viernes, 19 de septiembre de 2014

UN POCO DE MAGIA

Queridos soñadores,
El cuento que están por leer fue escrito exclusivamente para el blog ARTISTAS UNIDOS CONTRA LA LEUCEMIA, 
http://artistasunidoscontraleucemia.blogspot.mx/
proyecto del que formo parte desde hace algún tiempo, un blog en el que todo mundo puede participar con cuentos, poemas, canciones, videos o ilustraciones que nos ayuden a consientizar sobre la importancia de la donación de médula y de la lucha de los valientes pequeños guerreros que batallan contra la leucemia. Como muchos de ustedes saben este proyecto fue iniciado por mi amigo Oliver (que en paz descanse y que nos sonríe desde las estrellas) pero ha sido continuado por dos ángeles guardianes, Pablo y Javier a quienes agradezco que sigan permitiéndome participar en este importante y hermoso blog, así que los invito a que visiten el blog y si así lo desean participen activamente en el, ya sea leyendo y comentando o aportando cuentos o poemas para hacer crecer este proyecto, espero disfruten el cuento xoxo  Eliz, aspirante a escritora, brujita soñadora.

UN POCO DE MAGIA
Autora:Elizabeth Segoviano copyright ©2014 
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS



La magia siempre ha existido ... y siempre lo hará ... únicamente tienes que creer en ella y darle un poco de ti, eso era lo que siempre había pensado Nicholas, un joven aprendiz de mago ... o al menos eso le gustaba pensar que era, pues aunque tenía muchos libros de magos muy famosos, nunca había conocido a uno.
Nicholas practicaba todo el tiempo; “abracadabra” tan pronto despertaba, “alakazum, alakazam” a la hora del almuerzo, “pikiti, pakiti pu” entre clases, “hokus pocus” a la hora de la comida, “briki, brik” toda la tarde, “nada por aquí, nada por allá” mientras hacía sus tareas, e incluso cuando las manecillas del reloj comenzaban a marcar la medianoche, y los párpados de Nicholas se sentían tan pesados como los libros de magia que tenía, se le escuchaba decir “abrakazum, alakapikituhokusbrikiti nada por ábrete sésamo” ...
Y cuando Nicholas soñaba ... ¡exacto! Soñaba con trucos de magia y que actuaba en grandes teatros repletos de gente que se maravillaba ante su mágico talento.
Dicen que los sueños pueden llevarnos a lugares que nunca imaginamos, y por ello el buen Nicholas se empeñaba en realizar su gran sueño de convertirse en mago, así que una hermosa tarde soleada de verano nuestro mágico amigo salió al jardincito afuera de su casa y con cortinas y manteles que le había prestado su mamá, armó un escenario, dispuso algunas sillas de plástico y se enfundó en uno de los elegantes trajes negros de su papá, que aunque le quedaban algo grandes le daban ese aire misterioso que buscaba, se hizo un sombrero de copa con un poco de cartón y se ató una capa que había improvisado con uno de los viejos vestidos de su hermana. Se echó un último vistazo al espejo, sonrió, respiró  hondo y anunció a todo pulmón : ¡EN UNOS MINUTOS VENGAN A PRESENCIAR AL GRAN MAGO NICHOLAS EL MISTERIOSO, ES MEJOR QUE HOUDINI, MEJOR QUE MERLIN Y MEJOR ... MEJOR VENGAN AL ESPECTÁCULO QUEDAN POCOS ASIENTOS! ¡ EN TAN SOLO MINUTOS EL GRAN MAGO NICHOLAS EL MISTERIOSO LOS MARAVILLARÁ! ¡PASEN, PASEN QUEDAN POCOS ASIENTOS!
En minutos la familia del simpático Nicholas ocupó la mitad de los asientos y algunos vecinos curiosos la otra mitad ¡y el espectáculo comenzó! Nicholas llevó a cabo sus mejores trucos de naipes, el truco de aparecer una paloma y cambiarla por flores y luego las flores por un conejito y luego el conejito por un conejo de chocolate, y todo le salió a la perfección y su familia y vecinos le aplaudían y vitoreaban cada truco con gran alegría,
-            ¡Ahora para el gran final, yo, el gran y poderoso Nicholas el misterioso haré desaparecer a mi hermosa asistente!
-            ¡Y también me hará reaparecer! –dijo su hermana con una gran sonrisa y un guiño–  ¡o si no yo lo haré desaparecer!

La muchachita entró en la caja y esperó por la señal de su hermano como lo habían ensayado para ocultarse en el compartimento secreto y luego regresar en cuanto Nicholas dijera las palabras mágicas.
-            ¡y así, la bella dama ha desaparecido! –su público aplaudió en suspenso- y ahora con unos cuantos pases mágicos y las palabras secretas ... hmm las palabras secretas ... hmmm ... hokus pocus aparécete locus ...
-            ¡esas no son las palabras mágicas! –gritaba su hermana mientras el público reía-
-            shhh, ya sé pero ... se me olvidaron ¡ya sal!
-            ¡no puedo! ¡sin las palabras mágicas no puedo regresar!
-            Hmmm ... ábrete ... ¿caja?
-            ¡no!
-            ¡oh ya se! ¡abracadrabra patas de cabra que regrese mi adorable y loca hermana! A la una, a las dos, a las tres! – todo el público aplaudió y vitoreo al mago y su adorable asistente.

Entre aquel alegre público se encontraba Lía, una niña con una enorme y dulce sonrisa y expresivos  ojos color miel que, en cuanto el resto de los asistentes se marcharon se acercó sin vacilar al gran mago Nicholas.
-            ¡Eres espectacular! –opinó Lía–
-            ¡Gracias! Me falta mucho  para ser un gran mago ... y también me hace falta una nueva asistente ... ¿ a ti te gustaría ser mi asistente?
-            ¿Yo? ¿de verdad?
-            ¡Claro!
-            ¡Seguro!

A partir de aquel día Lía y Nicholas pasaban todas las tardes practicando trucos de magia e ilusiones cada vez más complicados que les salían a la perfección; pronto ya eran conocidos en todo el barrio, y sus presentaciones en el jardín ahora eran muy concurridas.
Sin embargo, una tarde Lía no llegó a ensayar, y tampoco llegó la siguiente tarde, ni la siguiente. Ante su ausencia, Nicholas se preocupó y fue a su casa, donde se enteró que Lía estaba en el hospital, así que nuestro amigo enfiló sus pasos hacia el hospital enfundado en su traje de mago, al llegar a la habitación que Lía compartía con otra niña empezó una pequeña función donde les apareció flores  y les hizo trucos de naipes y bromas hasta que las dos niñas se retorcían como gusanitos de tanta risa.
-            Lía – dijo Nicholas–  ¿cuándo vas a salir?
-            No estoy segura ... disculpa que no pude ir a ensayar
-            No te preocupes por eso ... pero ... te vas a aliviar pronto ¿verdad?
-            Dicen que necesito una medicina muy especial ...
-            ¿Qué clase de medicina?
-            Una que solo otra persona puede darme ... es un poco como magia Nicholas, si alguien me da un poquito de magia, entonces podré aliviarme.

Nicholas regresó a casa, donde sus padres le explicaron que Lía necesitaba un donador de médula ósea, esa era la magia de la que hablaba ...

¡La magia siempre ha existido ... y siempre lo hará ... únicamente tienes que creer en ella y darle un poco de ti! Las palabras que Nicholas siempre se había dicho, ahora cobraban un  nuevo sentido ... magia, si ¡pero magia real!

Al otro día Nicholas ofreció otra de sus presentaciones, pero esta vez no esperó a que la gente aplaudiera, esta vez Nicholas el gran mago, le pidió a su público que le diera magia a Lía.
Y así lo hicieron, algunas personas tenían miedo, pero Nicholas les explicó que no había nada que temer, y sí mucho que ganar, pues con un pinchazo se podía extraer la médula que podía salvar a Lía y a muchos otros pequeños, para que todos pudieran seguir esparciendo su magia por el mundo. Donando un poco de ti la magia se convierte en esperanza, la esperanza en fuerza y la fuerza en vida.

La magia existe, y tu puedes ser parte de ella al convertirte en donador de médula.

martes, 9 de septiembre de 2014

LA PEQUEÑA GRAN HISTORIA DE ESTORNUDO

LA PEQUEÑA GRAN HISTORIA DE ESTORNUDO
Elizabeth Segoviano Copyright©2014


Incluso los seres pequeños pueden tener grandes historias, y llevar a cabo increíbles hazañas ... eso es lo que pensaba Estornudo, uno de los últimos grandes dragones que existen ... bueno, Estornudo no era grande, pero sí que era un dragón, bastaba verlo estornudar para saberlo, pues cada vez que lo hacía salían sendas llamaradas de su nariz y su bocaza, que era muy grande para un dragoncito de su talla.
El problema residía en que Estornudo era alérgico a todo ... está bien, quizá exagero; estornudo solo tenía alergia de las flores ¡todas! (hasta de las de plástico) también era alérgico al maní, a las fresas, frambuesas, zarzamoras, a las manzanas, al polvo, al perfume, al jabón de color azúl, a la lana, al poliéster, al pescado y los mariscos, al queso roquefort (¡pero al cheddar no!) a los pájaros y sus plumas, al pasto, al agua del grifo, a los gatos, los insectos, los perros ... bueno a los perros no, a ellos solo les tenía pavor. Le tenía alergia a las hadas, a los duendes, e incluso a los elfos de santa Claus. También a las cosas navideñas ... pero sólo cuando estaban hechas de plástico chino ... en fin, total, estornudo era alérgico a casi todo, y aquello había provocado muchos incendios, por lo que no era muy querido, y no lo invitaban a las fiestas, ni a los días de campo ... ¡aunque a las parrilladas sí! Pero esas sólo eran en verano, cuando había muchas abejas y polen por doquier y eso le causaba mucha alergia y Estornudo prefería no ir.

Estornudo había buscado la ayuda de los doctores, pero ellos al ver que era un dragón ... (uno pequeño, pero todo un dragón) le tenían miedo y no querían ni verlo, aquello hacía llorar a estornudo y las lágrimas le daban alergia y pufff el resultado había sido una docena de médicos chamuscados.
Entonces el buen Estornudo decidió llevar un cubre bocas hecho de un suave material hipo alergénico y limpiaba toda su casa constantemente con jabón morado ... que ese no le hacía  estornudar y pasaba los días trabajando en su computadora diseñando páginas web, porque ni las computadoras ni el internet le hacían estornudar.
Así descubrió un blog llamado “manual de dragones, la guía dracónica que todo dragón debe leer”. Estornudo disfrutaba mucho leyendo de aquella información que pensaba era inventada, porque le parecía muy pero muy poco probable  que el blog de unos niños contuviera alguna verdad.
Cada viernes los niños actualizaban su blog, en el hablaban de las diferentes razas de dragones, de los grandes dragones que habían existido en la historia, hacían dibujos y esquemas de sus alas, hablaban de la comida favorita de los dragones, de sus pasatiempos, sus costumbres etc, etc, etc.
Y cada viernes nuestro dragón leía muy entretenido la información y dejaba un comentario siempre firmando como Estornudragón,
Pero llegó un viernes sin nueva información y luego otro y luego otro, aquello le parecía curioso al dragoncito, quien ya se había encariñado con los autores de ese blog y los extrañaba, pero pensó que quizá se habían cansado de hablar de dragones, sin embargo una vocecita en la cabeza de Estornudo le decía que algo no estaba bien, así que mandó este mensaje :
Queridos draconólogos,
Extraño mucho sus historias y su útil información, espero vuelvan pronto, saludos, Estornudo, el dragón.
Al firmar así su mensaje nuestro amigo dio a entender que el era en realidad un dragón y unas horas después le llegó esta respuesta :
Estornudo dragón ....
Si quieres volver a saber de tus amigos draconólogos entrometidos ven solo al viejo campanario de nuestra señora de las sagradas palomas rechonchas, si no vienes puedes despedirte de tus amiguitos.
Atentamente Sir DrakonBlackenTongue.

Al leer aquellas palabras Estornudo se sobresaltó ¿acaso aquello era una broma? ¿de verdad estaba pasando? ¿era posible? ¿y porque aquel extraño nombre le sonaba tan familiar?
Nuestro dragón decidió teclear ese nombre en el buscador y de inmediato vio porque le era conocido, DrakonBlackenTongue era el nombre de un antiguo dragón que había acechado buena parte del viejo continente, sus fechorías habían sido documentadas en libros medievales ahora perdidos y los amigos de Estornudo habían hablado de él en su última entrada.
Estornudo decidió que esa bizarra situación era total, descabellada y completamente cierta, así que reunió toda la información importante que pudo y tomando su mochila y dos cubre bocas hipo alergénicos se encaminó al viejo campanario de las sagradas palomas rechonchas.

Aquel torreón abandonado era macabro, oscuro y lleno de telarañas, con ruidos extraños que salían de cada rincón, pero Estornudo estaba decidido a rescatar a los chicos así que se abrió camino con una linterna en una mano y su spray desinfectante en la otra.
¡DrakonBlackenTongue! –gritaba Estornudo– su voz recorrió el lugar con un eco escalofriante ... esperó unos segundos y volvió a gritar ¡DrakonBlackenTongue! ... de nuevo el eco que parecía envolverlo como los vendajes envuelven a las antiguas momias, luego de un momento por fin escuchó unos murmullos apagados al final de un corredor retorcido y polvoso.
-            Es Sir, Sir DrakonBlackenTongue, un título que me gané –Estornudo se ocultó entre los ladrillos faltantes de una pared, trató de calmarse abrió cuidadosamente su mochila e intentó sonar como un verdadero dragón-
-            Un título noble sin duda, título que te otorgaron  hace siglos por haber protegido un reino, en una época en la que tenías honor, pero esos tiempos según veo han quedado atrás porque ¿qué clase de Sir amenazaría a unos niños? ¿qué honor hay en eso? El código dracónico es muy simple, un dragón debe ser justo, proteger a los débiles e inocentes y ser honorable ¡ahora no eres más que un vulgar delincuente!
-            ¿Honor? ¿tu me hablas de honor? ¿qué honor tienen esos chiquillos pretenciosos que se hacen llamar draconólogos? ¿qué derecho tenían de contar nuestros secretos y exponer nuestras historias?
-            ¡Sólo son niños! ¡niños inocentes que admiran a los dragones! ¡niños que soñaban con las antiguas eras en las que los caballeros y los dragones protegían los reinos! ¡niños que no tenían nada más que admiración por un legendario dragón mítico llamado Sir, DrakonBlackenTongue!
-            Esos niños se atrevieron a escalar mi montaña, buscaron mi guarida, tomaron fotos y todo lo pusieron en su tonto blog, en un abrir y cerrar de ojos tenía gente extraña tratando de llegar a mi guarida ... en cualquier momento te buscarán a ti también y terminaremos en uno de esos monstruosos laboratorios rodeados de médicos y científicos crueles y chiflados que querrán abrirnos en dos para estudiarnos; si quieres que te regrese a esos niños babosos tendrás que pasar sobre mi cadáver.
-            Sir DrakonBlackenTongue ... un nombre grandioso para un dragón grandioso, es increíble que tengas miedo de unos niños, pero si así lo quieres ... ¡que así sea!

Estornudo salió de su escondite y cuando Sir Drakon lo vio emitió una carcajada que podría haberle dado la vuelta al mundo, el dragón Estornudo no era más grande que una lagartija, era escuálido, pálido, usaba gafas y bufanda y sostenía una ridícula espada de cartón y una botella de desinfectante.

-            ¿Acaso vas a desinfectarme hasta morir? ja jajaja ¡con ese ridículo nombre debí suponer que no eras más que un remedo, una burla de dragón! ¡ahora lárgate y déjame con mis asuntos!
-            En este caso Sir Drakon, sus “asuntos” son mis asuntos – entonces Estornudo desplegó sus diminutas alas y volando hacia el rostro del inmenso dragón roció el desinfectante justo en los ojos, Sir Drakon chilló y se alejó frotándose los irritados y llorosos ojos, pero Estornudo no retrocedió, se arrancó los cubre bocas y metió su gran bocaza en la mochila, adentro había guardado un ramillete de dientes de león, la flor a la que era más alérgico, también metió unos adornos navideños acabos de traer desde china, un puñado de frambuesas, una bolsa de jabón azul, un suéter de lana y un kilo de pimienta de shezuan, los olores de aquella mochila se metieron en lo más profundo de la nariz de Estornudo, y éste se retorció, gruñó, brincó, aulló, hizo bizcos y su panza comenzó a inflarse más y más como si fuera un globo de fiesta, ante tal espectáculo Sir Drakon quedó desconcertado, y cuando quiso salir de ahí un estornudo de dimensiones épicas salió volando a un millón de kilómetros por hora, de la nariz y la bocota de Estornudo, las flamas que de él provenían eran gigantescas, y de todos colores. Y no dejaba de estornudar.
-            Aaaaaccchuuuuuuuuuuuuuuu, aaaaaaaccccchhhhhuuuuuuuuuuuuu
Cada estornudo traía más y más flamas que envolvían a Sir DrackonBlackenTongue, quien no podía ver por donde caminaba, el calor era insoportable como si estuviera en las entrañas de un volcán y solo atinó a cubrirse el rostro.
-            ¡me rindo! ¡me rindo! ¡me rindo! ¡me rindo! –decía lloroso-
Después de escuchar aquello nuestro valiente dragoncito Estornudo, sacó de la mochila un frasco de loción de menta, lo único que podía calmar sus alergias, y el último accchuuuu fue uno llenode mocos de colores que apagó todas las llamas.
-            ¿En dónde están los niños?
-            ¡Ay, ay, ay de mí!- decía chamuscado Sir Drakon- nunca había sentido un calor como ése ¡y yo soy un dragón! ¡ay, ay, ay, ay de mi! ... ¡tus amigos draconólogos están en el sótano! .... ¡ay, ay, ay, ay de mi! ...
-            Cálmate, y ven conmigo, te quedarás en mi casa hasta que te sientas mejor y te encontremos una nueva montaña, les pediré a mis amigos que digan que todo lo que escribieron eran historias que inventaron, y que las fotos de tu guarida estaban hechas en computadora, después de todo no queremos terminar en un frasco de laboratorio ... pero ya no te diré Sir, no mereces ése título, deberás ganártelo otra vez.
-            ¡Ay, ay, ay, ay de mi! ... está bien ... no me comporté como un buen dragón ¡ay, ay, ay de mi! ....

Aquel día nuestro pequeño gran héroe rescató a los niños y juntos buscaron un nuevo hogar para el viejo DrakonBlackenTongue, quien le dio su título de Sir a nuestro amiguito ... Sir Estornudo, guardián de los niños, gran devorador de libros y comentarista de blogs y fanático del desinfectante morado.





jueves, 4 de septiembre de 2014

CONEJITO MIRA LA LUNA

CONEJITO, MIRA LA LUNA
Elizabeth Segoviano Copyright©2014 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

En un valle distante había construído su madriguera una mamá conejo, y ahí tuvo un pequeño conejito que era lindo, curioso y travieso, era esponjoso, ruidoso y también cariñoso.
Pero con el paso del tiempo el conejito inquieto ya lo había recorrido todo, cada agujero, cada rama, cada hoja y hasta el arroyuelo.

Y el conejito lloraba cada mañana al ver que seguía en ese inmenso valle verde y frondoso que tenía árboles frutales y muchas aves que trinaban canciones ancestrales.
Mamá conejo lo abrazaba y le daba besitos esquimales, le hacía cosquillas en la barriga y le daba a morder dulces raíces florarles.
Pero conejito no quería comer, conejito lloraba porque quería viajar, explorar lugares que solo podía soñar.

Ya habrá tiempo para eso, decía mamá conejo, cuando seas más fuerte y te hagas mayor irás a donde quieras, pero aún eres mi conejito soñador y te quedarás conmigo porque eres pequeño e indefenso, eres distraído y aún no sabes nada  del mundo exterior.
Entonces mamá conejo le contaba cuentos de la luna y de esa gran mancha que tenía que parecía un conejo como él, y solo así el conejito se contentaba y se dormía, mirando la luna ... a quien su mamá conejo llamaba mamá luna.

Mas ocurrió un día que a las orillas del frondoso valle se escucho un rugido raro, y conejito corrió a ver que ocurría, era un camión enorme el que rugía y conejito se trepó en él para ver porque gruñía.
Entonces el camión se sacudió, tosió y arracó a toda velocidad con todo y conejito quien sorprendido se carcajeaba y decía : ¡adiós, adiós valle aburrido! ¡adiós adiós señor buho y señor topo! ¡adiós, adiós peces del arroyo! ¡adiós, adiós días aburridos! ¡me me voy, me voy a recorrer el mundo y ser aventurero! ¡no más conejito soñador! ¡soy un explorador!

Sobre el camión observó el conejito muchos caminos, bosques y un lago, luego una gran carretera que se doblaba como una serpiente y después observó a una ciudad iluminarse mientras caía el atardecer.
Aquel lugar era como un laberinto, lleno de ruidos y gente corriendo.
Nadie escuchaba ni era amable o atento, y conejito comenzó a sentir miedo.
Entonces respiró hondo y miró el cielo, ahí estaba mamá luna con su mancha de conejo y conejito sintió un hueco en el pecho.

Se había alejado del valle pero también de su mamá, de repente solo quería estar en su madriguera de suave paja escuchando los cuentos de la luna en la dulce voz de su mamá. 
Conejito se asustó, no sabía como regresar ... se dio cuenta de que en verdad era demasiado pequeño y que necesitaba alguien que lo cuidara.
Conejito lloró y sollozó mirando la luna, sabía que en algún lugar lejos, su mamá conejo estaba mirando la luna preguntándose donde estaría su conejito soñador.
Pero mamá conejo era muy inteligente y le había pedido a los mirlos del campo que siguieran al camión y ellos le dijeron en donde estaba su conejito soñador.
El señor búho que todo lo había visto le ofreció sus alas a mamá conejo y volaron juntos a través de bosques y lagos, y siguiendo la carretera que parecía serpiente hasta llegar a la ciudad.
Y ahí, junto a un enorme camión que ya no rugía estaba conejito soñador, con lagrimones corriendo por sus mejillas peludas y su barriguita gruñendo de hambre, gruñendo por unas verduras.
Mamá conejo se estiró y tomó en sus brazos al conejito que se aferraba a ella y le decía que nunca jamás querría dejar de nuevo el valle.

Al llegar a su madriguera , mamá conejo arropó a su conejito, le dio besitos esquimales y le dijo : conejito soñador, cuando seas mayor podrás hacer todo lo que desees, podrás ser un gran explorador, astronauta, un marino o un gran investigador, pero aún eres pequeño y no pudes estar solito en un mundo tan inmenso.

Conejito suspiro y dijo que no quería volver a estar sin ella, porque estar sin ella le hacía sentir un hueco gigante en el pecho.
Conejito soñador, decía mamá conejo, yo estaré contigo aún cuando tu estés lejos, cuando mires a mamá luna, la estaré mirando yo, cuando veas su mancha de conejo piensa que soy yo para darte las buenas noches y cuando yo la vea pensaré que eres tú para darme las buenas noches.
Tu y yo nunca estaremos separados, pues aunque seas un gran explorador, tendremos la luna llena, incluso la luna menguante y sabrás que en su tenue brillo viaja todo mi amor.
Conejito, mira la luna, y sueña que eres explorador, y cuando te hagas mayor y seas explorador, mira la luna y sueña que estás conmigo en nuestro valle y te doy besitos esquimales.
Conejito mira la luna y estaremos juntos como hoy, como siempre, te lo prometo yo.


sábado, 30 de agosto de 2014

FLOR SE QUEDÓ SIN LETRAS

FLOR SE QUEDÓ SIN LETRAS
 Copyright ©Elizabeth Segoviano 2014 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Flor era una niña de apenas siete años, y era casi como todas las niñas de siete años, era curiosa, traviesa, inteligente, parlanchina, tierna y a veces, también hacía berrinches; sin embargo había algo que hacía de Flor una niña un tanto diferente, a ella le gustaba escribir y contar historias ¡y eran muy buenas! Aquella habilidad la había heredado de su querido abuelo Marcus, quien le había contado historias desque Flor se encontraba en la barriguita de su mamá, y por ello Flor había nacido llena de letras en su mente, letras que se convertían en palabras, palabras que se convertían en frases y frases que formaban hermosas historias de hadas y héroes, de espadachines y brujas, de animales mágicos  y alfombras voladoras, de elfos y calabazas mágicas y cientos, miles de bellos personajes brotaban de sus palabras.
Y cada noche el abuelo Marcus y Flor se tendían bajo las estrellas a inventar historias que escuchaban atentamente las luciérnagas y los grillos, las flores, la luna, los gatos en los tejados y por supuesto, las estrellas, que sonreían y titilaban de alegría al escuchar a Flor.
Además en el colegio nuestra pequeña cuenta cuentos era muy popular, pues sus amigos siempre le pedían les contara alguna historia de misterio o grandes aventuras, algo de piratas o de dragones y princesas, y claro, eso a Flor le encantaba.
Pero lo que más amaba Flor era pasar los domingos sentada en las rodillas de su abuelo mientras tipeaban juntos sus historias en su antigua y ruidosa máquina de escribir. A cada tanto quitaban la hoja y Flor se encargaba de hacer algún lindo dibujo que acompañara las historias, pues Marcus y ella querían hacer muchos libros con todos sus cuentos, hacer una biblioteca entera que pudiera disfrutar todo aquel que amara las historias tanto como ellos.
Sin embargo, a veces en la vida pasan cosas que no son como en las historias, pasan cosas que nadie quiere que pasen, pero pasan de todas formas, y el abuelo Marcus enfermó, pasó muchos días en cama hasta que una noche tibia y clara cerró los ojos y se fue a ese lugar donde nacen los sueños, a ese lugar del que todos venimos pero no alcanzamos a recordar, se fue allá donde nacen las estrellas, allá donde terminan su viaje las libélulas, allá donde las estrellas fugaces se convierten en una cascada de luz, allá donde nuestros corazones fueron creados.
Desde aquel momento algo en el interior de Flor se descompuso, su corazoncito de siete años se quedó con un gran vacío, era como esos inmensos agujeros negros que pasean por el universo, Flor sentía que por ese hueco se le escapaban sus letras y solo quedaba un montón de nada.
Con el paso de los días Flor dejó de contar historias, tampoco las tipeaba ni hacía dibujos, era como si todas las palabras del mundo se hubieran borrado, y por las noches el jardín quedó en silencio y los grillos, las hadas, las flores la luna y las estrellas se preguntaban porque Flor ya no contaba historias.

Después de un tiempo los amigos y los papás de Flor le pedían que les contara cuentos, que siguiera haciendo esa gran biblioteca con la que tanto habían soñado ella y su abuelo, y entonces Flor sintió algo diferente en su corazón era como una chispita que intentaba encenderse pero no lo lograba del todo, parecía que tuviera dentro una cajita con cerillos mojados, o un  motor descompuesto, pues cada vez que la pequeña tomaba lápiz y papel y escribía “Había una vez” o “Sucedió hace mucho tiempo” ya no podía escribir más ... ¡de verdad ya no tenía letras en su interior!
Con cada intento la niña escribía menos y menos, el había una vez se convirtió en “Había un...” el sucedió hace mucho tiempo quedó en “Sucedi ...” y así hasta que solo pudo escribir una “H” o una “S” y luego ni siquiera eso, después intentó escribir el abecedario pero solo pudo escribir “A” , en ese momento decidió que sería mejor contar las historias sin escribirlas, así que reunió a su familia y amigos en el jardín y empezó a decir “En un reino muy, muy lejano” ... todos estaban mirándola atentos, sonriendo, esperando escuchar una fabulosa historia, pero Flor por alguna razón no podía continuar, respiró profundo aclaró su garganta y lo intentó nuevamente “En un reino” ... hmmm ... “ En un rein”... coff coff “En un” ...
Entonces lo que Flor temía sucedió … ¡TAMBIÉN SE QUEDÓ SIN VOZ!
Todos los presentes se sorprendieron, no sabían que había pasado, tal parecía que lo que Flor pensaba era completamente cierto ¡SE HABÍA QUEDADO SIN LETRAS!
Los médicos no encontraban una explicación y le recomendaron que descansara y bebiera mucho té con miel.
Flor estaba triste, la chispita en su interior no encendía, el motor que la hacía contar historias solo echaba humo, sus letras se le habían escapado por un inmenso hoyo negro y todo lo que tenía era silencio.
Después de buscar alguna respuesta por largo tiempo Flor decidió leer muchos libros, todos los que pudiera, leía y leía devorando un libro tras otro, y pensó que tampoco le haría daño comer mucha sopa de letras que a su mamá le quedaba tan rica, y cereal de letras también, pues ella quería volver a llenar ese hueco en su corazón con muchas letras a ver si así podía contar historias una vez más.
Así pasaron muchos días que se convirtieron en meses y poco a poco, muy de a poquito, Flor pudo hablar otra vez, pero por más que lo intentaba no podía contar historias, pero ella seguía desayunando letras, comiendo letras, y leyendo todo lo que podía. Hasta que una noche Flor se dio cuenta de que había pasado todo un año desde que su abuelito ya no estaba, y esa noche de luna llena Flor salió al jardín y se tumbó sobre el césped a mirar las estrellas como solía hacerlo y guardó silencio, se quedó muy calladita ...
en ese momento lo escuchó, parecía ser un murmullo, pero luego descubrió que eran sollozos, miró a su alrededor y notó que las pequeñas hadas del jardín y los grillos, los caracoles, las flores, la luna y las estrellas eran quienes estaban sollozando, Flor preguntó porque lloraban y todos dijeron al unísono ¡porque ya nadie nos cuenta historias! Aquellas palabras le hicieron un nudo en el estómago a Flor, se le llenaron los ojos de lágrimas y se metió corriendo a la casa, cerró de un golpe la puerta de su habitación y uno de los manuscritos que había hecho con su abuelito Marcus cayó del librero, Flor lo recogió y lo acarició con mucho cuidado, empezó a hojearlo y a leer lo que con tanto cariño e ilusión había mecanografiado con su abuelo por tantos domingos, y justo al final del manuscrito había otra hoja, escrita a mano, era la letra de su abuelito y decía “ mi pequeña, quizá no puedas verme más, pero no significa que no esté contigo, pues soy cada letra y cada frase que alguna vez escribimos, soy el ruidoso ritmo en las teclas en nuestra desvencijada máquina de escribir, soy el olor a papel y tinta, soy los colores de tus acuarelas, soy el suave césped sobre el cual te recuestas, soy alguna estrella que te mira esperando me cuentes más historias, soy un trocito de tu corazón, aquel que se alegra cuando imaginas un nuevo personaje y una nueva aventura, soy tu historia y soy tus recuerdos, voy contigo en tu cartera cuando garabateas una frase nueva, soy el ruidito que hace tu lápiz cuando escribes de prisa para que no se te olvide alguna idea, sigo contigo mi pequeña, cuando tu quieras nos encontraremos en una página en blanco, en una historia nueva, en otra noche de luna llena”.
Al leer eso, Flor lloró, pero eran lágrimas felices porque como siempre, su abuelito tenía razón, él estaba ahí con ella, en las letras, en cualquier lugar a donde ella mirara e imaginara un relato nuevo, Flor abrazó su manuscrito lo guardó y desempolvó su máquina de escribir y como por arte de magia las historias fluyeron otra vez, caían como lluvia fresca sobre el papel, y de nuevo salió a leer bajo las estrellas para hacerlas reír pues ahora sabía que alguna de ellas era su abuelito que esperaba ansioso otra historia, otra aventura, otro cuento para seguir riendo.
La chispita en el pecho de Flor por fin había encendido, su motor giraba a toda velocidad, el hueco por el cual se habían escapado sus letras se había cerrado y ahora podía llenarlo con historias.


miércoles, 27 de agosto de 2014

CAJITA DE HAIKUS

CAJITA DE HAIKUS
Elizabeth Segoviano Copyright© 2014 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Tengo bajo mi cama una cajita de madera, mi abuelo y yo la adornamos con lunas y estrellas.
Todos los días escribimos algo en hojitas de papel, las doblamos con cuidado una y otra vez hasta que la hoja se convierte en una grulla de papel.

Mi abuelito dice que las guardemos en la cajita estrellada para que las grullas sueñen que vuelan en una noche dulce y callada, -Son para que los leas cuando estes triste o aburrido- dice mi abuelito sonriendo al ver que nuestra cajita casi se ha llenado.

Un día amaneció lloviendo tanto que casi no se veía el sol, yo estaba resfriado, adolorido y aburrido, entonces mi abuelito y yo sacamos la caja de abajo de la cama, él frotó sus manos y digo “¡SENZABURU! Entonces las grullas de papel salieron volando por toda la habitación, una a una venían a mí y se desdoblaban para que yo leyera los secretos que escribí.
Eran los dulces haikus que habíamos escrito mi abuelo y yo.

“Venus se ríe

Le cuento mis secretos
La noche calla.”

“Las tardes ocres
Huelen a chocolate
El viento canta”.



“El sol naranja
Se duerme conmigo
Soñamos juntos”.

“Gatos maullando
La luna se alegra
Los ratones no”.

“Lluvia fresca
Mi alma se alegra
Es primavera”.

“Gotas de luna
Brillan en mi ventana
Huele a tierra”.

“Silba el bosque
Magia en el aire
Me salen alas”.

Las grullas nos hacen cosquillas a mi abuelito y a mí, de repente la puerta se abre, es mi mamá que nos trae chocolate caliente y rollitos de canela con anís.
Las grullas se asustan y se dejan caer, mi abuelo y yo nos reímos, mamá nos dice que recojamos todos esos papelitos.

Mi abuelito y yo pasamos la tarde volviendo a doblar nuestras grullas para regresarlas a su cajita de noche estrellada, mientras, damos sorbitos al chocolate y guardamos entre las grullas recuerdos como el del día de hoy.


jueves, 21 de agosto de 2014

EL GUARDIÁN DE LOS SUEÑOS CAPÍTULO VIII

EL GUARDIÁN DE LOS SUEÑOS
CAPÍTULO VIII
SIN MIEDO

Cuando Soleil quedó inconsciente en el sendero oscuro, cayó en un sueño pesado y profundo del que no podía despertar, aunque escuchaba todo lo que pasaba a su alrededor, y sabía que Aldebarán, el búho y los seres mágicos no la dejarían sola, sin embargo al mismo tiempo, podía ver lo que habían hecho las sombras, que poco a poco iban tomando el control de los sueños de todos los niños de su ciudad, y mientras más sueños capturaban más fuertes se volvían, y ahora no tenían problemas para apoderarse de los sueños de los adultos … la ciudad entera estaba cayendo en los brazos de esa malévola oscuridad para ya no despertar y yacer atrapados en pesadillas eternas, pero Soleil sabía que así como existía la oscuridad, existía la luz, que aunque esas apariciones eran fuertes, también eran fuertes las hadas, los ángeles y su querido y valiente guardián, y que ella debía ser igual de fuerte, por su Nana, por sus amigos, por sus padres, por todas las personas de su ciudad. Supo que debía permanecer ahí para dar batalla y mandar un mensaje a esas sombras “¡AQUÍ HAY ALGUIEN QUE LOS VA DERROTAR!! ... ¡SIN MIEDO! – pensó la niña – tan pronto pensó eso, una intensa luz comenzó a rodearla quedando dentro de una gran burbuja luminosa, aquello atrajo la atención de las sombras que sin chistar se apresuraron al encuentro de Soleil luciendo sus caras más terroríficas y múltiples garras mientras gruñían, chillaban, aullaban y se retorcían.
Mas la luz de la burbuja de Soleil era tan intensa que en el acto las sombras comenzaron a retroceder cubriendo sus espantosos ojos, chillando de dolor y de rabia, fue entonces cuando llegó Vermalion, el ángel de los sueños, con sus enormes alas doradas, enfundado en su armadura, ondeando su reluciente espada, y tomándola con ambos brazos la estrelló en el suelo, éste se resquebrajó y las sombras cayeron en las grietas que lentamente estaban siendo inundadas con oleadas de luz convirtiendo a las sombras en piedra y luego en arenisca que se disipaba con el batir de las alas de Vermalion.
Soleil –decía el ángel – me manda tu guardián, él sigue luchando allá afuera para derrotar esta oscuridad, pero tu y yo la detendremos aquí, ahora que has enfrentado tu miedo y sabes que eres protegida, por mi, por Aldebarán. El búho. tu Nana y los seres mágicos debemos esparcir la noticia a todas esas personas que no pueden despertar de sus pesadillas, para que luchen, enfrenten sus miedos y se liberen, para poder debilitar esta oscuridad y que Aldebarán lleve a cabo con todo éxito su misión.
La pequeña sonrió y en su lenguaje de señas le agradeció a Vermalion y ambos envueltos en la luz de miles de estrellas avanzaron sin miedo hasta encontrar los sueños de sus amigos, que se no podían despertar de pesadillas terribles en las que sus profesores querían atraparlos, pero la luz de Soleil era tan deslumbrante que al verla, sus amigos olvidaron las terribles visiones que los habían acechado y viendo al ángel y a su amiga se atrevieron a dejar de lado sus miedos, armarse de valor y enfrentar a las sombras que, atónitas al verse debilitadas no tenían más que remedio que huir o ser convertidas en polvillo.
Así uno a uno, visitaron los sueños de todos los que habían quedado atrapados en las garras de pesadillas de la oscuridad y uno a uno todos los habitantes se enfrentaron a las sombras produciendo su propia luz, la luz de sus sueños, la luz de bellos recuerdos, la luz de amigos, de familia, la luz del amor de las mascotas, la luz del futuro, y uno a uno pudieron despertar dejando así débil a la oscuridad.

Mientras tanto de vuelta en el sendero retorcido, el sabio elfo Albornoux, Aldebarán, El búho y una guarnición de elfos y hadas se abrían camino con sus espadas de luz sin ser arañados siquiera por la oscuridad que comenzaba a replegarse, pero que aún no estaba vencida.
Todo acabará en donde empezó – pensó Aldebarán al ver que las sombras huían y apresuraron el paso para llegar al bosque del búho.
Una vez llegaron al gran árbol donde el buen búho tenía su nido los recibió su esposa búho feliz de ver a salvo al compañero de su vida.
-       Buhoo, amor mío- decía la búho - ¿ya no te irás más?
-       Temo que aún no estamos a salvo mi dulce ave del paraíso buhoo ¿todavía está aquí el hada que dejamos cuando me fui?
-       ¿Buhoo? ¿un hada? Eso, lo explica todo, no quiso comer ratones ni quería la sabrosa cena que le regurgitaba, así que tuve que conseguirle fresas silvestres pero no dejaba de parlotear, creí que quizá era una guacamaya buhoo, me hartó y tuve que cerrarle el pico con una gorda lombriz, se puso un poco verde pero desde entonces ya dejó de parlotear y dejó de querer escapar, buhoo, le dije que no era seguro andar merodeando … creo que se ha puesto algo triste y ahora no quiere salir del nido , mira.
En efecto  el hada Darkleryth estaba en el fondo del nido de la famita búho arrebujada entre las suave pelusa de dos bebés búho que se habían encariñado con ella. Al ver al gran maestro Albornoux la pequeña Darkleryth dio un gritito de susto y quiso huir pero la garra de Aldebarán ya la tenía bien sujeta, firme pero gentilmente.
    .    ¡Por todos los cielos chiquilla malcriada! –gritó Albornoux- ¿no ves lo    que tu insensatez ha desatado? ¿acaso no has visto la oscuridad que casi se apodera del mundo de los humanos?
-       yo no he hecho nada malo, he sido capturada por esta búho loca, yo no he hecho nada malo.
-       ¡semejante ignorante! ¡cara de hada y cabeza de piedra! ¿qué tienes en la cabeza? ¿acaso tienes mármol en lugar de sesos? Tu y tu rebeldía, tu y tu ignorancia, tu y tus prisas, tu y magia de hada y de bruja, semejante pedazo de alcornoque tus hechizos retorcidos, incompletos de bruja y hada a medias han desatado las oscuras pesadillas que atormentan el mundo de los humanos, tu, remedo de hada, tu y tu bocaza sin frenos le han puesto un maleficio a una niña inocente que nada ha hecho para merecer tanto terror y tantas preocupaciones.
-       ¿qué? ¿qué hechizo? ¿qué niña?
-       Soleil –intervino Aldebarán, la niña que te rescató una tarde de tormenta, la niña buena e inocente que te arropó con la capa de su muñeca, la niña linda que cepilló tu cabellera, la niña gentil que te dio a beber chocolate caliente, la que te sonrió, la que te invitó a regresar a su casa cuando quisieras, la que te trató con toda amabilidad y cortesía … mi niña, mi protegida, la razón de que yo esté aquí luchando espada con espada con tus hermanos elfos y hermanas hadas para rescatar sus sueños y los sueños de todos los que cayeron en las garras de la oscuridad.
-       ¿Soleil? –el hada se llevó las manos al rostro y lloró, notó que Albornoux, el búho, el oso y sus hermanos tenían armaduras de batalla, que estaban cansados y preocupados y cayó de rodillas sobre la garra del guardián - ¡lo siento, lo siento! No era mi intención, yo, yo quería que ella tuviera sueños dulces y que me olvidara, yo … yo nunca quise hacer daño …
el Hada no acababa de hablar cuando un torbellino oscuro la arrebató de las manos de Aldebarán y todos se quedaron perplejos, todos excepto la esposa del búho que más rápida que una saeta emprendió el vuelo sin importarle ninguna oscuridad y de un solo picotazo logró recuperar a Darkleryth para depositarla nuevamente al cuidado de Aldebarán, pero cuando estaba a punto de hacerlo el torbellino tomó a forma de una monstruosa pantera y le asestó tremenda mordida a la valiente búho que cayó como piedra en alguna parte del bosque, al ver aquello el búho gritó y se lanzó en contra de la sombra, su cota de malla hecha con estrellas fundidas le daba pelea a la sombra, pero Aldebarán y los demás tampoco se quedaron quietos y el oso lanzó con todas sus fuerzas su espada lunar que fue a clavarse en el ojo de la criatura que aullaba como un monstruo de pesadilla, las hadas ya habían lanzado una lluvia de flechas mágicas y Albornoux con su báculo le lanzaba bolas de luz del alba hasta que de la temible sombra solo quedaron cenizas.
Las hadas de inmediato sobrevolaron el bosque en pos de la búho y la encontraron maltrecha y con un ala rota, pero con vida, al ver aquello Darkleryth lloró desconsoladamente mientras corría al encuentro de la pobre búho que la había salvado de un terrible destino, se posó sobre ella y dijo : ” licht, licht, orion licht, volare, volare amor, licht amor profundere “ y de las palmas del hada se comenzó a derramar una bella luz tornasolada que bañó a la búho sanándola casi de inmediato.
-       El camino correcto –dijo Albornoux, cuando escoges el camino correcto tu magia es correcta Darkleryth, deja ya tus rebeldías infantiles y haz el bien que puedes hacer en este mundo.
-       Si gran maestro, es como usted dice, soy una cara de hada pero sesos de piedra, yo no quise lastimar a nadie, y haré todo lo que pueda para resarcir el daño que he hecho, por favor, mi señor guardián, guíeme para ayudar a Soleil, para vencer la oscuridad que he hecho posar sobre todos.
-       Debemos ir a la casa de Soleil, ahí donde lanzaste tu hechizo por vez primera y deshacerlo, cuando lo hagas las sombras irán hacia ti, pero todos estaremos para terminarlas.
-       Si mi señor.
Cuando llegaron a la casita de Soleil notaron que aunque ya eran casi las siete de la mañana, parecía medianoche pero Darkleryth estaba decidida a ponerle fin a toda esa detestable situación así que se sentó en la ventana de la niña mirando sus juguetes y su cama vacía, mirando las marcas de lucha que habían dejado las sombras y mirado la profunda oscuridad que sumergía todo, se aclaró la garganta e intentó decir el hechizo de aquella tarde, pero no lo recordaba.
-       ¡No recuerdo! – gritó horrorizada – adventus …sogno …
-       concéntrate, le decía el guardián mientras los demás asumían sus posiciones y alistaban sus armas, respira, concéntrate.
-       Adviniere … sigilos … no eso no es … por todos los cielos, no recuerdo.
-       No mires esta oscuridad Darkleryth –decía Albournoux tomando sus manos- cierra los ojos, recuerda aquella tarde, recuerda el olor a lluvia, recuerda el calor de las manos de Soleil mientras cepillaba tu pelo, recuerda el sabor del chocolate caliente, respira … y dime al ído las palabras del hechizo
-       Advere … -dijo temblando el hada – advere somnious efugiare somnious, advere oscuritate … eso es, eso es lo que dije
-       Muy bien, ahora repite conmigo ¡ETATIRUCSO EREDVA, SOMNIOUS, ERAIGUFE SOMNIOUS EREDVA! ¡Todos, con nosotros repitan!
¡ETATIRUCSO EREDVA, SOMNIOUS, ERAIGUFE SOMNIOUS EREDVA! Dijeron todos al unísono y el cielo rugió, centelleó el suelo tembló y una inmensa sombra del tamaño de un edificio se apreció en mitad de la calle, mostrando sus colmillos babeantes al hada, pero su oscuridad estaba palideciendo gracias a que Soleil y Vermalion habían estado despertando a la gente, iluminando sus pesadillas, así que el primero en atacar fue Aldebarán con su espada lunar, sin miedo alguno, rechazando los manotazos de aquella descomunal sombra con su escudo de atrapa sueños que al tocar a la entidad oscura le arrancaba trocitos así que se fue quedando sin uñas, sin dedos, sin trozos de piernas y las hadas y elfos y Albornoux también repelían todos sus intentos de atacar con flechas encendidas en el fuego de Igne y estocadas de espadas forjadas en la luz de las constelaciones, reduciendo así a la bestia oscura a trozos y mientras lo hacían el sol comenzó a clarear la larga noche que habían vivido, el trinar de los pájaros regresó, y ellos en sus piquitos llevaban gotas de rocío que reflejaban la bendita luz del sol y aquella llovizna dorada acabó por doblegar a la oscuridad para que Aldebarán la absorbiera con su escudo. Al hacerlo los hilos que entrelazaban la mágica red se deshicieron, el caracol y la roca se estrellaron  y se hicieron polvo y aquel polvo voló directamente hacia Albornoux que lo puso dentro de un frasco con la luz de Venus y que resguardarían en el gran salón de la Stella Eterna en el castillo de Mizar, donde sería resguardada por Vermalion para que nunca jamás pudiera revivir esa oscuridad y dañara a alguien.
Los amigos se miraron unos a otros sonriendo, cansados pero felices de haber tenido éxito en aquella empresa tan peligrosa y por la ventana vieron una inmensa luz aparecer, en ella venía Vermalion volando suavemente con Soleil en los brazos para depositarla en su cama, también levantó al fornido Aldebarán como si fuera un ordinario osito de peluche y lo depositó junto a la niña, los besó a ambos y hadas, elfos, ángeles y seres mágicos regresaron a Mizar. Dejando detrás de sí una estela dorada y el eco de palabras dulces y amables que los invitaban a regresar a Mizar cuando quisieran.
Soleil abrazó a su guardián y delicadamente le quitó la armadura, también tomó al valiente búho, le dio en besito en la cabeza y le quitó la cota de malla y el casco y todo lo depositó en un cofre de madera a los pies de su cama, lo cerró con llave y se la puso al cuello a Aldebarán para que si alguna vez necesitaba usarla de nuevo pudiera sacarla sin problema alguno, el búho tomó a Darkleryth que se había ocultado detrás de unos libros y la sentó en su lomo para llevarla de vuelta al bosque donde quería vivir para proteger a las aves y los animales del bosque, esta vez con el permiso y la bendición de su gran maestro Albornoux.
Luego de unos minutos solo quedaban Soleil y Aldebarán acurrucados bajo el edredón de su cama cuando se abrió la puerta y entraron sus padres y su Nana, Soleil les contó todo lo que había sucedido, pero sus padres le dijeron que todo lo había soñado, la pequeña entonces miró a su Nana quien se sentó en la cama acariciando su cabello hasta que sus padres salieron de la habitación, la niña le preguntó en lenguaje de señas a su Nana si ella le creía, y la vieja Nana le guiñó un ojo y le dijo, claro que si mi niña, yo te creo porque Aldebarán alguna vez fue mi guardián, pero nunca peleó tan fuerte como la hecho por ti, te ví en mis sueños, te sentí, sentí tu valentía y supe que tu y Aldebarán nos rescatarían a todos.
Nunca dudes mi pequeña, ni de tus sueños ni de tus fuerzas, ni de tu valor y llegarás a las estrellas.
Aldebarán las abrazó a las dos y los tres volvieron a acurrucarse entre las sábanas.
 FIN

 Pues así amigos soñadores, llegamos al final de esta historia, espero la hayan disfrutado y agradezco infinitamente a quienes la han seguido y comentado aunque me demoré bastante en terminarla, una historia cien por ciento real, una historia muy mía que ojalá los haya entretenido y les haya dibujado una sonrisa ... yo sé que Aldebarán seguirá protegiendo el sueño no solo de Soleil sino de muchos pequeños y que el hada Darkleryth irá a lomos del búho a visitar a la niña y beber chocolate .... y yo ... bueno yo seguiré escuchando sus historias y si ellos me lo permiten seguiré compartiendo con ustedes otras aventuras. :D un beso y un abrazo xoxo Eliz