritmo del viento y dejaron caer suaves y flexibles ramas que el oso tomó y doblándolas las entretejió para hacer un enorme y fuerte círculo perfecto, apenas lo sostuvo en las garras una decena de arañas salieron de entre los arbustos y treparon al círculo de ramas para empezar a tender sus fuertes hilos plateados elaborando  una preciosa y complicada red que sostenía entre el tejido una roca de río, un trocito de cuarzo y el viejo caparazón que había desocupado un caracol, por último llegaron un gorrión, una paloma, un mirlo, un colibrí y por su puesto el gran búho blanco para donar todos una pluma de sus preciosas alas y sujetarlas al enorme atrapa sueños que habían confeccionado.
Acto seguido, guardián, protegida y búho se ataron sus armaduras improvisadas y emprendieron el viaje por el camino oscuro para encontrar la ayuda de las hadas y seres mágicos que aún habitaban en alguna parte del corazón del bosque.

Apenas se habían internado unos cuantos metros en el sendero cuando un extraño rugido estremeció árboles y arbustos que cayeron al piso formando una alta y densa muralla obstruyendo el camino a sus espaldas, ahora ya no había vuelta atrás, la única salida se encontraba hacia adelante. Incluso la luz del sol se había oscurecido; por ello el gran búho blanco lideraba el paso, pues con su vista nocturna bien aguzada podía descubrir cualquier criatura o peligro que estuviera al acecho.
Luego de media hora de caminar en calma, el inconfundible y penetrante espantoso chillido de un halcón rompió el tenso silencio haciendo que los tres amigos se agacharan al mismo tiempo, el búho de inmediato escudriñó el cielo pero no podía ver al ave que cada vez chillaba más y más fuerte.
Pero Aldebarán creyó ver algo cruzar apenas por el rabillo del ojo, de inmediato tomó su escudo de atrapa sueños, e instintivamente Soleil apuntó la luz de su linterna hacia la piedra de cuarzo en el centro del escudo, entonces la descomunal sombra con forma de halcón chilló aún más terriblemente, de repente aulló y se convirtió en temible coyote, luego otro chillido y se volvió una rata, otro chillido y ... ¡puff! la luz que emitía la piedra en el escudo de Aldebarán la convirtió en un humo negruzco que el escudo absorbió.
-         ¡Era un explorador! –decía con seguridad el guardián–
-         ¿buuhoo? ¿explorador?
-         Si, ahora saben que estamos en camino ... ¡debemos apresurarnos! ¡búho, no importa lo que pase, no voy a permitir que te lastimen ni a ti ni a Soleil.
A partir de ese momento cientos de sombras de todos tamaños y formas comenzaron a acecharlos, con sus garras de doble filo y largos colmillos retorcidos, pero Aldebarán parecía haber sido hecho para esa batalla, aunque tenía una cara tierna y una barriguita suave, se movía como el viento dando certeras estocadas con el atizador de chimenea que le había dado Soleil, aunque el papel aluminio había cedido con los arañazos de las sombras, el resto de su armadura soportaba las duras envestidas, y Aldebarán no dudaba en cubrir a la pequeña con su cuerpo peludo, al igual que el gran búho blanco que también estaba peleando fieramente en el aire con otras tantas sombras malévolas, y tiraba de ellas con su fuerte pico lanzándolas al escudo de Aldebarán que las absorbía a todas como si fuera una aspiradora.
Soleil tampoco se quedaba atrás y repartía estocadas por doquier, imitando a su guardián, pero las sombras enfurecidas se arremolinaban sobre ellos como un enjambre de abejas hasta que se vieron envueltos en una oscuridad profunda y temible poblada de todo tipo de aullidos, chillidos y gruñidos.
Una inmensa sombra que cambiaba de forma entre un gran lobo, una pantera  un ogro logró golpear al búho y éste salio despedido hacia un tupido árbol en donde quedó inconciente, la terrible sombra cambió de forma otra vez para atacar a Soleil, en la oscuridad solo brillaban un par de ojos infernales que la miraban con odio, Aldebarán corrió para interponerse entre aquellos ojos y la niña, que asustada había caído, perdiendo parte de su armadura, el atizador que usaba como espada y su linterna. Las enormes fauces de la bestial sombra se abrieron preparadas para hundir los colmillos en la niña, pero se toparon con el escudo de Aldebarán que ante el ataque empezó a resplandecer, la fuerza de la sombra era arrolladora y después de un día completo de batalla el valiente Aldebarán estaba débil, sacando fuerzas del coraje, el oso blandió su atizador justo hacia el ojo derecho de la sombra, ésta se retorció y gritó, pero no se dio por vencida, y empezó a tirar mordidas por doquier, una de ellas aterrizó en el brazo de Aldebarán que sintió como perforaba su endeble armadura y su piel, Soleil lloraba horrorizada e impotente al no poder gritarle a aquella aparición que se detuviera, pero tomando fuerza cogió una rama y golpeó el ojo herido de aquel ser, luego sintió tremendo golpe en el pecho que la dejó sin aliento y todo se oscureció ...
CONTINUARÁ ;)


domingo, 14 de julio de 2013

CUENTOS EMPOLVADOS: EL REGALO DEL MAR


EL REGALO DEL MAR


imagen de la página http://www.cocinandoconcatman.com/
Autor: Elizabeth Segoviano
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14

En medio del mar mediterráneo existe una pequeña isla llamada Agios Georgios, en donde cada tarde se pueden escuchar los cánticos de los viejos marineros y pescadores que regresan a sus casas. 
En una de ésas casitas de tejas rojas y paredes blancas marcadas por la brisa marina, vive un viejo pescador llamado Andraki, junto con su nietecita Lena. Ambos salen muy temprano cada mañana a pescar y cuando logran hacerlo en abundancia venden su preciado cargamento en los mercados de las islas cercanas, y celebran tomando té y pastelitos en un café a la orilla del mar; mientras contemplan como el cielo lentamente se tiñe de Índigo y despiertan poco a poco las soñolientas estrellas que cada noche deben guiar a casa a marineros, pescadores y exploradores por igual.


Ocurrió pues, que un día los peces comenzaron a escasear y una mañana unos golpes se dejaron escuchar en la puerta del viejo Andraki PUM, PUM PUM –se escuchaba– .

- Voy, ya voy –decía el viejo– ya voy, calma que va a tirar la puerta.
- ¡Abra en este mismo instante o tiro la casa señor Andraki! –era la voz del señor Malastrakus, el banquero del pueblo, que era bien conocido por su corpulenta figura, terrible carácter, y que, de no ser porque siempre usaba traje y corbata, cualquiera hubiera pensado que era un toro de lidia– .
- ¡Ah, buenos días señor Malastrakus! –dijo Andraki–
- ¡buenos nada! ¡vine a exigirle mi dinero! ¡ya se ha retrasado varias semanas en sus pagos!
- Lo sé señor Malastrakus ... verá, lo que sucede es que la pesca ha estado muy escasa, pero si me da un par de semanas más yo sé que podré darle un pago.
- ¡Un pago! –gruñó el banquero– ¡pero si ya me debe dos! ¡ya no puedo esperar más! ¡o me da mi dinero este fin de semana señor Andraki o mejor va sacando sus cachivaches porque le quitaré la casa y el bote!
- Pero ... pero –titubeó el viejo–
- ¡Nada! –gritó Malastrakus– ¡o me paga, o lo pongo de patitas en la calle! ¡tiene hasta este fin de semana señor Andraki! ¡hasta este fin de semana!


Desde otra habitación, la pequeña Lena escuchaba todo lo que sucedía y se hechó a llorar, pero en aquel momento saltó a su cama un hermoso gatito atigrado que comenzó a ronronearle.
¡Lambis, que bueno que viniste a verme! –decía la niña – porque estoy muy triste.

Lambis visitaba constantemente la casa del viejo Andraki pues se había hecho amigo de Lena desde el día en que ella lo había salvado de ahogarse en la playa una noche de tormenta, a Lambis le encanta escuchar los cuentos de los pescadores y disfruta como nadie tomando el sol en el muelle mientras la brisa juega con sus desalineados bigotes; también adora el sonido que hace sobre el piso el brillante tazón de cerámica que Lena dispuso para servirle leche o sopa de champiñones que le encanta tomar especialmente en días nublados; Lambis es el mejor amigo de Lena, y por eso ella le contó lo sucedido aquella mañana.
Después de que el gato escuchó la terrible historia de sus amigos deseaba ayudarlos, así que se fue al muelle y esperó a que los pescadores levantaran sus redes y anclaran sus botes, y cuando todo quedó en calma, el pequeño Lambis subió a una de las lanchas y comenzó a cantar así :

brisa marinera, brisa de niebla y sal escucha a las vanidosas nubes que quieren la belleza de la madre luna opacar, llévalas contigo a otros cielos a danzar y deja que mi luna tome en sus brazos al mar para que un tierno beso ella le pueda dar.

En segundos, una docena de peces salió a la superficie diciendo: ¿quién canta esa hermosa canción? ¿quién sabe esas palabras secretas que nos llaman a la superficie?
- Fui yo –dijo Lambis–
- ¡Oh pero tú eres un gato! –exclamaron al unísono los peces– ¡tú lo que quieres es comernos!
- ¡No, no! yo lo que quiero es su ayuda
- ¿Ayuda para qué? –preguntaron ansiosos los peces–
- Para mis amigos, necesito saber porqué es tan escasa la pesca.
- Lo que sucede gato –comenzó a explicar un pequeño tiburón– es que estas aguas ya no son tranquilas para tener nuestros bebés, ahora debemos mares muy lejanos, y no habrá peces hasta el otoño.


- ¡Eso no puede ser! –exclamaba el gato- y entonces comenzó a contarles la historia del viejo Andraki y cómo perderían su casa si no reunían el dinero de Malastrakus, cuando terminó de contarles el triste relato ya se habían reunido en la superficie cientos de criaturas marinas, desde pequeños pececillos multicolores hasta enormes calamares y diminutos crustáceos que escuchaban atentos cada palabra que salía de la boca del gato, todas aquellas criaturas se habían conmovido mucho al escuchar la historia, y se sorprendieron aún más al darse cuenta de que el gatito estaba llorando.


- Mira gato –dijo el tiburón– si prometes venir cada noche a cantar como lo hiciste hoy, te daremos a cambio unas cuantas de las más finas perlas nunca antes vistas, pero si vuelves pasado mañana, antes del amanecer y entonas la canción favorita del mar, tendrás un inmenso tesoro.
- ¿Eso es todo? –dijo Lambis– ¡está bien, trato hecho!
- Muy bien, ahora vete y procura regresar antes del amanecer.
Lambis regresó al muelle y se puso a recorrer las antiguas callejuelas del lugar, entrando en tabernas y escuchando cada relato, cada canción que cantaban los marineros y pescadores ... pero nada, no había nada acerca de la canción favorita del mar.


Ya entrada la mañana se dirigía a la casa del viejo Andraki cuando de repente, escuchó un estruendo en un callejón detrás del mercado.


- Disculpa –decía el gatito– ¿puedo ayudarle? –entre enormes botes metálicos de basura y cajas de cartón se encontraba un gran gato blanco–
- ¿Eh? –murmuraba el gran gato– ¿quién anda ahí?
- Mi nombre es Lambis señor, ¿necesita ayuda?
- ¡Oh bueno! –gritaba el gato– debes hablar más fuerte, soy un poco sordo, mi nombre es Polonius ... oh ... no ... espera ... ese es el nombre de mi amo, yo me llamo Cúmulo ... ya que estás aquí ¿te importaría ayudarme a buscar comida? Mi amo es ciego y yo soy todo lo que tiene.
- No te preocupes Cúmulo, yo tengo un buen amigo en el mercado y estoy seguro de que nos dará un par de jugosos filetes, acompáñame y lo verás.


Los dos gatos entraron al mercado y se detuvieron frente al puesto más grande y vistoso, e instantáneamente el joven que atendía el lugar levantó a Lambis diciendo: ¡ah gatito aventurero! ¿dónde te habías metido? Yo pensaba que tal vez te habías embarcado en alguno de los buques y que estarías ya surcando los siete mares, me da gusto que vengas a visitarme ¡oh veo que tienes un nuevo amigo! Hmmm déjame adivinar, quieren algo rico de comer ¿no? pues han venido al lugar correcto anda, escoge lo que desees y no olvides venir a verme pronto minino.
Lambis agradeció al joven lamiendo su mejilla con su rasposa lengua y saltó para escoger un par de enorme filetes de ternera, queso, pan y miel.
- Si hay algo que mi amo y yo podamos hacer por ti Lambis –decía Cúmulo– no dudes en pedirlo.
- De hecho –interrumpió Lambis– tal vez pueda ayudarme, necesito saber cual es la canción favorita del mar.
- ¡Entonces debes venir conmigo! mi amo, el gran Polonius fue un afamado marinero que recorrió por mar todo el mundo, y sabe cientos de canciones y leyendas, si alguien conoce esa canción es él, puedes creerme, además mi amo en uno de sus tantos viajes por tierras exóticas, recibió un regalo de un antiguo jefe de una tribu, es un amuleto con el que puede entender a los animales, así que no hay duda de que él te comprenderá –ambos gatos recorrieron un par de calles hasta llegar a una casita muy humilde– .
- Aquí es –decía Cúmulo mientras comenzaba a maullar– ¡amo, amo! ¡ya llegué y traje muchas cosas! –cerca de la ventana se encontraba el gran Polonius escuchando las olas del mar–
- ¡Oh! Mi buen Cúmulo, que bueno que estás en casa, pero dime ¿cómo conseguiste toda la comida?
-  me la dio Lambis, es mi nuevo amigo.
- ¡Ah bendito seas gatito! ¡que los dioses te colmen de dicha! Te ruego nos acompañes.
- Amo –interrumpió Cúmulo– debemos ayudar a Lambis, él necesita saber cual es la canción favorita del mar.
- ¿Es cierto eso Lambis?
- Así es señor –


El gato contó su larga historia a Polonius, y él le habló de cientos de miles de canciones pero nunca había escuchado de la canción favorita del mar; así que pasaron toda la noche recordando y cantando canciones sin éxito alguno, hasta que un par de horas antes del amanecer Lambis tuvo una idea, le pidió a Cúmulo y al gran Polonius que fueran a buscar al viejo Andraki y a Lena y que los llevaran al muelle. Los nuevos amigos aún sin comprender el plan obedecieron .

Mientras tanto Lambis corrió a la playa subió al faro y comenzó a entonar esta canción “estrella del norte comienza a brillar, llama a los ángeles que detrás tuyo están ,ángeles boreales por hoy, sólo por hoy regaladme el polvo que cae de sus alas, hagan que el agua sea el espejo de la noche y que de sus mil bendiciones mis amigos sean coronados”.


En aquel momento comenzó a caer una llovizna ligera y con ella miles de centellas cayeron suaves en el agua, entonces Lambis bajó al muelle donde ya lo esperaban sus amigos y todos subieron a un bote haciéndose a la mar, de repente, miles de peces se dejaron ver y el pequeño tiburón le preguntó a Lambis si ya tenía la canción, entonces los amigos se miraron entre sí y cada cual comenzó a cantar una frase de esta manera


 “sólo éramos cinco espíritus solitarios, cinco corazones incompletos, cinco vidas a la deriva, pero el cielo quiso que a través del mar nos uniéramos y completáramos un destino por las místicas estrellas ya escrito; ahora sabemos que juntos somos cinco almas gemelas, cinco amigos contra cualquier cosa que nos niegue lo que somos, ahora convertidos en una sólida roca en la cual se rompen las olas del mar; regalo más grande no puede haber que el sabernos juntos hasta el fin de los tiempos “.
- Sé que no es la canción que nos pedían –explicó Lambis– pero se las hemos ofrecido desde lo más profundo de nuestros corazones.
- No te preocupes gato –decía el tiburón– no sólo han interpretado una hermosa canción, además nos has regalado todas estas centellas que yacen en el agua, las cuales guardaremos como nuestro más preciado tesoro. Aquí tienen su recompensa.

Entonces una gigantesca ostra emergió de entre las aguas y el tiburón dijo: súbanla a su bote les hemos prometido un gran tesoro y aquí está, ahora vayan a casa y no olviden venir a cantarnos algo de vez en cuando.
Los amigos llevaron su ostra a la playa y al abrirla descubrieron la más hermosa, gigante, perfecta y resplandeciente perla que hubieran visto, la sacaron y para su sorpresa, debajo de la inmensa perla había un viejo cofre dentro del cual hallaron otro inmenso tesoro con el que el viejo Andraki saldó su deuda con el señor Malastrakus y después compraron una enorme casa en la parte mas hermosa de la playa donde ahora viven juntos Lambis, Lena, el viejo Andraki, Cúmulo y el gran Polonius y cada atardecer se les puede observar adentrarse en las suaves olas para contarle cuentos y canciones a sus amigos del mar.



viernes, 23 de noviembre de 2012

CUENTOS EMPOLVADOS: ¿SÓLO UN ÁRBOL?



Autor: Elizabeth Segoviano
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14








Para  Tito ...  marry meet, and merry part, until marry, we meet again

Todas las mañanas se le podía ver caminando entre los árboles, sentado a su lado meditando y hasta abrazándolos, obviamente todos pensaban que estaba loquito ¿quién en su sano juicio se la vivía abrazando árboles? ¡y sobre todo tan temprano! Pero eso no era todo, los fines de semana aquel hombre los pasaba plantando más árboles, podando ramitas secas, abonándolos y regándolos, sobre todo cuando hacía mucho calor.
Nadie sabía su nombre, pero siempre tenía un saludo cordial y una sonrisa para todos, y los niños comenzaron a llamarlo Don árbol; cosa que no le molestaba ... y, de hecho, sí tenía cierto parecido con un árbol, su encrespada melena semejaba el tupido follaje de un ficcus en primavera, sus brazos eran tan largos y fuertes como las ramas de un roble, sus pies enormes y firmes eran igual a las raíces de un fresno y era tan alto como un eucalipto ... bueno, quizá no tanto, pero definitivamente era alto, y como siempre usaba una túnica verde con capucha encima de sus desgastados jeans y camiseta verdaderamente parecía un árbol más del bosque.

- ¡Qué tipo tan más chiflado! –decía burlonamente Pecorino, uno de los tantos pequeños que observaba a Don árbol mientras se dirigía a la escuela–
- ¡Pecorino! –le reprendía su madre– ¿en dónde es que has aprendido a ser tan grosero? Ése señor hace algo muy bueno por todos nosotros y debemos estar muy agradecidos con él .
- Pero mami ¿de qué hablas? ¿hay que estar agradecidos con ése orate sólo porque se la pasa abrazando árboles? A mí me parece una pérdida de tiempo ...
- ¡Basta ya! Quizá aprendas algo pasando un tiempo con él.
- ¡Eso si que no! ¡no me vas a obligar a ayudar a ése tipo!
- Pecorino, no juzgues a las personas sin conocerlas, tú no sabes lo que podrías aprender.
Cuando Pecorino llegó a la escuela lo primero que hizo fue quejarse amargamente con Lily, su mejor amiga.
- ¡Ay Lily! –decía el pequeño– no vas a creer lo que mi mamá me va a obligar a hacer!
- ¿Por fin te vas a bañar todos los días?
- ¡Lily esto es serio! ¡voy a tener que pasar el fin de semana ayudando al desquiciado de Don árbol!
- ¿Y eso que tiene de malo?
- ¿¡Lily tú también!?
- Mira mi querido Pecorino, puede que Don árbol sea algo ... peculiar, pero no creo que sea malo ... la gente dice que en realidad es un mago.
- ¿Qué mago va a ser? Si acaso será un payaso.
- Para que veas lo buena amiga que soy ¡yo te acompaño!
- ¿De verdad?
- ¡Claro! Si yo no soy una gallina como tú.

El sábado muy temprano la mamá de Pecorino los llevó al bosque y los chicos caminaron un par de minutos hasta que por fin se toparon con él, quien como de costumbre, estaba bien abrazado a un enorme roble.
- ¿Disculpe ...? –decía tímido Pecorino–
- ¿Si? –respondió curioso Don árbol–
- Buenos ... días ... hmmm ...hmmmm ...
- ¡Buenos días Don árbol! –interrumpió la pequeña– yo me llamo Lily y éste es mi mejor amigo Pecorino y nos ha mandado su mamá a ver en que podíamos ayudarle.
- ¡Ah! ¡qué espléndido, dos ayudantes! Bien, muy bien, hoy hay mucho que hacer.
Mientras Don árbol y Lily se disponían a sujetar los pequeños arbolitos a largas varas para que no se quebraran Pecorino se sentó cómodamente en la suave hierba a jugar con su video juego portátil ... pasó una hora y luego otra y él seguía absorto avanzando nivel tras nivel venciendo a sus enemigos con el ultra hipermegacombo de súper energía púrpura recargada; y cuando finalmente se cansó sacó su teléfono móvil y se puso a escuchar música y mandar mensajitos a sus amigos ... pasó una hora y luego otra ... y cuando finalmente se cansó tomó su mochila y sacó su reluciente computadora portátil con conexión megasónica integrada a la red con banda súper ancha para navegar abajito de la velocidad de la luz ... pasó una hora y luego otra, el sol ya comenzaba a ponerse y todo iba quedando en penumbras; así que Don árbol y Lily hicieron una fogata, montaron sus tiendas de campaña y comenzaron a preparar la cena, el aromático vapor de una sopa de hongos silvestres sacó a Pecorino de lo que parecía ser un profundo trance hipnótico, sus dedos por fin dejaron de teclear y dando un bostezo digno de un oso grizly después de invernar dijo : ¡yom! ¡por fin la cena! ¡me muero de hambre!
- ¡Pecorino eres un cínico! –reprendió Lily– ¡no nos ayudaste en todo el día y encima quieres devorar lo que preparamos con tanto esfuerzo!
- No exageres Lily –decía el pequeño– yo sólo los vi jugando en el lodo
- ¡Claro que no! sembramos docenas de árboles salvamos unos nidos que estaban apunto de caer, Don árbol me enseñó a detectar los árboles que están enfermos y también a contar su edad y ...
- Lily –interrumpió Don árbol– creo que a tu amigo no le importa lo que hacemos ... ¿verdad Pecorino?
- No se ofenda Don ... oiga ¿usted no tiene un nombre normal?
- ¿Normal? ... ¿como Pecorino? Prefiero llamarme árbol, pero sí tengo uno, mi nombre es Tito, mago Tito a tu servicio.
- ¡Entonces es cierto que usted es mago! –gritó entusiasmada Lily–
- Si, pero yo no saco conejitos de sombreros ni nada de eso, mi magia consiste en escuchar a la Tierra y ayudarla ...
- Yo no entiendo Don mago –decía el niño mientras devoraba un plato de sopa– los árboles no sienten, sólo son cosas que están ahí inmóviles, son inútiles, yo no perdería el tiempo con este montón de palos ...
Con un dejo de tristeza el mago se incorporó, recogió los trastos, echó más varitas a la fogata, y sirviéndose una taza de humeante café dijo: ya es tarde Pecorino ve a dormir, mañana temprano te llevaré a tu casa ... y dulces sueños Lily, mi dulce asistente ... eres tan encantadora como un hermoso elfo. Entonces la niña corrió a darle un abrazo al mago y se fue a dormir soñando con las historias que le había dicho sobre los guardianes que vigilaban los bosques y las hadas que habitaban en los capullos de flores .

Unos minutos después de la media noche el mago entró a la tienda de Pecorino, puso sus manos sobre su frente y pecho y susurró lo siguiente : “¡por agua tierra aire y fuego que entre en este pequeño el aliento del bosque, de cabeza a pies y de pies a cabeza que sienta y viva como una corteza!” y habiendo dicho eso se fue a dormir tranquilamente.
Algunas horas después Pecorino comenzó a sentir mucho frío e intentó incorporarse para buscar su abrigo, pero por más que quiso no pudo, entonces, asustado, abrió los ojos y se dio cuenta de que ya no estaba dentro de la casa de campaña sino afuera, podía ver a Lily dormir como un lirón y al mago roncando cerca de la fogata, y quiso hablar, pero el único sonido que pudo emitir fue un crujir grave, igual al que hacían las ramas del bosque, entonces con mucho cuidado se miró y aterrado notó que su cuerpecito de niño había cambiado, ahora era un enorme tronco de roble con las raíces tan profundas que podía sentir como las rozaban las aguas de un antiguo río oculto, y sintió un cosquilleo que lo hacía estremecerse un poquito, era una familia de pajaritos, cuyos polluelos aleteaban con todas sus fuerzas para aprender a volar, y por primera vez en mucho tiempo Pecorino contempló un amanecer, vio el cielo teñirse de rosa, naranja y amarillo y pudo sentir como los rayos del sol rozaban sus hojas más altas, se sentía bien aquel calor que era como el abrazo de un viejo amigo, era un saludo que le daba la bienvenida a otro día.
Y Pecorino escuchó entonces la voz del viento que les contaba historias de sus viajes a las flores que al escucharlo abrían sus pétalos para sonreírle; el pequeño estaba sorprendido, nada en aquel bosque estaba inanimado, todo tenía vida y voz, todo era hermoso y tranquilo ... pero de repente se escuchó un sonido aturdidor, eran grandes camiones de carga y hombres con gigantescas herramientas, y uno de ellos se le acercó a Pecorino y con una lata de pintura le marcó un horrible tache encima y dijo que aquella tarde lo derribarían ... derribarían todo para convertir aquel lugar en un moderno estacionamiento. Entonces Pecorino quiso gritar, decir que estaba vivo, que le dolía lo que aquellos hombres hacían, que sentía miedo y odiaba que le arrancaran las ramas, quería defenderse .. quiso llorar y gritar, pero nadie lo escuchaba.
- ¡No me corten!-gritaba Pecorino- ¡estoy vivo! ¡soy un árbol pero siento! ¡no me corten! ¡no hago ningún daño! ¡no me corten! ¡yo no quiero! ...
- ¡Pecorino despierta! –gritó Lily– tienes una pesadilla.
- ¡No me corten! ... ¿era un sueño? ¡estaba soñando! – entonces el niño salió corriendo a abrazar al primer árbol que se encontró, lo abrazó con todas sus fuerzas prometiendo que los iba a cuidar–
- Pecorino –dijo el mago– ¿qué se siente ser sólo un árbol?
- ¿Fue usted quién me hizo soñar eso? ¡de verdad es un mago!
- Tenías que entender mi pequeño amigo, que los árboles también son seres vivos, que sienten y que nos dan mucho a cambio de muy poco, nos ofrecen sus frutos, limpian nuestro aire, nos comparten de su agua nos dan sombra y siempre están dispuestos a escucharnos, tenías que entender que tenemos que cuidar a aquellos que no se pueden defender y hablar por aquellos que no tienen voz.
- Siento mucho haber sido tan grosero con usted Don mago, digo Don árbol, digo mago Tito.
- Don árbol está bien Pecorino.
- Le prometo que vendré ayudarle cada vez que pueda.
- ¡Y yo! –decía Lily–
- ¡Pues esto hay que celebrarlo!
Desde ése día se puede ver a mucha más gente en los parques y bosques abrazando los árboles ... porque ¿a quién no le gusta recibir el abrazo de un buen amigo?

Este cuento lo escribí en memoria de un mago (uno de verdad!) que cambió mi vida para siempre con su devoción por la naturaleza, con su amabilidad y cariño, con su magia y sus enseñanzas ... espero les guste :) ... y que mejor compañía que los counting crows para terminar el cuento :) xoxo, eliz