lunes, 18 de agosto de 2014

EL GUARDIÁN DE LOS SUEÑOS CAPÍTULO VII

CAPÍTULO VII
CONFÍA EN MI


El castillo de Mizar es una maravilla increíble, la estructura esta hecha de agua que cambia de color según la hora del día, pero que al tacto es dura como el acero, desde el interior pueden verse la luna y las estrellas, al igual que las luces del alba y del atardecer, todo al mismo tiempo, dentro habitan aves que nunca han surcado el cielo de la tierra y que cantan con una voz similar a la de un violín, los largos pasillos que llevan a salones majestuosos están sembrados con cerezos, jacarandas y girasoles, siempre en flor, en algunos pasillos es primavera, en otros verano, y en los últimos se ve volar el follaje multicolor de los árboles en otoño, y más lejos los pasillos nevados del invierno son igual de bellos, con riachuelos sobre los que se puede patinar y copos de nieve que danzan con un viento frío pero agradable que huele  ligeramente a chocolate y vino especiado.
Cada salón tiene una hermosa chimenea labrada en rocas de un antiguo volcán y el fuego que crepita en ellas fue traído desde él, el fuego de Igne, que permite ver los momentos más felices en las vidas de quienes miran las llamas. En el castillo existen varios salones que son de mayor importancia, el salón de Véritas, que alberga todos los pergaminos de la sabiduría élfica y angélica, el salón de la Stella Eterna, que contiene millones de recipientes con los rayos más puros de cada estrella que ha existido y se lleva el cuidadoso registro de las estrellas que nacen o mueren. Otro salón muy especial es la inmensa biblioteca de cristal de Sognos, donde los elfos guardan celosamente los pergaminos entregados por los escribas humanos que los ángeles han elegido para que creen los sueños más hermosos, originales y divertidos que hayan existido y cada pergamino es leído por un ángel guardián a los niños que están a su cuidado para hacer de sus sueños algo único que pueda convertir su realidad en magia pura. Y por último, el salón más grande de todos, el gran salón de Io que alberga una réplica exacta de un mítico lago llamado Akilá; las aguas púrpuras y cristalinas de ese lago fueron traídas desde más allá de las estrellas y en ellas puede verse el reflejo de las almas y corazones de todo el que toca el agua, sus anhelos, miedos, sueños, esperanzas, su pasado, su presente y, de ser necesario, su futuro, se dice que las mágicas aguas de Akilá tienen el poder de limpiar el alma más oscura, sanar corazones destrozados, e iluminar la mente más perdida, dicen que una sola gota ahuyenta cualquier miedo y que quien se baña en sus aguas puede sentir todo el amor del universo. En el grandioso salón de Io las lunas de todas las galaxias iluminan el techo con tenues rayos plateados, ahí también se encuentra una larguísima mesa redonda hecha de un hielo rosado que no se derrite , en ella hay asientos de plata para todos los ángeles, elfos y hadas que existen, también hay lugares de honor para invitados especiales y los días de fiesta y reuniones importantes son celebrados en ese bello lugar.
La carreta de oro que llevaba a Soleil, Aldebarán y al búho pasó por el puente levadizo y la entrada se selló al instante bajo una cascada de agua impenetrable, y en la entrada ya los esperaba el gran elfo Albornoux, el guardián y regidor del castillo de Mizar y del reino de todos los seres mágicos.
Albornoux hizo una reverencia a los recién llegados y de inmediato tomó a Soleil en sus brazos.
-             Debemos apresurarnos mi señor Aldebarán, ahora que Soleil está profundamente dormida hay que llevarla al lago de Akilá, entonces sabremos como es que se ha desatado tanta oscuridad, síganme.
-           ¿Soleil va a despertar Albornoux? –preguntó preocupado el oso-
-             Claro que si, en cuanto sepamos como ha ocurrido esta tragedia, podremos solucionarla, no me cabe duda alguna Aldebarán, ustedes son unos guerreros poderosos, nunca antes alguien había podido cruzar el sendero oscuro, no sin una armadura mágica, forjada en nuestro fuego sagrado de Igne, pero ustedes pudieron luchar con esos seres oscuros porque el fuego en sus corazones es puro, completamente puro y desinteresado, así que ahora que ya se encuentran aquí se que podremos reestablecer el orden y el balance entre luz y oscuridad, y todos los que han sido afectados por esto regresarán a la normalidad.
Cuando llegaron al salón de Io a orillas del lago Akilá, Albournoux se sumergió con la niña en brazos, el agua del lago comenzó a mecerse suavemente y las olas que bañaban a Soleil se convirtieron en burbujas que mostraban su vida, el sabio Albournoux entonces pronunció unas palabras y de entre todo el mar de burbujas una se fue haciendo más grande y clara, la que mostraba el momento en el que todo había cambiado, la lluviosa tarde en que la nena había ayudado a un hada, el hada que había desatado a cientos de oscuras criaturas, al verla Albournoux y el resto de las hadas exclamaron al únisono ¡¡¡DARKLERYTH!!!
   
-           ¿Quién es Darkleryth? –interrumpió Aldebarán-
-           ¿Buhoo es una bruja buhoo?
-           Es peor que eso querido búho, es un hada de grandes poderes, pero también es muy rebelde, no le gusta obedecer órdenes ni tampoco le gustaba estudiar, tiene dones naturales, pero sin una guía apropiada ha confundido la magia élfica con los antiguos hechizos de las brujas, estoy seguro de que no tenía la intención de desatar la oscuridad, pero es lo que ha hecho … debemos encontrarla …
-           Buhoo .. ¿puedes hacer que la burbuja sea más grande mi señor elfo?
-           Claro … ¿la has visto antes?
-           ¡buhoo! ¡buhoo! ¡buhoo! ¡Aldebarán es el pájaro raro que dejamos en mi nido cuando nos conocimos!
-           ¡Claro! Era ella, era un hada ¡la misma!
-           ¿Porqué la dejaron en el nido del búho, mi señor guardián?
-           Yo la encontré, estaba herida e inconciente, la habían perseguido unos murciélagos horribles, enormes … muy parecidos a esas sombras que nos atacaron en el camino oscuro.
-           ¿la oscuridad atacó a Darkleryth? … no puede ser …
-           ¿porqué no buhoo? La oscuridad ha atacado a todos buhoo
-           Porque no debería atacar a quien la ha invocado … eso significa que la oscuridad misma se ha revelado … necesitamos traer a Darkleryth, solo ella puede deshacer el hechizo, pero hay que hacerlo pronto de lo contrario pronto la oscuridad será más fuerte que la magia de ella  y nada podrá detenerla …
-           Yo iré a buscarla –se apresuró Aldebarán-
-           Buhoo, yo iré contigo buhoo
-           Si, mis dos señores irán, pero no irán solos y desarmados –dijo Albournoux, esta vez yo los voy a proteger, Aldebarán ve a la armería, te daremos la armadura que necesitas, la que ha sido hecha para ti, la armadura de tauro, la estrella que te protege, a ti, mi señor búho también te daremos una armadura, una hecha por las manos del elfo Onir, el elfo amo de los aires …
Aún no acababa de hablar Albornoux cuando las aguas del lago de Akilá se agitaron y se oscurecieron mostrando el presente de Soleil, ella seguía combatiendo, pero en sus sueños, estaba luchando contra las sombras para alejarlas de su abuelita y de sus amigos, pero dentro de sus sueños Aldebarán no podía protegerla.
-           ¡Soleil! … ¿qué hago Albornoux? ¿cómo la protejo?
-           Hay que llevarla con Vermalion, el ángel los sueños y las estrellas, rápido síganme al gran salón de Stella Eterna.
Una vez dentro del gran salón el ángel Vermalion recostó a la niña y tomó de los altísimos estantes de amatista cien frascos que contenían la luz de estrellas recién nacidas, la luz más pura del universo, y los vertió todos sobre Soleil, esta luz, decía el ángel, la protegerá en su valiente empresa, Soleil ha decidido quedarse en sus sueños a luchar Aldebarán, y nosotros debemos hacer lo mismo, pero no la dejaremos sola, mientras hablaba, el ángel destapó otro frasco, y bebió un sorbo de la luz de Orión y se convirtió en una resplandeciente nube vaporosa que se infiltró en los sueños de la niña  ¡confía en mí Aldebarán, nadie lastimará a Soleil!

Albornoux entonces guió al guardián y al búho a la armería en donde ya les tenían listas sus magníficas armaduras y una espada de plata lunar para el oso, esta vez ninguna oscuridad iba a pasar sobre ellos.
CONTINUARÁ ;)


sábado, 9 de agosto de 2014

EL GUARDIÁN DE LOS SUEÑOS CAPÍTULO VI



CAPÍTULO VI
EL MOMENTO MÁS OSCURO ES ANTES DEL AMANECER


Desde lo alto del espeso follaje en un árbol, el gran búho recobraba la conciencia, pero sus ojitos no lograban distinguir más que un mar de sombras con grotescas muecas simulando algún tipo de sonrisa, en ningún rincón había un solo atisbo de luz y se preguntó si acaso eso era todo, si la batalla estaba perdida y si el mundo que había conocido sucumbiría ante aquel maléfico hechizo que no tenía sentido ... el búho se entristeció y comenzó a llorar, sus lágrimas se deslizaron a través del plumaje en su rostro y cayeron entre las hojas; el ave notó que sus lágrimas resplandecían, reflejando alguna luz, la oscuridad pareció arreciar igual que un viento invernal, lo que hizo a las lágrimas brillar como un puñado de estrellas ... entonces lo escuchó fuerte y claro, el sonido inconfundible de la maltrecha armadura de Aldebarán todavía ofreciendo batalla, a pesar de que las maléficas sombras habían encajado sus negras garras en su blanca piel, sin importar si mientras lanzaba otra estocada los horribles colmillos de aquellos seres se hundían más y más, Aldebarán seguía luchando.
En aquel momento el búho pensó que debía ser igual de fuerte que Aldebarán y no rendirse, si había tanta oscuridad tratando de detenerlos debía ser porque  los seres mágicos no estaban lejos. Entonces levantó presuroso el vuelo, sintiendo como las sombras le arrancaran las plumas de las alas y trataran de tirarlo, ignoró los macabros sonidos burlones que emitían, solo le importaba encontrar la luz de los seres mágicos.
Volando a todo lo que le daban sus alas el búho cruzó el retorcido sendero que desembocaba en un bosque diferente, uno lleno de luces, colores y vida;

-            ¡Buuhoo, auxilio! ¡en el nombre de Aldebarán guardián de los sueños, ayuda buuhoo!
-            ¿Aldebarán? –dijo una voz clara y melodiosa que parecía surgir de entre las nubes-
-            Si buuhoo, el guardián de los sueños, está siendo atacado junto con su protegida en el sendero oscuro ¡ayuda!
-            ¿Sin armadura? ... ¡imposible!
-            Buuhoo la pequeña nos hizo una armadura, buuhoo
-            ¡imposible! ¡que locura! ... –luego de un momento en silencio resonó en el ambiente el profundo llamado de un caracol de mar invocando a los seres mágicos- ¡Elfos prepárense!  ¡luciérnagas, libélulas vayan con las hadas arqueras! ¡dos líneas de ataque por los flancos! jinetes del viento conmigo, hadas de la luna en la retaguardia, guardianes de las estrellas en las catapultas ¡vamos! ¡por los sueños, por todo lo que es pequeño, inocente y bueno! ¡vamos por el honor del reino de las hadas, por la luz dentro de todos, por Aldebarán!
-            ¡POR ALDEBARÁN! –se sumaron miles de voces de seres mágicos, insectos y animales

Ante los atónitos ojos del búho, miles de criaturas pequeñas aparecieron abarrotando el cielo, había elfos montados sobre colibríes, diminutas y menudas hadas con relucientes arcos y flechas de plata a lomos de libélulas, abejas y luciérnagas, había mariposas con monturas esperando a que cientos de duendecillos alistaran sus espadas, a lo lejos aparecieron decenas de seres luminosos cargando sacos cuidadosamente atados en las catapultas, había cervatillos, ardillas, lobos, pájaros de todo tipo, una familia de osos ... todos con armaduras refulgentes. El búho no podía creer que todos esos seres estuvieran dispuestos a unirse a la batalla, pero algo interrumpió su contemplación, una decena de hadas lo rodeaba confeccionándole una cota de malla tan ligera como sus plumas, también un casco que brillaba como hielo pero que era cómodo y abrigador, después volvió a resonar el caracol de mar y al grito de ¡ALDEBARÁN!  Aquel incontable ejército comenzó a marchar hacia el oscuro sendero retorcido, y al frente por fin descubrió a la criatura detrás de todas las órdenes, un elfo de gran estatura (comparado con las hadas) de barbas azules trenzadas y a juego con su larga cabellera enfundado en una armadura dorada y un casco con cuernos de toro, el gran búho supo que era el guardián de la estrella de Aldebarán y con renovados bríos también se unió a la marcha para volver a darle batalla a las sombras.

En el fondo del retorcido sendero plagado de oscuridad, Aldebarán cubría el cuerpo inconciente de Soleil sintiendo que sus fuerzas menguaban con cada segundo, sin embargo en ese momento en que todo parecía demasiado oscuro resonó un caracol, el sonido se alzó sobre los gruñidos, chillidos y aullidos de las sombras, luego la inconfundible voz de su amigo búho y después todo fue un mar de luces y voces que clamaban su nombre.
-            ¡ALDEBARÁN NO PELEA SOLO!
-            BUUHOO EL GUARDIÁN NUNCAESTÁ SOLO BUUHOO
-            ¡ALDEBARÁN, ALDEBARÁN, ALDEBARÁN!

Una lluvia de flechas encendidas con un polvo mágico hizo un cerco alrededor del oso y Soleil, las sombras que intentaron traspasarlo chillaron terriblemente y desparecieron, dos filas de elfos a lomos de aves y lobos comenzaron a repartir golpes de espadas de plata, los cervatillos envestían con sus cuernos protegidos en cotas de malla a cuanta grotesca criatura encontraran envuelta en sombras, sobre el viento viajaban seres luminosos lanzando bolas de un fuego color violeta que encendía a las sombras como si fueran paja, y detrás de ellos llegaron unas catapultas en las que lanzaban sacos de polvo de estrellas que al ser lanzados al aire se encendían y al caer perforaban toda oscuridad, Aldebarán se incorporó y comenzó a golpear lo que quedaba de aquellos seres con su escudo de atrapa sueños y pronto aquel sendero que antes parecía un abismo de oscuridad estaba iluminado como la vía láctea .
Por encima de los árboles aún se levantaba una gigantesca criatura sombría que gruñía y enseñaba los colmillos, pero que se fue desvaneciendo lentamente en la bruma de la mañana.
-            ¡Buuhoo vencimos!
-            Al menos por ahora –dijo el elfo- habrá otro ataque ... esas sombras están enfurecidas.
-            ¿Pero porqué? –preguntó Aldebarán mientras cargaba en brazos a Soleil quien seguía inconciente-
-            Mi señor –el elfo hincó una rodilla en el suelo en señal de respeto y todas las demás criaturas luminosas se quitaron sus cascos  e hicieron lo mismo- guardián por favor perdónenos por haber tardado tanto en ir a su encuentro, había mandado a un grupo de elfos a buscarle pero jamás regresaron ... yo ... yo no puedo creer que hayan llegado hasta aquí, su voluntad es muy fuerte, al igual que la de su pequeña protegida ... sin duda alguna las estrellas les concedieron su gracia.
-            Un poco de suerte, un poco de fuerza, pero sobretodo amor, mi señor elfo, el amor que Soleil siente por su abuela, por sus amigos, por sus sueños, por el mundo bueno que conoce su corazón, esa fue la luz que nos guió ... pero no entiendo ¿porqué tanta oscuridad? ¿porqué tanta saña contra una niña que nunca ha hecho ningún mal?
-            Para averiguarlo mi señor Aldebarán, necesitamos a Soleil, debemos llevarla a al castillo de Mizar, nuestro padre, el elfo más poderoso y sabio que existe,  sabrá encontrar la respuesta.
-            Andando, no podemos esperar más mi señor elfo.
-            Aldebarán, su viaje ha sido largo, la pelea ha mermado sus fuerzas, permítanos llevarlos a Mizar con el honor, el respeto y el lujo que merecen ...
-            No hay necesidad, puedo llevar a mi pequeña ...
-            Buhoo ¡pero estás herido! Y Soleil también, deja que los lleven, no seas testarudo, buhoo
-            Su amigo el valiente búho tiene razón mi señor guardián, además llegaremos más rápido si nos permiten llevarlos.
-            ... está bien mi señor elfo ... pero también llevarán al búho ¿verdad?
-            Por supuesto.


El elfo guerrero silbó una bella tonada y en un segundo estaban frente a él una deslumbrante carreta de oro tirada por unicornios, cubierta con delicadas sedas y llena de almohadas que parecían nubes, de su interior bajaron cuatro hadas que ayudaron a recostar a Soleil al tiempo que le cantaban los más dulces y tiernos arrullos que jamás se hayan escuchado, luego subió el búho quien no aguantó la curiosidad y se echó sobre los almohadones de un salto para descubrir que en verdad eran nubes, esponjosas, vaporosas, cálidas y al contacto olían a lluvia, a pasto recién cortado, a rosas y lavandas, a moras y  vainilla, aquellas fragancias envolvieron al búho quien de inmediato se quedó dormido, Aldebarán sonrió y también subió a la carreta y dos hadas se ocuparon de retirarle la armadura destrozada y remendar los cortes que tenía en la piel. El oso no quería perder ningún detalle del viaje, pero la calidez de las almohadas, el canto de las hadas, los tenues perfumes que despedían, el suave vaivén de la carreta y el tremendo cansancio pudieron más y cerró los ojos para sumergirse en un sueño esperanzador en donde se veía en la habitación de Soleil sentado ante su mesa de juguete vistiendo un elegante chaleco de terciopelo púrpura mientras tenían una fiesta de té rodeados de aves, hadas y sus juguetes. Era como si ninguna preocupación u oscuridad hubieran existido nunca, el guardián sonrió  y en ese momento una melodiosa voz resonó claramente en su sueño, la voz decía : “así será ... tu sueño, como todos los sueños son posibles, si vienen del lugar más puro de tu corazón, ellos tocarán la luz del amanecer” ...
Aldebarán sintió renovadas sus fuerzas y lentamente abrió los ojos para toparse cara a cara con el gran elfo de Mizar quien tenía las manos llenas de una luz hermosa que se estaba derramando sobre el oso como si fuera el agua de una dulce cascada.
CONTINUARÁ ... ;)  

jueves, 10 de julio de 2014

EL GUARDIÁN DE LOS SUEÑOS CAPÍTULO V


EL GUARDIÁN DE LOS SUEÑOS
CAPÍTULO V
A DONDE TU VAYAS, YO VOY
Autora:Elizabeth Segoviano copyright©2014

Aldebarán salió al jardín cuando los rayos del sol ya bañaban todo en un resplandor rosado, con calma se recostó sobre su barriguita sintiendo el húmedo rocío en el césped y cuidadosamente le acercó el hocico a una florecilla de diente de león ... la flor entonces abrió sus diminutos ojos y le hizo un guiño, el guardián sonrió y comenzó a soplar hasta que los finos pelillos de la flor salieron flotando con la brisa, todos los pelillos se dirigieron hacia el oeste para perderse en un sendero olvidado.
El guardián supo que tendría que recorrer ese sendero si deseaba la ayuda de los seres mágicos ... sin embargo, aquel sendero era largo, retorcido, oscuro y no había sido recorrido en muchos años, no sería fácil adentrarse en él.
-         ¡Decisiones, decisiones! –se escuchaba un susurro-
-         ¿Quién anda ahí?- dijo Aldebarán incorporándose rápidamente, pero no logró ver nada o a nadie-
-         ¡El guardián necesita tomar decisiones! –susurró la voz mientras una brisa juguetona revolvía el pelaje del oso- ¡el guardián necesita observar, observar con cuidado todas las señales!
Aldebarán supo que podía confiar en esa voz ... la voz del viento, que era muy sabio por todo lo que había visto y recorrido, también por todas las voces que había escuchado; el oso observó a su alrededor viendo el follaje de los árboles estremecerse y finalmente miró al cielo, en aquel gigantesco lienzo azul, el viento había dibujado algo, un enorme círculo con líneas entrecruzadas y plumas colgando ...
-         ¡un atrapa sueños! –gritó Aldebarán-
-         un atrapa sueños, una armadura y una filosa espada debe construir mi señor guardián, si acaso el sendero intenta cruzar- susurró el viento-
-         ¡Serás un caballero! –gritó de repente el gran búho blanco que ya había despertado-
-         Eso indican las señales, amigo búho.
-         Pero ... buuhoo ... aquí no hay quien te haga una armadura buuhoo ¿cómo vas a conseguir esas cosas? Buuhoo
-         ¿Nunca has escuchado ese sabio dicho, amigo búho?
-         ¿¿buuhoo??
-         ¡Donde hay voluntad, hay manera!

La voz del guardián había despertado a Soleil, quien desde la ventana escuchaba atenta la conversación, y al enterarse de que Aldebarán necesitaba una armadura, corrió a la cocina recogiendo coladores de pasta y ralladores de queso, un rollo de papel aluminio, un par de cucharones de latón, los cubiertos de plata de su abuela y un par de charolas para hornear. Y salió corriendo haciendo tremendo escándalo con todos sus artefactos de cocina.
Al llegar al jardín tiró todos cachivaches en el césped mientras Aldebarán y el gran búho blanco la miraban extrañados, hasta que Soleil le puso un colador de pasta en la cabeza al oso y entonces entendieron que con aquellas ollas y charolas podían hacer una armadura.
-         buuhoo ¡yo también quiero una armadura!
-         ¡no! –gritó el guardián– tu no puedes ir conmigo amigo búho, es muy peligroso.
-         Pero necesitas ayuda, sé que me necesitas.
-         Es muy arriesgado ... –Aldebarán entonces miró a Soleil y notó que sus ojos resplandecían de fiereza y valor, y supo que ella también quería ir, ¡a donde tu vayas, yo voy! Es lo que clamaban los pensamientos de la niña–  quizá es lo mejor, iremos los tres, juntos nadie podrá vencernos.
-         ¡buuhoo! ... pero todavía necesitamos un atrapa sueños.
-         De eso me encargo yo, ayúda a Soleil con nuestras armaduras.

El guardián se paró en el centro del jardín y susurró : a todos los guardianes llamo yo, pequeños y grandes por igual, de todos los puntos cardinales, tráiganme sus señales, todos juntos por un bien mayor, préstenme su sabiduría, préstenme su luz, juntos somos invencibles, juntos somos todos la magia que protege aquello que es pequeño, puro y bueno.
Apenas terminó de pronunciar aquellas palabras, el jardín entero pareció despertar de un sueño, los árboles se movían al ritmo del viento y dejaron caer suaves y flexibles ramas que el oso tomó y doblándolas las entretejió para hacer un enorme y fuerte círculo perfecto, apenas lo sostuvo en las garras una decena de arañas salieron de entre los arbustos y treparon al círculo de ramas para empezar a tender sus fuertes hilos plateados elaborando  una preciosa y complicada red que sostenía entre el tejido una roca de río, un trocito de cuarzo y el viejo caparazón que había desocupado un caracol, por último llegaron un gorrión, una paloma, un mirlo, un colibrí y por su puesto el gran búho blanco para donar todos una pluma de sus preciosas alas y sujetarlas al enorme atrapa sueños que habían confeccionado.
Acto seguido, guardián, protegida y búho se ataron sus armaduras improvisadas y emprendieron el viaje por el camino oscuro para encontrar la ayuda de las hadas y seres mágicos que aún habitaban en alguna parte del corazón del bosque.

Apenas se habían internado unos cuantos metros en el sendero cuando un extraño rugido estremeció árboles y arbustos que cayeron al piso formando una alta y densa muralla obstruyendo el camino a sus espaldas, ahora ya no había vuelta atrás, la única salida se encontraba hacia adelante. Incluso la luz del sol se había oscurecido; por ello el gran búho blanco lideraba el paso, pues con su vista nocturna bien aguzada podía descubrir cualquier criatura o peligro que estuviera al acecho.
Luego de media hora de caminar en calma, el inconfundible y penetrante espantoso chillido de un halcón rompió el tenso silencio haciendo que los tres amigos se agacharan al mismo tiempo, el búho de inmediato escudriñó el cielo pero no podía ver al ave que cada vez chillaba más y más fuerte.
Pero Aldebarán creyó ver algo cruzar apenas por el rabillo del ojo, de inmediato tomó su escudo de atrapa sueños, e instintivamente Soleil apuntó la luz de su linterna hacia la piedra de cuarzo en el centro del escudo, entonces la descomunal sombra con forma de halcón chilló aún más terriblemente, de repente aulló y se convirtió en temible coyote, luego otro chillido y se volvió una rata, otro chillido y ... ¡puff! la luz que emitía la piedra en el escudo de Aldebarán la convirtió en un humo negruzco que el escudo absorbió.
-         ¡Era un explorador! –decía con seguridad el guardián–
-         ¿buuhoo? ¿explorador?
-         Si, ahora saben que estamos en camino ... ¡debemos apresurarnos! ¡búho, no importa lo que pase, no voy a permitir que te lastimen ni a ti ni a Soleil.
A partir de ese momento cientos de sombras de todos tamaños y formas comenzaron a acecharlos, con sus garras de doble filo y largos colmillos retorcidos, pero Aldebarán parecía haber sido hecho para esa batalla, aunque tenía una cara tierna y una barriguita suave, se movía como el viento dando certeras estocadas con el atizador de chimenea que le había dado Soleil, aunque el papel aluminio había cedido con los arañazos de las sombras, el resto de su armadura soportaba las duras envestidas, y Aldebarán no dudaba en cubrir a la pequeña con su cuerpo peludo, al igual que el gran búho blanco que también estaba peleando fieramente en el aire con otras tantas sombras malévolas, y tiraba de ellas con su fuerte pico lanzándolas al escudo de Aldebarán que las absorbía a todas como si fuera una aspiradora.
Soleil tampoco se quedaba atrás y repartía estocadas por doquier, imitando a su guardián, pero las sombras enfurecidas se arremolinaban sobre ellos como un enjambre de abejas hasta que se vieron envueltos en una oscuridad profunda y temible poblada de todo tipo de aullidos, chillidos y gruñidos.
Una inmensa sombra que cambiaba de forma entre un gran lobo, una pantera  un ogro logró golpear al búho y éste salio despedido hacia un tupido árbol en donde quedó inconciente, la terrible sombra cambió de forma otra vez para atacar a Soleil, en la oscuridad solo brillaban un par de ojos infernales que la miraban con odio, Aldebarán corrió para interponerse entre aquellos ojos y la niña, que asustada había caído, perdiendo parte de su armadura, el atizador que usaba como espada y su linterna. Las enormes fauces de la bestial sombra se abrieron preparadas para hundir los colmillos en la niña, pero se toparon con el escudo de Aldebarán que ante el ataque empezó a resplandecer, la fuerza de la sombra era arrolladora y después de un día completo de batalla el valiente Aldebarán estaba débil, sacando fuerzas del coraje, el oso blandió su atizador justo hacia el ojo derecho de la sombra, ésta se retorció y gritó, pero no se dio por vencida, y empezó a tirar mordidas por doquier, una de ellas aterrizó en el brazo de Aldebarán que sintió como perforaba su endeble armadura y su piel, Soleil lloraba horrorizada e impotente al no poder gritarle a aquella aparición que se detuviera, pero tomando fuerza cogió una rama y golpeó el ojo herido de aquel ser, luego sintió tremendo golpe en el pecho que la dejó sin aliento y todo se oscureció ...
CONTINUARÁ ;)